Municipalidad Tres Arroyos

notas edicion de papel

PASAPORTE - LOS VIAJES DEL INGENIERO AGRONOMO OMAR VALETTI

Con la música a todas partes

“Tuve la fortuna de viajar bastante, tanto en misiones profesionales o en compañía de mi familia y amigos. Junto a la música es lo mejor que me ha pasado en la vida”, asegura Omar Valetti, ingeniero agrónomo y músico con una amplia bitácora que incluye Canadá, varios países europeos, Centroamérica y también los rincones más bellos de Argentina

Mayo 2021
Omar Valetti y de fondo el impactante edificio del Parlamento de Budapest

Omar Valetti y de fondo el impactante edificio del Parlamento de Budapest

Sus padres hicieron música con él; él hizo música con sus hijos, y ellos con sus hijos. Es el hilo artístico y apasionado que preside desde hace años la vida de nuestro entrevistado, el ingeniero agrónomo Omar Esteban Valetti, que también ha disfrutado descubriendo paisajes del mundo, siempre con compañías gratas.
Reconocido profesional e investigador del cultivo de la colza, ha viajado a varios países donde se perfeccionó y brindó asesoramiento sobre esa oleaginosa. Pero a la vez, por su personalidad amena y afectuosa, compartió momentos con los pobladores de cada lugar y volvió siempre con experiencias humanas enriquecedoras.
“Tuve la fortuna de viajar bastante, tanto en misiones profesionales o en compañía de mi familia y amigos. Junto a la música es lo mejor que me ha pasado en la vida. He trabajado muchos años en la Chacra Experimental Integrada de Barrow y el INTA tenía convenios con muchos países. En mi caso inicié todo esto en Canadá, en tres ciudades. Saskatoon era la más pequeña, aunque con 250 mil habitantes y una economía basada en la explotación de uranio, carbón, potasio y varios cereales en el ámbito agropecuario. Allí los técnicos con los cuales trabajaba, me llevaron a sus casas y el fin de semana a conocer la zona de los lagos. En Toronto me encontré con gente de Tres Arroyos y en mi tiempo libre fui con ellos a las cataratas de Niágara que están a un par de horas de la ciudad. Toronto es una metrópoli muy importante, capital financiera del país y con una red subterránea de galerías lujosas donde funcionan todas las opciones comerciales y de servicios para que los ciudadanos no sufran el frío del invierno. Y también estuve trabajando en Winnipeg, en las praderas de Manitoba.
“Canadá me asombró por su contundente prolijidad. Entre otros ejemplos, cuando visité las universidades a las que iban miles de estudiantes y todo estaba impecable. Yo venía de nuestro país cuando en ese tiempo las facultades estaban muy politizadas y los estudiantes pintaban todas las paredes con aerosoles y consignas. Cuando comenté eso, algunos alumnos de allá me dijeron, “nosotros tenemos que cuidarlas porque las universidades son nuestras y ellas están para que podamos estudiar en las mejores condiciones”.
El capítulo europeo
“También por los convenios de INTA estuve en Francia trabajando en Rennes, Clermont-Ferrand, Toulouse, Reims, Montpellier y París. Me quedo con esta última, una ciudad fresca, luminosa, con mucha vida, años de historia y testigos de la arquitectura como Notre Dame, una catedral católica medieval construida en el 1100. Las otras ciudades también tienen lo suyo, pero lo majestuoso lo vi en París. El contraste fue un pueblo como Saint Basile donde por el paisaje me parecía estar en Salta”.
¿Cómo te fue con los franceses?
Realmente me atendieron muy bien mis colegas y me llevaron a la montaña, dando por tierra con ese preconcepto que tienen muchos de que son poco amables.
“Hubo un segundo viaje a Europa, esta vez en familia. Arrancamos en Londres, una ciudad distinta por donde se la mire. Mi esposa Liliana se dio el gusto de tomarse una foto en la famosa puerta azul de la película ‘Notting Hill’, que protagonizaron Julia Roberts y Hugh Grant. También estuvimos en el London Eyes, en el Museo Británico con un hermoso edificio del año 1759 y una colección de obras diversas que lo convierten en uno de los más importantes del mundo. Apreciamos las particularidades de la ciudad, como aquello del manejo de vehículos con el volante a la derecha y muchas conductas en su gente que hablan bien de ellos, como asistirte cordialmente cuando tenés una duda o te ven mirando un mapa para orientarte. Había muchos edificios en mantenimiento, por ejemplo el Big Ben, por lo que no nos tocó verla en su esplendor. Pasamos a Edimburgo, una ciudad escocesa de fantasía, bien medieval donde estuvimos en el famoso castillo. Se la llama la Atenas del Norte por las construcciones grecorromanas que se observan en una amplia colina. Y permanecimos 4 días en Liverpool, en las cuales todas las noches estuvimos en Cavern Club, donde nacieron The Beatles. Es un puerto con muy buenos museos que muestran la historia del desarrollo comercial de la zona y gran parte del atractivo turístico tiene que ver con la casa de John Lennon, el museo del grupo, Eleanor Rigby y mucho más. El viaje siguió por la República Checa, donde Praga parece sacada de un libro de cuentos, pero no me gustó la gente que me pareció como malhumorada. El guía de la excursión explicó esas conductas señalando que al estar en el centro de Europa, la región fue escenario de numerosas guerras a lo largo de la historia y la población quedó muy golpeada por esos recuerdos tristes. Hay una famosa fábrica de camiones, la Skoda, palabra que en su traducción significa tristeza. También cuando andás solo, te cuesta orientarte con los carteles porque la gran mayoría de las palabras tienen muy pocas vocales y se tornan inentendibles y muy difíciles de pronunciar. Seguimos a Austria y esa zona fue la que más me gustó. Mucho tiene que ver con Mozart, en la folletería que te entregan en todos lados invitando a los distintos conciertos que ofrecen. Fuimos al Museo de la Música y en la Opera hay un parque con una pantalla gigante donde pasan permanentemente los recitales que están desarrollando en su interior. Fuimos a ver un ensamble de cámara de la Orquesta Filarmónica de Viena, en la sala donde ensayaba Mozart. Ahí muy cerca del Danubio me llamó la atención que en el intermedio del concierto la gente salía a los jardines y se acercaba a un barcito donde les vendían champagne y tomaban bastante. Hubo otro viaje con Liliana y nuestra amiga Mariana Porsborg que nos permitió conocer Italia y volver a París, esta vez alquilando departamentos y haciendo una rutina distinta, porque por ejemplo íbamos a los supermercados a hacer las compras diarias. En París nos encantaba ver la salida de la gente de sus trabajos con una pausa relajada de charla en los bares, en esa ciudad tan linda, antes de ir a su casa. En Italia visitamos Milán, una ciudad importante; Venecia, que es un capítulo aparte por sus características, aunque recorrimos los canales con algo de lluvia; nos gustó mucho Florencia por todo el arte que se observa en cada rincón. Allí nos pasó una cosa muy grata, porque llegamos en tren y la señora que nos había alquilado en departamento nos fue a esperar con su vehículo a la estación. Cuando ingresamos al alojamiento nos esperaba una torta de bienvenida y fideos con una salsa para nuestra cena. Nada incluido en las condiciones, sino que era una gentileza suya. Cuando llegamos a Roma, me palpitó el corazón porque de chico me encantaba ver esas películas épicas y me emocioné cuando vi el Coliseo. Una ciudad de historia pura. Además cuando era muy joven me quería ‘colar’ al cine para ver ‘La Dolce Vita’, así que fuimos a la Fontana de Trevi a tirar monedas de espaldas a la fuente. Otro lugar que me gustó mucho en Europa fue Budapest, ciudad muy prolija, aunque los húngaros son bastante distantes. Y en Alemania conocí Berlín, una ciudad sumamente importante que sufrió los embates de la guerra. Luego se reconstruyó y ahora tiene avenidas enormes que contrastan con los viejos barrios de construcciones viejas”.

