Municipalidad Tres Arroyos

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CREATIVIDAD, CONOCIMIENTO, INGENIO Y SOLIDARIDAD PARA ENFRENTAR AL CORONAVIRUS

Los héroes de la pandemia

La irrupción del coronavirus como riesgo inminente expuso necesidades en varios frentes para los tresarroyenses, desde insumos de salud hasta alimentos y elementos de higiene. Con el expertise necesario en algunos casos, y en otros con pura creatividad, muchos vecinos se lanzaron a fabricar máscaras de protección, cabinas de intubación y dispositivos de desinfección. Y otros hicieron lo suyo coordinando acciones solidarias para llegar a los más desprotegidos por la parálisis económica que originó la cuarentena. “El Periodista” y una galería de héroes que demostraron que la sociedad local se puso a la altura de esta inédita situación

Mayo 2020
Rolando Fernández, responsable de la metalúrgica ArgMetal, desarrolló un pulverizador para la desinfección personal integral

Rolando Fernández, responsable de la metalúrgica ArgMetal, desarrolló un pulverizador para la desinfección personal integral

Una situación inédita como la pandemia de coronavirus, que de manera inesperada ha puesto al mundo en suspenso, puede causar dos tipos de reacción, incluso con sus matices: la parálisis -vinculada al estupor y, por qué no, al miedo- y la acción, que puede hasta ser disparada por las mismas sensaciones pero arroja claramente distintos resultados. Como característica distintiva de este gran aislamiento masivo que atraviesa a todo el mundo y que en Tres Arroyos lleva, al cierre de esta edición de “El Periodista”, poco menos de dos meses, el acceso a la tecnología ha permitido que puedan ponerse en marcha proyectos y productos creados y compartidos, hasta en su ejecución, desde el universo digital al físico. La importancia de estas iniciativas está siendo fundamental porque lo inesperado del brote viral y su sacudida al sistema sanitario ha devenido en carencia de insumos (o venta a precios elevadísimos), como indumentaria y elementos de protección para el personal de salud, y también para el uso cotidiano, como barbijos y tapabocas -obligatorios- para los ciudadanos de a pie.
Pero no sólo se mueven, en esta pandemia que limita las acciones al “puertas adentro”, los que crean dispositivos para luchar en la primera línea contra el coronavirus, sino también aquellos que sin un conocimiento específico para aportar en este sentido, han observado otra de las cuestiones que han hecho eclosión en estos días de cuarentena y que tienen que ver con las desigualdades en la posibilidad de atravesarla en una casa calentita, con comida suficiente, con recursos para que los chicos tomen clases online, con dinero para pagar el alcohol en gel tanto como al que lo vende se le ocurra comprar. Explotaron, en este complejo período también en Tres Arroyos, múltiples necesidades desde lo social, y allí la solidaridad se puso de manifiesto.
Unos y otros tresarroyenses involucrados en acciones solidarias, diferentes entre sí pero unidas por el mismo espíritu de ayudar son, junto con el personal de salud, los héroes de este tiempo. “El Periodista” propone un recorrido por algunas de sus “hazañas”.

