Municipalidad Tres Arroyos

notas edicion de papel

PASAPORTE - PAOLA SAN PEDRO Y SUS 15 AÑOS DE RESIDENCIA EN MADRID

En la cocina de la Madre Patria

La tresarroyense logró, desde su llegada a España, trabajar en gastronomía. Con talento y esfuerzo, tuvo hasta su propio emprendimiento, una pizzería en El Rastro, y hoy forma parte del equipo de un restaurante en Carabanchel. Mientras extraña los zapallitos rellenos argentinos, compartió con “El Periodista” su mirada sobre la vida y la movida madrileñas

Febrero 2021

Madrid es la puerta de Europa a un mundo de cultura, monumentos y tapas. Entrada y salida del Viejo Continente, con aires reales y cortesanos, su garbo y esas calles peatonales que invitan a caminarla. Allí vive desde hace 15 años la tresarroyense Paola San Pedro, que llegó en 2006 y logró rápidamente su objetivo de conseguir trabajo, aunque de manera informal, ya que no era fácil obtenerlo con todos los requisitos legales. A partir de 2009 con la recordada crisis se intensificó la solicitud de papeles, cambió el gobierno, se endurecieron las medidas con los inmigrantes y todo se hizo complicado.
Desde entonces no volvió, pero la tecnología le permitió estar en contacto con su familia tresarroyense. Especialmente por un lazo que tiene con su sobrina de 6 años que pregunta todos los días por la tía Paola y con quien conecta a través de los medios audiovisuales que ofrece hoy la tecnología.
“Ella me llama casi todos los días, en algunos casos en la madrugada española solo para preguntarme qué estoy haciendo, que le muestre mi casa, que vendrá a visitarme y demás. Y por otro lado el contacto con mis padres y con mis hermanas que están muy activas en sus negocios. Ahora vino a España una prima de Tres Arroyos que consiguió trabajo en Andorra y después bajó a Barcelona, una ciudad en la que estuve y me ha encantado. Yo estaba bien en Tres Arroyos pero un día decidí salir al mundo a conocer cosas nuevas, abrirme en otro panorama y tratar de auto sustentarme con mi trabajo. Ahora con el tema del Covid estoy con media jornada, pero otra parte me la paga el estado al estar en el sistema laboral del país. Desde que llegué a Madrid trabajo en gastronomía y actualmente en el restaurante de un amigo español en el barrio Carabanchel, un sector donde viven trabajadores y frente al Palacio Vista Alegre donde se hacen corridas de toros y otros eventos. Estamos en un distrito densamente poblado, con parques de descanso, un gran hipermercado, una sucursal de ‘El Corte Inglés’ y mucho movimiento. Ya llevo dos años trabajando con él y nos va bien”, cuenta.
Madrid es una gran ciudad y para la gastronomía, que es una actividad muy importante y mueve mucho dinero, se obtienen los contactos por amigos que se conocen y se recomiendan. Eso fue un poco lo que le allanó el camino a Paola, que nunca se fijó en horarios, sino que se esmeró para ser considerada por su esfuerzo y conocimientos. Con ese deseo de progresar intentó en un par de oportunidades su propia empresa, aunque con resultados diversos.
“Hace unos tres años montamos con un socio una pizzería en El Rastro pero si bien no nos fue mal, no colmó nuestras expectativas. De todos modos, si tuviera que emprender una pizzería en el futuro volvería a El Rastro, por lo bonito que es y la esencia que tienen sus domingos a la hora del vermouth. Siempre me moví trabajando por la noche por lo que ese horario de día me cambió el chip y lo disfruté mucho. Allí iban a mediodía el famoso modisto Pelayo, de la TV y Tristán Ulloa un director de series de Netflix, que siempre nos visitaba con su mujer, la argentina Carolina Román, actriz de teatro con la que aun mantengo una muy buena relación. En otra oportunidad abrimos un negocio con otro amigo en Granada, pero viviendo yo en Madrid me di cuenta que no era posible manejarlo a la distancia. Yo estaba en la capital, muy bien económicamente y no quise dejar lo seguro para ir a vivir a otro lugar”.
Los comienzos y el hoy, con la pandemia
Todo comenzó hace 15 años en un bar y restaurante llamado “La Recoba”, en la calle Magdalena 27, que cerró hace 4 años y ahora dio lugar a una panadería muy bien puesta. “La Recoba” era de Franco y Marta, un matrimonio argentino que se vino del conurbano bonaerense y abrió un lugar ideal para la bohemia madrileña en pleno barrio Antón Martín, muy cerca de la plaza de Tirso de Molina, donde vivió mucho tiempo Sabina. “Ahí conseguí trabajo y estuve 4 años. Allí se podía comer hasta las 6 de la mañana y venían artistas como Rafael Amargo, Joaquín Sabina, Javier Bardem, Penélope Cruz y Diego el Cigala. Allí los conocí a todos. Hasta que cerró y me fui a trabajar a una Escuela de Flamenco.
“Siempre en Madrid, que es una ciudad que me encanta y tiene rinconcitos que se descubren y donde te enamoras de cada barrio. Además el español al principio no se da tanto, pero cuando te conoce te demuestra que es abierto, amable y generoso. Tengo también amigos catalanes, vascos y se brindan. Son amigos para siempre”.
Pero Paola nos cuenta que por el Covid, la noche madrileña, tan viva y burbujeante siempre, no escapa a la realidad de todos los países. “Los bares y restaurantes cierran a las 10 de la noche por los índices súper disparados y debemos concientizarnos. La única salida que hago, más allá de mi trabajo, es a un médico nutricionista, con el cual he bajado 16 kilos de peso, lo cual me pone muy contenta y con quien conversamos siempre sobre esta pandemia. El ya se dio la vacuna y se siente muy bien por lo que me recomendó que hay que hacerlo y no renunciar a las posibilidades que tenemos, porque esto es algo parecido a una guerra frente a un enemigo invisible, al que debemos atacar con conciencia individual que no vemos generalmente. Pedimos conciencia social pero no podemos depender del otro. Cada uno tiene que confinarse en lo posible, evitar las reuniones sociales, cosa muy difícil en Madrid, donde siempre nos encontramos para tomar una caña de cerveza en el bar.

