| |
|
RAUL
ALFONSIN Y SU ESTRECHO VINCULO CON TRES ARROYOS
|
Símbolo patrio
El ex presidente Raúl Alfonsín, que falleció
el pasado 31 de marzo, tuvo un estrecho vínculo con Tres Arroyos.
Visitó la ciudad en más de una decena de oportunidades,
antes, durante y después de ejercer la primera magistratura. En
todas las ocasiones, dejó una sensación coincidente en quienes
tuvieron la posibilidad de frecuentarlo: la de alguien imposible de olvidar.
Informe especial de "El Periodista"
Miles de personas desfilaron frente a sus restos el pasado
31 de marzo. Cientos de páginas de diarios, minutos de televisión
y radio se destinaron a recordar su fuerte carácter y sus férreas
convicciones. Su definitiva pasión por la política. Quizá
quede poco por decir sobre Raúl Alfonsín, el 49º presidente
de la República, el primero desde la recuperación de la
democracia, el hombre de Chascomús, el gran estadista y pertinaz
defensor de los derechos humanos. Sin embargo, vale la pena rastrearlo
entre los recuerdos de los tresarroyenses que mantuvieron estrechos vínculos
de amistad con él, cimentados siempre en la política, y
que tuvieron la oportunidad de recibirlo más de una docena de veces
en la ciudad.
Tras fundar su línea interna en el radicalismo, Renovación
y Cambio; en campaña antes de ser presidente, más tarde
cuando asumió la primera magistratura y culminado su ejercicio,
Raúl Alfonsín fue un asiduo visitante de Tres Arroyos, y
dejó una sensación coincidente en todos los que lo conocieron:
alguien imposible de olvidar. Gran movilizador de los jóvenes,
el máximo dirigente del radicalismo de las últimas décadas
puso la llama que encendió a la política a numerosa cantidad
de militantes tresarroyenses. Como Héctor Uribe, en la década
del '70 -un período convulsionado y atravesado por el terror de
la dictadura-, y Guillermo Foulkes, que era poco más de un adolescente
cuando Alfonsín protagonizó la vuelta del país a
la democracia y lo encontró al tresarroyense entre sus más
apasionados admiradores.
Con las camisas hinchadas
Héctor Daniel Uribe, quien asumió como concejal de la UCR
en el primer gobierno democrático pos dictadura, junto al entonces
intendente radical Jorge Foulkes, conoció a Alfonsín en
la militancia universitaria. Más tarde, compartiría decenas
de encuentros con él, muchos de ellos en la clandestinidad impuesta
a los militantes políticos por las Juntas.
"Recién me estaba acercando a la militancia cuando, el 6 de
septiembre de 1973, se hizo un acto en el patio de la Universidad de La
Plata. Recuerdo la fecha con precisión porque era el aniversario
del golpe de estado contra Yrigoyen, el acto buscaba reivindicarlo, y
había una multitud de estudiantes que rebasaba el patio. Ahí
tuve oportunidad de conocer a Raúl Alfonsín, y quedé
cautivado", evocó "Nacho" Uribe.
Por entonces, el joven Uribe no llegaba a los 20 años, y su padre
ya le había recomendado seguir y observar a aquel dirigente promisorio.
"Mi padre era un antiguo militante radical, que había sido
balbinista, pero se volcó decididamente hacia Alfonsín cuando
todavía nadie daba dos mangos por él. Y no se equivocaba.
Aquel primer acto fue una experiencia extraordinaria, era como que nos
quedaban chicas las camisas. Y desde ese momento me inicié en la
militancia universitaria. La Franja Morada, que era la expresión
del radicalismo en las universidades, apoyó desde el inicio a su
movimiento de Renovación y Cambio, y el mayor caudal de adhesiones
que él recibía en esos tiempos provenían de los sectores
juveniles, que tuvimos que dar duras batallas internas para ser reconocidos.
Nadie regala los espacios, y cuando Renovación y Cambio ganó
las internas de la Juventud Radical, nos costó casi un año
poder asumir la conducción. En la puerta del Comité Provincia,
que presidía César García Puente, había tipos
con palos en la puerta impidiéndonos entrar. Eran tiempos complicados,
Alfonsín perdió la interna con Balbín por la conducción
del partido y lo mandaron a 'predicar a la laguna de Chascomús'.
