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LA TRESARROYENSE SILVIA RENEE ARIAS,
PERIODISTA APASIONADA POR LA VELOCIDAD Y LA PALABRA
Una vida de cuento
Amiga del genial Bioy Casares, escribió dos libros
sobre él. Periodista especialista en automovilismo, viaja por el
mundo cubriendo los grandes premios de Fórmula 1. En la carrera,
formó pareja con un ex piloto, el suizo Marc Surer, quién
actualmente oficia de comentarista para la televisión alemana.
En un hueco que se hizo en la apretada agenda para visitar Claromecó,
su lugar más anhelado, la tresarroyense Silvia Renée Arias
reveló ante "El Periodista" detalles de su apasionante
vida. Entrevista exclusiva
Hoy trabaja cubriendo Fórmula 1, entre ocho y
nueve carreras por año, colabora en Parabrisas, Autotest y BMW
Report; incursionó en la televisión para Fox Sports, y a
menudo colabora con otras publicaciones escribiendo sobre literatura.
Silvia Arias viaja por los diferentes circuitos con su pareja, el ex piloto
suizo Marc Surer, quien hoy comenta automovilismo para el canal de televisión
alemana Premiere. Y tiene tiempo, además, para crear ficción,
porque en los últimos días un texto suyo recibió
el segundo premio del Concurso de Cuentos Iberoamericanos de la Fundación
Avon.
"El Periodista" entrevistó a Silvia en una de las tantas
escapadas que realiza, cuando su apretada agenda profesional se lo permite,
a uno de sus lugares más anhelados: Claromecó.
A esta altura te deben haber
pedido mil veces que analices tu profesión desde una perspectiva
de género. Pero no deja de ser curioso que una mujer se dedique
al periodismo de Fórmula 1
Cuando comencé en esto, en el año 1985, era extraño.
Era la única en la Argentina; y en Europa, en las carreras, sólo
había dos o tres chicas, generalmente fotógrafas, aunque
tampoco era lo común. Y ahora, han pasado 20 años y es notable
cómo se han ido sumando, diría geométricamente, mujeres
al periodismo de Fórmula 1. Además de muchas que hacen fotografía,
televisión
Este año hice algo también para
Fox Sports y es fascinante, porque tenés esa impronta de la televisión
que no te da lo escrito. Y hay muchas mujeres suizas, francesas, italianas,
alemanas cubriendo las carreras. Ahora ya dejó de ser la novedad,
pero hace 20 años era bastante singular.
Por suerte han dejado de ser
una novedad las mujeres en todas las actividades
Por supuesto, son mujeres que están en pareja pero no tienen hijos:
ese es el dato que nos distingue y nos singulariza. Viajando no hay tiempo
para una familia, y las parejas se conforman con gente del mismo ambiente,
o bien con otros periodistas que los fines de semana están haciendo
otra cosa. He encontrado muchas chicas en pareja con comentaristas de
fútbol, con gente que también viaja, porque de lo contrario
es muy difícil.
Evidentemente, la palabra es
un instrumento vital para vos. Pero cuando te decidís por el periodismo,
¿por qué la Fórmula 1?
Siempre fue una pasión, desde chica. En casa siempre se habló
de aviones y de motores, por mi padre y también por mi hermano.
Lo que a mí me llamó mucho la atención - tenía
16 años-, fue que estos hombres, los pilotos, eran capaces de perder
la vida por una pasión, de dar la vida por algo. El tema de la
pasión siempre me atrajo, y me preguntaba qué les pasa,
qué tendrán tan dentro de sí para arriesgar la vida,
o cualquier otra cosa, por eso. Y en mí, las pasiones eran el mar,
escribir, leer, y apareció la Fórmula 1, al punto que me
preguntaba si podría seguir viviendo si dejaba de hacer estas cosas,
y no
Me interesó eso, y emprendí esa búsqueda,
junto con la escritura. Hoy, si no escribo durante una semana tengo dolores
de cabeza, mal humor, y vuelvo a la escritura y todo pasa, y todo lo demás
está bien. Son distintos tipos de pasión. Ese gusto se conjugaba
además con el francés, un idioma que a mí me gusta
muchísimo hablar y que adoro. Y en ese momento había muchos
pilotos franceses en la Fórmula 1, de manera que podía ir
a una carrera y tener la posibilidad de hablar con ellos en su lengua.
Es gracioso, porque a la vuelta de los años hoy somos muy amigos
con Jacques Laffitte, con René Arnoux, con quien hemos compartido
muchas comidas porque los dos conocen mucho a Marc. Y hoy, 20 años
después de esa periodista que corría detrás de los
pilotos para hacer notas, es muy impresionante ver cómo ese mundo
que estaba en germen allá lejos, ahora ya es parte de mi vida.
