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CON UN ANEXO EN LA CARCEL DE BARKER, UNA ENTIDAD
ESCOLAR TRESARROYENSE DICTA EL SECUNDARIO PARA PRESOS
El saber los hará libres
Dentro de la rama de adultos, Tres Arroyos tiene un Centro
Educativo de Nivel Secundario, el Nº 451, que es distinto a los demás.
¿Qué lo diferencia?. Tiene un anexo dentro de la cárcel
de Barker, donde sus docentes dan clases a los presos. ¿Cómo
es instruir a personas privadas de su libertad? ¿Qué buscan
los alumnos? ¿Cuál es el ambiente en que se imparte la enseñanza?
¿Hay peligro?. Daniel Luna, director de la institución,
quién viaja una vez por semana al penal para supervisar la tarea,
respondió a todas y cada una de las inquietudes de "El Periodista".
Entrevista y fotos exclusivas
El Centro Educativo de Nivel Secundario (CENS) Nº
451 que funciona en nuestra ciudad es uno más entre los establecimientos
de enseñanza de la rama de adultos. Sin embargo, hay una particularidad
que lo hace diferente a sus similares: cuenta con un anexo dentro del
Penal Nº 37 de Villa Cacique, Barker.
Esta extensión de la sede local se creó en agosto de 2004
y el año pasado vivió un momento trascendente cuando egresó
su primera promoción de estudiantes: 8 internos de la cárcel,
que de esta forma completaron sus estudios de nivel medio mientras purgan
la pena a la que fueron condenados.
La historia del CENS Nº 451 dentro la cárcel que alguna vez
pudo erigirse en nuestro distrito, se inició ante la necesidad
de atender la faz educativa de los reclusos de la unidad penitenciaria.
En ese momento se plantearon dos posibilidades: que se hicieran cargo
desde Tandil, que es una región diferente, o que se ocupara de
la tarea el único CENS que hay en tres regiones a la redonda, que
es el que existe en Tres Arroyos.
Haber aceptado la propuesta implica que "esta dirección debe
trasladarse una vez a la semana a Villa Cacique para organizar y coordinar
con los profesores el funcionamiento y las actividades. Crear la extensión
dentro de la Unidad Penal y empezar a viajar 138 kilómetros cada
siete días no es algo a lo que me haya visto obligado, pero por
el compromiso que desde hace tiempo tengo con la rama de educación
para adultos me hice cargo del desafío, y hoy puedo decir que para
mí esto ha sido un aprendizaje", manifestó Daniel Luna,
director del CENS Nº 451.
En la entrevista con "El Periodista", el docente sostuvo que
"educar en los contextos de encierro es muy particular". Sin
embargo, destacó que nunca han tenido problemas ni él ni
los profesores y profesoras que trabajan dentro de la cárcel. "Si
me preguntaran si hemos tenido dificultades con los internos, entre los
internos y los profesores o cualquier otra situación conflictiva
estaría mintiendo si dijera que si. Por el contrario, existe un
respeto muy importante de parte de los alumnos, porque para ellos, entre
otras cosas, asistir a clase les permite ser bien vistos por los jueces.
Es más, los jueces quieren que los detenidos puedan resocializarse,
y la educación de adultos cumple una función fundamental
en este sentido".
¿Cuál es la matrícula del
anexo del CENS en el penal?
En este momento tenemos una matrícula de 45 personas en tres divisiones.
¿Y cuántos internos hay alojados
en la Unidad?
Alrededor de 600 reclusos. La Unidad Penal de Barker es en muchos casos
la antesala de la libertad. En general hay presos de muy buena conducta
y algunos están en tránsito. Por eso, con relación
a la matricula hay que decir que es bastante particular ya que es muy
fluctuante debido al hecho de que por las características del penal
hay personas que salen en libertad y lógicamente dejan de cursar
estudios allí.
¿Cómo es el desenvolvimiento de
la tarea educativa en el interior de una cárcel?
Los estudiantes están sujetos a toda la reglamentación específica
de las escuelas de adultos. Por ejemplo, deben cumplir con el régimen
de asistencia o de equivalencias, entre otras obligaciones típicas
de todo alumno. Claro que por sobre nuestras reglamentaciones están
las disposiciones propias del penal. Respecto del cuerpo de docentes hay
que decir que no se les paga el riesgo carcelario, cosa que estamos reclamando
hace tiempo. Esta situación se resolvería creando el CENS
dentro de la cárcel, ya que ese plus en el salario no se paga actualmente
porque se trata de un anexo de Tres Arroyos, en donde obviamente no existe
el riesgo mencionado antes. Mi deseo es que en el futuro se cree un CENS
dentro de la Unidad Penal. Esto les daría a todos, alumnos y docentes,
un mejor servicio.
¿Qué dicen los docentes en cuanto
a la experiencia de dar clases a personas detenidas?
Lo que yo he observado en clase y lo que he recogido de los profesores
es un respeto absoluto y un agradecimiento enorme a los docentes. Las
dificultades tienen más que ver con las carencias existentes. En
general, los alumnos no tienen útiles ni material para trabajar.
