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El Periodista de Tres Arroyos

 

El Periodista

 

Adhesión y fervor popular. Alfonsín se paseó por Tres Arroyos entre la gente, que colmó la plaza San Martín, como un invitado más al centenario. Flamearon banderas argentinas y radicales, y hubo suelta de palomas. El tramo que no hizo a pie, lo realizó en un auto Torino de color gris. Fue el 24 de abril de 1984

 

 
RAUL ALFONSIN Y SU ESTRECHO VINCULO CON TRES ARROYOS

Símbolo patrio

El ex presidente Raúl Alfonsín, que falleció el pasado 31 de marzo, tuvo un estrecho vínculo con Tres Arroyos. Visitó la ciudad en más de una decena de oportunidades, antes, durante y después de ejercer la primera magistratura. En todas las ocasiones, dejó una sensación coincidente en quienes tuvieron la posibilidad de frecuentarlo: la de alguien imposible de olvidar. Informe especial de "El Periodista"

Miles de personas desfilaron frente a sus restos el pasado 31 de marzo. Cientos de páginas de diarios, minutos de televisión y radio se destinaron a recordar su fuerte carácter y sus férreas convicciones. Su definitiva pasión por la política. Quizá quede poco por decir sobre Raúl Alfonsín, el 49º presidente de la República, el primero desde la recuperación de la democracia, el hombre de Chascomús, el gran estadista y pertinaz defensor de los derechos humanos. Sin embargo, vale la pena rastrearlo entre los recuerdos de los tresarroyenses que mantuvieron estrechos vínculos de amistad con él, cimentados siempre en la política, y que tuvieron la oportunidad de recibirlo más de una docena de veces en la ciudad.
Tras fundar su línea interna en el radicalismo, Renovación y Cambio; en campaña antes de ser presidente, más tarde cuando asumió la primera magistratura y culminado su ejercicio, Raúl Alfonsín fue un asiduo visitante de Tres Arroyos, y dejó una sensación coincidente en todos los que lo conocieron: alguien imposible de olvidar. Gran movilizador de los jóvenes, el máximo dirigente del radicalismo de las últimas décadas puso la llama que encendió a la política a numerosa cantidad de militantes tresarroyenses. Como Héctor Uribe, en la década del '70 -un período convulsionado y atravesado por el terror de la dictadura-, y Guillermo Foulkes, que era poco más de un adolescente cuando Alfonsín protagonizó la vuelta del país a la democracia y lo encontró al tresarroyense entre sus más apasionados admiradores.

Con las camisas hinchadas
Héctor Daniel Uribe, quien asumió como concejal de la UCR en el primer gobierno democrático pos dictadura, junto al entonces intendente radical Jorge Foulkes, conoció a Alfonsín en la militancia universitaria. Más tarde, compartiría decenas de encuentros con él, muchos de ellos en la clandestinidad impuesta a los militantes políticos por las Juntas.
"Recién me estaba acercando a la militancia cuando, el 6 de septiembre de 1973, se hizo un acto en el patio de la Universidad de La Plata. Recuerdo la fecha con precisión porque era el aniversario del golpe de estado contra Yrigoyen, el acto buscaba reivindicarlo, y había una multitud de estudiantes que rebasaba el patio. Ahí tuve oportunidad de conocer a Raúl Alfonsín, y quedé cautivado", evocó "Nacho" Uribe.
Por entonces, el joven Uribe no llegaba a los 20 años, y su padre ya le había recomendado seguir y observar a aquel dirigente promisorio. "Mi padre era un antiguo militante radical, que había sido balbinista, pero se volcó decididamente hacia Alfonsín cuando todavía nadie daba dos mangos por él. Y no se equivocaba. Aquel primer acto fue una experiencia extraordinaria, era como que nos quedaban chicas las camisas. Y desde ese momento me inicié en la militancia universitaria. La Franja Morada, que era la expresión del radicalismo en las universidades, apoyó desde el inicio a su movimiento de Renovación y Cambio, y el mayor caudal de adhesiones que él recibía en esos tiempos provenían de los sectores juveniles, que tuvimos que dar duras batallas internas para ser reconocidos. Nadie regala los espacios, y cuando Renovación y Cambio ganó las internas de la Juventud Radical, nos costó casi un año poder asumir la conducción. En la puerta del Comité Provincia, que presidía César García Puente, había tipos con palos en la puerta impidiéndonos entrar. Eran tiempos complicados, Alfonsín perdió la interna con Balbín por la conducción del partido y lo mandaron a 'predicar a la laguna de Chascomús'. Pero son cosas de la política que son anecdóticas pero que siguen pasando. Eran competencias internas que en un sistema de partidos no deberían asustar a nadie, lo que pasa es que hoy ya no se practica la democracia de partidos políticos", consideró Uribe.
"En aquel acto apenas intercambiamos un saludo, estábamos todos tirándonos encima de él para tratar de saludarlo, tocarlo, pero su discurso progresista y su claridad conceptual, sobre todo en un tiempo en que las expresiones de izquierda y derecha se veían con mucha más nitidez que ahora, eran impresionantes. Estamos hablando de los inicios del terrorismo de Estado, cuya primera víctima fue Hipólito Solari Irigoyen, en el año 73. Entonces escuchar una voz con la valentía de Alfonsín, que había denunciado que la renuncia de Cámpora era un golpe de la derecha y que esto iba a perjudicar a la República Argentina, lo que finalmente después ocurrió, era realmente muy fuerte. Su claridad de pensamiento lo distinguía de otros dirigentes radicales", advirtió.

