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EL TRESARROYENSE FRANCO BURATTINI Y SU TRABAJO EN LOS EFECTOS ESPECIALES DE MAS DE 400 PELICULAS

Fabricante de ilusiones

Las más de 120 armas que se usaron en la película sobre el asesino Robledo Puch, los cuchillos de “El Patrón”, las peleas de Monzón, explosiones, sangre y fuego de unos 400 largometrajes, producciones para HBO y Netflix pero también para las hollywoodenses Warner y Focus llevan el sello del tresarroyense Franco Burattini. Lleva 20 años trabajando en efectos especiales para cine, y aunque sigue defendiendo las películas de bajo presupuesto con las que se inició, hoy su nombre está en los títulos de ‘tanques’ como “La odisea de los giles” y “El robo del siglo”. En exclusiva, “El Periodista” trae su historia

Septiembre 2019
Franco Burattini y Jorge Román, coordinando las peleas de la serie “Monzón”

Franco Burattini y Jorge Román, coordinando las peleas de la serie “Monzón”

Un cuchillo real; otro idéntico, pero que resulta una réplica rígida. Un tercero, de goma para intervenir en un entrevero. Y un cuarto, retráctil, que despide “sangre” cuando se lo apoya con fuerza sobre el pecho del actor en “El Patrón”, uno de los éxitos argentinos de Netflix. Las pistolas que el “Angel” Robledo Puch usó para sus espeluznantes crímenes y que “Toto” Ferro sostiene, acostado sobre una cama con aire displicente en el afiche del film, y que además son copiadas casi con exactitud pero lisas en uno de sus lados, para que pueda usarlas sin lastimarse cuando anda en moto durante el rodaje. Las explosiones para una película extranjera que, si funcionan en vivo, quedarán perfectas en el resultado final. La “coreografía” de las peleas, que deben lucir igual de desordenadas que en la vida real, a los tumbos, pero creíbles ante los ojos del espectador. Un mundo de magia en el que la creatividad suele suplir al presupuesto, en la que hay que trabajar mucho de manera artesanal, recorrer kilómetros, vivir la ansiedad de las producciones, que son intensidad pura cualquiera sea su dimensión. Ese es el mundo en el que vive, y crea artificios que parecen reales, el tresarroyense Lanfranco Burattini, al que en adelante llamaremos Franco porque así lo conoce la industria del cine.
Creador de Piromanía FX, una empresa de efectos especiales, armas, explosiones y stunt (escenas y trucos de acción), trabaja desde hace 20 años en cine, televisión y también en streaming, que marca el presente de la realización audiovisual por el gran impacto de plataformas como Netflix. En estas dos décadas, su laburo puede apreciarse en unas 400 películas, entre ellas el nuevo boom del cine argentino “La odisea de los giles”; más de 1500 rodajes y 200 publicidades. Ha trabajado para filmes y series extranjeros y argentinos de realizadores reconocidos por el mainstream pero también para el cine independiente, y hace un tiempo abrió la única oficina de Piromanía FX en el exterior: eligió Paraguay, un lugar donde apenas se han rodado unas 50 películas en toda su historia y, después de la exitosa “7 Cajas”, emergió una industria a la que vale la pena atender.
