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UNA CARPINTERIA DE TRES ARROYOS FABRICA
METEGOLES ARTESANALES Y CON SELLO PROPIO
Meta gol
En una cancha de madera, jugadores de fundición
impulsados por barras de metal patean con fuerza una pesada pelotita.
Ya todos adivinaron: se trata del metegol. Lo que difícilmente
sepa el lector, es que el también llamado tiragol se fabrica artesanalmente
en una carpintería de Tres Arroyos. El noble producto, que lleva
como marca el apellido de su hacedor, Juan Limori, es el protagonista
principal de este artículo de "El Periodista". Un hallazgo
que, por si hiciera falta aclararlo, es un verdadero golazo
Juan Limori era un chico cuando en Tres Arroyos aparecieron los primeros
metegoles, sin embargo en sus ojos se lee la misma fascinación
que entonces le provocó este juego único que hoy él
mismo fabrica en su carpintería. Pasaron los años, aparecieron
los juegos electrónicos, Internet, las Play Station, sin embargo
el metegol sigue siendo un clásico que genera disputas interminables
y hasta furiosos intercambios de sus pesadas pelotitas entre contendientes
irascibles. Pura pasión, como el fútbol que le dio origen,
el "tiragol" (otra de sus denominaciones) puede haber evolucionado
en sus materiales, pero es imposible confundirlo: imponente, el producto
que causa mayor orgullo en la carpintería de Juan Limori es un
objeto codiciado en las peñas, los clubes, los bares, los grupos
de amigos y hasta en las familias que no pueden resistirse a sus encarnizadas
disputas.
"Entre alemanes y franceses todavía se discute quién
lo inventó", recordó Juan Limori, entrevistado por
"El Periodista". Pero parece que ocurrió entre finales
de los años '20 y principios de los '30, cuando en los pueblos
europeos paralizados por el rigor del clima no se podía jugar al
fútbol y los bares eran el punto de reunión de los deportistas
frustrados. Se cree que fue en torno a una mesa y un par de fuertes tragos
que a alguien se le ocurrió la idea de armar muñecos de
madera y arcos sobre un campo de juego del mismo material. Así
surgió el Tischfussball (fútbol de mesa, en alemán),
que más tarde adoptaría los nombres en inglés de
Table Soccer y en nuestro castellano metegol.
Limori recuerda con precisión sus primeros contactos con este fascinante
juego. "Mi padre trajo los primeros metegoles a Tres Arroyos, en
la década del '50, cuando todavía se llamaban 'fulbito'
y funcionaban con monedas de 10 centavos. Los tuvo alquilados un tiempo,
enseguida los compró y después de una etapa de mucho furor
los dejó", puntualizó.
La fabricación
La carpintería de Juan Limori comenzó a funcionar un 12
de junio, hace 46 años. Pero los metegoles surgieron más
tarde. "Por nuestro entusiasmo de muchachos quisimos armarlos, y
durante mucho tiempo lo hicimos trayendo las piezas de afuera. A principios
del 2000, una época de poco trabajo en la carpintería, se
me ocurrió la posibilidad de fabricarlos, como una actividad paralela,
y entonces mandé a hacer las matrices para fundir los muñecos,
los arcos, todos esos elementos. Aunque mi actividad principal siempre
fue la de carpintero, los tiragoles comenzaron a ser cada vez más
conocidos, al punto que hoy se venden incluso fuera de la ciudad. La gente
que tenía uno en su casa o en su peña y se fue, por ejemplo,
a vivir a otro lugar, o a estudiar a La Plata, Buenos Aires o Bahía
Blanca, se llevó su metegol fabricado por nosotros", aseguró.
Aunque ha recibido ofertas para elaborar el juego en serie, como ocurre
en otros lugares del país, Limori las ha rechazado para quedarse
en su taller con una producción que, al ritmo que ha crecido y
con la cercanía de la jubilación para el carpintero, amenaza
seriamente con convertirse en la principal actividad de este lugar ubicado
al 800 de la calle 1810.
