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“DIMOOL”, EL AUTOR DE LAS OBRAS QUE LE PONEN COLOR A LA CIUDAD Las paredes gritan

Las paredes gritan

Diego Lorenzo, “Dimool”, tiene 25 años y es artista callejero. El graffiti entró casi de casualidad a su vida y fue pasión a primera vista. Pero además ha incursionado en el rap y en el diseño y customización de ropa. Hoy, va dejando a su paso su inconfundible y colorido sello por toda la ciudad

Mayo 2021
Diego Lorenzo es “Dimool”, artista del graffiti y autor de notables obras callejeras en Tres Arroyos (FOTO DE ROCIO OLIVERA)

Diego Lorenzo es “Dimool”, artista del graffiti y autor de notables obras callejeras en Tres Arroyos (FOTO DE ROCIO OLIVERA)

Si hay algo característico de esta nueva generación, es que para ellos, las etiquetas, categorías y estereotipos ya cumplieron su fecha de caducidad. No se dejan acorralar por estos imperativos del encasillamiento, porque eso significaría límites. Y de eso se trata: de estar en constante movimiento. Esas ganas de experimentar, de expresarse, de crear y abrir sus propios espacios tienen en su ADN reminiscencias de lo que supo ser la cultura punk y su bandera del “hazlo tú mismo”, que sigue atravesando a generaciones enteras. Un claro ejemplo de esto es Diego Martín Lorenzo, "Dimool" para el graffiti, "Atila" para el rap, pero siempre seguido por el 32 como su número de cabecera.
Empezó a los 16 años movido por la pulsión de la curiosidad y hoy con 25, cada rincón de la ciudad lleva una huella suya como una explosión de colores. Dice que “las paredes siempre están gritando algo”, y define al graffiti como “un mundo paralelo”. Aun así, esta disciplina es tan solo una de las tantas dentro del universo 360 que es el hip hop, por eso, Dimool también prueba otras formas de intervención artística con el rap y Alambrepúa Spot (@alambrepuaspot), el espacio en donde vende ropa de diseño único, prendas recicladas y customizadas por él mismo, junto a elementos de artística. El artista charló con El Periodista sobre su trayectoria y próximos proyectos.

¿Cómo empezó todo?

Primero, siempre me gustó dibujar, obviamente. Siempre presté mucha atención a las diferentes tipografías, en cosas como los chicles Bubbaloo, Bazooka. Si prestas atención, en las cajas tenían tipo graffiti las letras. Pero no era consciente de eso, ni ahí. Realmente yo jugaba al fútbol. Cuando fui a probarme a un club en Buenos Aires, vi un par de graffitis, para ese momento ya dibujaba un montón, y me cautivó zarpado. Me acuerdo que vi una “bomba” (firma artística plasmada con distintos tipos de estilos de graffiti en espacios públicos) que estaba pintada en cromo y estaba alto, creo que era en una autopista, y fue como “fuuua”. Eso viajando en colectivo, yendo a probarme a un club, nada que ver. Y ahí empecé a investigar, cómo hacen eso ahí, cómo llegan, y me fui metiendo. Sumado a Internet, que ahí está todo. Porque acá en Tres Arroyos, no había graffiti, había una o dos, tres pintadas, pero nada más. Siempre fui autodidacta, las pintadas acá las empecé saliendo solo. Nadie hacía graffiti, mis amigos me empezaron a segundear, pero no pintaban ni nada. En un momento estaba Akiel, que era un chico más grande, que ya no pinta hace un montón, pero tuvimos contacto descubriendo quiénes éramos y tuvimos dos o tres pintadas juntos. No había nadie más que pintara, es más, hoy en día no existe una “crew” (término con el que los artistas del graffiti denominan a sus grupos) en la ciudad todavía que sea de graffiteros. En sí, estamos como 30 años diferenciados de otras ciudades.
