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EIMA, ROSSI Y ACERIA DEL SUR, TRES FABRICAS QUE FUERON ORGULLO
LOCAL E HICIERON CONOCER A TRES ARROYOS EN TODO EL PAIS
Flores de acero
En los últimos años, afortunadamente, se
ha producido en Tres Arroyos un reverdecer de la industria. Pero las viejas
fábricas, que engrandecieron la Patria Chica e hicieron que la
ciudad se conociera en todo el país, ya no volverán. Además
de Istilart, que empleaba a centenares de personas y era orgullo local
por sus productos, otras empresas, especialmente dedicadas al rubro metalurgia,
aportaron grandemente a la economía lugareña. Hoy, convertidas
en ruinas o recicladas parcialmente, las enormes estructuras de esas industrias
son mudo testigo de una lejana época dorada. Aquí, incluyendo
la palabra de sus ex empleados, se rescata el tiempo en el que EIMA, Rossi
Hermanos y la Acería del Sur se ganaron el lugar que luego se vieron
forzadas a resignar. Informe especial de "El Periodista"
EIMA
Establecimiento Industrial Metalúrgico Argentino (EIMA) comenzó
sus actividades el 24 de septiembre de 1947. Sus fundadores fueron José
Agostinucci, Bruno Barbafina, Héctor Díaz y Norman Pérez.
Agostinucci y Barbafina eran dos inmigrantes italianos que llegaron a
la Argentina en 1922 con las ansias de todos los europeos que por aquellos
años veían en Argentina una tierra de esperanza y oportunidades.
Cuatro años más tarde se radicaron en nuestra ciudad y comenzaron
a trabajar en la fábrica Istilart, lugar donde conocieron a quienes
más tarde fueron sus socios y amigos en el emprendimiento de EIMA.
Cuando en 1947 fundaron su empresa, Agostinucci, Barbafina, Díaz
y Pérez eran ya personas muy conocidas en el ambiente metalúrgico
a raíz de su labor en Istilart, donde cada uno de ellos había
ido ascendido escalones en diversos sectores de la firma.
Con la experiencia de conocer el negocio de la metalurgia bien desde adentro
se lanzaron a conquistar un proyecto que fue muy bien recibido en la ciudad,
entre otras cosas porque generaba más mano de obra.
Se iniciaron con un capital de cien mil pesos de la vieja moneda nacional
y en tan sólo un par de años ya contaban con seis veces
esa cifra.
La planta industrial de EIMA ocupaba dos manzanas sobre las calles Castelli,
Avenida del Trabajador, Avenida Güemes y las vías del ferrocarril.
En este sitio funcionaban tanto las oficinas como sus talleres muy bien
equipados, de los que salían, entre otros productos, los prestigiosos
silos metálicos de la marca y sus renombrados acoplados.
El éxito de la empresa impulsó la apertura de oficinas y
locales de venta en la Capital Federal, las que estaban ubicadas en Caseros
640 y 812 respectivamente. Desde el local situado en esta última
dirección partían los productos que se exportaban y también
allí se recibían las importaciones.
ROBERTO FINOCCHIO, EX EMPLEADO DE EIMA
"Era una fábrica espectacular en todo sentido:
patrones, confort, tranquilidad y compañerismo
¿Cuándo trabajó
en EIMA?
Empecé el 2 de marzo de 1954 y trabajé hasta el cierre de
la fábrica, que ocurrió el 13 de diciembre de 1979.
Cuando usted ingresa como trabajador a EIMA la fábrica era muy
pujante, ¿verdad?
Sí, sin ninguna duda. Era una fábrica espectacular en todo
sentido: patrones, confort, tranquilidad y muy buen compañerismo.
Se trabajaba muy bien. Teníamos turnos de 4 a 12 y de 12 a 20 y
en épocas de cosecha no se paraba ni un minuto porque la mayor
parte de lo que se producía eran maquinarias para el campo. En
cuanto a los turnos, los capataces nos permitían organizarnos entre
los propios compañeros. La idea era que trabajáramos una
semana en cada turno, pero si entre nosotros arreglábamos trabajar
15 días en cada turno no nos hacían problemas.
¿Cuántos empleados tuvo la fábrica
en su mejor momento?