Viajar cantando
Uno de los recuerdos que tenemos los tresarroyenses fueron esos tres viajes que hicieron por países de Latinoamérica, los integrantes del Coro Vocal de Cámara, en una epopeya cultural que supo del esfuerzo del financiamiento de un grupo no profesional para llegar a esos lugares y representarnos tan dignamente en encuentros internacionales.
“En 2009 arrancaron viajando a Perú, donde yo no pude ir por cuestiones de trabajo. En 2010 tuve tiempo de acomodar mi agenda laboral y estuvimos en Ecuador, donde además de favorecer la comunicación del idioma, me llevé una grata sorpresa por la calidez de su gente. Vivíamos en Guayaquil y conocimos un par de ciudades más. En esa oportunidad había coros, solistas y orquestas juveniles en un encuentro internacional organizado por el gobierno ecuatoriano. Estuvimos 12 días con gente de todo el mundo que era recibida, alojada y alimentada por el estado. Nosotros éramos 14 y solo tuvimos que reunir los fondos para pagarnos los pasajes. Fueron casi dos semanas plenas de actividades y felicidad. Guayaquil me pareció una ciudad muy pintoresca, especialmente en la zona antigua, en una colina, donde hay actualmente restaurantes, cantinas y lugares de esparcimiento. El malecón junto al mar también es muy bonito. En otro viaje fuimos a Colombia, alojados en Bucaramanga, una ciudad de 2 millones de habitantes, donde había conciertos, cursos y otras actividades. Cuando salíamos por esparcimiento, en algunos lugares nos encantaba ver carteles en algunos bares que decían ‘Bienvenido argentino, Colombia es tu casa’. Fueron muy hospitalarios con nosotros. Allí hicimos los cónclaves de trabajo en la Universidad Industrial de Santander, donde hay un bellísimo auditorio. Por ser de estudiantes orientados a la industria hay materias duras, pero sin embargo desarrollan teatro, coro y otras acciones culturales para los alumnos. Además de conocer Bucaramanga, que es una ciudad que logra mantener una temperatura de 25 grados durante todo el año y es conocida como la Ciudad de los Parques, también fuimos a Santander donde está el Cañón del Chicamocha en medio de un parque nacional atravesado por el río y con paisajes verdaderamente hermosos. La colonización de Colombia comenzó en ese lugar. Y en 2013 fuimos con el coro por segunda vez a ese país e hicimos algo de turismo en la playa de Santa Marta cuando terminó el festival. En ese viaje recibimos una vez más la amabilidad de los colombianos de todas las edades”.

