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ENTREVISTA A LA TRESARROYENSE MAYRA GARCIMUÑO, DOCTORA EN FISICA Y ESPECIALISTA EN COMUNICACIÓN PUBLICA DE LA CIENCIA Y LA TECNOLOGIA

Ciencia y conciencia

Sin la posibilidad de llevar adelante una carrera como investigadora del CONICET a la que se postulaba desde hace dos años, y finalizada su beca posdoctoral, la tresarroyense Mayra Garcimuño, que eligió especializarse en difusión pública del conocimiento científico y es la única en el ámbito académico que propuso desarrollar un proyecto en este sentido, charló con “El Periodista” acerca del impacto de la ciencia en la vida cotidiana. Pero además contó sobre el micro radial y la página web que comparte con su marido, también físico, y admitió que aunque le recomiendan irse al exterior, su corazón le dicta quedarse en el país y cerca de su ciudad

Mayo 2019
A fines de 2018, Mayra Garcimuño finalizó su especialización en Comunicación Pública de la Ciencia y la Tecnología de la UBA, formando parte de la primera cohorte de la carrera

A fines de 2018, Mayra Garcimuño finalizó su especialización en Comunicación Pública de la Ciencia y la Tecnología de la UBA, formando parte de la primera cohorte de la carrera

Mayra Garcimuño es doctora en Física. Realizó su formación de grado y posgrado en espectroscopía atómica con técnica LIBS (láser) en muestras vegetales, y desde 2016 hasta hace algunos días, se desempeñó como becaria posdoctoral del CONICET. Pero además, a fines de 2018 finalizó su especialización en Comunicación Pública de la Ciencia y la Tecnología de la UBA, formando parte de la primera cohorte de científicos formados en un campo bastante poco frecuente: el de “contarle” la ciencia al común de la gente.
Pocos días antes de su charla con “El Periodista”, en Tandil donde vive, Mayra recibió la noticia de que -por segunda vez y ante un fuerte recorte presupuestario en investigación y ciencia decidido por el Gobierno nacional (sólo ingresó alrededor de un 15% de los doctores postulantes)-, había quedado afuera de la posibilidad de desarrollar su carrera como investigadora en el CONICET, mientras al cierre de esta edición finalizaba su beca posdoctoral. Con dudas sobre su futuro, pero sin perder el entusiasmo propio de quienes hacen aquello que aman, recordó su reciente videoconferencia para alumnos de primaria del Colegio San José, y aseguró que en poco tiempo estará desplegando distintas actividades en su Tres Arroyos natal, siempre enfocada en la difusión de la ciencia.
“Es cierto que se evalúan los antecedentes y nada indica que cuando uno se presenta, como en mi caso, te tengan que aceptar. Pero lo que estamos viendo es un recorte directo, muy grande, del número de ingresantes a la carrera de investigador y de becarios, y eso redunda en una baja del número de integrantes de los equipos de investigación, e incluso posiblemente haya líneas que no se puedan continuar porque no está la gente inserta en el sistema científico”, advirtió. Además, explicó, los recursos para ciencia y técnica también se ven afectados por la devaluación del peso y la inflación, que impactan de lleno en la compra de equipamiento e insumos, valuados generalmente en dólares.
“Todo el sistema científico argentino está muy perjudicado por este contexto económico. Los institutos de CONICET están al límite en su funcionamiento; la plata que les llega, en muchos casos, apenas les alcanza para pagar servicios básicos como la luz y el gas, por eso reducen el horario e incluso los días de trabajo. En Tandil tenemos la ventaja de funcionar en el campus de la Universidad del Centro, que se hace cargo de muchos de los gastos operativos, pero lamentablemente también la Universidad está destinando la mayor parte de su presupuesto a pagar cargos, y con las monedas que le quedan tiene que hacerle frente al resto de los recursos, y no le alcanza para nada. Se están poniendo en riesgo muchas líneas de investigación científica que son necesarias para el país”, reflexionó la tresarroyense.

