| |
|
LA APASIONANTE
HISTORIA DE LA PLAZA SAN MARTIN,
PRINCIPAL ESPACIO PUBLICO TRESARROYENSE
|
Memoria de la plaza
Antes de ser "San Martín",
la principal plaza de Tres Arroyos se llamó "Máximo
Paz". Y antes de tener en su centro la estatua ecuestre del Libertador,
ocuparon ese lugar una réplica de la Pirámide de Mayo y
una Logia, ambas dinamitadas. A solicitud de "El Periodista",
en el 125 aniversario de la ciudad y cuando el paseo está siendo
sometido a una nueva intervención, la historiadora Stella Maris
Gil escribe la crónica de sus días
Por Stella Maris Gil (*)
En 1884, en medio de la inmensidad pampeana, nace un
nuevo pueblo: Tres Arroyos. En la ciudad de La Plata designan al agrimensor
Vicente Souza para que realice el trazado de la nueva población.
Lo hace en 1885 dándole a la traza forma de damero, con una plaza
central y cuatro plazas equidistantes.
El proyecto destinaba para la central cuatro manzanas que con el tiempo
se redujeron a dos, pues las restantes se destinaron a sede del Municipio,
de la Parroquia, mientras que el gran terreno sobrante fue un parque o
lugar de encuentro, donde se realizaban romerías, fiestas de San
Roque, hasta que a principios de los años '70 se concretó
un sueño que costó décadas llevar a cabo: el edificio
del ex Colegio Nacional.
¿Qué nombre le
ponemos?
Le pusieron "Máximo Paz", gobernador de la provincia
de Buenos Aires en el período 1887-1890. Es habitual poner los
nombres de los gobernantes de turno a calles y paseos públicos,
que caducan cuando cambian los signos partidarios en el poder. En este
caso el "pacismo" tenía como dirigente por estas zonas
a Teófilo Gomila, que funda "La liga del sur" y era director
del diario "El Libre del Sur".
Duró poco este nombre, pues en 1893 definitivamente pasó
a denominarse "Plaza San Martín". Desde ese momento comenzó
a pergeñarse la idea de instalar en su centro la estatua del Libertador.
Pero habrían de pasar muchos años para que se hiciera realidad.
Pirámide, Logia y San
Martín
La plaza en un principio era un espacio vacío, lleno de yuyos.
Hubo que alambrarla para que los caballos no se instalaran en ella. Los
vecinos protestaban por su extensión, por sus pastizales, por el
olor que dejaban las alimañas muertas. Por todo.
En 1910, para los festejos del Centenario de la Revolución de Mayo,
se erige la réplica de la Pirámide de Mayo y años
después se coloca sobre ella la estatua de la Libertad. Pero vino
la demolición que las destruyó, porque ya parecía
una realidad erigir el monumento a San Martín. El proyecto tuvo
dimes y diretes en el Concejo Deliberante. El dictamen fue fundamentado
por Antonio B.Costa de la bancada radical y al tiempo, el 30 de diciembre
de 1924, la Libertad fue sentenciada. Sobre esto hay dos versiones: una
que fue al corralón municipal y la otra a un baldío frente
a la Comisaría. Esto último lo asegura Ernesto Gabriel Ré,
quien a su vez tuvo a su hermano como testigo de la destrucción:
"estaba en clase en la Escuela N°1, y las maestras nos hicieron
salir a todos los niños al patio como si fuera un recreo, pero
explicaron lo que se haría con el citado monumento y por temor
a la onda expansiva que podría romper algún vidrio o que
alguna esquirla de material saltara y golpeara los mismos, nos sacaron.
Después pudieron ver ya la estatua en el suelo y también
a muchas personas con lágrimas en los ojos, especialmente las maestras.
Al día siguiente mis padres vinieron a la ciudad y me trajeron
y vimos la demolición de la Pirámide y la estatua tirada
en el suelo, estaba hecha de un material muy fuerte, porque estaba entera,
salvo la nariz, parte de una mano y también algo de la cabellera"
(Testimonio oral Ernesto Ré). Pero la estatua volvió a renacer
y esa es otra historia.
No fue tampoco esa demolición el momento para homenajear a San
Martín, pues en 1925 se construyó la Logia en el espacio
vacío dejado por la Libertad. Los planos los realizó el
ingeniero Adalberto T. Pagano y su arquitecto fue Rafael Rolandi. La licitación
para su construcción fue ganada por la empresa de Francisco Marseillan.
