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El Periodista de Tres Arroyos

 

El Periodista

 

Ingenieros agrónomos Hernán Vila y Jorge Prieto, los especialistas que consultó "El Periodista" en Mendoza

 

 


Informe especial

SEGUN ESPECIALISTAS DEL INTA,
EL VINO TRESARROYENSE ES POSIBLE

Vino, vio y venció

Cuyo, Salta, Río Negro y Neuquén ya no son referencia obligada a la hora de hablar de vinos. En el actual escenario vitivinícola hay nuevos actores, y ocupa un papel preponderante la provincia de Buenos Aires. De hecho, se están envasando tintos y blancos en Médanos, Saldungaray y Sierra de la Ventana. Atento el renovado orden surge inevitable la pregunta: ¿es posible producir vinos en Tres Arroyos? Informe especial de "El Periodista" que trae la respuesta

Temperaturas, precipitaciones, características del suelo y exposición a posibles enfermedades, lo que conforma junto a cuestiones también culturales y humanas el "terroir" necesario para producir un vino, pudieron operar en otras épocas como condicionantes para la elaboración de productos vitivinícolas en esta zona de la Pampa Húmeda. Sin embargo, ya no lo son. Y son los propios especialistas quienes relativizan estos factores, hasta encontrar aspectos positivos que permiten inferir que, bajo determinados recaudos, se puede elaborar vino en Tres Arroyos. En exclusiva para "El Periodista", explican por qué.
"Hoy el panorama de recursos fitosanitarios cambió, y las nuevas tecnologías permiten cultivar vitis vinífera en zonas donde antes era muy difícil", advirtió a este periódico el ingeniero agrónomo Hernán Vila, de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Cuyo, investigador en viticultura y responsable del Laboratorio de Viticultura de la Estación Experimental Agropecuaria Mendoza del INTA. De amplio currículum, Vila es Magister Scientiae en Viticultura y Enología de la Facultad de Ciencias Agrarias Universidad Nacional de Cuyo y Ecole Nationale Agronomique de Montpellier, en Francia; fue coordinador del Proyecto Regional "La vitivinicultura en la Región Centro Oeste argentina" y referente vitivinícola del Programa Nacional Frutales, entre 2002 y 2005; coordinador técnico del Plan Estratégico Vitivinícola (PEVI 2020). Sus especialidades son la viticultura, componentes fenólicos de la uva y el vino, zonificación vitivinícola y cadena vitivinícola.
"Desde el punto de vista técnico e hídrico, esas zonas son buenas, templadas, y con condiciones similares a las que permiten el desarrollo actual de cultivos de vid en Uruguay", explicó Vila. Con este argumento coincidió también el ingeniero agrónomo Jorge Prieto, técnico investigador especialista en fisiología y sistemas de conducción del INTA, cuya labor se desarrolla sobre la caracterización del comportamiento fisiológico de la planta de vid en respuesta a diversos factores de estrés (temperatura, agua y radiación). A requerimiento de "El Periodista", Prieto indicó que "el modelo uruguayo se lleva a cabo en condiciones similares a las de ustedes y que podrían llegar a tomar como referencia. En Uruguay se cultivan variedades tintas como el Tannat, cultivada en una gran parte en Lyra, un sistema de conducción abierto que permite más aireación en el interior de la planta". En este aspecto, sostuvo que dependiendo de las características de la zona donde se vaya a radicar la plantación, las elecciones no sólo de variedad sino también de manejo de cultivo son importantes.
Lo cierto es que la consulta de diferentes trabajos sobre viticultura realizados por técnicos que han observado la actividad fuera de su enclave tradicional -la región centro oeste argentina-, permiten además entender que, a esta altura del desarrollo tecnológico y la investigación en torno al cultivo de vid vinífera, varios factores que en otros tiempos hubieran conspirado contra un buen resultado, hoy pueden haber trocado incluso en ventajas para ciertas variedades. Y en ese aspecto, esta zona se vería favorecida por sus similitudes con otras donde se está elaborando vino de producciones propias con buena respuesta. Un buen ejemplo puede extraerse del trabajo del ingeniero agrónomo Atilio Cassino, del INTA, autor de "Vides y Viñedos en la Patagonia - La comarca atlántica del Río Negro". En este texto, Cassino señala que "las vides europeas (Vitis
vinífera L.), refugiadas en los viñedos más australes del mundo, reciben el aire puro, gélido, en ocasiones suave y en otras violento, del polo Sud o continente helado. Esta situación, que puede considerarse negativa para el éxito del cultivo trae, sin embargo, factores favorables tales como el crecimiento dentro de una atmósfera no contaminada que por añadidura crea condiciones adversas al desarrollo de plagas y enfermedades, por lo que es posible pensar en cultivos y vinificación de productos orgánicos".
Más aspectos en común con esta zona se pueden encontrar, también, en "El cultivo de la vid en el Valle de Viedma", de la técnica agrónoma Silvia Gallo, también del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria. "El Valle de Viedma posee características aptas para el desarrollo del cultivo de la vid. A pesar de su latitud, como consecuencia de su cercanía al mar, el valle presenta un régimen térmico moderado. Los otoños suaves y prolongados (asociados al clima marítimo) otorgan a la región características distintivas respecto del resto de las regiones vitivinícolas del país, dominadas por climas continentales", indica la profesional.