Pero son cosas de la política que son anecdóticas pero que
siguen pasando. Eran competencias internas que en un sistema de partidos
no deberían asustar a nadie, lo que pasa es que hoy ya no se practica
la democracia de partidos políticos", consideró Uribe.
"En aquel acto apenas intercambiamos un saludo, estábamos
todos tirándonos encima de él para tratar de saludarlo,
tocarlo, pero su discurso progresista y su claridad conceptual, sobre
todo en un tiempo en que las expresiones de izquierda y derecha se veían
con mucha más nitidez que ahora, eran impresionantes. Estamos hablando
de los inicios del terrorismo de Estado, cuya primera víctima fue
Hipólito Solari Irigoyen, en el año 73. Entonces escuchar
una voz con la valentía de Alfonsín, que había denunciado
que la renuncia de Cámpora era un golpe de la derecha y que esto
iba a perjudicar a la República Argentina, lo que finalmente después
ocurrió, era realmente muy fuerte. Su claridad de pensamiento lo
distinguía de otros dirigentes radicales", advirtió.
La oscuridad
Pronto llegaría el terror de la dictadura, y con él, la
militancia política cambiaría sustancialmente. "Obviamente,
el primer recaudo era preservar la vida, y mantener un mínimo contacto
entre los militantes radicales para saber cómo estábamos.
La actividad era absolutamente limitada. Pero Alfonsín se jugaba
el pellejo firmando recursos de habeas corpus y defendiendo las garantías
individuales de ciudadanos sin importarle sus filiaciones políticas,
únicamente por convicción. Eso le costó persecuciones
y riesgos de vida, cambiaba de domicilio, se escondía en casas
de amigos, y a pesar de ser un dirigente reconocido, corría los
mismos riesgos que un militante común de cualquier organización
política", destacó.
Uribe, el 24 de marzo del '76, se volvió de La Plata a Tres Arroyos
aún cuando no había finalizado sus estudios. "Los militantes
de la Franja sabíamos que el golpe se iba a hacer el 23 de marzo,
después se pospuso 24 horas, y ese mismo día a la noche
yo me tomé el Cóndor y me vine. Estuve un mes y medio, más
o menos, tenía miedo. Estaba en la mitad de la carrera, venía
un poquito atrasado justamente por la militancia, era vicepresidente del
Centro de Estudiantes de Derecho que presidía el hoy diputado Pedro
Azcoiti, y recuerdo haberme asustado mucho cuando Perico fue detenido
en su casa de Necochea y estuvo desaparecido un mes. Ese mismo día
lo metieron preso en La Plata a Eduardo Volonté, que era el secretario
del Centro. Así que yo, entre irme a Buenos Aires y quedarme en
un campo, opté por esconderme en el campo por unos cuantos días
mientras iba recibiendo alguna información. Así supe que
Volonté había sido en una razzia al voleo, que Perico estaba
en la Cuarta de Mar del Plata. Cuando lo soltaron, volví a La Plata
y seguimos preparando juntos Derecho Penal", puntualizó.
El miedo seguía campeando, pero las reuniones entre los jóvenes
de la Franja y Raúl Alfonsín se seguían manteniendo,
a las escondidas. "Participaban Raúl Alconada, Sergio Karakachof,
a quien asesinaron en 1976; Freddy Storani, también comprometidos
con los derechos humanos, haciendo política del modo que se podía
y con la consigna de respetar la vida y la libertad y recuperar la democracia.
No daba para reclamar algo más finito. Y a nosotros, que éramos
cinco o seis militantes que andábamos todo el día juntos
por miedo a que nos pasara algo, nos faltaba dormir todos en una cama
grande", admitió Uribe.