Hacerse un lugar
Se ve que tu vida ha sido de trabajo y esfuerzo buscando un lugar que te de bienestar y eso da orgullo, porque fue solo por méritos tuyos. Nadie te regaló nada.
La verdad es que yo no vine a “hacer la Europa”. Ha sido para conocer otro tipo de vida. Un sueldo aquí no te da un pasar con muchas disponibilidades, pero vivís bien y te podés dar un gusto de vez en cuando si te administrás bien. Te podés comprar un par de buenas zapatillas, ropa y si querés salir a cenar podés hacerlo, pero obviamente, trabajando. Madrid es una ciudad barata para el panorama general de Europa y en el Norte de España todo es mucho más caro. Pero todo depende del nivel de vida que lleves y el trabajo que tengas. Hoy la pandemia ha deprimido fuertemente al negocio gastronómico, los sueldos son bajos, aunque algunos tenemos otros privilegios por la antigüedad, porque te conocen o porque estás bien vista. De todos modos no da para grandes erogaciones. Un alquiler en el centro de Madrid lo tenés a 700 euros. Muchos tienen que compartir alojamiento. Yo por suerte vivo sola, pero eso también lo hice con sacrificio, siempre buscando una oportunidad y logrando vivir cerca de los lugares donde trabajo, porque te lo ganas en tiempo, en salud y sin estrés. Ahora trabajo en Vista Alegre y vivo en Carabanchel por lo que estoy de mi trabajo a 5 cuadras de mi casa. En 10 minutos estoy en mi lugar de empleo y eso lo agradezco. Y cuando quiero desplazarme a otros barrios de Madrid tengo un bono que por 55 euros me permite viajar los 30 días, todas las veces que quiera en el metro o el autobús. Yo estoy en el centro en 15 minutos y tengo los transportes en la esquina de mi casa. Estoy muy contenta y viviendo sola.
¿Qué hacés en tu tiempo libre?
Voy a la piscina, hago deportes, me gusta caminar mucho por Madrid y me encantan las tiendas y la ropa. A veces me hago una escapada a algún pueblo cercano y estoy en un plan de cuidarme, con el nutricionista, natación y los resultados que me estimulan porque he bajado 16 kilos de peso, ya que estuve excedida por el confinamiento. También en 2019 me fui de vacaciones a Sitges, una playa gay en la Costa Brava de Cataluña, realmente bellísima, en la línea de costa de Barcelona, Girona y Tarragona. Además estuve 4 veces en Granada, un lugar con mucha historia, en Toledo y otras ciudades cercanas a Madrid. En 2020 quise repetir mis días de descanso en Sitges, pero no me lo permitió la pandemia.
Y te has convertido a través de esta década y media, en una experta en la gastronomía española…
Pues he aprendido bastante. Siempre he sido muy curiosa y he estado preguntando y observando, para darme el gusto de crear, aunque me gusta mucho la relación con la gente como encargada de sala. Tenemos un salón muy lindo con una terraza de verano que se puede abrir durante 9 meses. Trabajo 40 horas semanales y a veces agrego horas extras que mejoran mi economía y me permiten estar activa. En mi casa hago algo de bricolage, pero ya la he decorado toda, de manera que no es mucho lo que puedo hacer. Además en noviembre le insistí a una de mis hermanas para montar un negocio en Balneario Reta y le va bien, por lo cual estoy muy contenta. Mis dos hermanas también son muy trabajadoras y ese es producto de la enseñanza de nuestros padres, que nos han inculcado una buena educación. A propósito de la dedicación al trabajo, he aceptado una invitación de una entidad benéfica y di charlas a jóvenes en los colegios, sobre las responsabilidades que les llegarán, el respeto a sus padres y todos esos consejos que valoro.
En estos 15 años de residencia en Europa, ¿ahora extrañas alguna cosa de Argentina?
A veces busco la comida argentina. Por ejemplo, aquí en España casi no existen los zapallitos verdes, redondos, que comíamos rellenos en nuestro país. Solamente se consiguen en La Rioja y siempre estoy con el deseo de viajar hasta allí a comer los zapallitos. En Madrid hay muchos restaurantes argentinos, pero lo que más se extraña son las costumbres de nuestro país que son las visitas espontáneas y esos encuentros informales que se dan siempre. Eso de que voy a la casa de un amigo y le golpeo la puerta, aquí no existe.
Teniendo en cuenta aquella calificación de “sudacas” que se daba a los latinoamericanos, ¿se torna difícil alcanzar posicionamientos allí?
Los argentinos estamos muy bien vistos en España. Siempre dicen que nuestro país es la Europa de Sudamérica. No son tan bien calificados los que llegan de Ecuador. Colombia, Perú o Venezuela. A ellos los consideran “sudacas”. Pero un español escucha a un argentino hablar y le encanta. Los que son mal vistos son los marroquíes.

