Municipalidad Tres Arroyos

notas edicion de papel

LA INVESTIGADORA INES SUNESEN Y EL DESCUBRIMIENTO DE UN ALGA QUE LLEVA EL NOMBRE DE CLAROMECO

La forma del agua

Inés Sunesen investiga la existencia y eventual toxicidad de algas y otros microorganismos en la costa bonaerense. En un cultivo de agua del mar de Claromecó, que suele llevarse cada vez que visita las playas de su Tres Arroyos natal, con su equipo encontraron la “Heterocapsa claromecoensis”, una especie nueva en el plancton que lleva el nombre de la localidad

Noviembre 2020
Inés Sunesen es bióloga y Doctora en Ciencias Naturales recibida en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo (FCNyM) de la Universidad Nacional de La Plata

Inés Sunesen es bióloga y Doctora en Ciencias Naturales recibida en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo (FCNyM) de la Universidad Nacional de La Plata

La “Heterocapsa claromecoensis” es un organismo unicelular que forma parte del plancton del que se alimentan numerosas especies marinas. Es un descubrimiento reciente, y si bien apareció por primera vez en una muestra de agua de mar de Claromecó, se la puede encontrar al menos en la zona de Monte Hermoso, y hay algunas parecidas en Bahía San Blas, que quizá una vez levantadas las restricciones impuestas por el coronavirus se puedan analizar para determinar si son de la misma especie. Lleva el nombre de la playa local por varias razones: la investigadora Inés Sunesen, tresarroyense, integra el equipo de investigadores que la halló; fue en el agua de Claromecó, y cuando se disponían a denominarla “Heterocapsa bonaerensis”, un grupo de japoneses dio con un nuevo dinoflagelado al que llamó “heterocapsa boaensis”. Así que finalmente, en la denominación se impuso la procedencia.
El descubrimiento, llevado a cabo por un equipo de investigadores del CONICET del que Sunesen forma parte, ya ha sido dado a conocer en publicaciones especializadas como la Revista Europea de Ficología. Pero esta nota en “El Periodista” es la primera que se difunde sobre el tema en un medio argentino.
“Esta es una especie nueva que aislé porque me parecía un organismo raro, creció en cultivo y después de hacerle análisis moleculares, vimos que era diferente a las otras Heterocapsas. Sabíamos que se trataba de una Heterocapsa, pero no de las especies ya descriptas. La observamos en el microscopio electrónico para ver sus características, y una vez definida su especie, la comparamos con las demás y el resultado fue que se trataba de una nueva. Y seguramente, como parte del plancton, es comida para otras especies. Lo cierto es que no todas las algas se pueden aislar, ni aguantan el medio del cultivo como para estudiarlas, pero con esta lo logramos y es muy interesante”, explicó Inés.
Sunesen es bióloga y Doctora en Ciencias Naturales recibida en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo (FCNyM) de la Universidad Nacional de La Plata. Antes, se recibió de licenciada en Turismo en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Nacional de Mar del Plata. Es investigadora adjunta de CONICET y docente en la FCNyM en una materia en la que se ven diversidad de hongos, líquenes y algas. “En realidad ingresé a la facultad porque me gustaban las aves. En aquel momento la Universidad tenía unos terrenos en Aristóbulo del Valle, en Misiones, y hacíamos viajes con varias cátedras juntas. Como representante de una materia que trabaja con algas, hongos y líquenes, hice uno de esos viajes, me gustaron las muestras de algas y me invitaron a postularme a una beca de entrenamiento de la Comisión de Investigaciones Científicas. La obtuve, arranqué con hábitats de agua dulce y luego me pasé a ambiente marino”, recordó.
Así, en 1997 comenzó a trabajar en la División Ficología de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo, donde integra un grupo de investigación en el que se estudian microalgas marinas, especialmente las que forman el fitoplancton, la comunidad de algas microscópicas que miden micrones, milésimas de milímetro, y que desarrollan su vida “flotando” en el agua.
