Municipalidad Tres Arroyos

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LA TRESARROYENSE SOL ROMANO Y LA EXPERIENCIA DEL “AU PAIR” EN ESTADOS UNIDOS

Niñera argentina se busca

Con una mirada “romantizada”, se describe al programa por el que jóvenes argentinas trabajan como niñeras en el exterior como una forma fácil de viajar y ganar en dólares. Desde Costa Rica, y luego de vivir con una familia californiana durante un año, la tresarroyense Sol Romano repasó los mitos y verdades del “au pair” en primera persona. Exclusivo de “El Periodista”

Julio 2022

“Viajar y cobrar en dólares: el trabajo que eligen cada vez más jóvenes argentinas”, publica un diario de alcance nacional, con una mirada quizá algo romantizada de los programas llamados “au pair”, por los cuales las chicas, previo pago a una agencia que se ocupa de la colocación, consiguen trabajo como niñeras, sobre todo en Estados Unidos y Europa.
La crisis económica, la construcción de un imaginario común por el cual se considera que en Argentina no hay oportunidades para los jóvenes, y la búsqueda de experiencias en el exterior que resulta atractiva para muchas chicas y chicos hacen que, en los últimos tiempos, los programas de “au pair” tengan cada vez más inscriptas.
No son pocas las chicas tresarroyenses que han intentado sumarse a estas iniciativas. Con ahorros propios, que justamente le alcanzaban para inscribirse al programa, Sol Romano aplicó para ser “au pair” en Estados Unidos y lo logró: por un año, trabajó con una familia en ese país y pudo contar la experiencia, que si bien para ella fue positiva, está lejos de la visión “rosa” que proponen algunos medios: tiene sus pros y sus contras, y “El Periodista” se propuso explorarlo a través del testimonio de esta joven, que hoy está trabajando en un hotel en Costa Rica.
Sol tiene 19 años. Recién llegada a la playa Flamingo, en Guanacaste -sobre el Pacífico-, cuando terminó el programa que la llevó a trabajar con una familia californiana, en marzo, pasó un mes en Argentina y decidió nuevamente emprender viaje. “Hice la secundaria en el Colegio Jesús Adolescente, y como soy bastante independiente y siempre me llamó la atención la idea de viajar sola, cuando se presentó la oportunidad la tomé. Tenía unos ahorros que me alcanzaban justo para pagar y poder irme a Estados Unidos, y como realmente no sabía cuándo iba a volver a contar con ese dinero, decidí irme. Había pasado la etapa más dura de la pandemia encerrada haciendo el primer año de la Facultad de Medicina en la Universidad de La Plata de manera online, y fue realmente difícil, así que necesitaba un cambio”, contó.
Sol aplicó a un programa de “au pair” -que significa a la par, o de igual a igual, aunque se verá que no siempre funciona así- con la empresa Cultural Care. “Se paga un monto a la empresa por utilizar la plataforma que ellos te prestan para contactarte con las familias; y además eso incluye el asesoramiento, los vuelos de ida y vuelta, seguro médico y un estudio que hay que hacerse al llegar a Estados Unidos, y que en realidad paga la familia que te va a recibir como niñera”, explicó.
Los programas de “au pair” existen desde hace mucho tiempo, y no sólo se llevan a cabo en Estados Unidos, sino también en varios países europeos, en Canadá, en Finlandia, entre otros. “Cuando me preguntan trato de recomendar, no obstante, que las chicas elijan hacerlo con familias estadounidenses, porque allí el programa está regulado, es decir que si tenés algún problema hay leyes y normas que te respaldan. Y además porque el sueldo es más alto; depende del país, la diferencia va de 300 euros en un país europeo-por ejemplo- a 800 dólares que se cobran en Estados Unidos”, comentó Sol.
La tresarroyense hizo “match” con una familia del norte de California, con la que antes de viajar mantuvo contacto permanente de manera online durante cuatro meses. “Por videollamadas, mensajes, los fui conociendo y el encuentro fue incluso bastante emotivo, porque ya habíamos generado una muy linda relación, así que tanto los nenes como los papás y yo teníamos ganas de encontrarnos. Fui afortunada por haber encontrado a esta familia tan buena, con la que hoy sigo en contacto, pero lamentablemente eso no les pasa a todas las chicas. Puede ser por distintas razones, por allí las personas son buenas pero uno no congenia, por suerte no me pasó. La primera semana fue todo muy tranquilo, siempre permanecía alguno de los padres hasta que tanto yo como los nenes tomáramos confianza, y de a poco empecé a trabajar sola, pero muy bien”, contó.
La convivencia, no obstante, no estuvo exenta de dificultades, como puede ocurrir en cualquier caso cuando alguien se instala en una casa en la que hay otras costumbres, especialmente fuera del país natal. “Hubo momentos difíciles, sobre todo con los nenes, porque es otra cultura, otra forma, la crianza en Argentina es otra. Por más que uno tenga experiencia con chicos, las diferencias son visibles; hay otras posibilidades, entonces los chicos también están acostumbrados a otras cosas y para nuestras formas son, de alguna manera, malcriados: tienen todo, no suelen cuidar mucho, y en general las familias son bastante desordenadas. Pero tuve el apoyo de los padres, de manera que cada problema que surgió se charló y se pudo resolver”, aseguró Sol.