“Llevamos a la imagen el sueño de directores y guionistas”, dice en la web de su empresa. En la charla con “El Periodista”, el entusiasmo con el que cuenta cómo encara su trabajo va ganándole espacio, y viceversa, a sus reflexiones sobre la actualidad de la industria cultural. Y resulta apasionante. “Hoy estoy trabajando en ‘Entre hombres’, una realización para HBO Latin América, para quienes ya estuvimos también en ‘El Jardín de bronce’ 1 y 2. Se contrata, por medio de Pol - Ka y HBO, una productora ejecutiva que a su vez arma un equipo de trabajo del que formamos parte y ya llevamos unos cinco proyectos. No todos con Pol-Ka y HBO, pero dentro de un mismo equipo de producción. Vivo en Buenos Aires, y este año ha sido tranquilo por el tipo de producciones en los que me han llamado, pero me falta trabajar solamente en tres provincias. Y en Paraguay armé una pequeña sucursal. Allá, de las 50 películas que se filmaron, 35 están perdidas, 15 son contemporáneas y yo trabajé en siete, así que nuestra influencia allí ha sido importante. Después del éxito de ‘7 Cajas’, que tuvo algunos problemas con los fogueos, me llamaron para una que estaban preparando, más importante, y un argentino que está trabajando allá me llamó y fui. Además, con los directores de ‘7 Cajas’, Juan Carlos Maneglia y Tana Schémbori, hicimos una amistad. Paraguay es un país maravilloso, una gente hermosa. Pero básicamente donde me llaman voy. Estos últimos años se ha hecho menos cine, cuesta más. Este año estuve en Misiones, donde ya he participado de unas ocho películas. Y lo lindo de viajar es que en cada provincia, después de 20 años, uno va haciendo amigos y conoce a todos”, cuenta.
“En una película tenés tres grupos: actores y extras, que están frente a la pantalla y que tienen sus sindicatos; el equipo técnico, que también tiene el suyo como trabajadores cinematográficos, y los proveedores, que cuando se creó el sindicato no figuraban esos roles. Los que te llevan los perros, los autos, las armas, el catering, somos todos subcontratados. Y la realidad es que hay pocos en cada rubro, por eso, cuando estás establecido, trabajás mucho porque, por ejemplo, en lo mío habrá unos seis o siete más. Y probablemente varios estén comprometidos con determinadas productoras para sus proyectos, y por ahí no le atienden el teléfono a una producción independiente o del interior porque no pueden. Yo voy a todos lados. Además, un equipo como el nuestro, de dos personas, también significa menos gasto para alguien que está filmando en el sur, por ejemplo, y se le hace difícil costear el traslado de cuatro o cinco personas. Y esa plata que se ahorran les sirve a nivel del presupuesto, porque si bien todos cobramos más o menos lo mismo, si la logística, que es un tema central porque es uno de los costos más importantes de cualquier actividad, te cuesta menos, ya es algo a tomar en cuenta”, advierte Franco.
Además de poder con el ritmo intenso de rodajes y producciones, Burattini es docente. “En realidad soy un técnico que da clases. En la Universidad del Cine, en la escuela de Efectos Especiales y en una academia de actuación, en la que les doy charlas a los actores para que puedan involucrarse en la parte técnica, y medio a lo Viejo Vizcacha les transmito mi experiencia de trabajo. Porque llevo muchos años haciendo esto, y cuando pienso en el número de películas en las que he estado en estos 20 años, es tan grande que asusta. Pero lo hago porque tengo necesidad, en casa somos cinco con la última bebé que nació y en el taller tengo tres chicos trabajando. Por eso entiendo que puedo transmitirles a actores y actrices que, aunque hay algo de magia alrededor de nuestro laburo, es un trabajo como cualquier otro. Estos días, por ejemplo, estaba en un rodaje en el que entraba a las 5 de la tarde y salía a las 5 de la mañana. Llegaba y lo acompañaba a mi hijo más grande al colegio y recién después me iba a dormir. Algo bastante alejado de la visión romántica que suele tener la gente sobre el mundo del espectáculo”, ejemplifica.

