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ARTISTAS DE DISTINTAS DISCIPLINAS
CONVIVEN EN UN NUEVO ESPACIO DE CULTURA INDEPENDIENTE
Haciendo malabares
Los artistas circenses que se ven habitualmente en las
esquinas de Tres Arroyos, junto a otros provenientes de otras disciplinas,
tienen en Ituzaingó 409 un ámbito independiente y autogestionado
que los aglutina. Allí, frente al histórico enclave de la
estación de ferrocarril, un grupo de jóvenes trabaja a diario
para que la cultura sea accesible para todos, nada menos. "El Periodista",
que visitó el lugar y habló con sus protagonistas, invita
a un mágico viaje en "El vagón de los nadie"
La cercanía de la estación de tren resulta
inspiradora para llamar, al espacio, El vagón. Pero también
un vagón es una metáfora interesante si se la ve desde el
punto de vista de la cultura. Un lugar dinámico, del que la gente
entra y sale, cuyo movimiento permite cambiar permanentemente el ángulo
de visión que se tiene sobre lo que nos rodea. Y que puede formar
parte, además, de un tren que traslade la energía creativa
por todas partes.
En forma paralela a su aparición con intervenciones artísticas
urbanas ligadas a lo circense -malabares, monociclo-, los integrantes
de El Vagón de los Nadie recuperaron una porción de uno
de los lugares más atractivos de la ciudad desde el punto de vista
histórico. A pulmón, y casi desde el derrumbe, volvieron
a levantar la vieja construcción de Ituzaingó 409 donde
hoy se respiran otros aires. Aires de circo, de diseño vanguardista,
de rock. En definitiva, de arte.
La libertad del lugar, llamado por sus miembros como "Espacio de
Liberación Cultural", se percibe ya desde su modalidad de
organización. Un grupo multidisciplinario que toma decisiones en
asamblea, comparte y busca el consenso en todo lo que se hace y espera
de los integrantes trabajo, compromiso y esfuerzo por las propuestas.
"Algunos estamos todos los días, otros colaboran en algunas
cosas puntuales, como repartir afiches, ayudar a limpiar, a decorar",
relató a "El Periodista" Agustín Cansado, pasajero
permanente de este vagón junto a Ana Bayúgar, Toro Brito,
Magali Lazarte y Félix Golato.
El lugar, que pertenece al abuelo de Magali y tiene su historia, albergó
en su momento a un templo cristiano. "La gente dejó de venir
y estuvo unos diez años abandonado. Cuando nosotros decidimos venir
a vivir acá, le propusimos a mi familia el trabajo en este espacio
como un centro cultural independiente, como es, fue y queremos que siga
siendo esto", recordó Maga, que habita ese espacio hoy remodelado
junto a Toro y su increíble beba Lolita, que recorre en sus primeros
pasos las alfombras hasta dar con un palillo para golpear un tambor.
Espacio recuperado
La idea original fue recuperar el edificio para dar talleres, espectáculos,
recitales, pero el aspecto del lugar tras tantos años de abandono
era, evocaron los chicos, desolador. Hubo que trabajar mucho. "La
primera actividad que nos convocó fue acomodar este espacio, porque
el deterioro era muy importante. Nosotros nos sumamos unos meses después
de la llegada de ellos, que ya habían hecho algunas mejoras. Y
todavía falta mucho por hacer", señaló Agustín.
El grupo, en el que hay profesores de teatro, artistas de circo, diseñadores,
fue consolidándose alrededor de la idea de llevar adelante "El
Vagón de los Nadie" como colectivo artístico que traslada
sus propuestas a cualquier ámbito donde se los convoque, pero al
mismo tiempo el trabajo sobre el edificio de la avenida Ituzaingó
terminó por fortalecer, sin duda, sus lazos. Y para todos marcó
la posibilidad concreta de volver a Tres Arroyos, porque la mayoría
trajo sus disciplinas desde otras ciudades, con una historia por contar
y un lugar propio donde mostrar lo suyo.