La oscuridad
Pronto llegaría el terror de la dictadura, y con él, la militancia política cambiaría sustancialmente. "Obviamente, el primer recaudo era preservar la vida, y mantener un mínimo contacto entre los militantes radicales para saber cómo estábamos. La actividad era absolutamente limitada. Pero Alfonsín se jugaba el pellejo firmando recursos de habeas corpus y defendiendo las garantías individuales de ciudadanos sin importarle sus filiaciones políticas, únicamente por convicción. Eso le costó persecuciones y riesgos de vida, cambiaba de domicilio, se escondía en casas de amigos, y a pesar de ser un dirigente reconocido, corría los mismos riesgos que un militante común de cualquier organización política", destacó.
Uribe, el 24 de marzo del '76, se volvió de La Plata a Tres Arroyos aún cuando no había finalizado sus estudios. "Los militantes de la Franja sabíamos que el golpe se iba a hacer el 23 de marzo, después se pospuso 24 horas, y ese mismo día a la noche yo me tomé el Cóndor y me vine. Estuve un mes y medio, más o menos, tenía miedo. Estaba en la mitad de la carrera, venía un poquito atrasado justamente por la militancia, era vicepresidente del Centro de Estudiantes de Derecho que presidía el hoy diputado Pedro Azcoiti, y recuerdo haberme asustado mucho cuando Perico fue detenido en su casa de Necochea y estuvo desaparecido un mes. Ese mismo día lo metieron preso en La Plata a Eduardo Volonté, que era el secretario del Centro. Así que yo, entre irme a Buenos Aires y quedarme en un campo, opté por esconderme en el campo por unos cuantos días mientras iba recibiendo alguna información. Así supe que Volonté había sido en una razzia al voleo, que Perico estaba en la Cuarta de Mar del Plata. Cuando lo soltaron, volví a La Plata y seguimos preparando juntos Derecho Penal", puntualizó.
El miedo seguía campeando, pero las reuniones entre los jóvenes de la Franja y Raúl Alfonsín se seguían manteniendo, a las escondidas. "Participaban Raúl Alconada, Sergio Karakachof, a quien asesinaron en 1976; Freddy Storani, también comprometidos con los derechos humanos, haciendo política del modo que se podía y con la consigna de respetar la vida y la libertad y recuperar la democracia. No daba para reclamar algo más finito. Y a nosotros, que éramos cinco o seis militantes que andábamos todo el día juntos por miedo a que nos pasara algo, nos faltaba dormir todos en una cama grande", admitió Uribe.

