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CONOCIDO COMUNMENTE COMO "EL CALLEJON",
EL PASAJE DELGADO ES UN PEDAZO DE EUROPA EN CLAROMECO
Calle angosta
Una pintoresca cuadra de Claromecó parece extraída
de Europa. Las construcciones allí erigidas, al par que la callecita
y las veredas, tienen la impronta del sur español. Y no es por
azar, pues así lo quiso su creador. Aunque todos conocen la arteria
como "El Callejón", su verdadera denominación
es Pasaje Delgado. Lleva el nombre de Bernardo Delgado, el andaluz que
le dio vida y que cumplió así su sueño frente al
mar. "El Periodista" recrea la historia del lugar e incluye,
en exclusiva, el testimonio de la nieta del fundador
El paisaje urbano de Claromecó remite a su crecimiento
siguiendo las caprichosas órdenes del deseo. La naturaleza, exhibida
en su máximo esplendor, se divierte con quienes pretenden desafiar
el poder ilimitado de los vientos y la arena, y el mar compensa con su
inmensidad todo lo que para algunos quizá falte. Y cuanto más
arbitrario es el deseo -como si alguno no lo fuera-, más sobresale
su expresión en el conjunto: que una casa aquí, que una
terraza allá, que un tamarisco rebelde que le pone la cuota de
verde a una esquina. Y entonces, en la recorrida, aparece la magia. Se
cuela una impresión visual que traslada la mente a alguna callecita
europea, y aún quienes no transitaron aquellos lugares cruzando
el océano, se imaginan que quizá un pueblo lejano conserve
todavía esa curiosa simetría en sus fachadas, esa pertinaz
angostura en la calzada. Aparece el Pasaje Delgado.
Nace en la calle 7, y aunque se extiende sólo hasta su paralela,
la 9, la numeración de las viviendas va del 200 al 300. Pero esa
es apenas una curiosidad numérica. Si uno se pregunta por qué
se levantaron allí esa serie de casas, algunas idénticas
a las que las enfrentan del otro lado del escueto callejón, necesariamente
se encontrará con otro sueño: el de Bernardo Delgado, andaluz
que siguió las órdenes de su deseo y reprodujo en ese árido
espacio costero de 1920-1930, apenas un trazo de su añorada tierra
natal.
Así nació el que en los últimos años ha adoptado
la denominación de Callejón de las Artes, por la iniciativa
de un grupo de vecinos y artistas que desde el año 2001 realizaron,
por varias temporadas consecutivas, performances y exposiciones de pintura
y otras disciplinas que dotaron al particular espacio urbano de una vida
distinta.
Cómo nació el pasaje
El origen del Pasaje Delgado es casi paralelo al de Claromecó.
Se sabe que en 1919, la familia Bellocq, dueña de las 515 hectáreas
que más tarde conformarían el paisaje de la villa y sus
alrededores, donó los terrenos tras proponerle al gobierno de la
Provincia la conformación de un pueblo-balneario. El 9 de noviembre
de 1920, finalizadas las gestiones administrativas y actuaciones tales
como la mensura y el plano del ejido urbano -encargados al ingeniero Ansenio
Bergallo-, se consideró fundado Claromecó.
Apenas unos 5 años después, recuerdan los descendientes
del inmigrante andaluz, Bernardo Delgado adquirió la fracción
de terreno donde poco más tarde comenzarían bajo su dirección
las obras de las viviendas que componen el callejón.
Graciela Delgado de Forgia, nieta de Bernardo que hoy sigue veraneando
en Claromecó, fue quien reveló detalles acerca de las particulares
construcciones. Delgado, que residía en Tres Arroyos, era un inmigrante
nacido en Andalucía que buscó reproducir en aquella callejuela
parte de la geografía urbana de su país natal. De esa manera,
todavía hoy es fácil advertir que el pasaje, que corta la
cuadra natural con sus angostas veredas y calzada, recuerda de manera
inequívoca el estilo europeo.
Juego de simetrías
Delgado construyó viviendas bastante similares entre sí,
incluso hay dos conjuntos de casas simétricas sobre la vereda par.
Además, por iniciativa de sus propietarios -los hay tresarroyenses,
garmenses, de distintos lugares-, algunas conservan prácticamente
intacta su fisonomía original. Las obras, recordó la nieta
del emprendedor, comenzaron por la vereda derecha ingresando al pasaje
por la calle 7, y continuaron en principio hacia la esquina con la 9.