La experiencia de Cuba
Uno de los viajes que más recuerda Omar es el que realizaron a Cuba. "Nos casamos con Lili y mi suegro nos regaló el viaje de bodas. Elegimos un tour por Cuba, llegando a La Habana y desde allí al norte para empezar un recorrido por el país en Santiago de Cuba, pasando por Pinar del Rio y los distintos lugares que contenían la historia de la revolución, en Fuerte Moncada y la granjita Siboney, entre otros. En medio de esas visitas parábamos en alguna playa para disfrutar de las aguas cálidas del Caribe. Yo tenía especial interés en conocer el famoso sistema de salud del país y el guía nos consiguió una visita al hospital más importante de La Habana, donde nos atendió la encargada de relaciones públicas y nos explicó el desarrollo de la tarea. Allí se había atendido el legislador argentino Jaroslavsky. La conclusión más importante es que hay un montón de profesionales trabajando y el paciente es atendido en forma permanente por médicos, kinesiólogos y otros especialistas, durante todo el día. Es decir que en una jornada pasaban por un enfermo 8 o 9 graduados, tratando con intensidad a la persona y logrando en la mayoría de los casos resultados muy buenos. Fuimos en una época, allá por 1991 en que los cubanos se habían despegado de Rusia y afloraba el nacionalismo en la gente. En otra visita de mi interés por la profesión fui a una plantación de caña de azúcar para observar todo el proceso. Y a la noche al espectáculo Tropicana en dos oportunidades o en la Bodeguita del Medio tomando algunos mojitos. Con el tema del baile se reían amistosamente de nosotros y nos decían, “a ver los argentinos, que se saquen el yeso”, nos comentaba jocosamente, al par de agregar que el guía turístico era ingeniero naval.
“Pero era un conjunto de sensaciones encontradas porque mientras en la playa había chicos que te regalaban libros, también había mujeres jóvenes que se querían casar con algún turista para poder salir del país. Y también mucha gente orgullosa de sus carencias, pero defendiendo la revolución. Otro lugar que recordamos es la Canchánchara, salones donde se juntaba la gente del pueblo a beber un trago típico a base de aguardiente, miel, hielo y limón, para cantar y hacer música. Allí me animé a tomar una guitarra, mostré algo de la música argentina y me animé a prenderme en los instrumentos rítmicos de percusión. La Habana nos encantó, además de Guardalavaca y Pinar del Río, en un disfrute de 19 días”.

Toda la piel de América

En su espíritu andante, Omar conoce casi toda Argentina. Solo le resta Santa Cruz, Tierra del Fuego, Tucumán y Formosa. Y en su paso americano por Colombia y Ecuador, sumó otros países en esta región del mundo.
“Fui a Chile por trabajo y estuve en Temuco. Conocí gente muy correcta y dispuesta a colaborar. A Uruguay fui 4 años en varias oportunidades asesorando al equipo técnico de una empresa de bionergía en la producción de colza. Recorrí todo el país, desde Fray Bentos hacia el sur. Me llamó poderosamente la atención la calidad de los pobladores y el cuidado del suelo que privilegian los agricultores, usando en todo lo posible productos biológicos para proteger el medio ambiente. Las ciudades del interior parecen de la década del 60 y es un hallazgo Colonia. En Brasil solo estuve en Foz de Iguazú en calidad de turista”.
Y la vida sigue para Omar, coincidiendo con su esposa Liliana Iriarte en la profesión de ingenieros agrónomos, las sorpresas que les dan los viajes y la pasión grata de una familia musical con 4 hijos que viven en Córdoba, La Plata y Francia, pero que de vez en cuando se juntan para entrañables guitarreadas o desafíos en la naturaleza como la subida al Cerro Uritorco. Y en el recuerdo de cada día, la observación de las sinuosas formas de una escultura en un museo, aquella vez que se detuvieron a contemplar sin prisa un paisaje o cuando se emocionaron en Viena con el don creador de Mozart. Una vida, bien vivida.

Valetti y su esposa Liliana Iriarte en una maravillosa postal de la Royal Miles Street, en Edimburgo

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Omar Valetti en Guayaquil, Ecuador

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Omar y Liliana en la plaza del Ayuntamiento, en Praga

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