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El Periodista de Tres Arroyos

 

El Periodista



La medalla de plata –perdió la final con Canadá-, fue la mejor actuación que tuvo la selección argentina de voley en sus años de participación. Pero más allá de triunfos y honores, la experiencia resultó inolvidable por el contacto con la gente que salió airosa en su lucha por la vida, llevando con su presencia un mensaje de esperanza

 

 


EL TRESARROYENSE DIEGO VALENZUELA, SUBCAMPEON MUNDIAL
DE VOLEY CON LA SELECCION ARGENTINA DE TRASPLANTADOS

La medalla milagrosa

El tresarroyense Diego Valenzuela integró en 2007 la selección argentina de voley compuesta por jugadores trasplantados que disputó el mundial en Bangkok, Tailandia. Y no sólo participó, sino que cumplió un papel descollante: el equipo cosechó medalla de plata. En la suma de todas las especialidades, la delegación local se ubicó séptima y logró así su mejor posición histórica. Ante "El Periodista", este hombre que es un ejemplo para imitar, recreó con emoción sus días de lucha dentro y fuera de la cancha

Con su participación transmiten un mensaje de vida. Son deportistas de los cinco continentes que se congregan cada dos años para participar de los Juegos Mundiales para Deportistas Trasplantados. Son gente sana que a través de un transplante logró una vida normal, después de haber estado en algunos casos al borde de la muerte. Dan esperanza a aquellos que esperan silenciosos por un órgano que salve su vida.
La decimosexta edición de los Juegos Mundiales, organizados por la Federación Mundial de Juegos para Trasplantados (World Transplant Games Federation), se disputó del 26 de agosto al 2 de septiembre del año anterior en Tailandia. Hasta allí llegó, representando a la Argentina, Diego Valenzuela, un kinesiólogo tresarroyense, trasplantado renal desde hace trece años, amante de los deportes y destacado jugador de voley. Fue uno de los pocos elegidos para integrar la selección de voley que representó a nuestro país en los juegos que incluyen distintas disciplinas olímpicas. La delegación argentina estuvo integrada por diecinueve deportistas que recibieron transplantes de diferentes órganos vitales. El resultado superó las expectativas. Los deportistas argentinos sobresalieron en voley, maratón, tenis, squash, natación y atletismo. Lograron un total de 39 medallas: 18 de oro, 10 de plata y 11 de bronce, posicionándose entre los diez primeros puestos en un total de 57 países que participaron y 1800 competidores.

Prueba de fuego
A Diego la vida lo puso a prueba hace trece años y salió airoso. Fue merecido acreedor de una segunda oportunidad que supo aprovechar al máximo cada día de su vida. Le habían detectado un problema renal y le dijeron que requería un trasplante. El donante fue su padre y el proceso pre y pos quirúrgico no fue traumático como en otros casos. "Estaba en segundo año de mi carrera cuando me trasplantaron. No pasé por etapas previas al trasplante complicadas. Los estudios de laboratorio decían que algo estaba mal, pero físicamente andaba bárbaro, no tomaba ninguna medicación, estaba estudiando, hacía deportes. Un día me dijeron no va más, te tenés que transplantar. Se hicieron estudios mi padre y mi madre, ambos eran compatibles y decidieron por mi padre. Hice unas diálisis previas al trasplante, no tuve la desgracia de padecer meses o años de diálisis como tienen otros transplantados. Salió todo diez puntos, estuve cinco días internado, salí, me cuidé un poco de las infecciones por contacto aeróbico, anduve con un barbijo dos semanas más. Pudimos programar la fecha del trasplante después de rendir los parciales y estuve tres semanas sin la facultad, preparé los finales y regresé después al cuatrimestre. Todo diez puntos, el trasplante salió bárbaro".
El exigente ritmo de la facultad, los deportes, la rutina diaria y un proceso de recuperación rápido le permitieron seguir siendo siempre el mismo y no modificó sus prioridades. "No me sentía una persona enferma, ni nada. A mi me trasplantaron y fue como un hecho más en mi vida, no sentí nada ni antes ni después. Lo único que cambió en mi vida es que empecé a tomar medicación y a hacerme controles de laboratorio más seguido. Un poco me frenó con el deporte, pero después volví otra vez".