La luz
Uribe regresó a Tres Arroyos en 1979. Un par de años más tarde comenzarían a verse los signos del debilitamiento de la dictadura, y con ellos la posibilidad cierta de recuperar la democracia. "Había más espacio para la actividad política. En Tres Arroyos, para burlar la veda política funcionaba en la sede del comité el Centro de Estudios Ricardo Rojas, un paraguas bajo el cual comenzamos la actividad partidaria en 1980. La primera charla que se organizó la dio Antonio Tróccoli, que era de Tres Arroyos y luego fue ministro de Alfonsín, Humberto Volando, Conrado Storani y, por supuesto, Raúl Alfonsín. Por supuesto no era la primera vez que venía, porque en la interna radical para las elecciones del '73, su fuerza Renovación y Cambio le ganó a Ricardo Rudy, que era el caudillo radical de Tres Arroyos. El mismo Alfonsín había hecho campaña acá, pero en ese momento yo estaba en La Plata", señaló el ex concejal.
Sobre fines de la dictadura, Alfonsín llegaría a la ciudad en numerosas oportunidades, al igual que tras culminar su mandato. "Claro que no había tanto despliegue policial como el que acompaña a los ex presidentes ahora", ironizó Uribe. "Recuerdo también esa paella en Quilmes, que nos sorprendió porque quedó chico el lugar", evocó. Esas visitas, al igual que las reuniones en La Plata, le permitieron a Nacho mantener una relación más fluida con el dirigente radical de Chascomús, pero siempre signada por el intercambio político. "Su personalidad era cautivante, uno podía llegar enojado con él por algún tipo de desacuerdo con lo que había dicho, y tenía el don de poder reconocer opiniones distintas sin ofuscarse y, por supuesto, sin tener prejuicios sobre su interlocutor. Y desde luego era un político de tiempo completo", sostuvo.

Movilizador
"Recuerdo particularmente las visitas de Alfonsín en los últimos días de noviembre de 1982, unos días antes de un acto grande que se hizo en Buenos Aires. Esa noche se hizo una cena en el comité Enrique Betolaza. Después, en plena campaña, agosto o septiembre de 1983, estuvo en Tres Arroyos y en el club de Orense. Volvió para el centenario de Tres Arroyos, el 24 de abril de 1984, ya como presidente de la Nación. Cuando dejó de ser presidente, a mediados del año 90, presidió un acto en Costa Sud. En 1992 participó de otro acto en el comité, en el que habló Graciela De Leo. Además, es muy recordada su presencia, en 1996, en una comida que se hizo un jueves al mediodía, una paella, en el club Quilmes. Fue impresionante la gente que se quedó afuera esa vez. En el año 2001, en campaña, volvió con Diana Conti, estuvimos recorriendo medios de comunicación, y creo que esta fue la última vez que tengo presente haberlo recibido aquí en Tres Arroyos", puntualizó Guillermo Foulkes, a quien unía con el dirigente fallecido un parentesco: su padre Ricardo era primo hermano de Ana María Foulkes, madre de Alfonsín.
Guillermo, quien ocupó hasta hace unos meses la presidencia del Comité Enrique Betolaza, fue uno de los tantos jóvenes tresarroyenses que se acercó a militar en el radicalismo atraído, entre otras cuestiones, por aquella gran promesa política que era Raúl Alfonsín. "Tenía 17 años cuando empecé a militar, en 1982. Antes de eso no tenía trato con él, mi padre lo conocía por el vínculo familiar pero para mí eso era algo muy vago. Incluso sé que había venido en varias oportunidades a Tres Arroyos cuando fundó Renovación y Cambio, con el 'flaco Borrás', su operador político, y también a presentar su libro "La cuestión argentina", pero no podría precisar las fechas porque todavía yo no estaba en el partido", apuntó Foulkes.
Miembro de la juventud radical junto a Nacho Uribe, Guillermo se acercó al comité después de la guerra de Malvinas, cuando en la sede de la avenida Moreno funcionaba la Multipartidaria. "Incluso estuve con Nacho, repartiendo unos impresos en un mimeógrafo, la segunda vez que Serú Giran (N. de la R.: una banda de rock que compartían Charly García, David Lebón y Pedro Aznar) vino a Tres Arroyos, y había una cola larguísima. En ese momento se convocaba a los jóvenes a participar de charlas, de las que participaban Pichi Azzarri, Juan Bautista Castro, y se llenaban de chicos del colegio secundario. Algunos no llegaron a militar nunca, pero muchos nos quedamos en el partido desde esa época", evocó Foulkes.
En aquella época, Alfonsín no dudaba en rodearse de jóvenes y convocarlos para compartir con ellos actos y encuentros con la prensa. "Recuerdo haber estado al lado de él, junto con Graciela De Leo, en una conferencia de prensa que se hizo en el Hotel Alfil. El tenía relación con todos los militantes, y respetaba mucho, no como otros, a los dirigentes jóvenes. Era de escuchar, de dar consejos, ese tipo de cosas", aseguró.
"La primera vez que tuve oportunidad de conversar con él fue cuando Nacho Uribe, junto a otro chico que es abogado y que ahora vive en Buenos Aires, Eduardo Christensen, nos llevó a un congreso de la Juventud Radical en Olavarría. Allí lo conocí personalmente, y lo curioso es que aunque yo ya estaba en el partido, fue después de ese congreso que le conté por primera vez a mi viejo que había empezado a militar en el radicalismo. Pero mi papá era balbinista, o decía serlo por lo menos, y cuando me dijo 'qué bien, me alegra mucho', le contesté que estaba militando en Renovación y Cambio. Pensé que se iba a enojar, pero fue en ese momento en que me explicó como era la cuestión del parentesco con Alfonsín", recordó.