Los antecedentes
"Varias zonas de la provincia de Buenos Aires tuvieron, durante décadas, algún tipo de desarrollo vinícola. En aquel tiempo, el cultivo de vides europeas era mucho más difícil, razón por la cual se optó por las variedades americanas como la vitis labrusca, algunas de ellas conocidas también como uva chinche, con las que se elaboraba un vino de sabor aframbuesado, quizá no del gusto de todos los públicos pero no por eso menos interesante. Esto ocurrió sobre todo en la zona de San Pedro, Ramallo, hasta los años '70. Después, la caída del consumo asociada a distintas situaciones de crisis derivó en la desaparición de esos viñedos", explicó el ingeniero Vila. Esta situación es descripta claramente por la investigadora María Silvia Ospital, investigadora del CONICET y la Universidad de La Plata, en "Vino en la pampa. La actividad vitivinícola en la provincia de Buenos Aires, 1900-1940". Los datos de esta investigación son sorprendentes. Según puntualiza la profesional, "los primeros intentos de afincar viñas y desarrollar la agroindustria en la provincia de Buenos Aires fueron casi contemporáneos de los inicios de la actividad en Mendoza y San Juan. En las últimas décadas del siglo XIX ya se registraba la presencia de plantaciones y bodegas en algunos partidos de la tradicional provincia cerealera. A pesar de que clima y suelo
bonaerenses no eran aptos para este tipo de cultivos, la cercanía de los principales mercados consumidores obraba como un poderoso acicate sobre agricultores e industriales, incitándolos a invertir esfuerzos y capitales en estas tareas. A los factores económicos se agregaban circunstancias de carácter cultural. La fuerte presencia de inmigración italiana y española en la región, comunidades para
las que el cultivo de viñas y la elaboración del propio vino resultaban actividades cargadas de valores afectivos y de cualidades de prestigio, determinó la coexistencia de la vitivinicultura -aunque fuese en muy pequeña escala-, junto a otras producciones agrícolas". En 1910, el Centro Vitivinícola Nacional, creado cinco años antes, publicó un álbum dedicado a la actividad viñatera en todo el país, con abundante información sobre el desarrollo vitícola bonaerense. En esas páginas, hace referencia al "presente vinícola" de Buenos Aires, importante proveedora de uvas de mesa, con viñedos en San Nicolás, Escobar, Quilmes, La Plata y ¡Bahía Blanca!
Más tarde, considera Ospital en su trabajo, Buenos Aires "consolidó su perfil como productora de granos y forrajes, mientras las actividades ganaderas la convertían en gran exportadora de carnes para el mercado internacional. Es ese contexto, la extensión de tierras dedicadas a viñas en la provincia no podía menos que estancarse, en términos absolutos y relativos". Sin embargo, es imposible soslayar que a apenas unos kilómetros de Tres Arroyos, ya a principios del siglo pasado, se producían variedades de uva destinadas a la elaboración de vinos de mesa, con un interesante desarrollo.

