Municipalidad Tres Arroyos

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LA PROFESORA TRESARROYENSE PAOLA CASTELLI Y SU EXPERIENCIA EN NEUROEDUCACION

El cerebro se educa

La tresarroyense Paola Castelli es pionera en la zona en la difusión de las neurociencias y su aplicación en el ámbito del aula. Como resultado de la aplicación del conocimiento del cerebro y las emociones, se consigue una mejor retención de lo aprendido, y se favorece el desarrollo de un ambiente más positivo para interactuar con el conocimiento y concentrarse, entre otros interesantes aspectos. Capacitadora de docentes y profesionales de distintas disciplinas, Paola habló con “El Periodista” de un tema tan actual como apasionante

Junio 2019
“Neuroeducación es la aplicación en el ámbito áulico del conocimiento del cerebro y de cómo transmitirlo para que llegue a docentes y alumnos”, sostuvo Paola Castelli

“Neuroeducación es la aplicación en el ámbito áulico del conocimiento del cerebro y de cómo transmitirlo para que llegue a docentes y alumnos”, sostuvo Paola Castelli

Las neurociencias, concepto científico relativamente moderno (su desarrollo tiene origen hace no más de 30 años) son entendidas como un conjunto de disciplinas que estudian el cerebro, con el objetivo final de volverse un mejor ser humano. Conocerse a sí mismo, gestionar las propias emociones, reconocerlas y regularlas en la interacción con los demás se mencionan como algunos de sus postulados.
Dentro de ese contexto, subyace otro más específico que se desarrolla dentro de la escuela, y es el de neuroeducación. “Se trata básicamente de la aplicación en el ámbito áulico del conocimiento del cerebro y de cómo transmitirlo para que llegue a docentes y alumnos. La premisa apunta a una mejor retención del aprendizaje, a crear un ambiente resonante, a fortalecer lazos emocionales y a trabajar de acuerdo a determinadas pautas”, resume a modo de introducción Paola Castelli, una de las más fervientes promotoras de este nuevo saber en nuestro medio.
Castelli es profesora de inglés egresada de la Universidad de Mar del Plata, pero además se capacitó en neuroeducación en claustros de Estados Unidos (San Diego y Texas, en 2015), además de haber concretado un Posgrado en Neurociencias y Emociones en el Aprendizaje en la Universidad de Villa María, Córdoba, en 2018.
Una de las estrategias centrales de la neuroeducación guarda relación con la posibilidad de convertir el aula en un lugar apropiado para el acto educativo, generando un ambiente ideal para que el cerebro esté en condiciones óptimas de aprender.
“Si una persona tiene frío o calor, está incómoda, tiene hambre o sed, su cerebro se concentrará primeramente en esas necesidades y no ya en el proceso de retener conocimientos. Desde este punto de vista, hay un montón de cosas que se pueden favorecer”, agrega la entrevistada.
Y esboza un par de situaciones concretas a modo de ejemplo: “en todas las aulas debería haber agua al alcance de los alumnos, porque sin su ingesta durante un tiempo prolongado el cerebro sufre. Lo mismo sucede con cambios en la disposición de los bancos, o en el uso de luz natural”.
Desde el inicio del ciclo lectivo 2019, Paola está capacitando en neuroeducación a todos los docentes del Colegio Sagrado Corazón de Coronel Pringles (de gestión privada), en una experiencia que sostiene la idea de fomentar una nueva variante a la hora del desarrollo del proceso enseñanza-aprendizaje.
“Otra de las cuestiones importantes -amplía-, tiene que ver con la concentración y con la posibilidad de permitir desplazamientos de los alumnos dentro del aula. Está comprobado que el cerebro mantiene la concentración durante una cantidad de minutos equivalente a su edad cronológica más dos, proceso que se detiene cuando madura. Es decir, en un adulto el tiempo máximo de concentración es de 25 minutos. Erik Jensen, uno de mis profesores en la capacitación que realicé en Estados Unidos, señalaba en sus clases que una persona puede dar tranquilamente una conferencia o charla para un auditorio quieto, pero si se supera el límite de atención el cuerpo de cada uno de ellos estará presente, pero su cabeza viajará por cualquier lado, perdida. Por todo ello, resulta importante el momento de la pausa, que se puede dar a través del movimiento, comiendo un caramelo, alguna actividad que levante la glucosa del cuerpo. Esto hace que el cerebro pueda permanecer alerta, listo para continuar, sin desconcentraciones y con el foco de atención bien puesto”.

