Municipalidad Tres Arroyos

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EL CANTANTE ESTEBAN JULIAN Y SUS AMIGOS, A PROPOSITO DEL 20 DE JULIO

Canción con todos

Recorrió escenarios del país y del exterior con su voz y con figuras de primer nivel, pero en el camino ganó, sobre todo, amigos. Aníbal Pachano, Pepe Cibrián, China Zorrilla, conocieron de cerca su calidad artística pero sobre todo humana. Y sus amigos de Tres Arroyos, que hemos vivido y disfrutado con él la enorme pasión que le pone a la vida, nos hemos apropiado de alguna manera de sus éxitos y seguimos pidiéndole ¡otra! Para celebrar el Día del Amigo, la jugosa charla con Esteban Julián para “El Periodista”

Por Andrea Elgart (*)

Julio 2018
Con Aníbal Pachano, Esteban armó un vínculo entrañable que surgió con su participación en el espectáculo “Tangou”

Con Aníbal Pachano, Esteban armó un vínculo entrañable que surgió con su participación en el espectáculo “Tangou”

Hay un doble riesgo en la primera persona. La autorreferencia, de la que se espera los cronistas escapemos para darle protagonismo a lo que queremos contar; y las emociones, que en algún momento quizá nos hagan incurrir en excesos. Pero estamos en la casa familiar del cantante Esteban Julián, dueño de un talento que ha recorrido distintos escenarios nacionales y del exterior, en la calle Chacabuco, y es imposible sustraerse al recuerdo de su mamá Petty, mujer inolvidable que a sus muchos amigos alguna vez nos sirvió un plato de comida caliente, o nos convidó el pucho y el café que nos estaba haciendo falta. Entonces, donde el recuerdo golpea la puerta, la crónica periodística se permite abrir un poco la ventana.
Propongo que repasemos a los saltos su larga trayectoria como artista, que ya lleva casi 30 años. Un poco por conocerla ya, por vivirla con él, y porque también la ha referido ya otras veces en el ámbito local; y otro poco porque esta vez la idea es contarla a través de sus amigos. Contar cuánto hemos disfrutado todos de su alegría y su enorme capacidad tanto sobre como fuera del escenario, y también qué papeles hemos podido protagonizar algunos, gracias a su gran generosidad y a su siempre bienvenido ‘aguante’, en su linda carrera.
Nos conocemos hace más de tres décadas. Creemos saber casi todo uno del otro, sin embargo, cuando Francia marca el primer gol contra Argentina, en el partido que se ve en la tele del comedor, ninguno de los dos se da cuenta. Ya hemos empezado a charlar y retrocedemos de golpe a fines de los ‘80, a “Chupete”, un amigo “con el que ahora nos separó la grieta”, confiesa Esteban, el que le ofreció el primer laburo en el mundo del espectáculo. Ya se había radicado en Buenos Aires, donde la entrañable Marisa, con quien compartía veraneos de infancia en Claromecó, lo recibió en su casa de la zona norte -“haciendo de madre, amiga, hermana, todo”-, cuando “Chupete” lo llamó por teléfono. “Me dijo ‘gordo, tengo un laburo para vos’. Empecé a ir a un cine en San Martín a hacer el control de la película ‘Sur’, de Pino Solanas. Desde aquel momento yo siento que todos me hicieron el aguante. Y si bien en ese trabajo estaba fuera de la parte artística, ya estaba involucrándome justamente con esa película, y todavía tengo en la mente esos corredores con ventanales de vidrio de las oficinas de Pino en la avenida Córdoba. Después trabajé con dos diseñadoras, con Laura Vannelli y Graciela Callegari, había trabajado en un jardín de infantes…”, recuerda.
El encuentro con el maestro de canto Carlos Duarte, con quien empezó a tomar clases sin siquiera saber que era primer tenor del Teatro Colón, y también tuvo un vínculo entrañable
-quizá como todos los que genera a su alrededor-, fue la puerta que el artista que ya habitaba en Esteban tenía que abrir definitivamente. Conocer a Pepe Cibrián, por intermedio de su amigo tresarroyense Guillermo Antonini, hizo un poco el resto. “Con la indemnización que cobré cuando cerraron las diseñadoras me fui a Brasil tres meses con Andrés (otro amigo que compartimos y ya no está con nosotros) y cuando volví, Pepe me presentaba como ‘el amigo brasileño’. Me llevó a ver ‘Las dulces niñas’, que hacía con su madre Ana María Campoy y con Marzenka Nowak, y ‘Los de la Legua’, en el Museo Larreta. Un día, Guillermo me avisa que Pepe tomaría audiciones para cantar en el Luna Park, y ahí fui”, evoca.