Engañar a la cámara
“Lo que yo hago engaña a la cámara. Hago que pasen cosas frente a la cámara que no van a pasar naturalmente. Desde una nevada, una lluvia, hasta una botella que se rompe en la cabeza de un actor, pasando por el fuerte nuestro que es todo el manejo de armas, fogueos, explosiones. Nosotros vinimos a cubrir un bache que se creó a partir de la quiebra de una empresa grande, y hoy por hoy, en las producciones más grandes –porque son las más reconocidas pero no necesariamente las mejores- entramos como proveedores de armas. Y así hemos estado en ‘La odisea de los giles’, ‘El cuento de las comadrejas’, ‘El ángel’, ‘El clan’, con una productora muy grande que por suerte nos viene convocando desde hace seis o siete años. Con ellos también hicimos armas en la serie de Maradona y en la película ‘El robo del siglo’, sobre el robo al Banco Río, que todavía no se estrenó pero seguramente va a generar mucha repercusión porque están Guillermo Francella, Diego Peretti. Pero también hacemos producciones más chicas, de las que se llaman de segunda vía. Mucho cine de género, terror, en el que hace falta crear climas, generar efectos, recrear mucha muerte, mucha sangre. Pero siempre trabajando frente a cámara”, describe.
Contra lo que la mayoría de la gente supone, cuando imagina que los efectos especiales de una película se generan con una computadora, Franco y su equipo llevan a cabo una tarea que tiene mucho de manual y artesanal. “Eso es carísimo. Han bajado los costos pero hacer las cosas bien lleva muchas horas hombre, y los resultados son tan variables que por ahí es cierto que lo puede hacer un chico en su casa, o el propio director con su computadora, o un equipo de 40 personas, pero el tema es cómo va a quedar. En nuestro caso, y es interesante aclararlo porque muchas veces se cree que nos vamos a quedar sin laburo por el avance de la computadora, la ventaja es que lo que hacemos se ve en vivo, y si sale bien es porque funcionó y no va a haber ninguna sorpresa. Pasó en dos películas hace un tiempo; la empresa de efectos especiales los estafó visualmente, lo que hicieron no era verosímil. Una estrenó igual, sabiendo que el material estaba mal, y la otra paró todo e hizo todo de cero. Pero con un costo tremendo”, cuenta Franco, que en una de las dos se prendía fuego a lo ‘bonzo’ –él mismo, haciendo de doble-.
Entre otros servicios, Piromanía FX simula efectos climáticos y, en lo que resulta su ‘fuerte’, reproduce escenas de violencia. “Nosotros nos ocupamos de crear el matafuegos de goma con el que le van a pegar a un personaje en la cabeza; y de los trucos con cuchillos, espadas, lanzas, rotura de objetos, vidrios, paredes, mesas y obviamente del fuego, por eso somos Piromanía. Hoy trabajamos mucho en videoclips de trap, un género para el que nos piden mucho el fuego… Y me tuve que meter en un mundo que no conocía y con muchas particularidades, porque me pasó de no saber quién era el artista para el que iba a trabajar, con mucho respeto, y ver después en YouTube que el video tenía, a los dos días de colgado, ¡tres millones de visitas!”, comenta Franco.

Nuevos consumos culturales
Sobre estas nuevas tendencias, y la circulación que hoy tiene lo audiovisual por soportes distintos a los tradicionales -como las plataformas de streaming- Burattini considera que “fueron apareciendo casi en paralelo con un cambio de política cultural, y sin buscar orientar esto hacia la política, está claro que cuando hay un cambio en ese aspecto, también se modifican las cuestiones laborales en nuestro ámbito. Bajó mucho la cantidad de películas de segunda vía, de menor presupuesto, y se destinó un mayor apoyo a las de primera vía. Pero surgió a la vez, que a nosotros nos sirvió mucho comercialmente, una explosión de proyectos para multiplataformas que empezaron a producir para Latinoamérica acá, como Netflix, Amazon y HBO, que si bien no es una multiplataforma, su estructura es similar. Y eso nos ayudó mucho porque se bajó la cantidad de trabajo pero entramos en proyectos más grandes”, describe Franco.
“Hoy, la verdad, es que estoy más atento a cómo se mueve el mercado que a la forma de hacer un tiro, porque esto ya lo tengo resuelto hace años. Hay que estar atento a estas cuestiones, porque de más de 100 películas por año se bajó a 80, o a 40, esto es un hecho comprobable. En el micromundo del espectáculo, que es bastante pequeño y en el cine es más chiquito aún, porque quizá no somos más de 3000 personas trabajando, hay gente que la está pasando mal. Y esto no es un juicio de valor, es lo que pasa. Muchas veces se habla de este ámbito con errores de información, y para mí, poder compartir lo que uno sabe de la mejor forma posible, porque es el lugar donde se ha puesto el laburo y el corazón, es importante. Porque tiene su magia esto, pero se hace con gente de carne y hueso”, advierte.