El mundo del 3D
La impresión en 3D tiene un desarrollo cada vez mayor y sus posibilidades rozan lo infinito. Además, sus cultores suelen buscar conectarse entre sí y comparten patrones, moldes o como les llamen específicamente, de manera de universalizar el conocimiento y la utilidad de los dispositivos que crean. Con esta tecnología, la protección del personal sanitario y del afectado a tareas esenciales, que no han parado durante la pandemia, tuvo en las máscaras en 3D el objeto ideal y de acceso económico, sencillo, efectivo y, en definitiva, masivo. En Tres Arroyos hicieron punta profesores y alumnos de la Escuela de Educación Técnica Nº1, que crearon máscaras y barbijos de material plástico y los pusieron a disposición del sistema sanitario.
Fabricadas en PET y diseñadas por el tresarroyense Adrián Gasaneo, junto con médicos de los hospitales porteños de Clínicas y Argerich, los concejales de Juntos por el Cambio también distribuyeron entre los Amigos del Hospital Pirovano, la Clínica Hispano Argentina, Claromecó y otros puntos que lo requerían, máscaras de seguridad cuyo prototipo fue enviado por la vía digital y fueron armadas en esta ciudad, en una muestra más de las posibilidades que la tecnología está dando para hacer frente a la “invasión” del virus.
En Claromecó, Emiliano Mendoza y Fabián Bonavita pusieron al servicio de las necesidades del esquema de atención de la pandemia las máscaras faciales que crearon. En este caso tuvieron que juntarse porque uno tenía la impresora rota, y mediante un molde que pidieron a otros usuarios, llevaron el diseño a impresión y le metieron pata para que la localidad y sus vecinos de San Francisco de Bellocq, Reta y Orense tuvieran sus protecciones faciales.
Julián García, en tanto, tuvo que poner en suspenso de manera obligada su trabajo habitual como mueblero. Pero ante la necesidad de contar con ingresos para pagar el alquiler del local, se las ingenió para fabricar protectores faciales con un amigo, de manera que su emprendimiento tiene carácter mixto: en parte vendió, y en parte donó sus creaciones. Pero además, como su amigo vive en Tandil, compartieron el diseño, la impresión 3D, el ensamblaje, la venta y la entrega solidaria de las máscaras entre ambas ciudades, y también en Olavarría y Bahía Blanca.
Aquí en Tres Arroyos, Julián entregó máscaras a los Bomberos Voluntarios, a personal de salud pero, fundamentalmente, a vecinos que durante esta pandemia han tenido que seguir trabajando a pesar del miedo y los riesgos. “Hay mucha gente que no tiene posibilidad de comprar una máscara pero necesita cuidarse por su trabajo. Además les hemos vendido a peluquerías, estaciones de servicio, bancos y sobre todo a muchas familias, a gente grande que necesita estar más segura”, indicó García.

Por más protección
La irrupción de la epidemia de coronavirus puso de manifiesto, como todo fenómeno inesperado, la insuficiente cantidad de elementos para hacerle frente en el aspecto sanitario, no necesariamente de gran complejidad –o por lo menos de una complejidad que sea imposible de reproducir con conocimiento e ingenio- sino más bien de uso infrecuente pero que ahora se volvieron indispensables. Fundamentalmente con el cuidado del personal de salud como objetivo común.
Mauro Irastorza es albañil, y a pedido de profesionales del sistema sanitario local, fabricó cápsulas para la intubación de pacientes que entregó al Hospital Pirovano y a la Clínica Hispano, y al hospital municipal de Adolfo Gonzales Chaves. Estos elementos, que usualmente se construyen en acrílico, permiten que el médico que realiza la intubación introduzca sus manos para cumplir con ese cometido sin tomar contacto su rostro con el del paciente, evitando así el intercambio de fluidos entre ambos. Irastorza fabricó cinco cápsulas guiado por la doctora Claudia Mortatti y otros efectores de salud, adaptables a las camillas de utilización regular en los nosocomios, y allí están listas aunque vale decir que hasta el cierre de esta edición ningún paciente con coronavirus había tenido que pasar por la experiencia de la respiración asistida en Tres Arroyos.
Luciano Rubio, por su parte, incursionó en ambos dispositivos de protección: primero fue por las máscaras, e hizo más de 400, y luego comenzó a desarrollar las cabinas de intubación en acrílico. Lo hizo por intermedio de la médica tresarroyense Silvana Turano, residente en La Plata, y las entregó en el Hospital San Juan de Dios de La Plata, donde ella trabaja, y también en el porteño Fernández y en una clínica privada. Las trabajó con láser y cuando este períodico entre en contacto con sus lectores, seguramente ya habrá decidido si las envía desarmadas para posteriormente ensamblarlas en su lugar de uso, o directamente listas para ser aplicadas.
Finalmente, son interesantes para destacar también las creaciones de un equipo conformado de manera virtual entre varios profesionales de distintas áreas y lugares de origen, entre ellos el ingeniero tresarroyense Daniel Etcheto, residente en Bahía Blanca. También apelando a una combinación entre expertise y creatividad, desarrollaron un equipo para asistencia respiratoria que funciona con un ambú (la “pera” que se usa arriba de la ambulancia para hacerle respiración a un traumatizado o para sostener a alguien con vida) y que, como no se usa manualmente, puede evitar el riesgo de exposición al virus de los paramédicos.
Este grupo creó también delantales impermeables para personal de salud con silos bolsa y guantes de veterinario como mangas, y obtuvieron mediante donaciones de Ipesa Silos material virgen para 70.000 delantales. “La idea es que todos estos elementos se puedan replicar en cualquier lugar del mundo, de hecho trabajamos con planos abiertos”, aseguró Etcheto.
No es menos importante mencionar la existencia de un grupo de voluntarios tresarroyenses que durante estos días de aislamiento se dedicaron a coser barbijos, protectores para calzado, delantales y otros elementos para la protección de los efectores sanitarios. Tras ciertas polémicas en torno a la efectividad de los cubrebocas caseros para su uso en salud, la universalización del uso de barbijos en el ámbito urbano volvió a dotar de sentido a aquella iniciativa solidaria.