Primeros pasos
La tarea de promover y difundir la neuroeducación en sitios como Tres Arroyos y la región todavía atraviesa una etapa incipiente. “Estamos comenzando a transmitir este tipo de lineamientos a los educadores, porque cuanto más se sepa acerca de esta disciplina mayores beneficios vamos a lograr en los alumnos. A mí en lo personal también me gusta instalar el tema entre los niños y adolescentes que estudian, porque si ellos conocen su cerebro podrán hacer uso en el aula de mayor cantidad de herramientas para el aprendizaje, y propiciar estrategias para que ese acto se concrete de manera óptima”, explica Castelli.
En lo particular, refiere que “siempre estoy buscando alternativas parea seguir capacitándome, porque en el mundo de las neurociencias constantemente aparecen conocimientos nuevos. Recientemente se dijo en una conferencia relacionada al uso de las tecnologías por parte de los niños, que ya está probado científicamente que ahora el cerebro no madura a los 23 años como era hasta hace poco, sino cerca de los 30. Con esto quiero señalar que hemos perdido bastante en cuestiones referidas a la creatividad o inventiva en detrimento de lo tecnológico. Los chicos de hoy vienen a preguntarle a los papás ¿qué podemos hacer?, ¡porque estamos aburridos!” cuando a otras generaciones esos problemas no les sucedían. Esas conductas las ha provocado la tecnología, o más bien su uso excesivo”.
Ahondando sobre el mismo concepto, la docente comenta a “El Periodista” que “llevando este aspecto puntual al aula, se puede orientar hacia una utilización adecuada de los celulares, por ejemplo. No podemos evitar que los chicos lo utilicen en ese ámbito, pero si buscarle un provecho para el aprendizaje. Se conoce que desde el punto de vista de la concentración, si un adolescente consulta el Whatsapp o red social, su cerebro tardará diez minutos en volver a conectarse con el tema que se estaba abordando hasta ese momento. También está probado que si un estudiante se dispone a afrontar un examen al día siguiente, lo último que debería hacer la noche anterior en el momento previo a dormir es dar un repaso al temario, porque si se enfoca en una actividad recreativa, por ejemplo, su cerebro no grabará los contenidos de la misma manera. Desconectarse de los dispositivos tecnológicos o de las redes sociales una hora antes del sueño resulta positivo. No es casualidad que éstas utilicen el color azul, porque provoca una señal de alerta en el cerebro. Una buena alternativa es leer antes del reposo, para cortar con el uso abusivo de la tecnología”.