Pasaporte al mundial
Nadador, tenista y apasionado por el voley, desde hace años milita en la liga de voley de nuestra ciudad. Conocía los eventos deportivos destinados a personas trasplantadas, pero nunca había participado. Un día, después de once años de su trasplante, decidió competir en los sextos juegos Panamericanos que se realizaron en Buenos Aires en octubre de 2006, organizados por ADETRA, la Asociación de Deportistas Trasplantados de la Argentina. El evento en nuestro país conlleva una connotación más social que deportiva, ya que apunta directamente a promover la donación de órganos a través del deporte, demostrando la salud y la vida que se pueden alcanzar gracias a la donación solidaria.
Jugando para el equipo de voley de la provincia de Buenos Aires, les tocó pasar a la final contra el equipo de Capital Federal, que hasta el momento había sido imbatible. Salieron campeones, y ese fue su pasaporte para llegar al Mundial, un desafío que jamás hubiese imaginado. "Ni bien terminaron los Panamericanos me dijeron que tenía un nivel muy bueno para estar en la selección, pero me aclararon que no había becas para deportes grupales, así que lo descarté".

Encuentro por la vida
En mayo de 2007, representantes de ADETRA, que seleccionan deportistas por su rendimiento, lo tentaron para integrar la selección. "Dije que si, pero estaba el tema económico, no hay apoyo. La poca plata que puede juntar ADEPRA es de sponsoreos de laboratorio o una o dos becas de Secretaría de la Nación. Se había programado llevar alrededor de treinta deportistas y se llevaron diecinueve. Me contacté con "Corcho" Santamaría y Paula Loydi, que es transplantada de hígado, y me dijeron que me iban a ayudar a juntar la plata".
Así organizaron un encuentro por la vida, para recaudar fondos. Fue la primera competencia de voley para deportistas trasplantados en nuestra ciudad, que se concretó el 21 y 22 de julio en el gimnasio de la Escuela de Educación Técnica Nº 1, al que asistieron invitados algunos de los integrantes de la delegación que viajó a Tailandia. Con la ayuda de empresas locales, se logró reunir cierto dinero para solventar los pasajes para que Diego pudiera afrontar el desafío de representar al país a nivel mundial.

Experiencia Bangkok
Cinco días antes de la competencia viajaron hacia Bangkok, la capital de Tailandia, una ciudad que alberga nueve millones de habitantes. "Son 26 horas de viaje para llegar. Viajamos antes para adaptarnos al horario, porque son doce horas de diferencia y te cambia el sueño. La ciudad es muy distinta a lo que uno está acostumbrado. La gente es muy simpática, hay mucha pobreza en la ciudad, pero aun así tiene cosas del primer mundo. Hay rascacielos impresionantes, pero a su vez al lado hay villas de emergencias. No hay grandes conglomerados como en Buenos Aires, están distribuidas en toda la ciudad, al lado de un puente o debajo de un edificio hay dos o tres casas de chapa. La gente come en la calle, está lleno de puestos de comida en la vía pública. Es muy lindo ver algo muy distinto a lo nuestro. Está todo preparado para el turismo, cualquiera habla inglés ahí. Recorrimos Bangkok y el ultimo día fuimos a conocer una playa tailandesa, que eran las clásicas playas de aguas cálidas, transparentes, islas de arenas blancas, palmeritas".
El día comenzaba muy temprano. A las 5.30 de la mañana estaban en pie para desayunar y a las ocho los pasaba a buscar un colectivo para llevarlos hasta el lugar de las competencias. Eran jornadas de intenso calor, por lo que se procuraba disputar las disciplinas lo más temprano posible. "Te levantabas con 40 grados, y andabas con 40 grados a la sombra. La humedad era del 100 por ciento, había aire acondicionado en todos los lugares y volví con la garganta desarmada. En las competencias de tenis, el piso era de cemento y el calor era tal que la gente se descompuso".