Postales de Madrid
Y la charla luego pasa por los barrios madrileños, tan integrados pero a la vez distintos entre sí. La Puerta del Sol, o Sol como la llaman los locales, en el kilómetro cero del reino, junto a la escultura del Oso y el Madroño. Y de allí caminando por la calle Postas llegar a la Plaza Mayor, donde abunda el tapeo y los bocados de jamón ibérico acompañado por cañas con cerveza. O pasar en el pintoresco Mercado San Miguel con sus alimentos frescos y sus barras al paso.
“La zona de Lavapiés era muy conflictiva, pero en estos años ha resurgido mucho porque una parte del ambiente gay que estaba en Chueca, toda gente de dinero, se ha venido a Lavapiés y se ha conformado una mezcla cultural que ha jerarquizado el lugar, donde vivían muchos marroquíes que eran personas de conflicto y se fueron del barrio. Ahora hay allí sitios muy cool y amenos. También en la zona de Sol las gitanas rumanas te robaban, pero han sido corridas por la policía. Al lado de Chueca está Malasaña, que era una zona de prostitutas, especialmente en la calle Vallescas y Montera y ahora hay bares, se ve otra gente y está mucho más controlado. Están también el sector de Fuencarral con diseños vanguardistas y el barrio Las Letras, con anticuarios y librerías. Turísticamente Madrid ha avanzado mucho”, advierte.
Claro que Madrid no sería Madrid si le quitaran su vida nocturna, con los bares de copas, las tapas, los restaurantes y los tablaos flamencos.

