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El Periodista de Tres Arroyos

 

El Periodista

 

“Aunque viva mil años, nunca olvidaré el recibimiento que me dio este querido pueblo de Tres Arroyos”, dijo Cristina Fernández de Kirchner. Hubo muestras de afecto en las calles, y en Costa Sud no cabía un alma. Anunció obras por 201 millones de pesos
La gente de Adolfo González Chaves y un mensaje directo: “Los productores no pensamos diferente a CFK, ella no piensa…”. Hombres de campo de toda la zona se llegaron hasta la ciudad para acompañar a los autoconvocados y las entidades locales representativas del sector
Los gendarmes y un cordón impidiendo el avance de los productores en la zona del aeródromo, donde fueron a recibir a la mandataria para hacerle sentir su disconformidad por la política agropecuaria nacional
Llega el avión que trae a la presidenta y pasa sobre las cabezas de los productores, portadores de banderas argentinas y negras a modo de protesta. Le profirieron andanadas de improperios
Antes de subir al estrado de Costa Sud, Cristina Fernández se entrevistó con Guillermo Torremare, coautor del libro “22, los tresarroyenses desaparecidos”, quien le presentó a varios familiares de víctimas de la dictadura
Legítimas muestras de gratitud recibió la presidenta en la zona de Chacras de López. Al parecer, Cristina Fernández ingresó a una vivienda del Plan Federal que no era la pactada. “Disculpe el desorden”, dijo la favorecida por el acontecimiento

 

 
LO QUE DEJO LA VISITA DE LA PRESIDENTA
CRISTINA FERNANDEZ DE KIRCHNER A TRES ARROYOS

Historia de dos ciudades

El paso de la primera mandataria nacional por la ciudad reveló que hay dos Tres Arroyos: el de los productores que reclaman y la Cámara Económica que pide incluir al comercio y la industria en la emergencia, y el de quienes celebraron con algarabía militante la llegada de Cristina Fernández y su promesa de obra pública. Crónica de un día histórico, signado por la tensión, que "El Periodista" siguió minuto a minuto

