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Informe especial
SEGUN ESPECIALISTAS DEL INTA,
EL VINO TRESARROYENSE ES POSIBLE
Vino, vio y venció
Cuyo, Salta, Río Negro y Neuquén ya no
son referencia obligada a la hora de hablar de vinos. En el actual escenario
vitivinícola hay nuevos actores, y ocupa un papel preponderante
la provincia de Buenos Aires. De hecho, se están envasando tintos
y blancos en Médanos, Saldungaray y Sierra de la Ventana. Atento
el renovado orden surge inevitable la pregunta: ¿es posible producir
vinos en Tres Arroyos? Informe especial de "El Periodista" que
trae la respuesta
Temperaturas, precipitaciones, características
del suelo y exposición a posibles enfermedades, lo que conforma
junto a cuestiones también culturales y humanas el "terroir"
necesario para producir un vino, pudieron operar en otras épocas
como condicionantes para la elaboración de productos vitivinícolas
en esta zona de la Pampa Húmeda. Sin embargo, ya no lo son. Y son
los propios especialistas quienes relativizan estos factores, hasta encontrar
aspectos positivos que permiten inferir que, bajo determinados recaudos,
se puede elaborar vino en Tres Arroyos. En exclusiva para "El Periodista",
explican por qué.
"Hoy el panorama de recursos fitosanitarios cambió, y las
nuevas tecnologías permiten cultivar vitis vinífera en zonas
donde antes era muy difícil", advirtió a este periódico
el ingeniero agrónomo Hernán Vila, de la Facultad de Ciencias
Agrarias de la Universidad Nacional de Cuyo, investigador en viticultura
y responsable del Laboratorio de Viticultura de la Estación Experimental
Agropecuaria Mendoza del INTA. De amplio currículum, Vila es Magister
Scientiae en Viticultura y Enología de la Facultad de Ciencias
Agrarias Universidad Nacional de Cuyo y Ecole Nationale Agronomique de
Montpellier, en Francia; fue coordinador del Proyecto Regional "La
vitivinicultura en la Región Centro Oeste argentina" y referente
vitivinícola del Programa Nacional Frutales, entre 2002 y 2005;
coordinador técnico del Plan Estratégico Vitivinícola
(PEVI 2020). Sus especialidades son la viticultura, componentes fenólicos
de la uva y el vino, zonificación vitivinícola y cadena
vitivinícola.
"Desde el punto de vista técnico e hídrico, esas zonas
son buenas, templadas, y con condiciones similares a las que permiten
el desarrollo actual de cultivos de vid en Uruguay", explicó
Vila. Con este argumento coincidió también el ingeniero
agrónomo Jorge Prieto, técnico investigador especialista
en fisiología y sistemas de conducción del INTA, cuya labor
se desarrolla sobre la caracterización del comportamiento fisiológico
de la planta de vid en respuesta a diversos factores de estrés
(temperatura, agua y radiación). A requerimiento de "El Periodista",
Prieto indicó que "el modelo uruguayo se lleva a cabo en condiciones
similares a las de ustedes y que podrían llegar a tomar como referencia.
En Uruguay se cultivan variedades tintas como el Tannat, cultivada en
una gran parte en Lyra, un sistema de conducción abierto que permite
más aireación en el interior de la planta". En este
aspecto, sostuvo que dependiendo de las características de la zona
donde se vaya a radicar la plantación, las elecciones no sólo
de variedad sino también de manejo de cultivo son importantes.
Lo cierto es que la consulta de diferentes trabajos sobre viticultura
realizados por técnicos que han observado la actividad fuera de
su enclave tradicional -la región centro oeste argentina-, permiten
además entender que, a esta altura del desarrollo tecnológico
y la investigación en torno al cultivo de vid vinífera,
varios factores que en otros tiempos hubieran conspirado contra un buen
resultado, hoy pueden haber trocado incluso en ventajas para ciertas variedades.