Llegó a tener unos 110 a 115 empleados a mediados de los años
60.
¿Qué trabajo hacía usted
en EIMA?
Yo entré en la sección matricería. Conocía
el oficio porque mi familia tenía experiencia en metalúrgica.
Después pasé a la sección agujereadoras y finalmente
trabajé en el área de tornería. Fabricábamos
tanques, sembradoras, cosechadoras, reparábamos vagones de carga,
también se hacían norias. En la época en que ingresé
a trabajar la fábrica ya estaba muy adelantada con relación
a las demás fábricas metalúrgicas.
¿Cómo era el ambiente de trabajo?
Buenísimo. Todos los trabajadores eran muy buena gente, jamás
tuve un problema con algún compañero, tal es así
que actualmente hay ex compañeros con los que nos visitamos regularmente.
Pero además había una relación casi familiar entre
los obreros y los patrones. Recuerdo que se hacía fiestas para
el personal bastante seguido y que se usaban los propios talleres para
estos acontecimientos. Hubo una celebración muy grande cuando la
fábrica cumplió 25 años, esa vez se hizo en el salón
de El Agropecuario.
¿Los obreros recibían obsequios
de parte de la empresa en épocas de Navidad y Año Nuevo?
Sí, nos daban canastas navideñas, y en la última
época directamente nos daban una orden para retirar mercadería
en la Cooperativa Agraria.
¿El salario que percibían era bueno?
Sí, ganábamos bien. Pero además teníamos unas
comodidades para trabajar que no sé cuántas fábricas
más tendrían. Cada uno de los empleados tenía su
armario, no nos faltaba ninguna herramienta. Dentro del armario teníamos
la ropa de trabajo y las herramientas.
¿Recuerda alguna anécdota en el
trabajo?
Hay muchas. Ahora me viene a la mente el año de la revolución,
1955. Yo era chico, tendría unos 14 años y hacía
un año que trabajaba en la fábrica. Me acuerdo que veíamos
pasar los aviones de guerra por encima de nuestras cabezas y que salíamos
al patio de la fábrica y encontrábamos casquillos de balas.
¿En qué momento usted advirtió
que la fábrica empezó a tener problemas?
Yo diría que eso empezó a notarse unos diez años
antes del cierre. En realidad había trabajo, pero aparecieron problemas
de política y de gobierno. EIMA tenía trabajo y si la hubieran
ayudado un poquito salía de los inconvenientes financieros. Incluso
se trabajó normalmente hasta el último día. Recuerdo
que cuando llegaron los nuevos dueños, los abogados nos dijeron
que nosotros nos íbamos ese día, que era un viernes, y el
lunes seguiríamos trabajando igual que siempre pero con otro patrón,
sin embargo nunca más volvimos a trabajar. El cierre de la fábrica
para mí fue una injusticia, además creo que sólo
con los repuestos y mercaderías que había en el patio al
momento del cierre se podría haber saldado la deuda que tenían.
Trabajó mucho tiempo en EIMA, de manera
que para usted debe haber sido una parte importante de su vida.
Trabajé 26 años en la fábrica, gracias a ella pude
casarme, hacerme la casa y criar a mis hijos. ¿Qué más
se le puede pedir a un trabajo? Y te reitero, había una armonía
entre obreros y patrones que tampoco era común en las otras fábricas.
ROSSI HERMANOS
Casi 50 años antes que EIMA nació otra
de las recordadas firmas de la industria local: Rossi Hermanos. La empresa
fue iniciada por Alejandro Rossi en 1903 y en sus comienzos era un taller
de reparación de sulkys y carros que funcionaba en un local ubicado
en la esquina de las calles Isabel la Católica y Rivadavia.
El crecimiento del negocio trajo consigo la primera mudanza. En el año
1916 la empresa comenzó a funcionar en Saavedra 40, donde contaba
con instalaciones mucho más apropiadas para desarrollar el trabajo.
La nueva casa le permitió a Rossi ampliar su oferta, por lo que
adquirió maquinaria para comenzar a desarrollar sus propios productos.
El fallecimiento repentino de Don Alejandro en el año 1919 pareció
frenar el crecimiento que venía experimentando la empresa, sin
embargo sus hijos tomaron el timón de la incipiente fábrica
y comenzaron a desplegar una importante actividad en el rubro de la elaboración
de acoplados para el transporte de cargas varias y granos.