No debe haber sido fácil
ingresar a ese mundo
En los primeros tiempos, mi padre me pagaba los viajes para ir a Brasil,
escribía en La Voz del Pueblo y luego, cuando me fui a estudiar
periodismo a Buenos Aires, me fui a la Revista Corsa. Me presenté
y dije que tenía unas notas sobre Fórmula 1, y además
estaba escribiendo una novela sobre ese período, las carreras,
los pilotos. Me pidieron que dejara el material, y para ellos fue increíble
porque hacía tiempo que buscaban una mujer que escribiera sobre
Fórmula 1 y yo aparecía así, alegremente. Para mí
era lo más normal, y de hecho mientras estudiaba ingresé
a Corsa, donde por supuesto empecé cebando mate, ayudando con algunas
cositas y leyendo mucho. Un día me dijeron 'cuando veas un escritorio
libre, sentate que es tuyo'. Y así fue: un día alguien se
fue, ya no recuerdo qué pasó, pero hubo un escritorio libre.
¿Cuáles son las carreras que cubrís
de manera habitual?
El circuito europeo y el norteamericano, con Canadá. Por ahora,
no viajo a China ni Japón, y posiblemente este año vaya
a Singapur, donde cubriría para la televisión la labor de
un periodista que está siempre allí pero que este año
va a hacer rally. También viajo a los grandes premios de Turquía
y de Budapest, en Hungría.
Seguramente es un universo con
una magia imposible de imaginar en toda su dimensión. Generalmente
observamos lo deportivo, y por allí lo decorativo, lindas mujeres,
campañas publicitarias. ¿Qué cosas, que seguramente
vos vivís, nos estamos perdiendo nosotros?
Es fascinante desde muchos puntos de vista. Los viajes son muy interesantes,
desde la perspectiva de las culturas, aunque es cierto que uno va siempre
a los mismos lugares, incluso hasta comemos en los mismos restaurantes.
Los periodistas, los ingenieros, algunos mecánicos, tienen como
ciertos rituales, está todo premeditado. Hay quienes reservan un
restaurant en determinada ciudad dos meses antes, como si todos fueran
pilotos que hoy tienen entrenamiento de 8 a 9, y mañana carrera
de 1 a 3. Eso es muy curioso. Pero lo que es fascinante en la Fórmula
1 es el trabajo de los mecánicos, el uso de la computación,
los avances que se van viendo de una carrera a la otra.
TIEMPO DE CAMBIOS
Silvia René Arias ha sido testigo privilegiada de profundos cambios
en el desarrollo del apasionante mundo de la Fórmula 1. Desde el
impacto de la tecnología hasta el rol de los pilotos.
¿El cambio tecnológico evidenciado en el automovilismo es
otro de los atractivos de tus 20 años de profesión?
Yo tuve la oportunidad de ver la primera computadora incorporada a un
auto, que usó Nikki Lauda para tener los tiempos desde su tablero,
y recuerdo que nos preguntábamos qué era eso. Fue muy impresionante,
y siempre lo recordamos con Marc, porque ahora es todo un universo informático.
Pero también es cierto que aunque hay quienes sostienen que todo
ha cambiado para mal, porque el piloto ha perdido importancia a favor
del auto y la tecnología, yo creo que las cosas esenciales de la
Fórmula 1 no han cambiado. El interés, la motivación,
la lucha, la estrategia, cómo piensa un equipo, cuánto combustible
coloca, en qué vuelta entra a cambiar neumáticos, todo eso
está presente siempre y son muchas las cosas que se juegan. Si
a veces para los televidentes no resulta tan interesante, depende un poco
de los periodistas y cómo transmiten eso, que no es sencillo y
a mí misma me ha costado entenderlo. Pero todo está combinado,
y es maravilloso escuchar a los periodistas expertos hablar de todas las
probabilidades de un gran premio. Quizá no todos los pilotos sean
tan simpáticos, pero sin duda los más jóvenes como
Niko Rosberg, el mismo Hamilton o Alonso, un español que es un
encanto, son muy agradables. Creo que está viniendo una generación
nueva.
Cada gran premio y cada circuito producen un choque cultural diferente.
¿Cuáles han sido los más impactantes para vos?