Divulgar y comunicar: la ciencia cerca de la gente
Tras finalizar su doctorado, Mayra optó por cambiar radicalmente su enfoque formativo. “Venía de especializarme en una técnica de espectroscopía láser, algo bien relacionado con la ciencia o la física básicas, muy de laboratorio, buscándole una aplicación orientada a lo ambiental. Pero en el ‘posdoc’, que cursé en estos últimos tres años con una beca del CONICET, me orienté a la comunicación de la ciencia: cómo sacamos el conocimiento científico de su ámbito propio, para hacerlo más accesible o disponible para la sociedad en general”, contó.
Esta formación específica en comunicación de la ciencia está disponible hace poco tiempo, de hecho Mayra fue de la primera camada que la completó en la UBA, y en este aspecto la realidad argentina también contrasta con la de otros países. “Todavía está muy a nivel de especialización o diplomatura, para gente que ya tiene una formación previa. Es una carrera muy interdisciplinaria, por lo que en mi cohorte había mucha gente con formación en ciencia y sin ningún conocimiento de comunicación, y muchos comunicadores y periodistas sin formación en ciencia –describió-. Por eso esta formación viene a zanjar esa brecha, y a brindarles herramientas a unos y a otros para comunicar la ciencia de la mejor manera posible, máxime teniendo en cuenta que en otros países hay una trayectoria en difusión de muchos años”.
En este sentido, recordó que “tras la Segunda Guerra Mundial, la ciencia quedó muy desacreditada: en cierta forma, la filosofía de los Estados Unidos fue ‘pongámosle todos los recursos a la ciencia, que por sí misma nos va a brindar las herramientas para el progreso de la humanidad’. Y eso terminó en la bomba atómica. Entonces la sociedad se volvió muy crítica de la ciencia, y distintos organismos empezaron a trabajar en recuperar la confianza de la gente, primero en divulgación, es decir creyendo que los científicos eran depositarios de un conocimiento que el pueblo o ‘vulgo’ no tenía y había que instruirlo, y desde hace un tiempo, gracias al cambio de varios paradigmas, entendiendo que en realidad hay una construcción colectiva. Me ha pasado a mí misma, desde la aparición de Internet, encontrarme con gente en talleres y actividades que por haberse formado y estudiado en la web sobre algún tema de su interés sabe, acerca de eso, más que yo”.

Abriendo caminos
Pero la intención de comunicar y acercar la ciencia a la gente ha chocado, contó la tresarroyense, contra las ‘penalizaciones’ que el sistema científico imponía a quienes hacían divulgación, por creer que con eso restaban tiempo a la investigación. “Hoy por hoy esa mirada ha ido cambiando, aunque hay sectores muy conservadores y no por nada a mí me rechazaron dos veces el ingreso a la carrera de investigador con un plan de trabajo que, si lo presentara en México, por ejemplo, donde hay una trayectoria en comunicación de la ciencia más arraigada e institutos académicos dedicados a eso, integrados a la Universidad, hubiera tenido otra aceptación. Pero aquí, de hecho, soy la única dentro de la academia y el propio sistema científico que hace esto, y cuesta mucho abrir caminos y cabezas. No porque me crea que yo tengo la ‘posta’ (risas), sino porque hubo, durante muchos años, una mirada muy peyorativa hacia la decisión de difundir el conocimiento científico entre la comunidad en general”, apuntó.
Lo cierto es que cambiar esta visión se vuelve indispensable, consideró la joven científica, toda vez que la gente depende cada vez más de la tecnología en su vida cotidiana. Tanto el uso de los electrodomésticos y otros dispositivos tecnológicos a diario como la digitalización médica y bancaria, entre otros aspectos, vuelven fundamental el acceso a un mínimo de conocimientos que para nuestros padres y abuelos no sólo no fue necesario sino que sobrevivieron perfectamente sin él. “Hoy, para nosotros, no saber cómo funciona un celular, o la computadora del auto o del lavarropas, es un problema. En otras épocas, siendo un poco ‘ducho’, se le podía meter mano a esas cosas e incluso arreglarlas; hoy, sin conocimiento, eso es imposible”, admitió Mayra.
La curiosidad que al mismo tiempo despertó Internet, y la gran cantidad de información que pone en circulación, hacen que la gente necesite algún tipo de guía con sustento científico para ordenar ese conocimiento, para saber dónde buscarlo, para filtrar lo que no se ajusta a la realidad o está disfrazado de ‘ciencia’ en manos de chantas. En este aspecto, consideró la entrevistada, “suele ocurrir que hay gente que acude a conceptos de la ciencia para legitimar lo que están diciendo; pasa mucho con la física cuántica, que aparece en una charla sobre biodecodificación, o de homeopatía, y por allí se trata de personas que nunca estudiaron física cuántica pero fueron haciendo una extrapolación de algunos conceptos, y hasta citan a Albert Einstein atribuyéndole frases que nunca dijo (risas). Es eso: me respaldo en la ciencia para decir que lo que estoy exponiendo tiene una validez. Por eso, el pensamiento científico ayuda a construir una mirada crítica, a informarse y buscar de dónde vienen las cosas, a no quedarse solamente con lo que nos llega en una charla o un video de Internet, donde hay cosas buenas y otras negativas, y se difunden con mucha rapidez teorías y opiniones copiando y pegando sin preocuparse de que sean verdad o no”.

