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El Periodista de Tres Arroyos

 

El Periodista

 

El nombre de Gerardo Paolucci está tallado en el imponente cartel de madera que recibe a los visitantes al Vivero, un espacio natural único que los turistas disfrutan año a año sin detenerse a preguntar quién fue aquel hombre

 

 
VIDA Y OBRA DE GERARDO PAOLUCCI, EL HACEDOR
DE LA ESTACION FORESTAL DE CLAROMECO

El árbol y el bosque

La Estación Forestal de Claromecó es, en gran medida, obra del ingeniero agrónomo Gerardo Paolucci. Un profesional decidido, que luchó a brazo partido contra la aridez de los médanos y la no menos inhóspita burocracia oficial, para convertir al vivero en el excepcional pulmón verde que es en la actualidad. "El Periodista" le brinda un merecido homenaje

Su nombre está tallado en el imponente cartel de madera que recibe a los visitantes al Vivero, un espacio natural único que los turistas disfrutan año a año sin detenerse a preguntar quién fue aquel hombre. A Gerardo Paolucci, ingeniero agrónomo, se lo recuerda en aquella talla como principal impulsor de la Estación Forestal; mientras en Claromecó, quienes lo tienen todavía muy presente dejan escapar, entre sonrisas, constantes menciones a su atrevimiento y su lucha contra la burocracia con tal de hacer crecer este enorme pulmón verde a orillas del mar.
La creación del Vivero, según destaca la licenciada en Historia Stella Gil de Jiménez, remite a 1948, cuando por decisión del Ministerio de Asuntos Agrarios se establece que sobre aquellos medanales interminables habrá un nuevo protagonista: la forestación. Con criterio, la autora de "Recuperar la memoria" se pregunta si los actuales visitantes conocerán las luchas del hombre para controlar al médano. Y por eso se propone contarlas en las páginas del volumen mencionado.
La historia de la Estación Forestal, y también la de Gerardo Paolucci, están emparentadas de manera indisoluble con la de la Escuela Agrícola que funcionó entre 1945 y 1959 en la ex Estancia San Francisco. Allí, con la supervisión del primer director del incipiente Vivero, ingeniero José María Villanueva, se hicieron los plantines primigenios que luego serían transferidos a las dunas del predio elegido. Años después, estas actividades se centralizaron en la propia Estación Forestal, donde se continuó con el trabajo de cultivo de almácigos de las distintas especies para después plantarlos en el trazado previsto de este espacio que hoy cubre casi 3000 hectáreas de las cuales más de 1000 están forestadas con pinos, cipreses, álamos y eucaliptus.

Dura tarea
Por un buen tiempo, el arduo trabajo de hacer crecer las especies entre la arena impiadosa se repartió entre los dos establecimientos, la Estación Forestal y la Escuela Agrícola, que Gil de Jiménez nombra, recordando a los antiguos protagonistas, como "acá y allá". Y es así como entra en escena Gerardo Paolucci, que como sucesor de Villanueva llega a dirigir uno y otro estamento y es sindicado como el responsable de haber trazado, en los primeros estadíos del futuro gran Vivero, el camino hacia la parquización de aquellos médanos que parecían indomables.
Paolucci, llegado a la zona de Tres Arroyos cuando aún le quedaban algunos exámenes finales para culminar su formación académica como ingeniero agrónomo, emprendió la tarea de desarrollar las plantas que integrarían la Estación Forestal desde sus inicios hasta la implantación, que era la instancia más trabajosa si se buscaba lograr su supervivencia y transformar la natural aridez de la zona en el excepcional predio que se fue consiguiendo con los años.

Riesgo personal
Pero el trabajo de Paolucci excedía lo vinculado a las cuestiones profesionales e investigativas tales como perfeccionar técnicas de implantación o ensayar mejoras en las especies que favorecieran su adaptación.
Además cuidaba las plantaciones en persona, cuya supervivencia atribuyen los vecinos de Claromecó a la "polenta" de su creador, y como recuerda Stella Gil en su libro, era capaz de buscar en las viviendas vecinas la paja para fijar la arena.
Y como si aquello fuera poco, debía ingeniárselas con el presupuesto oficial que le destinaba el Ministerio de Asuntos Agrarios a la administración de la Estación Forestal, que cualquiera puede imaginar exiguo sin temor a equivocarse.
Es precisamente en esta última tarea, donde quedan revelados para quienes lo conocieron los aspectos menos divulgados de su personalidad. Al parecer, para poder seguir trabajando en el crecimiento del Vivero, Paolucci no dudaba en conformar a los funcionarios del Ministerio presentándoles rendiciones de gastos en los cuales algunas compras 'imaginarias' sustituían a las verdaderas inversiones que hacía para el desarrollo de su potente iniciativa. "Arriesgaba su integridad personal", dice Stella Gil en "Recuperar la memoria", en base a testimonios recogidos en Claromecó sobre la vida y el trabajo de Paolucci allá sobre fines de los '50. Tanto compromiso dilató además la finalización de su carrera, algo que posteriormente logró.

En la Escuela
Cuando se cerró la Escuela Agrícola, parte de su personal se trasladó al Vivero, mientras que el resto se fue a un establecimiento similar ubicado en Coronel Vidal.
Fue en la escuela, durante sus estudios, donde Víctor Dubovik conoció a Gerardo Paolucci, por entonces director del espacio educativo y también de la Estación Forestal. Allí se transformó en su discípulo, y también en el testigo de su viva personalidad.
Según su recuerdo, el ingeniero agrónomo pasó muchos años en la villa, aprendiendo sobre el terreno las técnicas de fijación de plantas que luego transmitiría a sus alumnos, entre ellos el propio Dubovik, y colaboradores. "Creo que no se lo ha reconocido en su justa medida -aportó Dubovik a Stella Gil, tal como ella lo recoge en su libro-, porque él aportó muchísimo a este tipo de avances. Para ello es necesario extremada honradez y mucho poder de decisión… Eso sólo Paolucci lo podía hacer", consideró el claromequense, que quizá de alguna manera buscó continuar aquel legado con la apertura de su propio vivero.
Según lo evoca el propio Dubovik, Paolucci fue el hombre capaz de patear las puertas de los Ministerios para lograr el apoyo que quería para su Estación Forestal, un proyecto que hizo propio y cuyo crecimiento se debe a este nombre que hoy aparece en la entrada y en las guías de turismo que refieren al sitio turístico en todo el país.
Recto y profundamente humano, y quizá por eso cansado de tanta burocracia y tantos riesgos, en algún momento lo absorbió la actividad privada, y accedió a trabajar para la multinacional petrolera Esso. Más tarde, sin embargo, no pudo con su genio y volvió a la esfera pública, para ser nombrado director general de Bosques y Viveros de la provincia de Buenos Aires. Y allí sí aprovechó el cargo. ¿Para qué? La respuesta cae como una piña seca, cuando está en condiciones de abandonar el árbol que la aprisiona. ¡Para volver a visitar una y otra vez el Vivero de Claromecó!

 
 
El Periodista de Tres Arroyos
Tres Arroyos, Pcia. de Buenos Aires, República Argentina