"Aunque viva mil años, nunca olvidaré el recibimiento que me dio este querido pueblo de Tres Arroyos", dijo Cristina Fernández de Kirchner en el acto que, el pasado 26 de febrero, cerró su visita a la ciudad. "Este es uno de los días más felices de mi vida", repitió, con el sonido de bombos y cánticos invadiendo hasta el último rincón de Costa Sud. Hacía calor, eran cerca de las nueve de la noche y en la calle, sobre la avenida Moreno y detrás de un vallado difícil de franquear, quedaban grupos de vecinos siguiendo las alternativas del discurso presidencial. Apenas unos minutos después la desconcentración fue rápida. Antes de eso, el centro parecía un desierto surcado por uniformes azules, gestos adustos y enormes micros con carteles de General Lamadrid, Coronel Dorrego, Benito Juárez. Luego fue todo una breve algarabía seguida por el silencio.
Cuando el helicóptero que trasladó a la mandataria desde Huracán -hasta donde llegó desde Costa Sud en combi-, cruzó el cielo sobre Tres Arroyos, el clima en cercanías del aeródromo era exactamente el opuesto. El calor era aún más intenso: había llamas. Fuego encendido por quienes protestaban desde muy temprano en las rutas 3 y 85, y que con el correr de la tarde se habían ido acercando cada vez más, todo lo que la cerrada guardia de Gendarmería les había permitido. A esa altura los productores agropecuarios eran menos, pero los ánimos eran más calientes. A todos les pesaba el día largo, extenuante.
La jornada había comenzado exactamente 12 horas antes, cuando a las 9, productores autoconvocados y dirigentes ruralistas locales y de distritos vecinos como Adolfo Gonzales Chaves, Coronel Pringles, Benito Juárez, y algunos más lejanos, como Bahía Blanca, comenzaron a llegar al cruce de las rutas 3 y 85. A la misma hora, decenas de móviles policiales de todo tipo y dependencias se movilizaban en dos direcciones desde el Escuadrón de Caballería, que recién en ese momento justificaría su actual ubicación estratégica. A la ruta, por un lado, y al centro por el otro. En minutos, los vecinos asistieron no sin asombro a la llegada de camiones cargados de vallas y al cierre de Moreno y sus perpendiculares cuando recién comenzaba a desperezarse la actividad comercial. Se esgrimían razones de seguridad, las mismas que en determinado momento impidieron todo acceso al gimnasio del Oriverde y obligaron hasta a la gente que trabaja cotidianamente en el club a restringir sus tareas. Adentro, un camarín acondicionado con sillones con detalles de rattan, una alfombra y un espejo enmarcado en madera oscura preanunciaban un cambio de ropa de la presidenta que nunca ocurrió.
La tarde pasó abrasadora en la ruta y en las calles. Cuando llegaron los productores de Chaves y San Cayetano, alrededor de las 15, el asfalto cobró más temperatura. Hacía rato ya que ondeaban las banderas negras y también las argentinas. Y se sumaban camionetas, y sombreros para paliar el ardor del sol. Del otro lado de la barrera verde impuesta por los gendarmes y su despliegue vehicular -micros, combis, equipos-, comenzaban a ubicarse algunas delegaciones que darían la bienvenida a Cristina. Separados por el conflicto, el calor y la sed los unían a todos en un mismo padecimiento. Pero el aguante se imponía.
En el centro, el panorama se asemejaba sólo en la temperatura. Allí reinaba la alegría de poder ver a la presidenta cara a cara, de lograr un beso, un apretón de manos. Eso esperaban los militantes que, identificados con el Movimiento Eva Perón, la Agrupación del mismo nombre, el Partido Justicialista y otras insignias llegadas desde distintos lugares de la zona, comenzaron a ubicarse en un gimnasio donde las banderas argentinas eran dueñas del espacio y apenas quedaba libre el lugar destinado a las autoridades e instituciones invitadas. No faltó el fútbol, con los mencionados aficionados quilmeños y una sonora representación de la hinchada de Olimpo. Las otras manifestaciones, quizá más espontáneas, quedaron reducidas a un rápido contacto visual y algún beso robado a Cristina cuando llegó apurada a ubicarse en el escenario bajo, preparado tal como lo había pedido.

¡El avión, el avión!
En el primer avión llegó el gobernador Daniel Scioli y su comitiva. Pasó sobre las cabezas de los productores y llovieron los improperios. No era Cristina, pero para la gente del campo tampoco la presencia del Gobernador era bienvenida. Más o menos al mismo tiempo ocurriría un episodio de innecesaria tensión: acompañado de una especie de guardia de corps formada por conocidos hinchas de Quilmes que suelen frecuentar mitines políticos, el senador Roberto Fernández se acercó al lugar donde esperaban los productores, a unos 200 metros de la entrada al aeródromo. Los increpó por no cumplir con su promesa de manifestarse en el cruce donde se habían reunido, y después comenzó a señalar a algunos y a decirles "vos no sos productor, este no es productor". Le llovieron insultos. Le arrojaron un huevo. Terminó retirándolo de un brazo un gendarme, al que previamente le había dicho "si me quieren matar, que me maten".
Apenas una media hora después, una aeronave de menor porte descendió sobre la pista y los cánticos no se hicieron esperar. En su interior, Cristina Fernández, Florencio Randazzo, Julio de Vido y algún acompañante más disipaban la duda que al parecer habían mantenido hasta momentos antes. En la ruta todo estaba bajo control y en el aeródromo había dos planes: un helicóptero que acortaría y modificaría sensiblemente el recorrido a Costa Sud, trabando cualquier posibilidad de contacto con la gente; o el que finalmente se siguió, la combi, en cuyo asiento delantero se ubicó la presidenta tras los saludos de rigor. "Compañera, compañera…", la recibieron fuera del predio militantes de la Agrupación Eva Perón de Dorrego, integrantes de UOCRA y del Sindicato de Camioneros de Tres Arroyos, todos ellos preparados para estas lides y tomados de los brazos entrecruzados formando un cordón alrededor del camino.
Cuando la jefa de Estado partió raudamente con destino al Parque Industrial, las banderas negras quedaron a sus espaldas.