Era una hermosa estructura de mármol con un cordón de granito,
ocho columnas de alumbrado y balaustrada con sobrerrelieves. Una verdadera
obra de arte. En ella tocaban las orquestas y bandas locales que daban
conciertos los jueves y domingos. Los candidatos de diferentes partidos
políticos presidían los mitines en épocas eleccionarias
y el pueblo en general se sentaba en sus escalerillas o en sus muros a
charlar, a ver pasar el tiempo, a encontrarse, a estar, mientras los chicos
subían los escalones por un lado y bajaban por el otro. Pero vino
nuevamente la dinamita y se demolió la Logia en 1944. Hay justificaciones
sobre el hecho. Entre otras, que no encuadraba con la nueva planificación
de la plaza, donde con la remodelación se iban a construir las
calles interiores para circulación de vehículos. La implantación
del monumento a San Martín por fin se concretó el 24 de
abril de 1952 luego del arduo trabajo de la Comisión de Homenaje
presidida por Manuel V. González y teniendo como secretario a Juan
Carlos Pérez, mientras que al escritor Vicente Cacuri se lo honró
con el cargo de representante de esa Comisión en Buenos Aires.
Era intendente en esos momentos el doctor Alberto Borton. La crónica
periodística registra momentos emocionantes de la ciudadanía:
"el presidente de la Comisión de Homenaje procedió
a descubrir la estatua ecuestre del Libertador, al pie de la cual hacían
guardia de honor cuatro arrogantes granaderos y un oficial que lucían
sus uniformes... Al caer la lona, se levantó de la muchedumbre
otra clamorosa ovación... las campanas fueron echadas a vuelo y
se efectuó una salva de 21 bombas. Siguió después
un silencio muy grande ejecutado por un corneta del ejército, mientras
sobrevolaban el cielo aparatos del Aero Club local arrojando una lluvia
de flores sobre el monumento y a vuelo razante pasó un avión
a chorro de la base de Tandil" (Diario La Voz del Pueblo, 25 de abril
de 1952) . Un retoño del Pino de San Lorenzo fue plantado en la
plaza y luego se realizó un banquete en el Plaza Hotel edificio,
en ese momento el más lujoso de la ciudad. La estatua ecuestre
del Libertador se implantó con su mirada hacia el Oeste, la mano
señalando en línea recta el Ande, digno homenaje al Padre
de la Patria, de memoria eterna. Se supone que ninguna pólvora
lo va a destruir, ni siquiera los fuegos de artificio, tradición
heredada de las fiestas de San Roque.
La concepción artística del basamento correspondió
al escultor local señor Antonio Orfanó y su construcción
a la firma Bochero y Rampoldi. Tiene un revestimiento de mármol
"punilla" y está proyectado de acuerdo con las proporciones
de la estatua y de conformidad con el vasto escenario en que se levanta
la misma. La estatua fue fundida en los talleres Sarubi y Barili de la
capital federal sobre el modelo Daumas del Instituto Sanmartiniano. Es
igual al de la Plaza San Martín de Buenos Aires, también
de bronce. Fue una obra del pueblo, porque fue él quien costeó
los gastos de esa obra en una colecta pública.
Luis Meister, un inmigrante alemán llegado a la República
Argentina en 1923, fue el responsable de la remodelación de la
Plaza. Le cambió todo el trazado e incluyó las calles asfaltadas
en su interior que conectarían las avenidas San Martín y
Moreno, lo que implicó también diseño de canteros
y caminos.
Belleza urbana
Los sucesivos cambios que tuvo la plaza San Martín no impidieron
que ella siga siendo eje de la vida ciudadana.
Ahí están las murgas, las familias domingueras tomando mate,
el encuentro de los jóvenes y por supuesto la arboleda con numerosas
variedades, dispuestas, muchas de ellas, simétricamente por Meister,
entre las que podemos nombrar los olmos, cipreses, magnolias, tilos, nuestra
flor nacional: el ceibo y las acacias y los pinos, una larga lista.
Están también los bustos de Sarmiento, Dardo Rocha y Eva
Perón, el recordatorio del Rotary, del Centro Vasco; el patio de
las damas del Centenario, el mástil donde nuestra bandera preside
el trajinar de la ciudad; el monumento a la madre; las reproducciones
de Quinquela Martín y Soldi; y enterrado está el cofre para
ser abierto en el 2034 en el que está guardado un mensaje para
las futuras generaciones a través de cartas, obsequios y diarios
de la época.
Completan este espacio los edificios emblemáticos de la ciudad,
algunos designados monumentos históricos y otros de interés
histórico. Las propiedades horizontales, jamás imaginadas
cien años atrás, surgen en las calles circundantes y cambian
el antiguo paisaje. La plaza San Martín no es un espacio más,
es el centro viviente de la vida ciudadana.
(*) Historiadora
|
|