Visión y rebeldía
Guillermo Foulkes rescató la figura del Alfonsín dirigente como "muy movilizadora. Su magnetismo era impresionante. La militancia en esa época era de mucho fervor, hay que pensar que si bien nosotros teníamos 17, 18 años, quienes ya pisaban los 30 venían de la dictadura y tenían puesta toda la energía en recuperar la democracia. El generaba mucho fanatismo en el buen sentido de la palabra. Y no sólo por las ideas que encarnaba, sino también porque transmitía un poco de rebeldía. Eso era, al menos, lo que los jóvenes veíamos. No obstante, sus discursos terminaban siempre pidiéndoles a los jóvenes que 'bajaran un cambio', porque sobre todo aquellos que venían de vivir la dictadura solían cantar 'paredón, paredón'. Y lo que a él le interesaba defender era la democracia, el valor de la vida, quizá por la época en que tuvo que militar, por lo difíciles que fueron esos tiempos", destacó.
Finalmente, antes del homenaje que se le hizo en la Casa Rosada, del que también participó el tresarroyense, hubo un último encuentro entre Raúl Alfonsín, ya con su salud jaqueada, y Guillermo Foulkes, en agosto de 2008. "Fuimos con Osvaldo Crego. Lo vi muy desmejorado, se ponía mal porque se agitaba si hablaba mucho. Pero estaba muy lúcido, estuvimos charlando. Recuerdo además haber estado en el cierre del comité de los Irrompibles, en Caballito, base operativa del alfonsinismo antes del '83 que manejaba Jesús Rodríguez, que tenía que bajar las persianas porque se vendía, o algo parecido. Lo invitaron a Alfonsín a hablar y esa noche creo que fue su último acto político. No había empezado el conflicto agropecuario, y él ya hablaba de la necesidad de que el partido abriera sus puertas a recibir a expresiones políticas del radicalismo que habían tomado otros caminos. Confieso que nos tomó por sorpresa, aunque no hizo nombres, pero era evidente que venía viendo lo que iba a pasar. Su obsesión era ver el partido unificado", concluyó Guillermo Foulkes.


ANECDOTARIO

"Siempre andaba seco"
Amante de los tallarines amasados por el esposo de una de sus colaboradoras, al igual que de la cocina española, dicen que Raúl Alfonsín no sabía ni prepararse un té pero era un gran crítico culinario. A pesar de su dedicación full time a la política, también pasó por el deporte. "Sé por gente que lo ha tratado que Alfonsín jugaba muy bien a la pelota a paleta, incluso en varias oportunidades jugó con gente de Tres Arroyos, como Alfredito Pérez", recordó "Nacho" Uribe. Pero el rasgo más definido de su personalidad, coincidieron los entrevistados para esta nota, era su total desapego al dinero.
"Siempre fue un seco. Acá hay mucha gente que puede dar fe de ello. Venía a Tres Arroyos traído por algún amigo, y después seguía recorriendo la Sexta, se iba por ejemplo a Coronel Suárez, donde tenía amigos, pero siempre había que trasladarlo. Allá se hacía cargo de él Luis Lazo, que después tenía que llevarlo a algún otro lado o devolverlo a su casa en Chascomús", aseguró Uribe.