"Volvía a Tres Arroyos, soy profesor de teatro, actor, y después
de estar muchos años afuera no tenía un espacio donde poder
ensayar, preparar una obra, dar talleres. Algunos teníamos experiencia
de trabajo en otros centros culturales; y yo mismo, cuando llegué
con todas esas ganas de seguir produciendo y de que el regreso no fuera
un parate en mi vocación, fui conociendo al resto de los chicos
y me sumé, casi de manera vertiginosa, al trabajo. Pasó
apenas una semana y ya estábamos todos acá", contó
Agustín.
Las tareas diarias, que eran muchas, requerían de la obtención
de recursos. Y como principio básico de "El Vagón de
los Nadie", fue la autogestión el hilo conductor de distintas
actividades que empezaron a programarse y se siguen haciendo. "Necesitábamos
hacer algo que no nos exigiera dinero, y que nos permitiera conseguirlo.
Por eso empezamos con una fiesta, después vinieron las ferias de
ropa, con las que continuamos, ciclos de cine, recitales", puntualizó
Ana. En este sentido, Agustín agregó que "lo más
importante fue, para mí como artista y creo que es una idea que
compartimos todos, el hecho de crear un espacio independiente donde producir
cultura, conviviendo con otras propuestas como las que provienen de la
esfera del Estado, que por supuesto también tienen que estar, y
albergando aquellas expresiones que hoy no tienen lugar".
Aportes a la cultura
"Pertenecemos a una sociedad a la que queremos aportarle algo, desde
lo que podemos dar nosotros, a través de los talleres o los espectáculos,
creando una conciencia cultural que es distinta a la que tiene Tres Arroyos,
a la que se ha venido gestando quizá por la forma en que se maneja
la cultura oficial o porque la misma sociedad la ha ido formando con sus
características. Lo que buscamos es enriquecer las expresiones
que hay con nuestro aporte", explicó Félix Golato,
que cuenta en su curriculum con el diseño de la bandera de Tres
Arroyos.
Hoy, "El Vagón de los Nadie", es una suerte de pieza
local en un creciente movimiento de centros culturales independientes
que se gesta a lo largo de toda la provincia de Buenos Aires y en otros
lugares del país. "Tenemos contacto con gente de Azul, Mar
del Plata, Lamadrid, Rauch, Neuquén, hasta Jujuy, donde estuve
trabajando en un centro cultural de estas características, y nos
alegra que esta energía que tenemos para llevar adelante un proyecto
cultural se repita en otros lugares del interior, pensados como contraposición
a la monopolización y la centralización de la cultura en
las grandes ciudades. La idea es poder, con esto, formar una especie de
circuito entre centros para intercambiar talleres, espectáculos,
artistas", puntualizó Agustín.
Múltiples actividades
El espacio, planteado también como centro de formación,
viene a cubrir asimismo una necesidad para quienes tienen interés
en disciplinas vinculadas al circo. "Es difícil para los artistas
poder formarse, las escuelas son muy pocas, en general privadas, y la
transmisión es básicamente autodidacta, de un compañero
a otro. Por eso pensamos en la importancia de poder dar y recibir talleres
en este lugar", señalaron.
Pero las propuestas son muchas más, e incluso han salido fuera
de los límites de la casa de Ituzaingó. Además de
la presencia de varios pasajeros del Vagón con sus espectáculos
ambulantes en las esquinas de Moreno y 9 de Julio y Rivadavia y Alsina,
comenzaron con las fiestas, en diciembre del año 2007, de las que
participaron bandas de rock, malabaristas y artistas de varias disciplinas.
Llegaron también las ferias de ropa, que continúan en forma
mensual. Y llegado el verano, el grupo se trasladó a Claromecó.
"Estuvimos todo el verano trabajando, y eso sirvió para consolidar
el grupo como artistas y tener nuestro propio producto para ofrecer",
recordó Agustín.
El regreso fue con más fuerza, y así empezaron a tomar forma
los talleres, de dibujo, de circo, de swing (disciplina circense), y posteriormente
las jornadas vinculadas al Día de la Mujer, en marzo, durante las
cuales funcionaron una radio abierta, un escenario con bandas de rock,
exposiciones de fotografía y artes plásticas. Más
tarde llegarían dos ciclos de cine, y uno de sus eventos más
recordados fue el varieté, que ofreció teatro, expresión
corporal, música, circo y un atractivo visual muy interesante.