Los cambios y las ventajas
Para el ingeniero Hernán Vila, las ventajas más importantes a la hora de pensar en un cultivo vitícola actual en esta zona pasan, como ya se dijo, por el avance de los recursos técnicos. "Si antes era difícil pensar en variedades europeas, especialmente por el riesgo de la antracnosis y peronósporas (enfermedades de las plantas causadas por hongos, más comunes en zonas húmedas), hoy los recursos fitosanitarios con que contamos, asociados a ciertas características climáticas y de suelo, permiten el desarrollo de esas variedades al menos en pequeña escala", señaló. En este sentido, indicó que si bien estas regiones bonaerenses no reúnen las condiciones ideales que sí presenta la cuenca inferior de los ríos Colorado y Negro, zona semiárida y plenamente vitivinícola, se pueden obtener buenos resultados en Tandil y Sierra de la Ventana, sin descartar las posibilidades de Tres Arroyos y sus alrededores.
Su colega Jorge Prieto, en tanto, advirtió acerca de la necesidad de "conocer el régimen de precipitaciones (cuánto por año y en que época se producen), las temperaturas (máximas, media diaria) aproximadas de los meses de primavera y verano, tanto diurnas como nocturnas y por último el tipo de suelo. Dependiendo de esas condiciones, es la variedad se puede implantar y luego pensar en qué tipo de vino se puede llegar a elaborar. No sólo se trata de una buena elección de la variedad, también hay que tener en cuenta factores importantes como el sistema de conducción, el manejo del suelo y del riego, los cuales dependen siempre de las condiciones climáticas". A primera impresión, consideró, podrían adaptarse a esta zona variedades como Sauvignon Blanc o Chenin.

Las condiciones
No hay duda de que la zona netamente vitivinícola del país ofrece enormes ventajas comparativas que obligan a que el desarrollo de la actividad en otras regiones, como la nuestra, sea mucho más acotado. Sin embargo, tal como señaló el ingeniero Hernán Vila, hay posibilidades de encarar el negocio teniendo en cuenta determinados factores que pueden llevarlo al éxito. "Se puede pensar en una producción no masiva, de pequeños nichos asociados especialmente al turismo. La elaboración de vinos de calidad en pequeña escala puede asociarse perfectamente a varios rubros de la gastronomía, como las carnes, chacinados, ahumados, y así cerrar un atractivo paquete. Los emprendimientos que hoy están mostrando buenos resultados asocian al vino con el turismo, o bien forman una pequeña parte de una producción agrícola diversificada como un rubro menor cuyo impacto no es gravitante para que cierre la ecuación empresaria", consideró.
Vila cerró la charla, desde su laboratorio mendocino, con una visión optimista. "Es cierto que aquí está toda la infraestructura y las condiciones, pero allí las condiciones existen y el INTA apoya decididamente esos emprendimientos. Se está buscando revivir la producción en zonas como San Pedro y Ramallo, se han traído vinos para evaluar desde Tandil y Sierra de la Ventana, y perfectamente se puede colaborar con el desarrollo en otras regiones", concluyó.

Nota: El informe completo, en la edición de papel de "El Periodista", incluye el mapa del vino bonaerense y una visita a la Bodega Saldungaray

 
 
El Periodista de Tres Arroyos
Tres Arroyos, Pcia. de Buenos Aires, República Argentina