Lo que viene
Mientras tanto, los días de Franco Burattini pasan por terminar algunos proyectos con HBO y una película de terror para dos directores amigos y referentes del género, Daniel de la Vega y Hernán Findling. “Además estamos terminando otra película para un director de publicidad que conozco desde hace mucho tiempo, y viene una serie para afuera, para multiplataforma, de la que no puedo contar mucho por los contratos de confidencialidad que firmamos. Y hay otra película grande, que es de la productora Aeroplano, así que hay mucho trabajo por delante”, asegura.
“No es algo menor en una situación como esta, sobre todo para nosotros que somos una pyme, un equipo de trabajo, no tenemos ni helicópteros ni submarinos (risas). Por ahí el trabajo nuestro hace ruido porque podemos estar en películas importantes, pero no dejamos de ser cuatro laburantes. En ‘El Angel’ (el film sobre Robledo Puch) lo nuestro se lució mucho porque llegamos a tener 120 armas en escena, entonces uno lo ve y llama mucho la atención, la película quedó muy linda y el actor, Toto Ferro, estuvo muy bien realmente”, considera Franco.
El tiempo de “cosecha”, en tanto, llegará cuando aparezca alguna producción extranjera a filmar al país, como ocurrió con “Operación finale”, protagonizada por Ben Kingsley (Gandhi, La isla siniestra) y de la que Piromanía formó parte. “Como trata del secuestro de Eichmann por el Mossad, se hizo acá porque de hecho Eichmann estaba viviendo en el Gran Buenos Aires. Se recrearon en Bariloche escenas que pasaban en Suiza y en la Alemania nazi, un bar israelí se hizo acá en San Telmo, y en el auditorio Belgrano se escenificó el juicio a Eichmann en Israel. Y esto, claramente, es trabajar en Primera, con contratos con la Warner Brothers, con Hollywood literal, ¡mamá! También hicimos algo para Focus, con Will Smith; y trabajamos para un videoclip de Madonna. Eso es un ratito, pero mientras tanto seguimos con el cine de acá, que se puede ver en Cine.ar, y de hecho si entran ahí, en la mayoría de las producciones hemos participado. Este es el mercado en el que más trabajamos y más apoyamos, porque nuestro equipo nació ahí, y aunque hoy tengamos producciones más grandes, nunca descuidamos eso. Siempre hay que tener los pies sobre la tierra, y buscamos que nos reconozcan por el laburo, que nos llamen y que se siga produciendo. No mucho más”, concluye.

La mesa de presentación de armas de “El robo del siglo”

Un bar israelí recreado en Buenos Aires para la película “Operación finale”

Ben Kingsley y otros actores en el rodaje de “Operación finale”

El afiche de “El Angel”; Toto Ferro empuña un arma provista por Piromanía FX, la empresa de Franco Burattini

Guillermo Francella y Diego Peretti en el rodaje de “El robo del siglo”, con un arma provista por Piromanía FX

El tresarroyense Franco Burattini y la actriz Geraldine Chaplin

El Puma Goity en “Entre hombres”, producción de HBO. Lleva un arma de la empresa del tresarroyense Franco Burattini

“Jardines de Bronce”, de HBO, producción internacional para la que trabajó el tresarroyense

El afiche de “La odisea de los giles”, donde Franco Burattini está en los títulos

Franco Burattini formó parte de la producción de la serie “Maradona, sueño bendito”

En pleno rodaje, Franco Burattini y un actor

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