Bajo el nombre de Rossi Hermanos la firma se consolidó como una
prestigiosa fábrica en toda la República Argentina, ya que
vendía sus productos en prácticamente todas las provincias.
El éxito trajo consigo la idea de ampliar el negocio incorporando
la fabricación de portones, cocinas, puentes desmontables, silos,
elevadores de granos, semiremolques y carrocerías. Esta nueva etapa
se desarrolló en las instalaciones de su nueva planta ubicada en
Castelli entre las vías ferroviarias y Pedro N. Carrera.
Como toda industria con llegada nacional, Rossi Hermanos también
tuvo sus oficinas y salones de exposición y ventas en la ciudad
de Buenos Aires.
EMILIO GARCIA Y EVER CHACHERO, EX EMPLEADOS DE ROSSI
HNOS.
"Hacia 1947 se hacían muchas cosas, pero
sobre todo se armaban camiones para el ejército"
¿Cuándo empezaron
a trabajar en Rossi?
E.G. Fue en aquella época en la
cual los chicos trabajábamos durante las vacaciones escolares.
Yo iba a la Escuela Técnica y empecé a trabajar durante
los veranos. Al terminar el colegio quedé en la fábrica,
que en ese entonces estaba en Betolaza y Saavedra.
E.Ch. Mi caso fue parecido. Egresé
de la Escuela de Artes y Oficios, así era como se llamaba a la
escuela técnica en ese entonces, y entré en Rossi. Antes,
al igual que García, había trabajado en una carpintería
durante las vacaciones escolares. Esto lo hacíamos porque en esa
época había que conseguir ingresos por nuestros propios
medios y porque también nos servía para hacer experiencia
de trabajo real.
¿Qué trabajo hacían?
E.G. En ese tiempo se hacían muchas
cosas, pero principalmente eran camiones para el ejército. Creo
que en 1947 fue cuando tuvimos que armar muchos camiones de las marcas
Dodge, Desoto y Fargo. Claro que también se hacían acoplados
y otros productos, pero en esos años había mucho trabajo
con los camiones para el ejército. Mi especialidad era trabajar
en las puertas de las cabinas colocando los instrumentos interiores, como
los levanta vidrios, las manijas para abrir las puertas, el revestimiento
interior y las trabas de las puertas. Hay que tener en cuenta que a la
fábrica llega el camión con el chasis pelado. Venía
solamente el motor, el capó y el torpedo. Así que el trabajo
consistía en carrozarlo, pero para ello se hacía toda la
estructura de madera y sobre esta se colocaban las chapas.
E.Ch. Al terminar la escuela entré
en lo de Rossi como modelista, que era lo que había estudiado.
Mi trabajo consistía en hacer modelos en madera que luego se fundían
en metal. Para quienes no saben como es una explicación breve sería
así: nosotros hacíamos el modelo de la pieza que se tenía
que fabricar en madera, luego este molde se lleva a la tierra que tiene
un tratamiento especial mediante el cual copia la forma del molde, luego
se saca la madera y el hueco se llena con algún tipo de metal.
¿Esos camiones, por ser para el ejército,
tenían algún blindaje especial?
E.G. Había de todo, pero la gran
mayoría eran camiones para transporte de tropas. También
la fábrica hacía las cocinas que iban enganchadas con un
carro detrás de los camiones.
¿Qué cantidad de obreros había
en Rossi en eso años?
E.G. Por lo menos había unos 200
trabajadores.
E.Ch. Sí, coincido, habría
unas 200 personas trabajando.
¿En que circunstancias dejaron de trabajar
en la empresa?
E.G. Me fui antes de que la fábrica
pasara a Castelli y Pedro N. Carrera porque pedí la categoría
de oficial y no me la dieron, entonces decidí abrirme camino por
mi cuenta. Yo trabajaba igual que un oficial pero tenía categoría
de aprendiz avanzado o medio oficial, así que hice el pedido para
ascender de categoría, pero Carlos Rossi, que era bastante tozudo,
no me la dio y me fui.
