Municipalidad Tres Arroyos

notas edicion de papel

20 DE JUNIO – DIA DEL PADRE: EL PSICOLOGO LUCAS NOE Y UNA ENTREVISTA IMPERDIBLE

Ser padre hoy: roles y formas en un escenario de cambios

Hay cambios visibles en la forma de vincularse de los “nuevos” padres, más presentes en varios aspectos de la crianza de sus hijos. En esta nota, el psicólogo Lucas Noe analiza cuánto tienen que ver estos cambios con la mujer y sus nuevos roles en la sociedad. Pero además también hay una necesidad de reconstruir vínculos con los “viejos” padres. ¿Cómo? A partir de la aceptación

Junio 2021
“El hombre empieza a ocupar otros lugares en la crianza de su descendencia, justamente también, porque la mujer empieza a ocupar otros lugares en la sociedad”, dijo Lucas Noe

“El hombre empieza a ocupar otros lugares en la crianza de su descendencia, justamente también, porque la mujer empieza a ocupar otros lugares en la sociedad”, dijo Lucas Noe

¿Hablamos de padres?
Me gustaría, primero que nada intentar hacer una aproximación a lo que conlleva el rol paterno y el rol materno, más que nada porque comúnmente se tiende a asociar el rol a la figura por género: con esto quiero decir que pareciera, equivocadamente, que el rol paterno refiere todo lo que hace el padre (lo masculino) y lo materno, a la figura de la madre (lo femenino).
En términos cotidianos, la función paterna conlleva todo lo vinculado a la ley, el orden, estructura al individuo y lo prepara para ingresar en el mundo de las interacciones sociales (principalmente las exogámicas, las que están fuera del hogar). La función materna en cambio, refiere a lo afectivo, a las demostraciones físicas, al contacto corporal, es la que interpreta las necesidades del recién nacido, y está atenta a ocuparse de sus cuidados.
Realizada la aclaración, es importante señalar, que en términos de funciones, la paterna y la materna, estas pueden ser realizadas por una misma persona (ej: madre soltera), por más de una persona (ej: familiares directos: abuelos, tíos). No están estrictamente ligadas a la figura del padre y a la figura de la madre, pero sí es fundamental, que se encuentren presentes en los primeros años de vida del individuo, para facilitar su constitución como sujeto.
¿Se puede hablar de nuevas formas de ejercer el rol paterno? ¿Tienen que ver con cambios sólo en el hombre, o están influenciadas por otros tipos de cambios sociales? ¿Cuánto tienen que ver los cambios en la mujer y en su forma de ejercer la maternidad?
Vivimos un cambio en el paradigma de la mujer, y su lugar en la sociedad. Antiguamente regía una suerte de imaginario social (claramente machista, de hecho aún rige en algunas familias y lugares) donde el hombre era visto como el proveedor del hogar, dejándole a la mujer el lugar del cuidado de los/as hijos/as.
Esto está cambiando, y con la incorporación de la mujer al mundo del trabajo (por cuestiones que no viene al caso charlar ahora), se ha resignificado la organización familiar o el planeamiento del hogar y sus funciones.
Creo firmemente que para que una potencialidad (capacidad futura de hacer algo) se transforme en una realidad, tiene que haber un escenario favorable: en este sentido, para ocupar un lugar, primero se tienen que dar las condiciones previas que generen el cambio, que generen ese espacio.
No resulta casualidad entonces que asistamos, como dije al principio, a un cambio paradigmático, donde el hombre empieza a ocupar otros lugares en la crianza de su descendencia, justamente también, porque la mujer empieza a ocupar otros lugares en la sociedad.
Por un lado se ve a padres más involucrados en aspectos de la crianza de sus hijos que antes estaban más naturalizados en las mujeres; y por el otro también ha aparecido un estereotipo, que las redes sociales llaman “luchona”, y que es el de una madre que parece reclamar constantemente a un padre ausente. ¿Por qué creés que conviven estos dos fenómenos? ¿Cómo influyen en los chicos y en su crianza? ¿Y en los adolescentes?
