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LA HISTORIA
DE DUNAMAR NARRADA POR
ALEJANDRO BURGAUER, NIETO DE ERNESTO GESELL
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El abuelo un día
Fue sólo médanos
y viento. Pioneros como Ernesto Gesell y Angel Fangauf fijaron las dunas
y crearon, con arduas tareas de forestación, los actuales bosques.
Alejandro Burgauer, nieto de Gesell, repasó con "El Periodista"
la historia de Dunamar, un emprendimiento familiar con alegrías
y sinsabores. Y relató paso a paso cómo nació Los
Troncos, su propio desarrollo inmobiliario. Exclusivo
Allí donde hoy el bosque ha cedido paso a bellas
construcciones, y el viento que a veces azota la costa tresarroyense se
convierte en una brisa amigable, en algún momento todo fue médanos
y soledad. Hasta que la mano de los pioneros se hizo firme y fijó
dunas, creó bosques, modeló un paisaje que hoy los turistas
disfrutan como único. En el libro de Dunamar hay nombres escritos
con tinta indeleble. Ernesto Gesell, don Angel Fangauf, son pilares indiscutibles
de esta pequeña porción del paraíso donde Alejandro
Burgauer -nieto del primero-, recibió a "El Periodista"
para dar sus impresiones sobre el pasado, presente y futuro de este barrio
parque cada vez más apreciado por el turismo.
Pero una valoración tan importante en aspectos objetivos como el
crecimiento inmobiliario, y subjetivos como la preferencia de veraneantes
que aún residiendo en Claromecó eligen Dunamar para bajar
a la playa, no significan necesariamente una recompensa al esfuerzo de
Gesell y sus colaboradores. Y algo de esto deja entrever Burgauer acerca
del presente que atraviesa el barrio, especialmente en torno a sus costas.
"Dunamar son 750 lotes, en los cuales habrá 400 casas, con
2000 personas más 1000 en el camping, más mucha gente que
llega de Claromecó; por lo que no es difícil encontrar unas
15.000 personas un día cualquiera de verano distribuidas en 3 manzanas
de playa pública, y eso es imposible. Hay que hacer más
balnearios, siempre respetando la legislación en torno a la separación
de 1000 metros entre uno y otro, y también con las construcciones
reglamentadas, en madera, sostenidas sobre pilotes. Y por supuesto sin
bajadas vehiculares. De lo contrario vamos camino a lo que ha pasado en
Villa Gesell y el Municipio de la Costa", advirtió el entrevistado.
Historias de familia
"Manejar todo esto fue muy complejo como todas las sociedades familiares
-consideró Alejandro en torno a la historia de Balneario Dunamar
SA, propietaria de los lotes que conformaron al barrio del mismo nombre-.
A veces pienso que heredé de mi abuelo un dolor de cabeza, porque
fue muy complicado todo. Muchos de los integrantes de la familia se fueron
del país, quedamos algunos primos, uno de ellos en Bariloche, los
hijos de don Angel Fangauf aquí, algún otro por allí,
pero somos muy pocos y fue necesario hacer un reordenamiento de la empresa
familiar que hoy ya está concretado", destacó Burgauer.
En medio de esta complicada trama, Alejandro buscó destacar la
figura de don Angel Fangauf. "Llegó aquí como encargado
y después se casó con una hija de mi abuelo, que era además
mi madrina. Y fue el único que le encontró la vuelta a todo
esto, porque sus antecesores no consiguieron manejarlo. Y no fue sólo
un encargado: en el trabajo de fijación de médanos y forestación
él dejó la vida. Esto no es un negocio para él, esto
es su vida. Por eso cuando las cosas toman ese matiz, es totalmente distinta
la visión que puede tener alguien desde lejos, incluso desde el
exterior del país, a la de un hombre comprometido con este lugar,
que cada tarde, con sus 86 años, sigue yendo al bosque a buscar
hormigueros o poner una plantita. Manejar esas consideraciones, cuando
hay intereses tan distintos, es complejo", reflexionó.
Fue en 1985 cuando Alejandro decidió empezar a alternar sus estudios
de Ciencias Económicas en la ciudad de Buenos Aires con la paz
de los bosques soñados por su abuelo Gesell. "En aquel momento
don Angel manejaba todo lo que es el monte, y una tía, Erika, se
ocupaba de los papeles en Buenos Aires. Yo conocía esto de haber
venido un par de veces, y gradualmente me fui ocupando, estuve ausente
unos dos años por razones personales y luego volví. Manejar
esto implicaba el viejo loteo, que ya se vendió todo, el monte
hasta el Médano Blanco, otra estancia en Córdoba y una oficina
en Buenos Aires. Y fue necesario cortar con varias cosas", puntualizó.
La tarea no fue fácil porque para Alejandro se trataba de un compromiso
part time al que le dedicaba el tiempo que le dejaba la universidad y
su trabajo en un banco.
"En 1994, casi una década después, me hice a un costado
porque esto se iba al demonio y puse mis condiciones. Hubo gente que se
tuvo que ir, y empecé de nuevo. Pero siempre como hobby",
relató.
En el año 2002, finalmente, Burgauer pudo adquirir a la empresa
familiar el predio denominado Los Troncos, de unas siete hectáreas
y media de superficie.