¿Sentís que la ciudad le está dando una oportunidad al arte?
Están apareciendo ciertos espacios, más que nada con esto de la pandemia también, yo creo que se potenció un poco en sí al artista, puede ser, como que tiene más tiempo. En ese sentido, siento que acá ser un artista es muy difícil, tomárselo en serio como decir “bueno, realmente quiero hacerlo” y hay gente a la que le nace, hay otros que dicen “acá nadie me va a dar bola en lo que hago” y va por el plan B digamos, que es ir a laburar de tal cosa, por necesidad o como sea. Entonces al no tener oportunidades, al no tener lugares para ir que te motiven, gente, consumirlo...Como te decía, yo fui a pintar solo pero porque me nació, porque quería, y de ‘carna’, nada más. Pero yo entiendo que a otro pibe por ahí le gusta, y no lo hace solo así de una, porque por ahí necesita que alguien lo lleve o ver a unos pibes que estén pintando por ahí. Es consumirlo, que acá eso no pasa, por eso está bueno que aparezcan estos lugarcitos. Ahora está Casa Eco que les está dando oportunidad a muchos artistas, también Il Ballo del Mattone. Hay algo ahí que está apareciendo y que tiene pinta de que va a estar bueno. Veo que está empujando. Yo de mi lado trato de hacer lo posible para que la gente pinte, para que crezcan. Me metí mucho en el ámbito del hip hop completo, porque yo solamente hacía graffiti en realidad, y el graffiti está en el hip hop, pero lo descubrí por otro lado, y por ahí hay un montón de pibes acá que rapean, y yo sé que a más de uno le puede gustar pintar graffiti y demás, entonces por ahí los empujo. Ya hay un par que están pintando. Es eso, darle la oportunidad y mostrar lo que se puede hacer también acá en la ciudad, impulsar sería.
¿Qué artistas te marcaron a vos y a tu obra?
Si hay un referente principal es mi viejo, que me apoyó, pero nada que ver con el graffiti ¿no?, por ahí hacía cositas, dibujaba, pintaba un cuadrito, algo, nada que ver con mi estilo. Él laburaba a pleno, sin parar y por ahí tenía un tiempito y me decía “mirá, no te pases de las líneas”. Como referencia principal, eso ante el dibujo. Después del graffiti empecé a investigar lo que era Facebook, graffiteros argentinos, páginas argentinas y así a descubrir un montón de artistas, cosas que te gustan, vas aprendiendo, tiene un montón de procesos. Y después, es la calle misma. Ir, pintar la pared, chocártela y pintar, pintar, pintar hasta que por ahí encontrás un poco tu estilo, o por ahí no lo encontrás, es un trabajo de un montón de años, pero ya haces graffiti y se diferencia de lo que es mural y otras cosas. Como referentes tengo un montón, la mayoría son argentinos lo que me gusta ver, consumo mucho el graffiti latino, me gusta un poco más, y en realidad viene todo más de afuera, de Estados Unidos y demás. Generalmente en el país no tenemos un graffiti definido, pero hay ciertas diferencias que me gustan. Yo viví tres años en Mar del Plata, ahí también tuve muchos referentes, porque al ver paredes sacas cositas, consumís mucho graffiti, hay un par de “crews” en Mar del Plata que me identifican mucho en lo que hago.