Objeto de deseo
Desde la calle, nada hace pensar que allí nacen, cada año,
unos 30 metegoles que serán escenario de arduos torneos después
del asado del viernes, o en la tarde de un domingo lluvioso. "Trabajamos
a ritmo de dos por mes, según los pedidos. Y los vendemos sobre
todo por el boca a boca, nunca hicimos publicidad. Muchos clientes de
la carpintería nos los piden. De hecho, hace apenas unos días
entregamos dos para el campo, encargados por los productores para que
sus empleados puedan entretenerse cuando no están en actividad.
Pero nuestros principales clientes son las peñas, los grupos de
amigos que en general los compran entre todos y los ponen en el lugar
donde se reúnen", puntualizó Juan.
El producto final tiene la nobleza de una artesanía. Construido
totalmente en madera, con barras telescópicas y piezas de fundición
que incluyen una placa con el nombre de la carpintería, el diseño
del metegol pertenece "a un hombre que antiguamente me vendía
los repuestos, y luego me dio plantillas y me dijo cómo podía
hacerlos. Las dimensiones son las de un modelo profesional, 68 centímetros
por 1,20 metro. Y se fabrican dos modelos: uno con fichero, para que funcione
en bares y locales, que hacemos por encargue; y el común, que es
el que más vendo. Por cada uno con fichero, se venden 30 de los
otros. Porque son más caros que los elaborados en serie. Pero el
que se acostumbra a jugar en el de madera no lo cambia por nada",
aseguró Limori.
El secreto está en el material. Los tiragoles fabricados en serie
son de fundición, pero la madera hace a los productos de la carpintería
tresarroyense mucho más silenciosos. "La cancha es un panel
de madera todo entero, forrado con una cuerina que silencia mucho los
ruidos", explicó. El costo de uno de estos objetos de deseo
es de 1800 pesos, pero la posibilidad de financiarlo es amplia. Y si se
divide entre el grupo de amigos, no afectará el bolsillo y proporcionará
diversión asegurada.
Las camisetas de los jugadores siempre están pintadas en azul y
en rojo, pero también se aceptan pedidos de fanáticos. "También
los entregamos para que los pinten los propios clientes, si lo desean.
Hace un tiempo, a un platense, le hicimos un Estudiantes vs. Gimnasia
que dejamos en un fogón de La Plata", recordó.
Jugador y apasionado
Juan Limori pronuncia un sí larguísimo cuando se le pregunta
si disfruta de fabricar sus metegoles. "Por eso decidí retomar
esa actividad. Lo hago con gusto, y pienso que es esto lo que voy a seguir
haciendo. Trabajo con otras dos personas, pero antes éramos cinco.
Algunos fueron cumpliendo sus edades para retirarse, y así fueron
decreciendo otro tipo de actividades de la carpintería, como las
que se deben colocar en obras, y fui pensando cada vez más en seguir
solamente con los metegoles", admitió.
Pero a Juan no sólo le gusta elaborarlos. También juega,
y se enorgullece de sus buenos resultados. "Quien me ve una persona
mayor, piensa que me va a ganar fácilmente. Pero se dan las dos
cosas. La picardía prevalece
Unos meses atrás, en una
casa donde tenía prestado un tiragol, le pregunté a un muchacho
si le gustaba el pollo, me contestó que sí y le aposté
una cena de pollo. Me ganó, porque lo que yo quería era
perder, y cuando llegó la hora en que me pidió que trajera
los pollos, le dije que la apuesta era por una cena de pollo: un puñadito
de maíz, un puñadito de trigo
El metegol se presta
para esas cosas, y los mayores tenemos algunos recursos que nos da la
experiencia", advirtió con una sonrisa.
La misma sonrisa que aquel chico de 8 años esbozó cuando
vio por primera vez ese juego inventado quizá por alemanes, o por
franceses, llegado a la Argentina en la década del 30 y frecuentado
casi en exclusiva por hombres, que hoy fabrica en silencio, sólo
con la radio de fondo, en su carpintería de Tres Arroyos.
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