"También hemos tenido en cuenta que en Tres Arroyos hay muchas
bandas de rock tocando y ensayando, quizá unas 15, que no tienen
lugares donde tocar. Entonces comenzamos a ofrecer el espacio y desde
ese momento han pasado varias por acá, con la idea de que usemos
este lugar no sólo nosotros, sino cualquier tipo de disciplina
artística que no encuentre un espacio donde expresarse", continuaron.
El aspecto social
Para los integrantes de "El Vagón de los Nadie", la autogestión
y la independencia van de la mano de una cuestión social sobre
la que quieren hacer foco. "Nuestra intención social es bien
definida. En principio todas las actividades que ofrecemos son a la gorra,
y eso no es azaroso. Tenemos una postura con respecto al valor de la cultura
y la accesibilidad que debe tener el arte. Creemos que cultura somos todos,
la hacemos todos día a día, y por lo tanto de cualquier
manifestación artística debería poder participar
toda la comunidad, y no sólo aquella que tenga 40 pesos para poder
pagar una entrada para un espectáculo o un taller. No queremos
politizar el tema, pero sostenemos una cuestión ideológica:
este es un espacio popular, accesible, y pensado también para poder
llevar adelante actividades a beneficio que hemos planeado y que, aunque
no se pudieron concretar por distintos motivos, seguimos con la idea de
hacer", señaló Agustín Cansado.
En el futuro inmediato, están trabajando en la posibilidad de llevar
adelante una propuesta específicamente dedicada al barrio. "Queremos
que el espacio se inserte en el barrio y que la gente lo sienta como propio,
que se cree una idea de pertenencia, con actividades para los chicos,
juegos recreativos. Ya armamos un festival en el Polideportivo de los
Ranchos de la Virgen de Luján, donde nos fue muy bien, y ahora
queremos trabajar para este barrio, que la gente se integre y deje de
lado ciertos prejuicios", admitieron.
En este aspecto, la cuestión de los prejuicios que a lo mejor pueden
generar algunas actividades o las elecciones estéticas de sus protagonistas
por parte de quienes no los conocen, es un obstáculo a sortear
para la gente del Vagón. "Por eso, aunque a veces no lo tenemos
en cuenta, la difusión de nuestra propuesta para que la gente se
acerque y la conozca y pueda palparla es algo importante. El mismo trabajo
que nos lleva organizar las actividades hace que a veces nos olvidemos
de esto", admitieron.
Para todos, todo
Finalmente, los recursos no son una cuestión menor. Además
de remodelar el lugar, los integrantes del grupo armaron una biblioteca,
construyeron a nuevo un sector de sanitarios y repararon los techos, un
aspecto crítico que hoy está subsanado. Pero todavía
discuten si gestionar o no algún tipo de apoyo financiero. "Suele
ser un tema de las asambleas -se hacen los jueves a las 15, y son de acceso
libre-, si pedimos algún tipo de subsidio, al Estado o privado,
pero no nos hemos puesto de acuerdo, no lo hemos definido. Estamos inventando
día a día una forma de gestionarnos, pero es difícil
porque no tenemos un mango y todavía son muchas las cosas que tenemos
que hacerle al lugar. Y no nos faltan solamente recursos económicos
sino también humanos. Nos falta gente con ganas de trabajar, somos
pocos para organizar, a veces nos faltan ideas, otras veces, manos. Siendo
más, siempre hay maneras de compensar cuando a alguno se le cae
un poco el ánimo", confiaron. Por supuesto, se reciben donaciones
de materiales, pintura, libros y cualquier tipo de objeto útil
para un espacio de estas características, así como también,
en las asambleas, los chicos están dispuestos a escuchar nuevas
propuestas de talleres y actividades.
"Queremos sumar arte, vida. Creemos que el 'para todos, todo' es
posible, y para que esto sea así, todos debemos trabajar",
concluyó Félix. Es cuestión de subirse al Vagón.
Ya empezó el viaje.
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