La luz
Uribe regresó a Tres Arroyos en 1979. Un par de años más
tarde comenzarían a verse los signos del debilitamiento de la dictadura,
y con ellos la posibilidad cierta de recuperar la democracia. "Había
más espacio para la actividad política. En Tres Arroyos,
para burlar la veda política funcionaba en la sede del comité
el Centro de Estudios Ricardo Rojas, un paraguas bajo el cual comenzamos
la actividad partidaria en 1980. La primera charla que se organizó
la dio Antonio Tróccoli, que era de Tres Arroyos y luego fue ministro
de Alfonsín, Humberto Volando, Conrado Storani y, por supuesto,
Raúl Alfonsín. Por supuesto no era la primera vez que venía,
porque en la interna radical para las elecciones del '73, su fuerza Renovación
y Cambio le ganó a Ricardo Rudy, que era el caudillo radical de
Tres Arroyos. El mismo Alfonsín había hecho campaña
acá, pero en ese momento yo estaba en La Plata", señaló
el ex concejal.
Sobre fines de la dictadura, Alfonsín llegaría a la ciudad
en numerosas oportunidades, al igual que tras culminar su mandato. "Claro
que no había tanto despliegue policial como el que acompaña
a los ex presidentes ahora", ironizó Uribe. "Recuerdo
también esa paella en Quilmes, que nos sorprendió porque
quedó chico el lugar", evocó. Esas visitas, al igual
que las reuniones en La Plata, le permitieron a Nacho mantener una relación
más fluida con el dirigente radical de Chascomús, pero siempre
signada por el intercambio político. "Su personalidad era
cautivante, uno podía llegar enojado con él por algún
tipo de desacuerdo con lo que había dicho, y tenía el don
de poder reconocer opiniones distintas sin ofuscarse y, por supuesto,
sin tener prejuicios sobre su interlocutor. Y desde luego era un político
de tiempo completo", sostuvo.
Movilizador
"Recuerdo particularmente las visitas de Alfonsín en los últimos
días de noviembre de 1982, unos días antes de un acto grande
que se hizo en Buenos Aires. Esa noche se hizo una cena en el comité
Enrique Betolaza. Después, en plena campaña, agosto o septiembre
de 1983, estuvo en Tres Arroyos y en el club de Orense. Volvió
para el centenario de Tres Arroyos, el 24 de abril de 1984, ya como presidente
de la Nación. Cuando dejó de ser presidente, a mediados
del año 90, presidió un acto en Costa Sud. En 1992 participó
de otro acto en el comité, en el que habló Graciela De Leo.
Además, es muy recordada su presencia, en 1996, en una comida que
se hizo un jueves al mediodía, una paella, en el club Quilmes.
Fue impresionante la gente que se quedó afuera esa vez. En el año
2001, en campaña, volvió con Diana Conti, estuvimos recorriendo
medios de comunicación, y creo que esta fue la última vez
que tengo presente haberlo recibido aquí en Tres Arroyos",
puntualizó Guillermo Foulkes, a quien unía con el dirigente
fallecido un parentesco: su padre Ricardo era primo hermano de Ana María
Foulkes, madre de Alfonsín.
Guillermo, quien ocupó hasta hace unos meses la presidencia del
Comité Enrique Betolaza, fue uno de los tantos jóvenes tresarroyenses
que se acercó a militar en el radicalismo atraído, entre
otras cuestiones, por aquella gran promesa política que era Raúl
Alfonsín. "Tenía 17 años cuando empecé
a militar, en 1982. Antes de eso no tenía trato con él,
mi padre lo conocía por el vínculo familiar pero para mí
eso era algo muy vago. Incluso sé que había venido en varias
oportunidades a Tres Arroyos cuando fundó Renovación y Cambio,
con el 'flaco Borrás', su operador político, y también
a presentar su libro "La cuestión argentina", pero no
podría precisar las fechas porque todavía yo no estaba en
el partido", apuntó Foulkes.
Miembro de la juventud radical junto a Nacho Uribe, Guillermo se acercó
al comité después de la guerra de Malvinas, cuando en la
sede de la avenida Moreno funcionaba la Multipartidaria. "Incluso
estuve con Nacho, repartiendo unos impresos en un mimeógrafo, la
segunda vez que Serú Giran (N. de la R.: una banda de rock que
compartían Charly García, David Lebón y Pedro Aznar)
vino a Tres Arroyos, y había una cola larguísima. En ese
momento se convocaba a los jóvenes a participar de charlas, de
las que participaban Pichi Azzarri, Juan Bautista Castro, y se llenaban
de chicos del colegio secundario. Algunos no llegaron a militar nunca,
pero muchos nos quedamos en el partido desde esa época", evocó
Foulkes.
