Municipalidad Tres Arroyos

notas edicion de papel

21 DE JUNIO – DIA DEL PADRE: GERARDO CHRISTENSEN Y SUS HIJOS COMPARTEN LAS “PAYALLAMADAS” A NIÑOS CON ENFERMEDADES GRAVES

Payapapá

Tarde o temprano, a costa de compartir con él espectáculos y bambalinas, rutinas de maquillaje y viajes, los hijos de Gerardo Christensen se iban a calzar la nariz colorada. Pero como su papá, también fueron un paso más adelante en sus ganas de ser solidarios y acompañar desde el humor a los que sufren, y por eso participan de sus novedosas “payallamadas”. Con “El Periodista”, un padre que se toma muy en serio la enorme posibilidad que le dio la vida de hacer reír

Junio 2020
Tarde o temprano, a costa de compartir con él espectáculos y bambalinas, rutinas de maquillaje y viajes, los hijos de Gerardo Christensen se iban a calzar la nariz colorada

Tarde o temprano, a costa de compartir con él espectáculos y bambalinas, rutinas de maquillaje y viajes, los hijos de Gerardo Christensen se iban a calzar la nariz colorada

Un día se calzaron sus narices, con sus matices, los dos hijos de Gerardo. Lo miraban vestirse, maquillarse, disfrutaban de sus presentaciones -a veces entre bambalinas, otras como parte del público- y cada uno a su tiempo, Tomás (8) y Pilar (5) se pusieron la nariz colorada. Más cerca en el tiempo, cuando papá payaso dio un paso más allá del humor y comenzó a llevarles su alegría a chicos con enfermedades graves, internados, primero en persona y ahora por teléfono, decidieron acompañarlo. Con esa naturalidad que tienen los niños para entender todo como realmente es. Como parte de la vida.
Gerardo Christensen no encaró su trabajo actoral pensando en ser payaso. Ese personaje surgió de un espectáculo infantil que hace muchos años compartió con sus amigos Juan Fernández y Javier Oroquieta. Después vendría la creación de Detonados, de amplio despliegue en todo tipo de eventos y gran éxito entre los pibes no sólo de Tres Arroyos sino también del resto de la región. Con tantos encuentros y realidades distintas que trajinó con su nariz, no tardó en ganar terreno la vocación solidaria y así surgió la Compañía “Había una vez”, con la que Gerard y un nuevo personaje, “Dientito”, se sumergirían en el mundo mágico y multidimensional de los payasos hospitalarios.
Hoy, la imposibilidad de contactos directos impuesta por la cuarentena lo encuentra dando otro paso para estar cerca de los chicos: las “payallamadas”, videollamadas que hace, junto a otros payasos de la compañía, a pequeños hospitalizados por patologías severas, o incluso a otros que, de alta o esperando por un nuevo tratamiento, esperan ansiosos en casa la oportunidad de dialogar con el payaso bombero, un héroe tierno que le dio una dimensión totalmente diferente a su carrera. Y que también lo hizo crecer como padre, porque no sólo transita esta experiencia junto a sus hijos, sino que la comparte con otros padres que se encuentran ante la difícil encrucijada que plantea la enfermedad de uno de sus descendientes.
“Los chicos disfrutan de ese ratito que uno les brinda”, contó a “El Periodista” un sábado por la tarde, pronto a comenzar a darle forma a “Dientito” para cumplir a rajatabla con una agenda que comenzará a las 16 y se extenderá por tres horas, prolijamente armada para incluir a una nena no vidente, a otra pequeña que perdió a su hermano recientemente y lo extraña… “Lo he hablado con Guillermo Jaime - impulsor de Tres Arroyos Dona Médula tras el fallecimiento de su propio hijo- y él, que estuvo del otro lado, me asegura que lo que los payasos generamos con una visita, o con una llamada, es increíble. Hasta se visten de manera especial para recibirnos. Nos pasó el otro día que cuando llamamos a la mamá para coordinar la hora de ‘payallamada’ a su nena, nos pidió que le avisáramos diez minutos antes para dejarla bien preparadita. Las mismas enfermeras nos dicen en los hospitales que el clima es absolutamente distinto después de que los payasos pasamos por una habitación”, evocó.
Para este año, antes de la cuarentena, la idea era completar de una vez la recorrida de la Compañía por el Hospital Gutiérrez, que tiene 100 habitaciones. El desafío quedará para más adelante, porque la rutina de visitas tiene que ser bien prolija para incluir a todos. “Teníamos pensado ir en abril, porque nunca llegamos a visitar todo el hospital completo como nos pedían las enfermeras, porque mandábamos una cuadrilla de cinco mientras otra estaba en el Argerich. Es que por esas puertas entran solamente enfermeras, las mucamas que llevan la comida y los médicos, así que la llegada de los payasos es sorpresa total”, comentó con entusiasmo. Los desembarcos de la alegre troupe incluyen regalos como juguetes y libros para pintar y leer, pero también barbijos, alcohol en gel y hasta toallas. Hay necesidad de todo en esos momentos, y especialmente de alegría.