La realidad
Lo que se espera de un programa “au pair”, puntualmente, apunta a la experiencia de intercambio con otra cultura, interesante sobre todo por lo inmersiva: pocas posibilidades permiten aprender tanto de otra forma de vida, idioma y costumbres como trabajar con una familia extranjera y compartir su cotidianeidad. Pero no deja de ser, justamente, un empleo.
En este sentido, Sol consideró que “la idea es el intercambio cultural; yo cuido los chicos, les enseño algunas palabras en español, les cuento sobre mi país y sus tradiciones, les cocino algo típico, pero es un trabajo. Y si bien en teoría vos solo tenés que hacer tareas vinculadas con los niños, la realidad es que no conozco una au pair que no haya hecho otro tipo de trabajos. Depende de cada familia, pero hay quienes te piden que vayas al supermercado, o que les lleves a lavar el auto. Normalmente, yo lo que hacía era llevarlos a los tres, de 4, 6 y 8 años, a la escuela e ir a buscarlos”.
“Me interesa sobre todo contar la realidad de este tipo de propuestas, porque a todas las que hemos sido au pair nos ha pasado lo mismo: te pintan todo color de rosa, pero cuando una llega allá se da cuenta de que no te dicen todo, o bien lo que te dicen te lo plantean de manera tal que te atraiga la propuesta, pero termina no siendo tan así. No es nada grave, pero me hubiera gustado, y creo que es importante para las chicas que se inscriben en los programas, ir preparada, sabiendo de antemano que a lo mejor iba a tener que hacer cosas que no me correspondían. Pero fue una experiencia hermosa, no me arrepiento”, aseguró.
En el día a día, cuestiones como la organización familiar, la puesta de límites y la convivencia entre los miembros y hasta la alimentación también son para tener en cuenta, porque impactan sobre la calidad de las vivencias de quien decide transitar este tipo de propuestas. “Son pocas las familias, por lo que pude ver, que tienen una alimentación variada; no es que comen solamente hamburguesas y papas fritas, pero es bastante básico todo: fideos, que podés llegar a comer todos los días, brócoli…Pero lo más complejo suele ser lo que tiene que ver con la crianza; por allí en algún momento uno de los chicos se mandaba una macana, y la manera en que yo hubiera resuelto el asunto, es totalmente diferente a la que usan ellos. En general se ve que faltan límites, y que habitualmente, en esos casos, los padres optan por darles un juguete para distraerse y dejar atrás el enojo. Y si bien puede ser muy bueno criar chicos libres de traumas y con una infancia sin problemas, la realidad es que los límites son importantes. Y por allí me resultaba difícil después de estar todo el día con ellos tratándolos de una forma, que vinieran los padres con otra modalidad distinta. Hubo momentos en que no me prestaban atención pero, aunque costaba, obviamente yo tenía que manejarme con ellos de la misma forma que lo hacían sus papás”, puntualizó.
La tresarroyense permaneció con esa familia californiana durante un año, de los dos que prevé como máximo la propuesta de au pair. “Se hace match con una familia y si todo sale bien, vas a permanecer con ellos mínimo un año, y máximo dos. Se puede cambiar de familia si llegás y no resulta lo que esperabas, y quedarte en ese período. Pero en mi caso nunca se me cruzó la idea de cambiar, porque me llevé muy bien con ellos. No obstante, un año fue suficiente, de alguna manera resultó cansador para mí y quería hacer otra cosa. De hecho, una de las cuestiones por las que a veces resulta un poco agotador el programa es que, si bien es una propuesta de intercambio cultural, en muchas oportunidades las familias no lo tienen en cuenta, porque de hecho lo que más les sirve es la flexibilidad que les da tener a las au pairs viviendo con ellos. Ellos saben que un día podés trabajar hasta las 8 de la noche y otro hasta las 12, siempre que estés dentro del máximo de 10 horas diarias y 45 a la semana. Por eso un día podés trabajar de tarde, otro a la mañana, o los sábados o domingos, y si uno de los nenes se enferma tenés que cancelar tus planes y quedarte. Eso con una niñera convencional no se puede hacer; es claro que en este tipo de intercambios los beneficiados son ellos, porque pagan mucho menos de lo que deberían por este tipo de tareas, por eso es fundamental que las chicas que aplican se vayan seguras, investiguen, hablen con quienes ya lo han hecho, y hasta que no sientan una buena conexión con la familia no tomen decisiones, no se vayan con la primera familia que encuentren”, advirtió.
En sus ratos libres, Sol aprovechaba para ir al gimnasio, comprar ropa, ver a alguna de sus amigas au pair, que conoció en Estados Unidos -tres mexicanas y dos argentinas- o bien simplemente descansar hasta volver a trabajar. “No disponía de mucho tiempo libre; para hacer algo más de dinero también estuve paseando un perro, tres veces a la semana, y si tenía sábado y domingo libre, organizaba algún viaje corto con mis amigas, o simplemente me juntaba con ellas a tomar mate en algún parque o playa. Porque es cierto que ganamos en dólares, como dice ese artículo que se publicó en Argentina y se viralizó entre la comunidad de au pairs: pero lo que ganamos allá no es nada, y todo lo que compramos y pagamos también lo hacemos en dólares”, desmitificó.
“Las amistades no son un problema porque con las demás au pairs te conectás enseguida, y es fácil armar vínculos porque estamos todas en la misma. Por eso el grupo nos ayudó a todas a sobrevivir, porque de hecho alguna vez yo me quejaba con mi mamá, pero a veces no se entiende lo que vivimos si no se lo experimenta. Por eso, entre todas nos entendíamos, ese grupo de contención fue muy importante”, subrayó.