Cada caso es particular, y merece un atención de igual categoría, no me gustaría incurrir en generalizaciones que después se malinterpreten y sea utilizadas “para todos los casos”.
Sin embargo, me voy a aventurar a señalar algunas cuestiones que pueden estar presentes en muchos casos: comencemos hablando del deseo. Si este está presente en el padre y madre, en la concepción de un/a niño/a, podríamos creer que cualquier futuro conflicto que adviniera, sería resuelto o encaminado.
Los problemas son justamente cuando un bebé llega al mundo sin el deseo de esos progenitores, sin la “sombra hablada”, que es todo el discurso y contenido de lenguaje que los padres y madres tienen acerca de ese bebé: cómo se va a llamar, cómo vamos a preparar su cuarto, una suerte de expectativas que después forman ese ideal que aspiran los progenitores y después choca con la realidad de lo que llega.
Sin deseo, sin “sombra hablada”, la llegada del bebé, tristemente, en vez de ser significada como una alegría o ser motivo de festejo, es vivenciada como un problema, y de ahí seguramente, una seguidilla de más y más conflictos.
Pensemos entonces que todo lo que no es del orden del deseo, pasa a ser campo de la obligación: en términos afectivos, no se puede obligar a querer, obligar a amar.
Vemos como sin deseo, aparecen entonces la figura del “padre ausente” o de la “mamá luchona”. Esta última, socialmente caricaturizada, siendo objeto de burlas y referencias negativas.
Estos nuevos padres, ¿son una transición desde aquel ‘papá proveedor’ que delegaba muchas cuestiones en la madre, hacia algo que todavía no conocemos o no se cerró; es decir, podemos esperar más cambios?
¡Ojalá! El crecimiento siempre se da a partir de cambios. Eso es aplicable a todos los campos donde se desarrolle cualquier actividad humana (el científico, el social, el económico, el familiar, etc.)
Nada que permanezca estable durante mucho tiempo es saludable, mas allá de que tenemos una parte interna nuestra que se aferra a lo conocido, que es conservadora y no admite cambios, no por lo que estos generen, sino porque todo proceso de cambio, es un momento de inestabilidad, de desequilibrio.
Respecto a lo que me preguntás en específico, es una oportunidad para los padres, de poder ocupar otros lugares, de salir de ese espacio de “proveedor” para experimentar otras cosas, para generar otras cosas.
¿Cuánto juega en la aparición de estas conductas de más cuidado y participación en la crianza la disolución del vínculo con la madre? (entre amigas se suele referir que los papás ‘solos’ se ponen más las pilas en ese aspecto)
Desconozco sinceramente si esa situación de “ponerse las pilas” cuando están “solos” es así. Y nuevamente si caer en generalizaciones, creo que en muchos casos (no todos) la disolución del vínculo marital (sea por las causas que sean), conlleva en los progenitores una sensación de fracaso, de falla, de error, y por consiguiente, un montón de culpa, que seguramente termina alimentando estas conductas de cuidado y participación. No puedo hablar, como te dije, de todos los casos, pero sí creo que muchas de las conductas sobre exageradas (respecto a los antecedentes, a lo que hacíamos antes) que tenemos los seres humanos, están alimentadas por la culpa, y también por la lástima: dos sentimientos con los cuales me toca trabajar mucho en el espacio de terapia, justamente porque alimentan conductas que después conducen a lugares no deseados.
Con esto no quiero decir que todos los padres que se separan “se pongan las pilas” por culpa o por lástima, pero si creo, que en muchas ocasiones hay un predominio de estas dos sensaciones.
Lo ideal sería que conforme se sane del desequilibrio que conlleva una separación (que en definitiva es un cambio, tenemos que pensar que es un cambio positivo, de crecimiento), los progenitores puedan continuar actuando por deseo, y no por culpa/lástima.

¿Hay uno solo?