“Dientito”
El protagonista de las ‘payallamadas’ es “Dientito”, y surgió de un taller de clown que Gerardo hizo en Necochea, cuando ya estaba consolidado su payaso ‘serio’ más tradicional, el “cara blanca” que lo hizo conocido con DetonaDos. “Había crecido tanto ese personaje que no lo podía hacer morir, había recorrido jardines, comedores, plazas. Pero haciendo ese curso, me probé un casco y ese nuevo personaje me gustó. Las cosas de la vida hicieron que Andrea Centeno, con quien yo había hecho teatro, y su pareja Mariano Lazcano me regalaran el casco que él había usado siendo bombero. ‘Vos le vas a dar más utilidad que yo si lo dejo en un armario’, me dijo Mariano. Después me compré el traje, y el jefe de los Bomberos de De la Garma me trajo, después de un show en el que me vio, el pin y el escudo que uso. Así surgió ‘Dientito’, netamente clown, con un humor más preparado para los chicos, relacionado con esa cosa heroica de los bomberos y que además no produce tanto impacto en los más chiquitos como el otro”, describió.
A “Dientito” le ha tocado enfrentar historias conmovedoras, como la de Joaquín, que después del suicidio de su mamá fue diagnosticado con una enfermedad terminal y logró recuperarse tras varias instancias que, decían, no iba a poder superar. “No tomo más remedios, me creció el pelo”, recordó Gerardo que Joaquín le dijo una vez. Después pudieron abrazarse en un momento inolvidable.

“Tomatito” y “Chispita”
A esta altura es difícil, aunque Gerardo se ha destacado como actor en varias propuestas teatrales y tiene un gran reconocimiento en su oficio como tapicero y restaurador de muebles, separarlo de sus personajes “con nariz”. Y lo mismo sucede con su familia, porque tanto Marilina, con la que lleva una década de casado, como Tomás y Pilar, son protagonistas permanentes de sus rutinas como payaso. Así, no resulta extraño que los dos chicos formen parte hoy de sus ‘payallamadas’, y que incluso haya que debatir previamente a quién “le toca” estar en cada una de las comunicaciones.
“Hablamos mucho con Marilina acerca de la importancia de que ellos hagan lo que sientan, sin inculcarles nada. Lo único que les exigimos fue que aprendieran a nadar, porque una vez Pilar se cayó en la pileta de la casa de papá y, aun protestando un poco a veces, desde ese momento los mandamos a natación. Después Tomás empezó fútbol, este año tenía pensado hacer dibujo, pero los dos, en algún momento, empezaron -mientras yo me vestía para las presentaciones- a agarrar las narices, a copiar a papá. Lo de Pilar fue inmediato; Tomás tuvo un momento en que sí, otro en que no quería saber más nada, hasta que llegaron las ‘payallamadas’ y me tomó por sorpresa que me pidiera acompañarme. Nunca le habíamos podido tocar la cara con maquillaje, pero ese día me pidió que lo hiciera. Lo pinté parecido a mí y le ofrecí un bombín, pero quiso ponerse otro casco de bombero, que me regaló en su momento Marifé Martínez Canel, usado en la obra ‘Hay que apagar el fuego’, dirigida por Juan Fuente. Creo que a Tomás, cuando vio los videos de lo que hacemos con los chicos en los hospitales, lo conmovió la solidaridad y por eso quiso estar. Pilar es más ‘artista’, baila, canta… Los primeros días de la cuarentena nos ofrecían shows a mí y a la madre, después armaron un negocio en el que nos vendían pinturas… Ambos son muy sensibles y están muy estimulados desde el lado del arte, del teatro”, comentó el orgulloso papá.
Pero además fue necesario mediar, a través del diálogo familiar, entre las complejas situaciones que atraviesan las familias con hijos afectados de patologías graves, y las posibilidades de comprensión de “Tomatito” y “Chispita”. Para Gerardo, los chicos tomaron estas realidades “con naturalidad. Hace unas semanas murió Matías, un nene al que le habíamos hecho una ‘payallamada’. Pocos días después la mamá nos pidió que le mandáramos un video porque no podía hablar, hasta que nos mandó un mensaje para contarnos que había fallecido pero ella se quedó con la imagen de su hijo riéndose del video. Lo hablamos con mis hijos, porque ellos solían preguntar qué pasaba con la cura, si todos los chicos lograban mejorar, y lógicamente eso no es posible, pero terminan tomándolo naturalmente. Para nosotros lo importante, y se lo transmitimos a ellos, es ese momento en que los chicos disfrutan, pueden salir por un ratito de una realidad tan difícil”, aseguró Gerardo.
“Estoy seguro de que los chicos aprenden más con el ejemplo que con los consejos. Como padres buscamos que, si hablamos y trabajamos con un fin solidario, los chicos no nos encuentren discutiendo o despotricando contra nada ni nadie, porque es importante ser coherentes con el mensaje que les damos”, apuntó. Para Gerardo está claro que “ahí está la clave de lo que a veces fallamos como padres: decir algo y hacer otra cosa. Porque ellos nos miran, nos perciben y cuando llegan a la adolescencia vienen los pases de factura. Y lo mismo se traduce al funcionamiento de los grupos, de las instituciones. Se trata de ser creíble”.
Finalmente, reconoció, también fue un fuerte aprendizaje para su dimensión paterna y humana el transitar por el mismo camino que aquellos que dan pelea contra la muerte de sus propios hijos, o los que luchan contra la enfermedad en un hospital. “A partir del contacto todas las semanas con chicos enfermos, en los hospitales de Bahía Blanca, de Buenos Aires, y de ver a esos padres, me cambió el chip para siempre. Aprendí a vivir el aquí y el ahora. Y también a mostrar el aspecto positivo: por eso comparto todos los días la información acerca de los pacientes recuperados de coronavirus. Trato de mostrar siempre lo positivo”, concluyó.

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