En un 404 prestado
Al mismo Nacho Uribe le tocó una vez llevar a Alfonsín a Chascomús. Era recién recibido y no tenía auto propio, así que en un Peugeot 404 prestado emprendieron el viaje con el dirigente, un domingo a la mañana, después de un sábado de acto político en Tres Arroyos, a principios de la década del '80. "Andaba con dos amigos de La Plata. Nos invitó a comer pejerrey en un restaurant a la orilla de la laguna, siempre hablaba de los pejerreyes de Chascomús. Estuvimos de sobremesa en su casa, y después me volví a Tres Arroyos. Ser su chofer fue una gran satisfacción, sobre todo porque en aquel momento, la posibilidad de que fuera presidente era sólo un sueño", recordó el tresarroyense.
Estaba tan habituado a ese tipo de recorridas, nunca parecía cansarse, que para organizar un encuentro con su presencia bastaba con llamar a su oficina de la calle San José, en Buenos Aires, y su eterna secretaria Margarita Ronco le pasaba el teléfono enseguida. "Era plena dictadura, pero él enseguida era materia dispuesta. Ni hablar de lo que fue la campaña electoral, realmente grandiosa. Recorrimos la Sexta en autos, con él, y hasta tengo pilas de cassettes grabados con sus discursos. Tres o cuatro días antes del lanzamiento de su campaña para la interna, lo tuvimos en Tres Arroyos, paró en La Catalana, fue algo maravilloso. Y en el '83 se hizo un acto en Costa Sud. Lo fuimos a buscar a Pringles, y cuando llegó, la nuestra era la sexta localidad que visitaba en el día. Nos preguntó cuánto queríamos que hable. Y nos dijo 'le sacudo una hora y media'. En ese tiempo mostró todo su plan, y cuando terminó, nos fuimos a otro acto y cena en Alumni de Orense", describió Uribe. "Andaba siempre con el mismo traje, raído, deforme, que por más plancha que le diera quedaba siempre mal. Cuando se sentó en el auto que lo traía de regreso a Tres Arroyos, se durmió profundamente. Todo lo que se ha dicho de él es cierto", resumió Uribe.

"Lo tenemos en el auto"
En uno de los tantos viajes por la Sexta Sección, en medio de la campaña pre presidencial, Alfonsín era trasladado en el auto de un dirigente tresarroyense cuando en pleno anochecer el rodado sufrió un desperfecto, según recordara Guillermo Foulkes. Era un camino poco transitado, hasta que después de mucho esperar, se acercó un automóvil. "Sin muchas ganas, el conductor frenó, pero nos dijo que no nos podía ayudar porque iba a un acto de Alfonsín y llegaba retrasado. Le contestamos 'ahí lo tenemos a Alfonsín en el auto. Si no nos ayudás, por más que llegues al acto… Terminó bajando del auto que lo llevaba y viajando con ese hombre. No tenía problemas, y parecía no cansarse nunca", evocó Foulkes.

La familia
Los Foulkes tuvieron un contacto más fluido con él cuando asumió la presidencia. Cuando Jorge Foulkes, entonces intendente de Tres Arroyos, necesitó una intervención y tratamiento médico en Buenos Aires, Alfonsín lo alojó junto a su esposa Betty Dinsen en Olivos.
La familia Foulkes hizo una gran fiesta en Buenos Aires, mientras él ocupaba la primera magistratura, y sus compromisos le impidieron participar. Sin embargo, al día siguiente, los recibió a todos en Olivos en un encuentro que todos recuerdan. Allí estuvo su madre Ana María.

 
 
El Periodista de Tres Arroyos
Tres Arroyos, Pcia. de Buenos Aires, República Argentina