Bajar la ansiedad
Paola señala que “toda la capacitación en neuroeducación que intento transmitir a los docentes obviamente la aplico en el aula. Advierto que se logra motivar de una mejor manera a los alumnos, que los chicos tengan ganas de venir. Otra de las estrategias es la de plantear opciones de aprendizaje. Toda vez que se trabaja sobre un concepto teórico, al llegar a la parte práctica es muy bueno que los alumnos puedan elegir qué van a hacer en esa clase a través de canales o líneas diferentes seleccionadas por ellos mismos. Todos ejercitan lo mismo, pero cada uno hace según su gusto”.
Acota como aspecto importante la necesidad de “bajar la ansiedad” para que el cerebro esté listo para aprender. “En todas las clases -resume-, al inicio coloco en el pizarrón la agenda que vamos a abordar ese día, para que los alumnos sepan a qué vienen, con qué se van encontrar. En función de ello se preparan para lo que viene, saben a qué se enfrentan. Por otro lado, hay un montón de ejercicios para saber cómo está cada uno de los integrantes de la clase para empezar a aprender. Deberíamos palpar el conocimiento emocional en el aula. Siempre hago uno, que consiste en manifestar cómo nos sentimos en una escala del uno al diez; ellos cuentan libremente, pero también les gusta escuchar cómo está el docente. A veces ese ejercicio se repite al final, y proporciona un parámetro de efectividad, si contribuyó o no a mejorar el estado de ánimo, si se pudo cambiar la emoción. Me gusta usar la siguiente cita: “Como docentes trabajamos intensamente en el aula todos los días para desarrollar y enriquecer la dimensión cognitiva: nos preocupa si los alumnos aprenden o no, si recuerdan los contenidos o no, si razonan lógicamente de manera cada vez más compleja, si tienen estrategias de pensamiento para resolver problemas. Esta es la dimensión racional y para esto van a la escuela” (Casassus, “La educación del ser emocional”).
Estas técnicas son parte de la denominada educación emocional, un componente basal de la neuroeducación. Generosa en ejemplos, Castelli menciona que “en muchas aulas se utiliza el ‘rincón de la calma’. Consiste en un canasto en el que se colocan determinados elementos que se pueden usar para bajar un estado emocional negativo (enojo, frustración, tristeza, etcétera) para encarar la clase. También es un buen aliado el empleo de la música (la clásica o la celta pueden representar una buena opción), que acompaña el desarrollo de las tareas”.
Desde su rol de neuroeducadora, enfatiza la necesidad de que los docentes se capaciten sobre esta nueva idea. Valora que “afortunadamente en la escuela Sagrado Corazón de Pringles encontré eco favorable para desarrollarla, ya que todo el personal se puso a disposición. De las charlas con los padres de los alumnos se desprende que ya se están empezando a ver cambios positivos, los educadores advierten que la estrategia funciona y entonces se entusiasman para seguir adelante. También se realizaron talleres con los chicos y se abrió la capacitación a personal de otras escuelas para que se introduzcan en la temática. Lo interesante del aprendizaje despierta la curiosidad por conocer más.
Paola comenta que “los buenos resultados se reflejan en los docentes a partir del entusiasmo por generar nuevas ideas, o por la puesta en práctica exitosa de algunos tips que se habían abordado en las capacitaciones anteriores. Lo motivacional ocupa un lugar preponderante para propiciar un buen clima de aprendizaje, y esas herramientas las poseen los educadores”.

La apuesta a cambiar
Consultada acerca de contextos o coyunturas desfavorables (de infraestructura o alimentación, familia) en la escuela actual para que estas nuevas condiciones se evidencien, aclara que “un cerebro sano necesita buena alimentación, buena información, pero también un adulto empático. Muchas veces nos encontramos en el aula con niños mal alimentados o con una realidad familiar complicada que le genera un estado emocional fuerte, y en ese caso resulta difícil revertir este tipo de situaciones. De cualquier manera, como docente yo apuesto a convertirme en ese sujeto empático que el alumno necesita para “cambiarle la cabeza” y avanzar en su camino de aprendizaje, con la intervención en el aula a lo largo de un año de clases.
“Somos, como docentes, los que tenemos que apostar en ellos. Como educadores tenemos la herramienta para que ese chico pase un buen momento, vea una especie de ventana que le permita soñar con que puede cambiar. En definitiva, en eso consiste nuestro rol”, sostiene.
Finalmente y ampliando el panorama acerca de la neuroeducación, sin acotarlo solamente al ámbito escolar, Castelli afirma que “varias de estas herramientas de acción se pueden aplicar en el hogar, para el trabajo, o para el control de las propias emociones; sirven para todo. El aprendizaje de estos nuevos saberes será una cuestión de tiempo y de generar gente capacitada en este tema. Por lo pronto, en algunas provincias ya se ha aprobado la ley de educación emocional (en Corrientes en 2016 y en Misiones en 2018) y se ha incorporado al diseño curricular de manera sistemática y transversal. En educación primaria también se advierte que este tipo de enseñanza y aprendizaje está haciendo su camino, en el esbozo de las currículas actuales. De a poco se van abriendo algunas puertas, (como la de Pringles) y me parece fantástico”.

La tarea de promover y difundir la neuroeducación en sitios como Tres Arroyos y la región todavía atraviesa una etapa incipiente, estimó la profesora Castelli

Desde su rol de neuroeducadora, Paola Castelli enfatizó la necesidad de que los docentes se capaciten sobre esta nueva idea

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