Seguir viajando
Sol sabía, ya a poco de llegar, que su meta era seguir de viaje. Terminado el programa que la llevó a Estados Unidos volvió a la Argentina, ya en marzo de este año, tarde como para retomar los estudios universitarios, pero a tiempo para buscar otras posibilidades. “A través de una aplicación del celular encontré una propuesta de voluntariado en Costa Rica, por la cual trabajo 30 horas a la semana como barman en un hotel, a cambio de alojamiento y tres comidas diarias, y la verdad es que como lo que quiero, vivo en el mismo hotel y no gasto en nada, porque tengo todo incluido. Es una muy buena oportunidad para viajar barato, conocer, tomar contacto con gente del lugar, y lo cierto es que me siento mucho mejor haciendo esto que como niñera. Esto es un trabajo, tiene un horario determinado, y mi tiempo libre lo manejo yo; sin duda trabajar con alguien y mantener al mismo tiempo una relación amistosa tiene su complejidad. Con la familia con la que me desempeñé como au pair me sentía en el compromiso de hacer determinadas cosas por ese vínculo, para que no se enojen. Hoy me siento mejor”, aseguró.
Este tipo de voluntariados como el que la llevó a Costa Rica existen en distintos lugares del mundo y tienen una duración variable, que en este caso llega a los tres meses de máximo. “Hay además distintas actividades, horarios, beneficios; se puede ir a ayudar a una granja, o a chicos que no tienen para comer, las propuestas son muy variadas. Y los tres meses de plazo son una disposición de la misma aplicación para que uno tenga la chance de buscar otros destinos. Yo estoy en proceso de hablar con los dueños del hotel con la idea de conseguir un trabajo fijo, porque me siento muy cómoda, el lugar es hermoso y el equipo es muy buena onda. Si no se puede, la idea es irme a hacer otro voluntariado para seguir conociendo Costa Rica”, describió.
Hoy, mientras tanto, Sol disfruta como cualquier joven de la belleza de los paisajes, de los nuevos amigos, de la playa. El futuro es un interrogante que se plantea con alegría, porque según dijo, “estoy abierta a las oportunidades que se presenten, porque considero que para eso uno tiene que estar dispuesto, con buena energía, así que estoy en eso, y si se da la oportunidad, voy a seguir viajando hasta que ya no lo pueda hacer. No voy a seguir Medicina si vuelvo a Argentina, pienso quizá en otras carreras, pero en este momento el plan es vivir el día a día, disfrutar y conocer”.

Sol hizo muchas amigas entre la comunidad de au pairs en Estados Unidos. “Es fundamental contenernos unas a otras, porque la experiencia no es totalmente como te la cuentan”, dijo

Sol hizo muchas amigas entre la comunidad de au pairs en Estados Unidos. “Es fundamental contenernos unas a otras, porque la experiencia no es totalmente como te la cuentan”, dijo

En sus ratos libres, Sol aprovechaba para ir al gimnasio, comprar ropa, ver a alguna de sus amigas au pair, que conoció en Estados Unidos

En sus ratos libres, Sol aprovechaba para ir al gimnasio, comprar ropa, ver a alguna de sus amigas au pair, que conoció en Estados Unidos

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