Cada país tiene su encanto. Es como sumergirse en un mundo diferente
cada vez, porque hoy estamos en Brasil, mañana en Turquía,
y además, en cada lugar, la gente vinculada a la Fórmula
1 se desenvuelve de manera diferente. A mí me sedujo mucho Hungría,
Budapest, no sólo la ciudad sino también el circuito, que
se ve muy bien incluso desde el paddock; y también el Gran Premio
de Italia del '86, donde la seguridad no existía y yo pude ver
la largada subida al guard rail. Un bombero me disuadió, pero le
pedí que me permitiera estar allí sólo durante la
largada, y allí estuve, con los dos pies apoyados en V, cuando
se largó la carrera, y todos los autos se vinieron encima, y voló
caucho
Hoy es imposible siquiera acceder a ese lugar, mucho menos
permanecer. Quien lo intentara iría preso. Todo lo vinculado a
la seguridad es, sin duda, otro de los grandes cambios. Sin embargo, el
que recuerdo con el corazón en un puño es el Gran Premio
de San Pablo de 1990, cuando Ayrton Senna literalmente voló, fue
algo sensacional, hizo el record de vuelta y la tribuna se 'cayó'.
Todos, hasta el locutor que gritaba "Ayrton Senna pole position,
Ayrton Senna pole position", lloraban. Haber visto eso fue inolvidable.
En ese mismo Gran Premio, en la primera vuelta y por la recta del fondo,
que se veía perfectamente desde boxes, Ayrton levantó la
mano y saludó al público. Otra vez la tribuna se vino abajo,
porque eso era él. Inolvidable. Cuando murió, la nota que
escribí comenzaba recordando ese gesto y asegurando que algo así
nunca más se volvería a ver. Y nunca más se vio.
RECORDANDO A BIOY
Además de sus trabajos en la prensa especializada en automovilismo,
Silvia fue autora de "Bioy en privado", fruto de sus conversaciones
con el genial Adolfo Bioy Casares; y de "Los Bioy", relatos
de la vida del matrimonio del escritor y Silvina Ocampo por Jovita Iglesias,
su ama de llaves. Como recuerda "La Nación" en una nota
publicada en ocasión de la edición de este volumen, "Silvia
Renée Arias trató a Bioy Casares durante los últimos
cinco años de la vida del escritor. En ese lapso, se ganó
la confianza de Jovita, lo que no es fácil, y fue tejiendo una
sólida amistad con ella. Por eso, tiempo después de la muerte
de Bioy, Jovita la eligió para contar la historia de los cincuenta
años de entrañable relación con Silvina y Adolfito".
Después de esas experiencias entrañables, ¿Volvés
a Bioy cada tanto?
Vuelvo a través de la lectura de sus libros; cuando lo extraño
tengo dos formas de sentirme más cerca. Una es llamar a Jovita,
esa viejita linda de 85 años, con la que charlo y tomo café;
la otra es volver a los libros, las entrevistas; hace poco se hizo un
documental para "La vida en biografías", de Román
Lejtman, para Canal A, y me llamaron; les di todo mi archivo, y quedó
un trabajo sensacional que ahora voy a ver cada dos meses, aunque sea
un ratito, para recordar a mis amigos que cuentan todos un poquito sobre
Bioy.
Y ahora has recibido un premio por un texto de ficción
Sí, es un segundo premio
Por lo menos es un podio. En el Concurso
de Cuentos Iberoamericanos de la Fundación Avon. Y eso me motivó
a escribir, porque algunos compañeros míos del taller de
Abelardo Castillo habían ganado premios en ese certamen y era como
un desafío.
¿De qué escribís cuando no cubrís Fórmula
1?
Ahora estoy trabajando en un libro de cuentos, porque cada relato fue
haciendo su camino solo, algunos fueron publicados; y el hilo conductor
es Villa Marina, un nombre de ficción para Claromecó, donde
suceden todas las historias. Tengo una novela, que también va a
tener que empezar el camino de los concursos, que es la forma de darse
a conocer y poder editar; también una idea para trabajar sobre
los diez años en el taller de Abelardo Castillo. Y tengo un proyecto
autobiográfico: llevo un diario desde los 15 años, y ahora
lo leo y me resulta muy impresionante la vida de esa adolescente que fui
durante la dictadura militar, con esos discursos, los profesores, los
asaltos, y en definitiva creo que ahí hay algo, lo estoy limpiando
y me sorprendo, porque anotaba día por día; cada día
que pasa me vuelvo a encontrar con esa chica, y es muy fuerte. Además,
tomado desde el punto de vista del diario de una chica de pueblo durante
la dictadura, es muy interesante. Hablándolo con mi padre descubrí,
justamente, que es el relato de lo que aquí no se vivió.
Lo que aparece allí, es lo que no está. La prensa hablando
de las torturas de Idi Amín mientras este era un mundo maravilloso.
Lo que juega es la ausencia.
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