En aquella época, Alfonsín no dudaba en rodearse de jóvenes
y convocarlos para compartir con ellos actos y encuentros con la prensa.
"Recuerdo haber estado al lado de él, junto con Graciela De
Leo, en una conferencia de prensa que se hizo en el Hotel Alfil. El tenía
relación con todos los militantes, y respetaba mucho, no como otros,
a los dirigentes jóvenes. Era de escuchar, de dar consejos, ese
tipo de cosas", aseguró.
"La primera vez que tuve oportunidad de conversar con él fue
cuando Nacho Uribe, junto a otro chico que es abogado y que ahora vive
en Buenos Aires, Eduardo Christensen, nos llevó a un congreso de
la Juventud Radical en Olavarría. Allí lo conocí
personalmente, y lo curioso es que aunque yo ya estaba en el partido,
fue después de ese congreso que le conté por primera vez
a mi viejo que había empezado a militar en el radicalismo. Pero
mi papá era balbinista, o decía serlo por lo menos, y cuando
me dijo 'qué bien, me alegra mucho', le contesté que estaba
militando en Renovación y Cambio. Pensé que se iba a enojar,
pero fue en ese momento en que me explicó como era la cuestión
del parentesco con Alfonsín", recordó.
Visión y rebeldía
Guillermo Foulkes rescató la figura del Alfonsín dirigente
como "muy movilizadora. Su magnetismo era impresionante. La militancia
en esa época era de mucho fervor, hay que pensar que si bien nosotros
teníamos 17, 18 años, quienes ya pisaban los 30 venían
de la dictadura y tenían puesta toda la energía en recuperar
la democracia. El generaba mucho fanatismo en el buen sentido de la palabra.
Y no sólo por las ideas que encarnaba, sino también porque
transmitía un poco de rebeldía. Eso era, al menos, lo que
los jóvenes veíamos. No obstante, sus discursos terminaban
siempre pidiéndoles a los jóvenes que 'bajaran un cambio',
porque sobre todo aquellos que venían de vivir la dictadura solían
cantar 'paredón, paredón'. Y lo que a él le interesaba
defender era la democracia, el valor de la vida, quizá por la época
en que tuvo que militar, por lo difíciles que fueron esos tiempos",
destacó.
Finalmente, antes del homenaje que se le hizo en la Casa Rosada, del que
también participó el tresarroyense, hubo un último
encuentro entre Raúl Alfonsín, ya con su salud jaqueada,
y Guillermo Foulkes, en agosto de 2008. "Fuimos con Osvaldo Crego.
Lo vi muy desmejorado, se ponía mal porque se agitaba si hablaba
mucho. Pero estaba muy lúcido, estuvimos charlando. Recuerdo además
haber estado en el cierre del comité de los Irrompibles, en Caballito,
base operativa del alfonsinismo antes del '83 que manejaba Jesús
Rodríguez, que tenía que bajar las persianas porque se vendía,
o algo parecido. Lo invitaron a Alfonsín a hablar y esa noche creo
que fue su último acto político. No había empezado
el conflicto agropecuario, y él ya hablaba de la necesidad de que
el partido abriera sus puertas a recibir a expresiones políticas
del radicalismo que habían tomado otros caminos. Confieso que nos
tomó por sorpresa, aunque no hizo nombres, pero era evidente que
venía viendo lo que iba a pasar. Su obsesión era ver el
partido unificado", concluyó Guillermo Foulkes.
ANECDOTARIO
"Siempre andaba seco"
Amante de los tallarines amasados por el esposo de una de sus colaboradoras,
al igual que de la cocina española, dicen que Raúl Alfonsín
no sabía ni prepararse un té pero era un gran crítico
culinario. A pesar de su dedicación full time a la política,
también pasó por el deporte. "Sé por gente que
lo ha tratado que Alfonsín jugaba muy bien a la pelota a paleta,
incluso en varias oportunidades jugó con gente de Tres Arroyos,
como Alfredito Pérez", recordó "Nacho" Uribe.
Pero el rasgo más definido de su personalidad, coincidieron los
entrevistados para esta nota, era su total desapego al dinero.
