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ENTREVISTA CON FATIMA LIEBANA, ABOGADA Y CREADORA DE “MI LIBRO UN MUNDO”

Lectura y escritura

Mientras concluía la carrera de abogada, otro proyecto nacía a la par para Fátima Liébana: compartir su pasión por los libros. Hoy está detrás de la cuenta de Instagram “Mi libro un mundo”, una especie de museo virtual con los autores y autoras que cuentan sus historias favoritas. Pero además participa de un taller y del Mundial de Escritura

Noviembre 2021
Lectora apasionada, Fátima Liébana dio forma a “Mi libro un mundo” durante la cuarentena en Capital Federal

Lectora apasionada, Fátima Liébana dio forma a “Mi libro un mundo” durante la cuarentena en Capital Federal

Fátima Liébana tiene 25 años y es de Tres Arroyos, pero hace ya más de 7 que reside en Capital Federal. Durante ese período de tiempo, desarrolló sus estudios en la Universidad de Buenos Aires, a la que le atribuye haberla convertido en una “feliz abogada” con un título obtenido en plena cuarentena y “haberle dado un gran trabajo”. Pero durante el confinamiento social obligatorio eso no fue lo único que ocurrió: parte de una generación que ante la ausencia de espacios para expresarse, emprende en crearlos, abrió “Mi libro un mundo” (@milibrounmundo) en Instagram, un sitio en el que registra sus recorridos como lectora, plasmando reseñas, reflexiones y sentimientos, como sus encuentros con distintas librerías de la ciudad y con otros referentes de la comunidad lectora de la red social. El proyecto surge en un contexto de total incertidumbre en el que los libros se convirtieron en una compañía fundamental, ya que como dijo Leila Guerriero, una de sus favoritas: “Escribo para entender. Si no escribo empiezo a sentirme mal, y el mundo se licúa, pierde consistencia”.
Y aunque Instagram y libros pueden sonar como una combinación con poca compatibilidad, en este caso se fusionan en una plataforma de difusión, que amplifica la voz de Fátima. “Siempre fui lectora, pero encontré un nuevo espacio para expresarme, compartir y aprender cosas que quizá nunca se me habían ocurrido”, agrega.
Posteo a posteo, disecciona con sensibilidad y precisión historias de las que los distintos autores y autoras son protagonistas, y ante estos voluminosos mares de palabras, Fátima sostiene una única regla: fluir. “El Periodista” charló con ella para conocer más acerca de esta faceta y de la construcción de este proyecto.

Empezaste con el proyecto “Mi libro un mundo” durante la cuarentena, ¿dónde estaba antes ese espacio de expresión para vos? ¿Qué te impulsó a abrirlo?
Si, empecé con mi cuenta a mediados de marzo del 2020. Antes de empezar no tenía con quien compartir mis reflexiones, pensamientos o gustos en cuanto a las lecturas, porque la mayoría de las personas que conforman mi círculo cercano no son lectores. A su vez, tampoco se me había cruzado por la cabeza lo que yo misma era capaz de reflexionar con un libro en las manos, los lugares que podía recorrer o habitar.
Venía un poco entusiasmada con el espacio que había ido encontrando en cuentas similares a las mías. Estar encerrada en casa, con más tiempo libre, fue lo que me animó a hacerlo. El objetivo siempre fue el nexo con otras personas, encontrar con quién leer, aprender, compartir. El camino se fue armando solo, porque por suerte hay un montón de personas que hacen lo mismo, con mucho amor, y una incluso termina recurriendo a esas personas para leer más y más.
¿Cómo es el proceso de construcción de tus reseñas?
En este punto soy un poco impulsiva y desordenada, pero me gusta así. No estudié nada relacionado con letras y lo que puedo aportar es simplemente mi percepción. Me gusta tomar alguna oración del libro que estoy por compartir y partir desde ahí. Intento hablar un poquito de la historia que se está contando, sin adelantar mucho; y contar un poco de los temas que se van tocando. Pero más que nada se trata de expresar lo que sentí con esa lectura, es muy personal y eso me encanta.
¿Cuál es tu brújula a la hora de ir por un nuevo libro?
En primer lugar, las novedades editoriales. Son mi punto débil y algo de lo que reniego un montón. No porque no merezcan ser leídas, todo lo contrario… Por eso las elijo. Sino porque muchas veces me da algo de culpa no hacerme el espacio suficiente para leer los buenos clásicos o esos libros que quizá no son tan publicitados pero se sabe que valen la pena.
Por otro lado, confío ciegamente en mi profesora de taller de lectura y escritura, Ana Catania, y en mis compañeros y compañeras de taller que siempre me recomiendan joyas literarias.
Además, siempre, absolutamente siempre, apelo a fijarme en lo que opinan las otras cuentas que crean este tipo de espacios. Si alguna cuenta amiga lo recomienda, allá voy.
¿Qué libros y/o autores/as marcaron tu recorrido como lectora?
En primer lugar podría decirte que, en esta nueva etapa como lectora, formé una especie de obsesión con las lecturas de no ficción. Me gusta muchísimo leer crónicas, perfiles, columnas; y además sobre la misma lectura y el oficio de escribir. En ese punto podría decirte que Leila Guerriero ha sido una gran impulsora.
Además, me fui dando cuenta de que aprecio mucho cuando un libro dice todo sin decir demasiado; así como también las lecturas calmas o quizá un poco más estacionadas, me atrae todo lo contrario a los libros minados de acción.
Me tomo el atrevimiento de hacer un listado de las últimas cinco lecturas que me encantaron y fueron en línea con esto que te cuento: “Teoría de la gravedad” de Leila Guerriero, “Nada se opone a la noche” de Delphine de Vigan, “Los llanos” de Federico Falco, “Poeta chileno” de Alejandro Zambra, “Inundación” de Eugenia Almeida.
Por último, siento un gran aprecio por la lectura de cuentos. De hecho los talleres de lectura que hago y lo que escribo son cuentos. Hay algo de lo inmediato, de lo lindo de cerrar una historia que me atrapa un montón. Más aún si nos ponemos a pensar en los artilugios y manipulaciones que debe hacer el escritor o la escritora para poder contarnos semejantes historias en tan pocas páginas. Los cuentos son la salvación para cualquier excusa contra la lectura.