Y en ese aspecto, esta zona se vería favorecida por sus similitudes
con otras donde se está elaborando vino de producciones propias
con buena respuesta. Un buen ejemplo puede extraerse del trabajo del ingeniero
agrónomo Atilio Cassino, del INTA, autor de "Vides y Viñedos
en la Patagonia - La comarca atlántica del Río Negro".
En este texto, Cassino señala que "las vides europeas (Vitis
vinífera L.), refugiadas en los viñedos más australes
del mundo, reciben el aire puro, gélido, en ocasiones suave y en
otras violento, del polo Sud o continente helado. Esta situación,
que puede considerarse negativa para el éxito del cultivo trae,
sin embargo, factores favorables tales como el crecimiento dentro de una
atmósfera no contaminada que por añadidura crea condiciones
adversas al desarrollo de plagas y enfermedades, por lo que es posible
pensar en cultivos y vinificación de productos orgánicos".
Más aspectos en común con esta zona se pueden encontrar,
también, en "El cultivo de la vid en el Valle de Viedma",
de la técnica agrónoma Silvia Gallo, también del
Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria. "El Valle de
Viedma posee características aptas para el desarrollo del cultivo
de la vid. A pesar de su latitud, como consecuencia de su cercanía
al mar, el valle presenta un régimen térmico moderado. Los
otoños suaves y prolongados (asociados al clima marítimo)
otorgan a la región características distintivas respecto
del resto de las regiones vitivinícolas del país, dominadas
por climas continentales", indica la profesional.
Los antecedentes
"Varias zonas de la provincia de Buenos Aires tuvieron, durante décadas,
algún tipo de desarrollo vinícola. En aquel tiempo, el cultivo
de vides europeas era mucho más difícil, razón por
la cual se optó por las variedades americanas como la vitis labrusca,
algunas de ellas conocidas también como uva chinche, con las que
se elaboraba un vino de sabor aframbuesado, quizá no del gusto
de todos los públicos pero no por eso menos interesante. Esto ocurrió
sobre todo en la zona de San Pedro, Ramallo, hasta los años '70.
Después, la caída del consumo asociada a distintas situaciones
de crisis derivó en la desaparición de esos viñedos",
explicó el ingeniero Vila. Esta situación es descripta claramente
por la investigadora María Silvia Ospital, investigadora del CONICET
y la Universidad de La Plata, en "Vino en la pampa. La actividad
vitivinícola en la provincia de Buenos Aires, 1900-1940".
Los datos de esta investigación son sorprendentes. Según
puntualiza la profesional, "los primeros intentos de afincar viñas
y desarrollar la agroindustria en la provincia de Buenos Aires fueron
casi contemporáneos de los inicios de la actividad en Mendoza y
San Juan. En las últimas décadas del siglo XIX ya se registraba
la presencia de plantaciones y bodegas en algunos partidos de la tradicional
provincia cerealera. A pesar de que clima y suelo
bonaerenses no eran aptos para este tipo de cultivos, la cercanía
de los principales mercados consumidores obraba como un poderoso acicate
sobre agricultores e industriales, incitándolos a invertir esfuerzos
y capitales en estas tareas. A los factores económicos se agregaban
circunstancias de carácter cultural. La fuerte presencia de inmigración
italiana y española en la región, comunidades para
las que el cultivo de viñas y la elaboración del propio
vino resultaban actividades cargadas de valores afectivos y de cualidades
de prestigio, determinó la coexistencia de la vitivinicultura -aunque
fuese en muy pequeña escala-, junto a otras producciones agrícolas".
En 1910, el Centro Vitivinícola Nacional, creado cinco años
antes, publicó un álbum dedicado a la actividad viñatera
en todo el país, con abundante información sobre el desarrollo
vitícola bonaerense. En esas páginas, hace referencia al
"presente vinícola" de Buenos Aires, importante proveedora
de uvas de mesa, con viñedos en San Nicolás, Escobar, Quilmes,
La Plata y ¡Bahía Blanca!