¿Las mejores obras salen premeditadas o freestyle?

Me encantan las dos. Al principio fue premeditado, siempre boceto, y ahora, hace un año, dos, le meto mucho freestyle porque me gusta y porque se da también en el momento. Ponele que estoy con amigos en una cena y surge un “amigo mirá, tengo dos latas y esta pintura”, y yo también, entonces es ir a pintar a ver qué sale. Vamos a ver la pared, conseguimos lo que salga, y eso es freestyle también, es espontáneo. Las dos cosas tienen su magia, y creo que lo principal de ambas es superarse uno en lo que hace y aprender de eso. Pero le doy el mismo valor.

Otra mirada

¿Qué fue lo que te hizo abrir el espacio de Alambrepúa?
Alambrepúa arrancó con la pandemia, un poco que no sabía qué hacer, como todos calculo, y quería abrir un proyecto nuevo. La idea principal que tengo es un proyecto unido, no solo Alambrepúa. Estoy armando un estudio delante de mi casa, quiero poder llegar a terminarlo y empezar a tatuar. Anduve dando vueltas un poco en el tattoo pero lo dejé por ciertas cosas, pero me quiero meter un poco ahí, seguir aprendiendo con el graffiti y a la vez combinarlo con Alambrepúa. Mi idea es que esté todo medio conectado, el estudio de tatuaje, esté lo de la ropa de Alambrepúa, que haya diferentes cosas de artística, que haya un graph shop, todo para comenzar algo acá. Quiero unir esas tres cosas. Me cuesta mucho porque por ahí es hacerle frente a algo así solo, y no me dan mucho los tiempos, pero creo que de a poco voy uniéndolos, armando la red, y va a estar buena la combinación. Alambrepúa está abierto a un montón de cosas, no solo a la ropa, al reciclaje. Ahora traje ropa de un artista amigo de otro lugar, quiero meter cosas de graffiti que acá no hay. Me molestaba mucho eso, que acá vas a comprar una pintura y te sale el doble, el triple. Para los pibes que recién arrancan es una locura y es muy difícil comprarte un par de latas, tenés que cobrar mínimo para conseguir tus pinturas, entonces nunca van a pintar tampoco. Yo trato de venderla a un precio mejor de lo que está acá, con más calidad.
Desde el graffiti, pasando por el tatuaje, el diseño de ropa hasta la música, ¿cuál es tu mensaje como artista?
Sea como sea, mal o bien, se puede hacer lo que a uno le gusta. En cierto modo, es ese el mensaje. No hay mucha vuelta. Es autosuperarse de la forma en la que a uno le gusta. Y siempre siendo consciente y responsable de lo uno hace. En el sentido de que si haces algo re bien y re zarpado, ser consciente de que hay gente que hace mejor o diferente a vos, en otro estilo y que también está bien. Y lo mismo al revés, si vos haces algo y decís “uh, imposible que haga esto porque hay gente re grosa haciendo esto y no voy a llegar nunca a hacerlo. Pero bueno, yo puedo hacer esto porque me gusta y lo hago igual”, tratar de hacer lo que a uno le hace feliz un poco, disfrutarlo sin molestar a nadie, pero compartiéndolo también, ¿no?
¿Crees que cambió la visión pública tan crítica respecto al graffiti?
Creo que es algo que va cambiando, un poco, pero que nunca va a terminar de cambiar, porque es otro mundo conectado. Te tenés que meter en él para entenderlo, hay diferentes estilos de graffiteros, hay gente que realmente lo hace por vandalismo, gente que lo hace más artístico, gente que lo hace artístico y vandalismo, gente que lo hace por un montón de cosas. Entonces es diferente el caso de acá en Tres Arroyos que en otras ciudades que capaz que salís y ves más graffitis. Ahora los que se están haciendo más grandes ya consumieron mucho graffiti, entonces entienden más lo que es legal, lo que no lo es, lo que es vandalismo o no. Pero es un arte, obviamente.
Todos te preguntan por la firma en el “esqueleto” de Claromecó, pero para vos, ¿cuál fue la obra más desafiante?
Todas tienen su desafío, algunas son más divertidas, otras son aburridas, algunas son arriesgadas, otras no. Yo creo que las más desafiantes son más que nada cuando son en tema de trabajo y tenés que cumplir con algo y demás, que estás con más responsabilidades. Esa fue divertida con un poco de adrenalina y terminó una cosa que nada que ver, yo lo hice con un amigo más que nada para disfrutarlo, y salió espontáneo. Fue dejar mi firma, ni siquiera fui a hacer un buen graffiti ni nada, era ir a escribir algo ahí porque se dio, porque pasaron un montón de cosas ese día y listo. Después estábamos volviendo en la ruta y aparezco en LU24. ¿Pero más desafiante? algo con mucho compromiso. En realidad como desafiante, es lo que tiene que ver con superarse uno y listo. Cuando por ahí digo “tengo que hacer esto, pintar esto en una pared con esto y con aquello”, y sé que voy a tener que dar todo de mí, eso es lo más desafiante.
Si no te pusieran límites, ¿en qué lugar te gustaría plasmar un grafitti?
En realidad, yo pienso que podemos pintar donde queremos. Ahora si te frenan, te paran, te meten trabas, lo que sea, es diferente. Hay un montón de lugares, me gustaría dejar mi marca en todos los que pueda. Los “spots” (lugares puntuales donde pintar) me gusta verlos visualmente, pero me encantaría pintar paneles, un avión también. Lo que quiero hacer ahora, cueste lo que cuesta, es a donde vaya, y como sea, meter un graffiti. Sea bueno o malo, adquirir experiencia de esa manera. Pintar a donde vaya.

Lo que viene

¿Cuál es tu próximo proyecto?
Armo estos proyectos pero no soy mucho de pensar a futuro. Trato de ir llevando todo ahí, como sería medio de freestyle, porque me baso también en cómo me siento, mi estado anímico, mi cabeza. Pero más que nada trato de aprender, y seguir empujando un poco. Ahora como principal, quiero terminar unos laburos de murales que son re largos, y después ir avanzando con meter un poco más en el estudio, también tenía un viaje programado que no sé si podrá hacer, pero mi idea era ir, activar ahí para pintar. Agarrar otra vez Alambrepúa, reactivarlo, me quiero meter un poco más con el tema de la música que lo hago más de hobby. Quiero tratar de ver qué me va dando todo, lo que puedo hacer también, y lo que mi cuerpo pide como necesidad. Es eso, no tengo mucho para pensar de ahí. Y obviamente primero, la familia y mis amigos.

“Dimool” empezó a los 16 años movido por la pulsión de la curiosidad y hoy con 25, cada rincón de la ciudad lleva una huella suya como una explosión de colores

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“Hay un montón de lugares, me gustaría dejar mi marca en todos los que pueda”, asegura Diego Lorenzo, destacado exponente del graffiti

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