¿Y qué creés que sucede con las familias ensambladas y el rol paterno? ¿Hay, finalmente, más de un padre?
La frase popular nos diría que padre y madre hay uno solo/a. Sin embargo, en términos de roles, la función paterna o materna la puede cumplir cualquier integrante de la familia.
Creo que el principal problema que enfrentan las familias ensambladas, no refiere a los roles o funciones; sino más bien, al estilo de vida de cada hogar, a su forma de percibir la vida: me ha tocado en alguna oportunidad, en terapia sistémica con grupo familiar ensamblado, que los integrantes de la familia busquen hacerme oficiar de juez para determinar lo que está bien o lo que está mal, porque la discusión se genera a partir de lo que se permite a los/as hijos/as en un hogar y en el otro no.
No es función del psicólogo ser juez, y menos ser opinólogo acerca de la vida de otros. En la terapia sistémica, la clave son los acuerdos. Las familias ensambladas suelen discutir acerca de quien tiene razón o qué está bien y qué mal, cuando en realidad la respuesta a los conflictos está en ponerse de acuerdo, y poder tener un mensaje compartido de crianza a sus hijos/as; cuando no se ponen de acuerdo, los conflictos entran en un circulo vicioso que no termina nunca, siendo los más perjudicados, los/as más chicos/as.
¿Qué influencia tienen en esa nueva paternidad problemáticas actuales como la crisis económica y el desempleo que trajo consigo la pandemia?
Hay miles de factores que han generado esta nueva paternidad, y uno de ellos es la crisis económica. Que la mujer se pueda introducir en el mundo laboral, es un derecho por el que ha luchado por mucho tiempo, y creo que la crisis económica en términos de organización familiar ha generado, en parte con otras variables, que la mujer salga del hogar y de los roles machistas que se le han asignado por años.
Como te mencionaba anteriormente, no creo que un solo causal sea el origen de este cambio, tampoco voy a discutir que fue primero si el huevo o la gallina; si la nueva paternidad se da porque la mujer ocupa otros lugares, o si la mujer ocupa otros lugares a partir de esta nueva paternidad. Lo que es innegable, es que el cambio ya está en movimiento, no se puede detener.
También es cierto que hoy vivimos en el mundo de la información, hoy manejamos mucho más conocimiento, mucha más información, más datos. Todo eso, si podemos evaluarlo desde un lugar crítico, es la base sobre la cual pararnos para seguir creciendo.
Por el contrario, desgraciadamente, en ocasiones esa sobre-información nos sobrepasa, nos pone en un lugar de omnipotencia, de creer que sabemos o podemos con todo, y de ahí surgen posturas extremas. Si tenemos posturas extremas, no nos vamos a poder poner de acuerdo, sin acuerdos, solo hay conflictos.

Puentes

¿Qué puentes podemos construir las generaciones que somos hijas de aquellos ‘viejos’ padres para reencontrarnos o para promover algún cambio en nuestros vínculos?
Tema arduo y bastamente tratado en terapia. La primera palabra que te voy a decir es: aceptación. Pensemos que “nuestros viejos” han nacido, se han criado y se han desarrollado en un mundo mucho menos abierto y mucho menos informado que el nuestro. Son resultado de su historia, del camino que han recorrido (como nosotros también somos resultado de eso).
Agreguemos a su historia personal, sus características intrínsecas, sus rasgos de personalidad más nucleares y exacerbados.
En las relaciones, en los vínculos fuertes y realmente profundos, creo que hay un par de variables que no pueden faltar: la confianza, el diálogo, pero fundamentalmente, el conocimiento del otro.
Nosotros conocemos a “nuestros viejos” desde que nacimos, si hubo deseo por parte de ellos desde nuestra concepción, podemos decir casi con certeza, que son las personas que más conocemos.
Utilicemos ese conocimiento para vincularnos con ellos de manera saludable, quizás nosotros tenemos que hacer más esfuerzo, porque nosotros estamos más preparados.
No podemos cambiar a las personas, podemos aceptarlos o no.
Los cambios se dan de manera interna, se viven subjetivamente, suceden por decisión propia de la persona, a partir de cambios favorables en su escenario, pero no puede ser nunca el trabajo de otro. Y cierro la entrevista siendo categórico en eso.

“Hay una oportunidad para los padres, de poder ocupar otros lugares, de salir de ese espacio de “proveedor” para experimentar otras cosas”, propuso Noe

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