Para desinfección masiva
Otra de las cuestiones que se planteó, tanto entre los equipos sanitarios como entre los lugares donde la circulación masiva se torna riesgosa por el eventual contagio, es la necesidad de desinfecciones masivas. Por el lado de los espacios urbanos, las áreas de Gestión Ambiental y Servicios Públicos lo resolvieron con una camioneta provista de equipos de pulverización. Y en cuanto al contacto directo con personas, un grupo de trabajadores municipales de la nueva área de Políticas para la Juventud, que operaron como voluntarios haciendo mandados y gestiones para adultos mayores, se ubicaron fuera de los cajeros automáticos –un punto álgido por la cantidad de beneficios sociales que se pusieron al cobro en este período causando incluso alguna polémica aglomeración en plena cuarentena- con alcohol en gel y en dilución para el uso en manos.
Pero aquí también apareció el ingenio. Rolando Fernández, responsable de la metalúrgica ArgMetal, desarrolló un pulverizador para la desinfección personal integral. Preocupado porque su esposa pertenece al equipo de salud del Hospital Pirovano, y tras considerar que la familia atravesaría un riesgo por encima del promedio de que el coronavirus llegara a su hogar, puso manos a la obra y creó un dispositivo económico y práctico, provisto de picos que distribuyen el fluido desinfectante a manera de spray cuando se lo activa pisando un pedal. El usuario gira con sus brazos en alto frente al equipo, y en instantes recibe el líquido, para desactivarse el mecanismo cuando se suelta el pedal. “La idea es que todo se logre en un único paso en el que no es necesario tocar nada, y se puede usar todas las veces en el día que sea necesario”, dijo Fernández, que donó el dispositivo al Hospital Pirovano y se mostró dispuesto, con su fábrica sometida a una actividad reducida por la pandemia, a elaborar más si le fueran requeridos.
La metalúrgica ProCampo, que funciona en De la Garma, fue la proveedora del arco de desinfección que instaló Policoop, la cooperativa de salud que también cumple un rol fundamental como soporte de traslado y provisión de camas para eventual internación en caso de brote de coronavirus en Tres Arroyos. El aparato consta de un arco con bombas presurizadoras que aplican hipoclorito de sodio, tanto para eliminar bacterias de las ambulancias como de la indumentaria del personal.
Con un sistema similar, pero ubicado en el interior de espacio cerrado, el empresario Bruno Chiquette, dedicado a un rubro que resulta de los más golpeados por la pandemia, que es el de la nocturnidad y los eventos sociales, fabricó una cabina sanitizante que donó a la Municipalidad de Tres Arroyos. Preparada para el uso masivo, se la pensaba para colocar fuera de Políticas Tributarias, en avenida Moreno, o en el acceso al Parque Industrial. Al cierre de esta edición, la ANMAT disponía la prohibición de uso de algunas cabinas sanitizantes, y restaba determinar si esta estaría alcanzada o no por la medida. “Vimos unos túneles en Turquía, y nos llamó la atención porque era interesante para lo que vivimos hoy y perfeccionar medidas en espacios públicos. Vimos que en Tucumán también presentaron algo similar y decidimos perfeccionarlo un poco. Hay distintos tipos de desinfectantes que se pueden usar. Nosotros elegimos por recomendación usar agua con amónido cuaternario que es más efectivo que la lavandina y no tiene efecto nocivo ni la ropa, ni en la piel tampoco”, explicó Chiquette, lo que quizá facilite la posibilidad de aprovechar su creación.