Un diálogo posible

¿Cómo dialoga el mundo de los libros con una plataforma como Instagram (regida por el impacto visual efímero)?

Este punto a mí me resulta muy difícil. Considero que soy poco creativa y en esa instancia siento que fallo un poco. Creo que, si bien la estética no es todo, Instagram es una plataforma que entra por lo visual, y me gusta cumplir con eso. El problema que se me presenta es que a mí no me gusta sacar fotos, por lo que termina siendo un esfuerzo mayor, que muchas veces hace que me restrinja a la hora de compartir algo y no considero que sea algo positivo. Me gusta cumplir con esa pauta, pero en muchas ocasiones no puedo seguirle el ritmo y me atraso con el contenido que me gustaría ir compartiendo.
Entre los comentarios y los likes, se puede apreciar un gran ida y vuelta con tus seguidores. ¿Cuál es la importancia de este tipo de comunidad? ¿Cuál es su rol en el proyecto?
Ese ida y vuelta es el puntapié inicial. Compartir siempre fue la meta. Me gusta compartir lo que pienso sobre una lectura así como leer lo que el resto de las y los lectores encontraron ahí. Es muy circular, como retroalimentación. Los likes son algo accesorio, no es el número lo que importa, sino el saber que hay alguien ahí detrás que te lee, que le gusta lo que compartís, pensás, sentís, o incluso, aunque no comparta tus opiniones, le interesa saber qué te pareció tal o cual libro. El intercambio de comentarios es lo más lindo de la cuenta. Si no hubiera nadie detrás leyendo, no tendría sentido alguno que yo esté del otro lado compartiendo.
También participás en proyectos como el Mundial de Escritura organizado por Santiago Llach, ¿cómo es tu relación con la escritura?, ¿en el futuro te gustaría tener tu propio proyecto de libro?
¡Sí! Este año participé por primera vez en el Mundial de Escritura y fue una experiencia súper enriquecedora. Además de eso, participo en taller de escritura. De hecho, para el Mundial de Escritura armamos grupo con mis compañeros de taller y fue lo mejor que pudimos hacer, nos fuimos alentando mutuamente a cumplir día a día con la meta: escribir.
Mi conexión con la escritura empezó como un espacio de introspección y después me fui animando a buscarle una vuelta, y ver que se puede mejorar. Me divierte cumplir consignas, ver que hay dentro mío para explorar y luego explotar; siempre me gusta ir por más y aprender cosas nuevas. No quiero mentirte y decirte que no pienso en un libro, creo que cualquier persona que se considere lector o lectora piensa en un libro con su nombre, pero realmente no es mi meta, no considero ni siquiera tener algo de producción necesaria. Veremos más adelante.

Otra vez, Fátima convoca a dos lenguajes: el libro y las fotografías, en este caso de la tradicional casa tresarroyense Cardinali

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