"Siempre fue un seco. Acá hay mucha gente que puede dar fe
de ello. Venía a Tres Arroyos traído por algún amigo,
y después seguía recorriendo la Sexta, se iba por ejemplo
a Coronel Suárez, donde tenía amigos, pero siempre había
que trasladarlo. Allá se hacía cargo de él Luis Lazo,
que después tenía que llevarlo a algún otro lado
o devolverlo a su casa en Chascomús", aseguró Uribe.
En un 404 prestado
Al mismo Nacho Uribe le tocó una vez llevar a Alfonsín a
Chascomús. Era recién recibido y no tenía auto propio,
así que en un Peugeot 404 prestado emprendieron el viaje con el
dirigente, un domingo a la mañana, después de un sábado
de acto político en Tres Arroyos, a principios de la década
del '80. "Andaba con dos amigos de La Plata. Nos invitó a
comer pejerrey en un restaurant a la orilla de la laguna, siempre hablaba
de los pejerreyes de Chascomús. Estuvimos de sobremesa en su casa,
y después me volví a Tres Arroyos. Ser su chofer fue una
gran satisfacción, sobre todo porque en aquel momento, la posibilidad
de que fuera presidente era sólo un sueño", recordó
el tresarroyense.
Estaba tan habituado a ese tipo de recorridas, nunca parecía cansarse,
que para organizar un encuentro con su presencia bastaba con llamar a
su oficina de la calle San José, en Buenos Aires, y su eterna secretaria
Margarita Ronco le pasaba el teléfono enseguida. "Era plena
dictadura, pero él enseguida era materia dispuesta. Ni hablar de
lo que fue la campaña electoral, realmente grandiosa. Recorrimos
la Sexta en autos, con él, y hasta tengo pilas de cassettes grabados
con sus discursos. Tres o cuatro días antes del lanzamiento de
su campaña para la interna, lo tuvimos en Tres Arroyos, paró
en La Catalana, fue algo maravilloso. Y en el '83 se hizo un acto en Costa
Sud. Lo fuimos a buscar a Pringles, y cuando llegó, la nuestra
era la sexta localidad que visitaba en el día. Nos preguntó
cuánto queríamos que hable. Y nos dijo 'le sacudo una hora
y media'. En ese tiempo mostró todo su plan, y cuando terminó,
nos fuimos a otro acto y cena en Alumni de Orense", describió
Uribe. "Andaba siempre con el mismo traje, raído, deforme,
que por más plancha que le diera quedaba siempre mal. Cuando se
sentó en el auto que lo traía de regreso a Tres Arroyos,
se durmió profundamente. Todo lo que se ha dicho de él es
cierto", resumió Uribe.
"Lo tenemos en el auto"
En uno de los tantos viajes por la Sexta Sección, en medio de la
campaña pre presidencial, Alfonsín era trasladado en el
auto de un dirigente tresarroyense cuando en pleno anochecer el rodado
sufrió un desperfecto, según recordara Guillermo Foulkes.
Era un camino poco transitado, hasta que después de mucho esperar,
se acercó un automóvil. "Sin muchas ganas, el conductor
frenó, pero nos dijo que no nos podía ayudar porque iba
a un acto de Alfonsín y llegaba retrasado. Le contestamos 'ahí
lo tenemos a Alfonsín en el auto. Si no nos ayudás, por
más que llegues al acto
Terminó bajando del auto que
lo llevaba y viajando con ese hombre. No tenía problemas, y parecía
no cansarse nunca", evocó Foulkes.
La familia
Los Foulkes tuvieron un contacto más fluido con él cuando
asumió la presidencia. Cuando Jorge Foulkes, entonces intendente
de Tres Arroyos, necesitó una intervención y tratamiento
médico en Buenos Aires, Alfonsín lo alojó junto a
su esposa Betty Dinsen en Olivos.
La familia Foulkes hizo una gran fiesta en Buenos Aires, mientras él
ocupaba la primera magistratura, y sus compromisos le impidieron participar.
Sin embargo, al día siguiente, los recibió a todos en Olivos
en un encuentro que todos recuerdan. Allí estuvo su madre Ana María.
|
|