“Hoy, todo lo que tiene que ver con el estudio de la biodiversidad ha cobrado una relevancia mayor, sobre todo cuando se abordan cuestiones como la conservación de ambientes y hay que saber qué hay para abordar lo que está pasando. Pero en el universo de las algas hay muchas posibilidades, desde la biotecnología para la producción de biocombustibles; las algas con importancia nutricional como la spirulina, o las que se producen para usar sus pigmentos, hasta la alimentación en los criaderos de ostras y mejillones”, ejemplificó.
El grupo estudia la diversidad de diatomeas, dinoflagelados, fitoflagelados, distintos grupos de microalgas. Y especialmente se dedican a las especies que pueden producir floraciones o proliferaciones algales nocivas, que son las tradicionalmente conocidas como mareas rojas por las coloraciones que se ven en el agua, pero no siempre son rojas y no siempre se ven a simple vista. Son fenómenos naturales que suelen ser beneficiosos para el ecosistema, la acuicultura y la pesca, pero también pueden producir eventos perjudiciales desde el punto de vista antrópico. Es que algunas microalgas producen potentes toxinas, y cuando son filtradas por moluscos bivalvos, las toxinas se acumulan en la carne. “Hay distintos grupos de toxinas, que se denominan según el efecto que nos producen a nosotros y a los mamíferos, como el veneno paralizante, veneno amnésico y veneno diarreico de moluscos. Al bivalvo, comer esas algas no le produce nada, pero va filtrando el agua, alimentándose de las algas y acumulando la toxina en la carne, que tampoco cambia su color ni sabor ni desaparece con la cocción, porque no es termolábil. Por eso este tema es importante. Si adquirimos estos productos en pescaderías o restaurantes se supone que pasaron por SENASA y fueron analizados, por eso estos lugares tienen que tener la responsabilidad de no venderlos directamente de la playa. El riesgo más importante es el de la toxina paralizante, porque paraliza los músculos y en gran concentración puede producir la muerte. De hecho este análisis es obligatorio”, aseguró Inés. La mayor concentración de toxinas en mejillones, en el país, se ha encontrado sobre todo en el sur, en la zona del Canal de Beagle. Sin embargo, desde 2010, han comenzado a aparecer en los muestreos de los investigadores y en el análisis de personas afectadas la presencia de toxinas diarreicas, lo que ha motivado prohibiciones de consumo de bivalvos muy extendidas en el tiempo.
También hay algas que producen ictiotoxinas, que afectan a las branquias de los peces y les provocan la muerte. “Suelen ser más frecuentes en lugares cerrados, como en Chile donde se crían salmones en jaulas y han tenido grandes mortandades por estas algas nocivas. Si bien en nuestro país no se han producido eventos masivos con estas algas, las estudiamos junto con el Instituto Nacional de Desarrollo Pesquero (INIDEP) en la Bahía Samborombón, una de las zonas de cría de la corvina rubia”, explicó.
El monitoreo
El hallazgo de la Heterocapsa claromecoensis se dio en el marco de un proyecto de monitoreo de microalgas nocivas y de toxinas en moluscos bivalvos de la costa bonaerense que la tresarroyense y su equipo llevan adelante, desde 2008, en conjunto con la Dirección Provincial de Pesca del Ministerio de Desarrollo Agrario de la Provincia de Buenos Aires y con el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA). “Vemos muestras de dos zonas costeras de la provincia, la Zona Norte desde San Clemente del Tuyú hasta Mar Azul, en donde hay bancos naturales de almejas y berberechos, y la Zona Sur en Bahía Anegada, en donde además se realizan cultivos y extracción de ostras de banco a escala comercial”, puntualizó Inés.
“Para poder mantener nuestros cultivos en el laboratorio necesitamos agua de mar y en varias oportunidades, cuando voy a Tres Arroyos a ver a la familia, he ido a buscar agua pasando el Faro, a cercanías del Pozo de Alonso. Por ello, aunque no es parte de nuestras zonas habituales de muestreo, he sacado muestras y hemos logrado aislar y mantener cepas de la Heterocapsa publicada”, aseguró.