Radio y web
Como parte de su actividad como comunicadora de la ciencia, Mayra y su esposo Nicolás Carbone crearon “epsilon.h” (www.epsilonh.com.ar), un sitio web donde suben artículos de divulgación, desafíos, imágenes de interés científico con su explicación y muchos datos curiosos. Y comenzaron este año con un micro radial que se llama “Ciencia en Megahertz”. “Allí hablamos de ciencia local (de Tandil, donde residen) y nacional, desarrollos tecnológicos y sus implicancias como las vacunas, y tocamos distintos temas. Entrevistamos investigadores de distintas áreas, y lo empezamos por nuestra cuenta, porque no hay iniciativas de este tipo en la Universidad y en el ámbito del CONICET local. Por eso creamos un proyecto nuestro, que tenemos muy activo y le dedicamos bastante tiempo, e incluso hemos sumado un profesor y un chico que está haciendo un doctorado como colaboradores”, contó.
Además, suele visitar escuelas y organizar charlas y otras actividades, como la videoconferencia que compartió con el Colegio San José y las que, al cierre de esta edición, planeaba llevar a cabo en el Colegio Holandés y en el Instituto 167. “Que me llamen de Tres Arroyos ya suma muchos puntos, pero estar con chicos y compartir sus inquietudes es algo que me gusta mucho. Disfruto mucho de dar charlas, de proponer actividades interactivas y ver qué preguntas surgen de la gente, que es muy curiosa y siempre aporta cosa muy interesantes. Yo también soy muy curiosa, me exijo bastante y para el micro de radio estudio un montón, hasta un minuto antes de salir al aire sigo repasando para no meter la pata”, aseguró Mayra.

¿Aquí o en el exterior?
Finalmente, recordó que para su carrera de investigadora, la tresarroyense propuso un trabajo con eje en los museos de ciencia como agentes de cambio social, enfoque que tomó de un físico español. “Pasamos 15 años de nuestra vida en la escolarización formal, pero no estamos todo ese tiempo en la escuela. Un museo de ciencias puede ser el ámbito ideal para aprender y actualizarnos en el conocimiento científico, sobre todo con las características de los nuevos museos, que son interactivos, favorecen que uno se haga sus propias preguntas, y ofrecen atractivos que hacen que uno salga con ganas de volver”, describió Mayra.
Hoy sin posibilidad de desarrollar su proyecto en Argentina, no descarta la posibilidad de irse al exterior, aunque no de manera definitiva. “Es un poco la recomendación que me hacen desde el ambiente académico, para acreditar una formación en otro lado. El año pasado estuve dos meses en México, y en poco tiempo nos vamos con mi marido, que también es físico, por tres meses a Alemania. Son estadías breves que te permiten hacer un curso de formación, participar en un congreso y hasta hacer una pequeña investigación, generar datos y publicar un pequeño artículo. Y la experiencia de estar afuera genera contactos, abre la cabeza a nuevas formas de trabajar, aunque no sé si estaría dispuesta a irme de manera definitiva. Sé que suma mucho en el currículum, pero creo que a ninguno de los dos nos gustaría trabajar afuera de manera definitiva. Optaríamos por estadías cortas, como este caso de Alemania, que si bien le salió a mi marido, me permite a mí postularme a algunas capacitaciones. En mi corazón está la idea de trabajar en mi país, en mi ciudad. Si me fuera, sería únicamente por las circunstancias”, admitió.

Mayra Garcimuño lleva adelante un micro radial, “Ciencia en Megahertz”, para el que confiesa “estudiar hasta el último minuto”

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