Más tarde, considera Ospital en su trabajo, Buenos Aires "consolidó
su perfil como productora de granos y forrajes, mientras las actividades
ganaderas la convertían en gran exportadora de carnes para el mercado
internacional. Es ese contexto, la extensión de tierras dedicadas
a viñas en la provincia no podía menos que estancarse, en
términos absolutos y relativos". Sin embargo, es imposible
soslayar que a apenas unos kilómetros de Tres Arroyos, ya a principios
del siglo pasado, se producían variedades de uva destinadas a la
elaboración de vinos de mesa, con un interesante desarrollo.
Los cambios y las ventajas
Para el ingeniero Hernán Vila, las ventajas más importantes
a la hora de pensar en un cultivo vitícola actual en esta zona
pasan, como ya se dijo, por el avance de los recursos técnicos.
"Si antes era difícil pensar en variedades europeas, especialmente
por el riesgo de la antracnosis y peronósporas (enfermedades de
las plantas causadas por hongos, más comunes en zonas húmedas),
hoy los recursos fitosanitarios con que contamos, asociados a ciertas
características climáticas y de suelo, permiten el desarrollo
de esas variedades al menos en pequeña escala", señaló.
En este sentido, indicó que si bien estas regiones bonaerenses
no reúnen las condiciones ideales que sí presenta la cuenca
inferior de los ríos Colorado y Negro, zona semiárida y
plenamente vitivinícola, se pueden obtener buenos resultados en
Tandil y Sierra de la Ventana, sin descartar las posibilidades de Tres
Arroyos y sus alrededores.
Su colega Jorge Prieto, en tanto, advirtió acerca de la necesidad
de "conocer el régimen de precipitaciones (cuánto por
año y en que época se producen), las temperaturas (máximas,
media diaria) aproximadas de los meses de primavera y verano, tanto diurnas
como nocturnas y por último el tipo de suelo. Dependiendo de esas
condiciones, es la variedad se puede implantar y luego pensar en qué
tipo de vino se puede llegar a elaborar. No sólo se trata de una
buena elección de la variedad, también hay que tener en
cuenta factores importantes como el sistema de conducción, el manejo
del suelo y del riego, los cuales dependen siempre de las condiciones
climáticas". A primera impresión, consideró,
podrían adaptarse a esta zona variedades como Sauvignon Blanc o
Chenin.
Las condiciones
No hay duda de que la zona netamente vitivinícola del país
ofrece enormes ventajas comparativas que obligan a que el desarrollo de
la actividad en otras regiones, como la nuestra, sea mucho más
acotado. Sin embargo, tal como señaló el ingeniero Hernán
Vila, hay posibilidades de encarar el negocio teniendo en cuenta determinados
factores que pueden llevarlo al éxito. "Se puede pensar en
una producción no masiva, de pequeños nichos asociados especialmente
al turismo. La elaboración de vinos de calidad en pequeña
escala puede asociarse perfectamente a varios rubros de la gastronomía,
como las carnes, chacinados, ahumados, y así cerrar un atractivo
paquete. Los emprendimientos que hoy están mostrando buenos resultados
asocian al vino con el turismo, o bien forman una pequeña parte
de una producción agrícola diversificada como un rubro menor
cuyo impacto no es gravitante para que cierre la ecuación empresaria",
consideró.
Vila cerró la charla, desde su laboratorio mendocino, con una visión
optimista. "Es cierto que aquí está toda la infraestructura
y las condiciones, pero allí las condiciones existen y el INTA
apoya decididamente esos emprendimientos. Se está buscando revivir
la producción en zonas como San Pedro y Ramallo, se han traído
vinos para evaluar desde Tandil y Sierra de la Ventana, y perfectamente
se puede colaborar con el desarrollo en otras regiones", concluyó.
Nota: El informe completo, en la edición de
papel de "El Periodista", incluye el mapa del vino bonaerense
y una visita a la Bodega Saldungaray
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