E.Ch. Bueno, yo sí trabajé
en el edificio nuevo, pero no mucho tiempo. En esa etapa quizás
hubo algunos trabajadores más, ya que había más gente
en la parte administrativa. Trabajé en la fábrica desde
1949 a 1957 y después entré como maestro en la Escuela Técnica.
E.G. Y yo debo haber trabajado unos 4 o
5 años en total. Por las cuentas que hago me debo haber ido de
la empresa a fines de 1949 o comienzos de 1950.
Un ex empleado de EIMA nos contó que en esa fábrica los
obreros contaban con muchas comodidades, les daban las herramientas y
la ropa ¿Cómo era trabajar en Rossi? ¿Qué
comodidades tenía la fábrica para los obreros?
E.G. Bueno, no era como en EIMA. Nosotros
teníamos que llevar nuestras propias herramientas de mano.
E.Ch. Claro, y por eso recuerdo que nos
pagaban un plus. Teníamos cada uno nuestro cajón de herramientas
de mano personales y todo lo que había ahí adentro era de
nuestra propiedad.
¿Cómo era el ambiente de trabajo?
E.Ch. Era bueno, había buen compañerismo.
Pero en cuanto a las condiciones laborales era algo insalubre y hacía
bastante frío porque los galpones eran inmensos. Nosotros, como
estábamos en la parte de carpintería, teníamos retazos
de madera para quemar y calentarnos, pero el frío era intenso.
También recuerdo que lo que ganábamos nos lucía muy
poco. Eran muy pocos los empleados que podían tener bicicleta,
con eso te doy una idea. Claro que hay que ver que hoy en día comprar
una bicicleta es mucho más fácil que en esa época.
En aquel entonces una bicicleta era un lujo, los jóvenes trabajadores
de nuestra edad ni pensábamos en tener auto porque era imposible
llegar.
O sea que los salarios no eran muy altos
E.Ch. No, para nada. Pero ojo, lo interesante
de este tipo de experiencias es que nos ayudaron a darle valor a lo que
conseguimos después y a todo lo que tenemos.
¿Ustedes se conocieron trabajando en Rossi?
E.Ch. Sí, de esa época viene
nuestra amistad.
E.G. Tiempo después nos empezamos
a reunir en mi carpintería un grupo de amigos y hacíamos
planes para salir de pesca o ir a cazar los fines de semana. Así
fue como nació el Club Cazadores. Fundamos el club en una reunión
en mi carpintería junto a otros muchachos.
ACERIA DEL SUR
Con una historia de 50 años de actividad industrial
fructífera que la respaldaba, Tres Arroyos era hacia mediados del
siglo pasado una de las ciudades más interesantes de la provincia
y del país para la instalación de fábricas metalúrgicas.
Así lo entendieron los empresarios que decidieron impulsar Acería
del Sur, que en realidad no fueron otros que los mismos propietarios de
la firma EIMA a quienes se sumaba en este proyecto Arvid Ambrosius.
El comienzo formal de esta fábrica emplazada sobre la Avenida Aníbal
Ponce 750, frente a los silos subterráneos, fue el 11 de agosto
de 1956 y, mientras existió, tuvo como actividad central la fundición
de acero para la fabricación de piezas varias que eran comercializadas
en diversas empresas metalúrgicas locales, de la región
y otros puntos del país.
Esta industria contaba en su planta con un muy importante y moderno equipamiento
para cumplir con sus propósitos: dos hornos cubilotes capaces de
producir 2000 kilogramos de acero por hora, un horno convertidor para
1400 kilogramos, un horno eléctrico trifásico para 500 kilogramos
de producción, una grúa de 5 toneladas y otra de 3, un horno
de recocido, un martinete de 50 toneladas, dos máquinas moldeadoras
y, entre otras herramientas, una mezcladora de acero.
La fabricación propiamente dicha se inició en 1957, pero
recién hacia mediados de 1959 pudo alcanzar un funcionamiento pleno
luego de sortear algunas dificultades iniciales.
ROMANO SORRENTINO, EX EMPLEADO DE ACERIA DE SUR
"Cuando paso frente a las ruinas de
la fábrica se me cae el alma al suelo"
¿Cómo llegó
a trabajar en Acería del Sur?