El proyecto de monitoreo tiene como objetivos, adquirir una capacidad de predicción de la iniciación, duración y desaparición de los eventos nocivos sean estos toxígenos o no toxígenos, proteger los recursos costeros hidrobiológicos y la salud pública mediante el establecimiento de un sistema de control de ficotoxinas (ASP, PSP y DSP, es decir amnésicas, paralizantes y diarreicas) en productos destinados al consumo humano a fin de asegurar la calidad sanitaria de alimentos marinos, dar protección sanitaria al turista, y generar la información de base necesaria para la clasificación de zonas de recolección y producción de moluscos, según lo exige la normativa vigente, cuyo cumplimiento permite acceder a mercados internacionales.
En el monitoreo se analizan las muestras de fitoplancton de las dos zonas costeras, y las muestras de moluscos, berberechos, almejas u ostras, son enviadas a SENASA, en el puerto de Mar del Plata o a la sede en Martínez, y ellos hacen los análisis de toxinas. “Con los resultados de los dos tipos de análisis armamos los informes y los presentamos a la Dirección de Pesca (DPP), que es la autoridad de aplicación en la Provincia. Si hay toxinas en niveles que superen los límites regulatorios, la DPP es la que establece las vedas a la extracción y consumo de moluscos y emite los comunicados a los municipios costeros involucrados. Para poder levantar una veda se necesitan dos análisis de toxinas negativos consecutivos”, indicó.
En ambas zonas se han detectado varias especies que son potenciales productoras de ASP, PSP y DSP. Y de hecho, como ya se mencionó, en los últimos años en la Zona Norte se han establecido vedas de muy larga duración, más de un año, por toxinas diarreicas.
“Además del trabajo del monitoreo, cuando encontramos especies interesantes por sus características, por su diversidad o porque pueden ser nuevas, las identificamos bajo microscopio óptico y tratamos de aislarlas y cultivarlas para facilitar su análisis con microscopio electrónico de barrido o transmisión y análisis moleculares y de toxinas. Actualmente al grupo de trabajo lo dirigimos con la doctora Eugenia Sar, especialista en diatomeas marinas, y tenemos tres estudiantes de doctorado de la FCNyM, Andrea Lavigne, Jonás Tardivo Kubis y Delfina Aguiar Juárez, Jonás y Delfina son becarios de la Universidad Nacional de La Plata y de CONICET, respectivamente. Hace unos años, desde 2017, nos contactamos con un grupo de investigación del Instituto Español de Oceanografía, con los doctores Francisco Rodríguez Hernández, biólogo marino especialista en análisis moleculares, y la doctora Pilar Riobó, especialista en toxinas marinas del Laboratorio de Microalgas Tóxicas del Centro Oceanográfico de Vigo. El trabajo sobre el dinoflagelado Heterocapsa claromecoensis y otro que ya está aceptado para su publicación sobre otro dinoflagelado, Prorocentrum texanum, son resultados de esa colaboración”, explicó.
Respecto de este último, la tresarroyense comentó que “a las revistas especializadas se les manda el trabajo, lo devuelven para revisar y se les vuelve a enviar. Estamos en el proceso de algunas revisiones menores sobre este Prorocentrum texanum, descripto desde el Golfo de México, en la zona de Texas, Estados Unidos, que en esa zona produce toxinas diarreicas. Sin embargo, las cepas que nosotros hemos analizado no han producido toxinas, pero es importante analizarlo porque podría estar entre las razones para establecer vedas tan largas en el consumo de moluscos bivalvos”.
“Son muchas las posibilidades que nos da el trabajo con la biología: viajes, congresos. Estamos por allí un poco limitados a veces con los recursos, pero la tarea en equipo siempre es interesante”, concluyó Inés.

Sunesen forma parte de un proyecto de monitoreo de microalgas nocivas y toxinas en moluscos bivalvos en la costa bonaerense

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En muestras de agua que suele llevarse de Claromecó para sus cultivos en el laboratorio platense, Inés encontró la Heterocapsa que luego llevaría el nombre claromecoensis

En muestras de agua que suele llevarse de Claromecó para sus cultivos en el laboratorio platense, Inés encontró la Heterocapsa que luego llevaría el nombre claromecoensis

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