Alta competencia
El mundial para deportistas transplantados no difiere demasiado de los Juegos Olímpicos. Prevalece el espíritu de la competencia y el nivel va creciendo cada año al punto de no haber diferencias de marcación en algunas disciplinas con los deportistas que no han pasado por esa experiencia.
"El mundial se creó con una connotación social, pero hoy en día lo deportivo prevalece más, no quiere decir que no te saludes con todos y conozcas sus historias de vida, pero en la cancha o en la pileta, el espíritu de la competencia prevalece. El nivel es cada vez mejor, cada mundial se van asombrando como año tras año va creciendo. Los tiempos de natación son iguales a los del mundial de quienes no son trasplantados, los tenistas son tenistas de circuitos nacionales y tienen nivel muy alto, atletismo están muy preparados".
La única distinción es que no se realizan deportes de contacto y el único juego en equipo es el voley, por lo que el espectáculo se vive como algo distinto y es la disciplina que todas las hinchadas esperan. "La limitación que puede llegar a tener un trasplantado para un deporte de alto rendimiento es la medicación que uno toma de por vida, el tiempo que has pasado para realizarte el trasplante o la recuperación que te disminuye físicamente y no te deja llegar a un nivel alto de exigencia física en un gimnasio. En voley por ahí te permitiría llegar a ese nivel. A nosotros, por ejemplo, nos tocó jugar la final contra Canadá y tenía jugadores de liga de ese país".
Los equipos están conformados por trasplantados de corazón, riñón, hígado, corazón-pulmones, páncreas y médula. Las diferentes categorías en las competencias están dadas por la edad. Cada diez años es una nueva categoría por lo que cada deportista está habilitado para participar en más de una disciplina. "Por esa razón pudimos, con 19 participantes, traer 40 medallas y quedamos séptimos en el medallero de 50 países que éramos. Fue lo mejor que hizo ADEPRA en los últimos años y fue reconocido por World Transplant Games Federation por haber alcanzado ese puesto siendo una delegación tan chica. Alguna vez el puesto más cercano había sido once".

Actuación inmejorable
La zona que le tocó disputar a Diego estaba compuesta por tres equipos y luego de una serie de encuentros se disputaba la semifinal y final, en total cuatro partidos. Las instancias finales les tocó jugarlas contra Sudáfrica e Inglaterra, un equipo que se posicionaba a priori como candidato. "Inglaterra tenía buen equipo, nos costó mucho el primer set, el segundo lo ganamos un poco más fácil porque ellos tenían buen equipo y creían que eran candidatos. Se sorprendieron cuando le ganamos el primer set, se bajonearon y el segundo lo ganamos más fácil. Otro que era muy buen equipo, que iba derecho a ganar la medalla de oro, era Holanda que jugó contra nosotros en la semifinal. Ese fue un partido espectacular, ganamos 25 -23 el primer set y 26-24 el segundo. Holanda tenía muy buen equipo y un nivel muy distinto al mundial anterior. A Holanda le ganamos la semi y jugamos la final contra Canadá. Perdimos el primer set 25-22 y el segundo 27-26, muy parejo".
La medalla de plata fue la mejor actuación que tuvo la selección argentina de voley en sus años de participación. Pero más allá de triunfos y honores, la experiencia resultó inolvidable por el contacto con la gente que salió airosa en su lucha por la vida, llevando con su participación un mensaje de esperanza. "Llegué a la conclusión que no había vivido mucho las historias de otros. Mi trasplante fue muy sencillo, pasar por la etapa de diálisis que tuvieron muchos fue bravísimo, aquel que tuvo trasplante cardíaco, que estuvo que estar en terapia intensiva y si no llegaba el corazón se moría, son gente que está agradecida con la vida de por vida. Andan con una preocupación cero, es gente que no está rezongando por cosas mínimas, desinteresadas, que están para brindarte todo. Por mi parte nunca caí y no termino de caer que estuve en un Mundial", dice Diego, mientras se ilusiona con la posibilidad de estar en el próximo evento magno que se disputará en Australia en el 2009. Será un nuevo desafío, uno más que demuestra que la salud y la vida van de la mano de los gestos altruistas. Uno más que llevará esperanza a aquellos que esperan silenciosos por un órgano que salve su vida.

 
 
El Periodista de Tres Arroyos
Tres Arroyos, Pcia. de Buenos Aires, República Argentina