Nostalgias
“Y este contacto con vuestro medio periodístico me trae nostalgias por mi familia y algunos amigos como Marco Azmat, el músico con quien trabajé cuando yo tenía 20 años. También a Carolina y a Javier Stiglich con quien me escribo. Conozco a sus familias y a mucha gente de allí aunque el tiempo hace que te olvides de algunos por la falta de contacto. Pasa que estoy ocupada mucho tiempo por mi trabajo en una tarea de hormiguita que va paso a paso, pero siempre concentrada en que las cosas y las responsabilidades que me asignan vayan bien. Si tienes un golpe de suerte, fantástico, pero no te puedes dormir en el golpe de suerte. La experiencia me la dio la vida; he estado arriba, en el medio y abajo. El punto es el equilibrio y no caer tanto en los extremos. Hacer pasos pequeños, pero seguros a mis 41 años”, dice Paola.
Con monarquías cuestionadas en el mundo, ¿sigue igual el respeto y la idolatría del pueblo español por la figura de sus reyes?
Por todos los reyes. Los magos de Belén a los que les dedican todo su cariño en el desfile que se hace con un gran despliegue en la comunidad de Madrid. Y el rey del gobierno que es muy bien visto, más allá de los cuestionamientos a su padre, el antiguo rey Juan Carlos, por el manejo supuestamente irregular de dineros. Aquí el rey sigue siendo el poder absoluto y la monarquía está por sobre el gobierno democrático. A la hora de tomar decisiones el rey es el que tiene la última palabra.
Sigue siendo España un país muy apegado a la religión católica.
Seguramente. Este año por la pandemia se ha suspendido la celebración de la Semana Santa, que es muy bonita. Sacan de todas las iglesias a las vírgenes y la gente las acompaña orgullosamente en las procesiones. No solo en Madrid, sino también en Sevilla, Málaga, Alicante y toda España.
El fútbol también es otra pasión.
También, aunque no tanto como en Argentina. Ahora está cambiando su estadio el Atlético del Cholo Simeone. Lo han quitado del centro y se trasladan al Panda en las cercanías de Madrid. Existe el fanatismo, pero no son agresivos.
Y en la música, ¿qué argentinos se destacan?
Por mucho tiempo fue Calamaro y también he escuchado hablar de Abel Pintos que hizo un tema con Malú. He visto aquí a Coti y a Fito Páez. Y en 2019 fui a ver el concierto de Raphael, por mi amistad con Petrocheli, un músico argentino que surgió en las noches de “La Recoba” y hoy está en las giras como pianista de Raphael.
Ahora Paola está terminando trámites y papeles para volver a su Argentina, contenta por su presente. Mientras espera el momento de reencontrarse con sus padres Roberto y Marta, sigue con su compromiso con el trabajo y recorriendo la magnífica capital española, una ciudad que seduce por el Paseo de la Castellana, la Puerta de Alcalá, la Gran Vía, el Palacio Real, el Museo del Prado y tanta experiencia grata presta a darnos la bienvenida cuando decidamos volver.

Madrid es la puerta de Europa a un mundo de cultura, monumentos y tapas: allí vive Paola San Pedro

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