Tita y Rosita
Extenuantes audiciones y meses de preparación dieron lugar a su entrada al espectáculo por la puerta grande. Esteban formaba parte del elenco de “Drácula, el Musical”, una de las mayores apuestas de la escena argentina en cuanto a inversión, calidad, despliegue técnico. Su esfuerzo era grande. Había que dedicarse full time a los ensayos, los recursos no sobraban y allá iba, cruzando media Buenos Aires en subte o colectivo, más de una vez cargando en la mochila alguna tarta que esta cronista preparaba y con la que se alimentaba y además vendía a otros compañeros, por pura subsistencia. La obra fue un éxito descomunal, que recorrió todo el país y llegó incluso a Chile. Esteban lo había logrado, y los que pasábamos letra con él mientras cocinábamos en el departamento de Belgrano, también nos sentíamos parte de su triunfo.
Después de dos años de trabajo con Cibrián, tuvo la posibilidad de protagonizar un espectáculo infantil en la Fundación Banco Patricios, dirigido por el maestro Antonio Rodríguez de Anca, de importante trayectoria como director en el Teatro San Martín. “Me gustaría saber de su hijo, eran gente muy encantadora. Yo tenía terror, ya pensaba que iba a hacer Shakespeare, y les advertí que no era un actor de texto. El mismo me pidió que me relaje y terminé disfrutando mucho de eso y del lugar, que era hermoso. En ese momento compartíamos sala con Chico Novarro y Andrea Tenuta en ‘Arráncame la vida’, y también estaban Alejandro Urdapilleta y Humberto Tortonese en ‘Mamita querida’”, evoca. Siempre metidos en ese mundo, y trajinando miles de cafés en Corrientes y sus alrededores, Esteban y yo nos llamábamos a nosotros mismos “Tita y Rosita” (por las recordadas productoras Tita Tamames y Rosita Zemborain). Fue justamente en el bar de la Fundación donde las encontramos a ambas sentadas a una mesa y, decimos hoy riéndonos a carcajadas, supimos que estábamos en el lugar indicado. “Después las volvería en la casa de China Zorrilla, donde jugaban a las cartas”, evoca.

Aníbal
Otra figura central en su carrera y en su vida es Aníbal Pachano. Argentina está perdiendo con Francia y por Whatsapp Aníbal sufre y grita en un francés graciosísimo los nombres de los jugadores. Mientras lo escuchamos, Esteban recuerda que cantaba en dos cabarets de Recoleta, Playwoman y Papillón, mientras trabajaba en la quesería de su amiga Marisa en San Isidro, cuando apareció la oportunidad de trabajar con él. “No tenía clientes porque la gente buscaba otra cosa (carcajadas). Me hubiera gustado ser odalisca, porque era impresionante la cantidad de plata que ganaban ellas, pero algunos japoneses me dejaron dólares en la faja del smoking. Ahí conozco a un chico que me cuenta que Aníbal, a quien yo había visto muchos años antes con los Botton Tap en Michelángelo, iba a tomar audiciones para un espectáculo”, cuenta.
En una sala de ensayo de avenida Corrientes, donde enseguida hizo buena onda con Lorena Lores, ya elegida para ser la cantante de “Tangou”, el tresarroyense tuvo la primera oportunidad de mostrarle su talento a Pachano. No fue fácil, porque al cassette con la pista de “Malena” que llevaba se le cortó la cinta. Pero su decisión de seguir ‘a capella’ levantó a Pachano de su silla, que lo señalaba con el dedo y, casi instantáneamente, le dijo ‘sos vos’. “Había muy buenas voces pero lo que veía es que era necesario otra cosa, y yo venía de la comedia musical, y del Luna Park donde, si no eras grandilocuente, no te veía ni tu madre. Ya tenía ese entrenamiento, y ahí quedé para ‘Tangou’ y se crea esta amistad con Aníbal. El tenía 50 años y yo 30, pero la primera vez que me invitó a comer a su casa, cuando levanté la mesa y me puse a lavar los platos, me dijo ‘sos como yo, Juanito Puloil’. Y por mucho tiempo compartimos habitaciones en los hoteles en gira, me llevó a la casa que alquiló cuando hicimos el espectáculo en Punta del Este, cosa que hacía con muy poca gente. Por mucho tiempo viví además en su casa, hasta que se descompensó y fue internado, y yo bajaba la persiana y me iba a dormir tirado al lado de su cama en la clínica por más de 20 días. Con este resultado genial, porque hoy tiene un 75% de reducción de los tumores, y su fortaleza ha sido enorme”, menciona Esteban, con un cariño inocultable.