Valor agregado
Ya en Agroprimus, la flamante planta de procesamiento de maíz pisingallo y girasol confitero, la presidenta le dio un mensaje al campo. "Este es el modelo que queremos: el de agregar valor a la producción", advirtió. Nicolás Ambrosius, uno de los 8 productores agropecuarios miembros del directorio de la firma, explicó a la mandataria el funcionamiento de la planta y hubo fotos con los empleados.
Después vendría la caravana por el camino de cintura, donde comenzaron a verse las primeras manifestaciones de afecto mezclado con curiosidad de algunos vecinos. Eran otros los tiempos políticos y económicos que atravesaba Néstor Kirchner en agosto de 2005, cuando Cristina lo acompañó a Tres Arroyos y una gran cantidad de gente los obligó a interrumpir una y otra vez su recorrido por la avenida Caseros. Esta vez, en el camino de Cintura, la afluencia de público hizo notar esa diferencia.
Legítimas muestras de gratitud recibió la presidenta en la zona de Chacras de López. Allí, al parecer, Cristina Fernández ingresó a una vivienda del Plan Federal que no era la pactada, y dejó a la anfitriona previamente elegida haciendo señas y lamentándose por no haber concretado tan esperada visita. "Disculpe el desorden", dijo en cambio la favorecida por el acontecimiento. Allí hubo más fotos, besos y expresiones de cariño.
Apenas unos pocos minutos después la mandataria continuaba viaje al centro, no sin antes detenerse unos segundos para saludar a la gente del Sindicato Luz y Fuerza.

Nada decía el diario de hoy
Dentro del gimnasio esperaban a la presidenta numerosos grupos de militantes y por supuesto todas las autoridades invitadas, locales y de la zona. Ni siquiera faltó el gesto que por estos días impera tanto en la Provincia como en la Nación y que es un síntoma del malestar de los respectivos gobiernos con cualquier cosa que remita al radicalismo. Así, el intendente juarense Pedro Gamaleri, que al parecer tenía un lugar asignado entre los invitados especiales, se tuvo que conformar con una silla entre el público.
Antes de subir al estrado, Cristina Fernández se entrevistó con Guillermo Torremare, coautor del libro "22, los tresarroyenses desaparecidos", editado por "El Periodista", quien le presentó a varios familiares de desaparecidos tresarroyenses. También recibió un petitorio de la Cámara Económica.
Y quizá el tiempo no alcanzó para el cambio de ropa preanunciado por sus colaboradores, y ataviada con la misma blusa verde y azul con estampados búlgaros, con una sencilla remera de algodón por debajo y pantalones azules -un look mucho más simple que el que suele usar en sus presentaciones públicas, por cierto-, Cristina volvió a criticar a la prensa en su discurso y advirtió que ni la felicidad de los "arroyeños" (sic) que la recibieron ni la importancia de las obras aparecerían en los diarios del día siguiente. "Solo van a estar los productores que protestan, pero no ustedes que son la mayoría", sostuvo.
Al campo volvió a recalcarle que seguirá trabajando por la redistribución del ingreso y que pondrá "la otra mejilla" a quienes la agreden y descalifican. Y anunció las obras prometidas, por unos 201 millones de pesos.

Anochecer de un día agitado
Volvieron a sonar con insistencia los cánticos y bombos y la presidenta se retiró, pasadas ya las 21, de Costa Sud rumbo a Huracán, donde la esperaba el helicóptero elegido para reducir cualquier probabilidad de inconvenientes en un traslado nocturno.
Fuera del aeródromo, la situación era mucho más tensa que en la tarde por el efecto de su discurso. Algunos productores se habían acercado todavía más al perímetro del predio, encendiendo fuego y arreciando con sus consignas.
Ya era irremediablemente tarde cuando los aviones partieron con su mecánica indiferencia. Tras ellos, dejaron una certeza que hasta entonces los tresarroyenses no acertábamos a definir en su verdadera dimensión: hay dos pueblos.

 
 
El Periodista de Tres Arroyos
Tres Arroyos, Pcia. de Buenos Aires, República Argentina