Precisamente en este lugar, donde hoy funciona una emisora de FM y el
complejo de departamentos denominado El Pasaje, y sobre el terreno que
tradicionalmente ocupara la calesita, Delgado creó un vivero. Y
hasta hace no mucho tiempo, una placa colocada en ese sitio recordaba
al precursor.
En este sentido, el interés del inmigrante español por las
especies vegetales y la forestación de la villa balnearia quedó
demostrado con la suerte de "defensa" de tamariscos que plantó
para su emprendimiento habitacional, que por no encontrarse rodeado de
ningún tipo de edificación cuando fue erigido, estaba a
merced de las inclemencias propias de la costa.
Según recordó su nieta Graciela, Delgado plantó los
tamariscos más antiguos de la plazoleta ubicada frente al Reloj,
sobre la costanera, y forestó con una suerte de cerco los alrededores
de las casas que llevó adelante en el callejón que tiene
su nombre.
Un hombre comprometido
Pero la labor del incansable Bernardo Delgado no se quedó en su
principal emprendimiento, esta atractiva remembranza de su España
natal. Participó de manera activa del crecimiento de Claromecó,
formando parte durante tres períodos de la Sociedad de Fomento.
En calidad de fomentista viajaba, recuerdan sus descendientes, con mucha
frecuencia a La Plata. Allí perseguía el objetivo y gestionaba
sin cesar el asfaltado de la ruta 73. "Le gustaba mucho Claromecó,
y era un hombre muy pujante", destacó Graciela, su nieta.
Los hechos lo demuestran sin lugar a dudas.
En los primeros años de la década del 30, Delgado comenzó
a vender las casas del callejón y los terrenos que todavía
quedaban sin edificar. Según sus familiares, las operaciones tuvieron
un valor poco significativo desde lo económico, ya que al parecer
no compensaron el intenso trabajo que le demandó levantar las viviendas.
Al parecer salió "hecho", como se dice comúnmente,
pero se dio el gusto de reproducir en su querido balneario un pedazo de
su tierra. Hoy, sus descendientes conservan una propiedad interna, con
una fracción de terreno.
Entre otras particularidades, el Pasaje Delgado albergó en la esquina
de la calle 9, en un edificio construido en 1956, la primera propaladora
que funcionó en Claromecó: "Radio Publicidad Meléndez".
Su propietario, oriundo de San Cayetano, comenzaba las emisiones todos
los días con la Marcha Bahía Blanca. Cuando nació
la radio AM, y con circunstancias "favorecidas" por la promulgación
de una ordenanza que prohibía la propalación, "Radio
Publicidad Meléndez" cerró sus puertas.
Balneario propio
Otro de sus emprendimientos fue un balneario, que Delgado creó
con casillas de madera ubicadas sobre la playa en forma de medialuna,
y que la gente usaba para cambiarse la ropa por el traje de baño
o guarecerse eventualmente del sol o el viento. Ese balneario funcionó
donde luego se emplazaría Avila, el actual Samoa, y en el Museo
Aníbal Paz se conserva todavía un salvavidas tipo rosca
con la inscripción "Delgado", que formaba parte de sus
pertrechos.
Bernardo Delgado falleció en 1950, y el 8 de enero de 1956 se colocó
una placa en su memoria. Sin embargo, no habrá mejor forma de recordarlo
que recorrer el pasaje. El callejón de sus sueños.
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Perfil del creador
El creador del pasaje, Bernardo Delgado, nació en Andalucía,
España, y a los 19 años -como muchos otros inmigrantes
de su mismo origen-, llegó a Tres Arroyos donde se radicó
para formar luego su familia.
Fue propietario de una talabartería ubicada en Lavalle y
Dorrego de esta ciudad, llamada Casa Delgado, y desde su llegada
nunca dejó de ir y trabajar por Claromecó que recién
comenzaba su camino a convertirse en el atractivo destino turístico
que constituye hoy.
Bernardo Delgado tuvo tres hijos: Alfredo, Amelia y Américo.
Precisamente la hija de Américo, Graciela Delgado de Forgia,
fue quien suministró los principales datos para esta nota
de "El Periodista". Américo, con 88 años,
está radicado en Bahía Blanca y su ya fallecido hijo
Juan Carlos amó tanto a Claromecó como el abuelo Bernardo:
sus cenizas fueron arrojadas al mar en la villa.
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