“Vigilancia” ciudadana
Otro de los “problemas” que trajo consigo el prolongado período de aislamiento, que fue tornándose menos evidente en la medida en que las limitaciones se fueron flexibilizando, se presentó con el cumplimiento de la premisa de quedarse en casa y salir solamente para lo indispensable. Los controles policiales, por la necesidad de cubrir no sólo el ámbito urbano sino también los accesos a Tres Arroyos y a las localidades –sobre todo las costeras- resultaron rápidamente insuficientes, y las infracciones se acumularon especialmente en los primeros días de cuarentena. Para ejercer una suerte de “control vecinal” de las transgresiones, Alejo Alesahad desarrolló una aplicación para celulares con la finalidad de denunciar a la gente que circula innecesariamente por la calle. A través de la app se puede avisar dónde se produce la infracción, se describe al autor y, en caso de quien lo observa no quiera denunciar directamente al 147, otro usuario lo puede hacer por él, además de interactuar con otros vecinos a través de un canal de chat.

La solidaridad con los que más necesitan
Pero la pandemia no planteó necesidades únicamente en lo sanitario. El parate de actividades económicas, sumado a una crisis estructural que viene de arrastre en los últimos años, hizo que cientos de familias tresarroyenses se vieran obligadas a enfrentar la cuarentena sin recursos. Para eso, además del armado de un fuerte operativo municipal del área de Desarrollo Social con la colaboración de otros sectores de la gestión pública, fue fundamental la intervención de vecinos solidarios que, de manera individual o en grupos, comenzaron a preparar viandas, a entregar bolsones de alimentos, ropa y elementos de higiene por distintos barrios de la ciudad. Clubes, comedores barriales como las Payasolidarias o el de la popular Rosa, la Fundación Renzo Antonelli, Corazones Solidarios, el peluquero Samuel Sánchez, entre muchos otros, se movieron intensamente usando las redes sociales como fuente de obtención de recursos y para coordinar sus acciones. Se sumaron empresas con donaciones y propuestas como el “chango solidario”, donde los clientes podían depositar alimentos y otros artículos a la hora de comprar los suyos.
Con una situación que desde el aspecto sanitario parece controlada en Tres Arroyos, la sociedad ha demostrado, salvo excepciones que no hacen sino confirmar la foto general, que está a la altura de las circunstancias y es capaz de responder en varios frentes a una emergencia como la que plantea el coronavirus. Al estupor inicial, que por allí expuso la necesidad de profundizar la toma de conciencia en torno a los riesgos que implica la pandemia, le siguió una significativa muestra de la capacidad de organización de los vecinos y su compromiso con la cobertura de las carencias que esta coyuntura dejó al descubierto. Ojalá no necesitemos más, pero está claro que estamos a la altura.

Con un grupo de profesionales, el ingeniero Daniel Etcheto creó un dispositivo de asistencia respiratoria con un ambú

Las Payasolidarias llegaron a elaborar hasta cien viandas diarias durante la cuarentena, en la cocina donde funciona el comedor ubicado en Jujuy 1042

Mauro Irastorza es albañil, y a pedido de profesionales del sistema sanitario local, fabricó cápsulas para la intubación de pacientes

Bruno Chiquette fabricó una cabina sanitizante que donó a la Municipalidad de Tres Arroyos

Profesores y alumnos de la Escuela de Educación Técnica Nº1, que crearon máscaras y barbijos de material plástico y los pusieron a disposición del sistema sanitario

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