En consecuencia, son demandantes de hojas de carpeta, lápices,
lapiceras, papel oficio y demás elementos necesarios para asistir
a clase. El problema es que no existe una partida presupuestaria destinada
a eso.
Enseñar dentro del penal no es tan diferente a la práctica
docente fuera de ese ámbito. De todos modos, existen particularidades
propias del encierro y, fundamentalmente, de lo que hace a la educación
de adultos. Hay personas que tienen facilidad para aprender, otros a los
que les cuesta mucho hacerlo y están los que asisten a clase buscando
solamente estar bien vistos por el juez, que generalmente son poco aplicados.
Por otro lado, por su condición todos tienen una profunda necesidad
de diálogo, de ser escuchados. En ese sentido, hemos hablado mucho
con los docentes para que solamente se dediquen a la enseñanza.
Tenemos que brindarles herramientas, conocimiento, para que puedan resocializarse
al salir en libertad, así que la idea es ganar la confianza de
los internos desde ese lugar.
¿Cómo se resuelve la carencia de
materiales?
Bueno, cuando nosotros aquí recibimos una donación llevamos
algo para allá. Otras veces utilizamos hojas de computadora que
están impresas de un lado. También los docentes llevan hojas
de carpeta y lapiceras pagadas de su propio bolsillo.
En consecuencia, aceptan gustosos todo tipo de
donaciones de útiles escolares
Sí, claro. Lapiceras, cuadernos, incluso hojas usadas de un solo
lado que no contengan información privada del lado impreso, todo
es útil.
¿Qué edad promedio tienen los reclusos
que asisten a clases?
Hay gente de entre 21 y 55 años, aproximadamente.
¿Y qué tipos de condenas pesan sobre
estos detenidos?
La verdad es que nosotros no lo sabemos. Estamos sujetos a un régimen
de seguridad interna del penal. Por ejemplo, no podemos llevar ni traer
nada para los internos y somos requisados al ingresar y al abandonar la
cárcel. Me parece que esto es correcto porque nuestra función
es ir a dar clases y nada más. Por eso mismo es que no sabemos
mucho de la situación particular de cada interno.
¿Los docentes son todos de Barker?
La mayoría si. Diría que un 95% son de allí, es decir
de Villa Cacique o de Barker. En total son 15 docentes. El centro necesita
una reestructuración en este sentido, ya que es necesario crear
la figura de un preceptor. Actualmente existe un referente, que es una
persona que actúa de nexo entre la dirección del CENS y
la Unidad Penal. Además, recientemente inauguramos una mesa de
co-gestión integrada por el Centro de Formación Profesional
de Benito Juárez, la escuela primaria de adultos -ambos servicios
también funcionan allí dentro-, nosotros y las autoridades
del penal. En esta mesa tratamos de resolver problemáticas, aunar
criterios y proponer proyectos. Hay que decir también que el jefe
actual de la Unidad Penal y quienes lo precedieron tiene una preocupación
muy importante por el tema educativo.
¿Qué características tiene
el bachillerato que cursan los internos?
El bachillerato común tiene 26 horas cátedras semanales
y la orientación es Producción de Bienes y Servicios Especializado
en Microemprendimientos. La idea es que los internos se formen en un sentido
tal que al momento de salir en libertad tengan la capacidad para establecer
una pequeña empresa. La propuesta es muy interesante y creo que
dentro del ámbito penal es la única en su tipo. Esto último
trae ciertos problemas cuando ingresan alumnos que vienen de otra cárcel
porque deben rendir una serie de equivalencias, pero me parece que se
trabaja para lograr algo distinto. En este momento sólo funcionamos
en el turno mañana, pero existe el interés de crear el turno
tarde porque hay gente que está en lista de espera para poder tomar
clases. Esto se debe a que en las aulas no puede haber más de 23
personas.
Justamente, ¿con qué infraestructura
cuentan?
Tenemos lo que llamamos la escuelita de adelante y la de atrás.
En la primera funcionan el primario y el secundario, mientras que en la
otra está el Centro de Formación Profesional. En nuestro
sector hay una biblioteca, contamos con cinco salones y un lugar para
los guardias. Está muy bien organizado. Lo que ocurre es que las
capacidades de cada salón no dan para más de 23 alumnos,
y ese ya es un número lindante con la superpoblación. El
problema de espacio se ve incrementado porque no hay mobiliario específico,
lo que tenemos pertenece a la Unidad Penal. Se trata de unas mesas bastante
grandes que restan mucho lugar. Lógicamente, las aulas tienen pizarra,
y la tiza la llevan los docentes o la proveemos desde la sede.
¿Cómo viven las comunidades de Villa
Cacique y Barker el hecho de tener un penal en su localidad?
Hasta el momento no he escuchado comentarios negativos. De hecho, el penal
vino a traer algunas soluciones a los problemas de empleo que se presentaron
con el cierre de la cementera. Me relaciono principalmente con los docentes
que dan clases en el CENS, y para ellos la cárcel es una fuente
de trabajo muy importante.
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