Mi padre nació en Italia y se vino a vivir a Buenos Aires, donde
trabajó en Fabricaciones Militares de Acero como segundo jefe de
horno eléctrico. Él era químico y fundidor de acero
y como la Acería del Sur necesitaba alguien con experiencia que
cubriera ese puesto lo fueron a buscar. Así fue como en 1958 mi
padre se vino a vivir a Tres Arroyos con toda la familia. Yo era modelista
y también tenía experiencia en fundiciones de acero, pero
al llegar acá fui a trabajar a EIMA porque ahí había
un taller de modelo, que también abastecía a la Acería
del Sur porque las firmas eran casi de la misma sociedad. Después
me fui a trabajar un tiempo a Tandil. Regresé a Tres Arroyos en
1962 y ahí sí entré en la Acería del Sur,
donde trabajé hasta 1981, año en que la fábrica cerró.
Cuatro años más tarde la volvieron a abrir, me llamaron
y trabajé hasta 1991, que fue cuando cerró definitivamente.
¿Sólo trabajó como modelista?
También fui inspector de las piezas que le fabricábamos
a la Peugeot.
¿Qué partes de Peugeot se fabricaban
en Tres Arroyos?
Eran piezas para 404 y 504. Hacíamos el tren delantero, soportes
para cajas de cambio y algunas otras piezas que formaban parte del tren
delantero. Trabajamos para la automotriz durante 10 años. Mi tarea
como inspector era viajar a la sede de Peugeot para controlar la colocación
de las piezas que nosotros hacíamos.
¿Producir piezas de acero es una tarea
compleja, verdad?
Sí, sumamente difícil, porque se necesitan muchos artículos
costosos para poder producir. Por ejemplo, en la Acería del Sur
los ladrillos refractarios que usábamos venían de Austria
y los electrodos eran importados desde Japón y México.
Es decir que una acería y una planta que
fabrica piezas de hierro fundido no son lo mismo
Exacto. La acería entra en el rubro de la siderurgia no es metalurgia.
El acero es un metal muy resistente y existen muchísimas variedades,
por lo que su producción es más compleja. Por ejemplo, para
hacer acero inoxidable hay que usar cromo y níquel, en cambio en
la fundición metalúrgica todo se resuelve con menos componentes.
Nosotros hacíamos de todo tipo de aceros especiales. Fabricábamos,
entre otros, acero manganeso, que tiene una resistencia tan grande que
casi no se lo puede trabajar con herramientas y se aplica en la molienda
de piedra en las canteras.
¿Cuánta gente trabajó en
la empresa?
En su mejor momento hubo 120 personas. Eso fue entre 1978 y 1981, más
o menos. En promedio, si tomamos en cuenta todo el tiempo que estuvo en
funcionamiento, debe haber tenido unos 70 empleados. La contratación
de más personal se produjo cuando comenzamos a ser proveedores
de la Peugeot.
¿De que otra firma importante eran proveedores?
Se hacían piezas para maquinarias de Loma Negra y la Compañía
Argentina de Cemento Pórtland. También trabajábamos
para las canteras de Mar del Plata y Tandil.
¿Y cuál fue la causa de la quiebra
de la empresa?
Lo que ocurrió es que llegó un momento en que era más
barato comprar acero en Brasil que en la Argentina. Lo único que
teníamos a favor era que nuestros tiempos de entrega eran mucho
más cortos. De todos modos, la competencia extranjera a precios
muy bajos hizo imposible seguir adelante. Esto fue en 1981. También
creo que influyó la decisión de la compañía
de no automatizar un poco el proceso fabril. Aún así, siendo
una planta no automática, alcanzábamos unos niveles de fundición
sorprendentes, llegando a producir entre 3 y 5 toneladas de acero por
día, que es una cifra bastante importante.
Es decir que era una empresa competente
Sin duda. En cuanto a capacidad productiva, tecnología aplicada
a la fabricación y calidad de producto competíamos de igual
a igual con otras acerías del país y del exterior.
¿Qué siente al pasar frente a las
ruinas de la fábrica?
Se me cae el alma al suelo. Es increíble el estado en que se encuentra
y cómo se han llevado los techos, las aberturas y todo lo demás.
No quedó nada. Y lo más curioso: recién ahora están
por hacerme entrega de parte de la indemnización que me corresponde.
Además, de las 30 personas que tienen derecho a ese resarcimiento,
6 están fallecidos.
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