Los Troncos
Hoy, la clave para que Dunamar siga siendo ese paraíso que su abuelo
soñó es, según Alejandro, desarrollar conciencia
en torno al cuidado del recurso costero, enfocarse hacia el tipo de oferta
turística que se pretende para Claromecó y su zona de influencia
y, con esas premisas, seguir apostando a un crecimiento ordenado.
Con estas pautas precisamente comenzó el intenso trabajo que requirió
el loteo de Los Troncos, donde este año comenzó la construcción
de la primera vivienda sobre la calle Neuquén.
"Esto también tuvo sus complicaciones, sobre todo por la legislación
en torno a las construcciones en la línea de costa que es complejísima.
En realidad, cuando lo compré en el 2002 no sabía en qué
me metía", admitió con una sonrisa. Más tarde
se le sumó al emprendimiento uno de sus primos, también
con una actividad totalmente diferente a lo que implica un proyecto de
esta naturaleza, y fue así como contrataron como asesor en el desarrollo
urbanístico a Eduardo Groenenberg.
La empresa de llevar adelante el loteo y la posterior urbanización
en Los Troncos obligó a Alejandro a adquirir, con los recursos
que tuviera a mano, conocimientos de un espectro tan amplio como la geología,
la erosión costera y otras cuestiones. "Este fue el primer
loteo en la provincia de Buenos Aires que se aprobó con la nueva
legislación, así que fue necesario aprender de todo. Fue
necesario gestionar frente a mucha gente en La Plata, con la que hoy tenemos
una relación de aprecio, pero el camino no fue fácil. Hubo
que discutir desde dónde poner la línea de ribera marítima
o del arroyo mismo, hacer mediciones", rememoró.
Más tarde hubo que definir lo relacionado con el agua, que en Dunamar
es un bien escaso. "Quizá por problemas de planificación
o por una explosión de crecimiento, no hay agua suficiente para
el consumo humano. Así que fue todo un tema garantizar la provisión
de agua, de desagües cloacales, pluviales, el relleno contra el arroyo
y muchas otras cuestiones que se fueron resolviendo, en estas siete hectáreas
y media, a prueba y error. Por eso es tan difícil pensar en un
proyecto de 700 hectáreas", consideró Burgauer.
Soluciones
Finalmente, en seis años de trabajo, Los Troncos terminó
por desarrollarse a puro esfuerzo. "Hubo tres campañas de
demarcación, hasta que se trazó la línea de ribera
en junio de 2006. Fue tremendo. Para la línea del arroyo hubo que
estudiar toda la cuenca, tanto en Tres Arroyos como en partidos vecinos,
hasta que bajamos la restricción de 100 metros, que para este predio
era enorme, a 30. Después comenzamos con la construcción
de la red de agua, que tendrá su propia planta potabilizadora.
Hicimos diez perforaciones hasta dar con la calidad porque, como en la
mayor parte de la provincia, la que está en la tercera napa tiene
arsénico; y la segunda napa tiene calidad pero no caudal y es agua
filtrada de lluvia, de manera que no es un recurso inagotable. Quedó
resuelto el tema con la red, que llega hasta Belgrano y Corrientes donde
funcionará la planta. Estamos haciendo el tanque, y la planta se
cederá en comodato a la Cooperativa Eléctrica. Lo que hicimos,
además, es que si bien Los Troncos está pensado para 100
casas y hubiera sido suficiente con una cañería de 63 milímetros,
instalamos una cañería de 110, que permitirá a la
Cooperativa darle eventualmente el servicio al resto de Dunamar. Además
pusimos hidrantes cada dos cuadras, esas bocas donde los Bomberos pueden
conectar las motobombas sin necesidad de ir al arroyo si hay un incendio",
enumeró.
La respuesta de los turistas ha sido buena, estimó Alejandro, siempre
teniendo en cuenta la coyuntura económica. "Hay 56 lotes de
los cuales 15 ya están comprometidos. Y los entregamos con el agua
y los pilares para la conexión de electricidad con cableado subterráneo,
cable y telefonía. Los lotes más grandes son de 1100 metros,
ubicados sobre la costa, y los más pequeños de 450",
describió.
Mientras tanto, en Balneario Dunamar, la otra sociedad cuyas propiedades
se extienden hasta el Salto de Christian sobre la línea de costa,
conviven otros descendientes de don Ernesto Gesell en una extensión
de 700 hectáreas que incluyen Atlantic Ville.
Y hay ideas, admitió Alejandro, para seguir desarrollando proyectos.
"Pero por ahora son sólo eso. Hay que pensar que arrancamos
con Los Troncos en el 2002, y lo finalizamos en diciembre del 2008. La
decisión fue terminar con Los Troncos y recién después
pensar en otra cosa", aseguró.
"Muchas cosas han cambiado en Dunamar, y en la balanza son positivas.
Claromecó ha tenido su crisis de crecimiento y, afortunadamente,
lo que hay que resolver es cómo ordenar ese crecimiento. Siempre
voy a recordar cómo era esto cuando ibamos caminando a bailar a
El Tucu, cómo cruzábamos médanos para bajar a la
playa. Y el futuro me preocupa si no conseguimos ese orden. De todas maneras,
no estaría acá si no tuviera esperanza en el futuro",
concluyó Alejandro.
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