De acá a la China
Hay un amigo, también, en el origen de su inolvidable trabajo junto a China Zorrilla y Carlos Perciavalle, para quienes Esteban cumplió el rol de stage manager en el recordado espectáculo semimontado “El diario de Adán y Eva”. Estaba en Tres Arroyos, había hecho dos shows en La Casona a sala llena, y se compró flores blancas para llevar al mar, en Claromecó, y agradecer a Iemanjá (la diosa del mar venerada en Brasil, donde el cantante trabajó durante casi 9 años). “Salí del agua, me estaba secando y el Nokia 1100 me sonaba como loco. Era Luis Cícero (amigo porteño) que me ofrecía ser manager de China Zorrilla y Carlos Perciavalle. Imaginate, dos monstruos… ‘Es una pavada’, me dijo Luis, tenés que poner un mantel, unas manzanas de utilería que todavía las conservo, elegirles los camarines, y estar con China. Con ellos fui de Ushuaia a La Quiaca, durante dos años, y fue muy enriquecedor para mí desde lo humano. Porque ella me decía ‘odio las escaleras mecánicas y la injusticia’, y eran horas de charla…Yo la cambiaba en cada lugar, pobre…En cocinas llenas de grasa, en la Dirección de una escuela. Esa vez, cuando la estaba vistiendo, encuentro una banda de la Bandera Argentina y se la pongo: ‘vos tendrías que ser presidenta’. ‘Se iría todo a la mierda porque yo regalaría todo’, me contestó”, describe Esteban. Quizá no por casualidad los primeros pasos de esta cronista también tienen que ver con ella, la enorme actriz uruguaya. En 1996, Zorrilla dirigía “Doce hombres en pugna”, la versión teatral del clásico del cine norteamericano sobre un juicio por jurados, en el teatro Blanca Podestá y con actores de la talla de Arturo Maly, Osvaldo Bonnet, Gianni Lunadei, Daniel Fanego. Allí, en dos de sus butacas, y aquí es imprescindible ser autorreferencial, hablamos durante dos horas sobre la justicia, yo con un cuadernito y un grabador, trabajando para una revista que se distribuía gratis en el subte, ella con un nombre de oro en el cine y el teatro. “Ella nos daba el mismo valor a todos”, advierte en este punto Esteban. “Sobre todo porque se valoraba mucho ella misma, aún con su revire”, se ríe.

Carlos
Un último salto en la vida de Esteban nos trae de nuevo a la ciudad natal, a la casa de Chacabuco, donde unas horas antes ha ensayado para otro de los conciertos que viene ofreciendo en distintos espacios como la Sarmiento, La Casona, el Mulazzi. Y aparece la figura de Carlos Russi, su compañero de ruta en la guitarra, a quien prácticamente obligó a aprenderse en un puñado de semanas clásicos del bossa y de la música popular brasileña que jamás había pensado (Carlitos) en incorporar a su repertorio. “Acá al lado tenía su oficina ‘Catacho’ Di Luca, otro apasionado por la música. Un día viene y me dice que me va a presentar a un amigo, que fue revelación en Cosquín con un grupo que grabó la zamba de mi viejo (“Canción para don Cristian”, compuesta por Osvaldo Julián). Me lleva a la casa de Carlos, y cuando llego, le confieso que sé la letra pero no solía cantarla. Buscamos el tono, la canté y desde ese momento no nos separamos más. Y tenemos un código compartido que nos divierte mucho. Además, con Carlos viene también la familia, Pirucha con su torta de manzana, Moni que me copia las letras. Y además, Carlos venía a mi casa hace 50 años, a ver folklore. Pero lo que fluye, lo que hace estas cosas, es la calidad de persona de cada uno. Y lo mismo me pasó este verano con Sergio Pessina (también músico tresarroyense con quien Esteban se está presentando en Buenos Aires). Además de conocer en él a un artista impresionante, que hace cosas increíbles con su guitarra y ha trabajado con Vox Dei, Baglietto, Celeste Carballo, he encontrado un tipo genial, con el que armamos los shows por Whatsapp”, cuenta.
En la tele se ve lo inevitable de la derrota con Francia, pero son tantos los recuerdos que van apareciendo en el relato que el resultado parece una cuestión menor. No hay mucho más cuando suena la canción que compartimos, la de la propia vida, y en la voz de Esteban Julián, la interpretación siempre será memorable.

(*) Periodista

Esteban Julián es tresarroyense, y desde hace 30 años, recorre escenarios con el prodigio de su voz y ganando, a cada paso, amigos sobre y fuera del escenario

Esteban Julián con su inseparable compañero en la guitarra, Carlos Russi

Esteban con Ana María Campoy, la inolvidable madre de Pepe Cibrián. Bajo la dirección del gran creativo del musical argentino, Julián debutó en Drácula

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