Municipalidad Tres Arroyos

notas edicion de papel

LAS INCREIBLES EXPERIENCIAS DE ENRIQUE FERNANDEZ, EL MONTAÑISTA DE TRES ARROYOS

A la altura de las circunstancias

El montañista tresarroyense Enrique Fernández se atrevió a desafiar grandes alturas como el Everest, el Kilimanjaro, el Kala Patthar, el Lanín y el Chaltén, entre otros. En el confesionario de “El Periodista”, el escalador contó sus increíbles experiencias

Abril 2019
Amma Dablam, Nepal

Amma Dablam, Nepal

“Caminamos nueve días hasta llegar al campamento base en el Everest, a 5360 metros de altura, de ahí bajamos un poquito hasta una aldea para dormir y al otro día subimos nuevamente hasta el Kala Patthar, una montaña aledaña al Everest que tiene más de 5 mil metros. Sin embargo, cuando miras a tu alrededor, te sentís pequeño, las montañas que lo rodean parece que se te vienen encima, todas más altas”, relata el montañista Enrique Fernández, porteño pero tresarroyense por adopción desde la década del ‘90. Tiene 63 años, trabaja en el acopio de cereales y, desde hace 6 años, escala montañas.
El montañismo es un deporte. Se trata de excursiones a pie por cerros o montañas que tienen mayor o menor exigencia dependiendo la altura, las condiciones del clima, el guía y algún otro factor. “Es un deporte que tiene sus peligros, estás siempre expuesto. Hay gente que por confiarse se ha perdido en Tres Picos, el cerro más alto de Sierra de la Ventana que tiene 1300 metros. Siempre es bueno ir acompañado y con algún guía también”, explica Enrique, a quien le apasiona la altura desde muy chico: a los 7 años se mudó con su familia a vivir a Oriente, y en ese entonces, cuando iba a pescar al Quequén con su padre, lo que le gustaba era subir las barrancas, lo cual en ese momento era todo un desafío. A partir de ahí, empezó a ir a Sierra de la Ventana esporádicamente, pero siguió con otros deportes como el fútbol, el básquet e incluso el hockey. Hace seis años, reinició la aventura junto a Carlos Scolaro.
Enrique ya escaló seis veces el cerro Tres Picos de Sierra de la Ventana, cuatro veces el Ventana, el Bahía Blanca, el Destierro y el Curamalal. Después, durante unas vacaciones en Córdoba, se levantó un día con ganas y escaló un cerro de 1800 metros. Lo mismo le pasó en el Chaltén, en una montaña cercana al Fitz Roy. En ese momento, se motivó y envalentonó para seguir. Escaló el Domuyo, volcán más alto de Neuquén -4707 metros-, y el Lanín -3747 metros-. Este último lo había hecho como un desafío final y retirarse, sin embargo, cada tres o cuatro meses las ganas resurgen y desafíos nuevos siempre encuentra. Se fue a Salta y escaló una montaña de seis mil metros. “Para todas estas caminatas te tenés que preparar bastante. Subís unos 800 metros por jornada, son entre 8 y 9 horas de marcha por día, y a veces son muchos días. A partir de los 4 mil metros empieza a sentirse la falta de oxígeno por la falta de presión del aire. Los síntomas que pueden aparecer son el dolor de cabeza, los mareos, descompostura, y uno no puede reponerse a eso, hay que bajar. Además, las consecuencias pueden ser graves, como un edema pulmonar o cerebral. A cierta altura, los vientos también juegan su papel, soplan muy fuerte, parece que se te viene un camión. En ciertos campamentos es imposible dormir por la falta de oxígeno y la tempestad”, explica Enrique.

ALTURAS MAYORES
La experiencia le fue dando motivos para prepararse mejor y entrenar más para cada desafío, sobre todo cuando encaró las montañas más altas del mundo. Enrique se ha preparado haciendo natación, yendo al gimnasio y, en el último mes, intensifica el entrenamiento haciendo ejercicios más relacionados al montañismo que tienen que ver con lo aeróbico. Después de escalar el Nevado de Cachi en Salta -la montaña más alta de los valles Calchaquíes con 6380 metros-, se comunicó con Alejandro Corradini, ex profesor de educación física de Pringles que organizaba una expedición por el Machu Picchu, así que la realizó. “Yo no iba pensando en subir cada vez más alto, lo que me interesaba era visitar las montañas que por alguna razón me resultaban interesantes. Por ejemplo, fuimos al valle de las Lágrimas, una visita muy emotiva porque es el lugar donde están los restos del avión de los jugadores de rugby uruguayos, que tiene 3500 metros, no es alto, pero es fantástica la visita. Es increíble pensar que estaban tan cerca, a dos o tres días de caminata de la población argentina, y sin embargo, por un error de información pensaban que estaban en Chile y salieron para el otro lado, 10 días de caminata para los dos que llegaron. En ese trajín estuvieron 72 días ahí varados, murieron muchos de ellos y toda la historia conocida”, se lamenta Fernández. Enrique explica que ahora hay ciertos elementos necesarios indispensables que llevan en las mochilas como una manta térmica que, doblada, no ocupa más lugar que un celular. Son precauciones que se empezaron a tener luego de algunos accidentes como el de los jugadores uruguayos y que ahora son requisitos.

¿Has tenido experiencias feas o de mucho riesgo?
Hace poco, en el Volcán Tromen, era una bajada con mucho acarreo, difícil, atrás mío se desprende una roca del tamaño de un lavarropa e iba directo a golpear a otro chico, pero alcanzó a esconderse y se salvó. Fue un susto grande, pero por suerte nada más. Después, bueno, siempre estamos caminando por precipicios o lugares riesgosos.

San Bernardo, Andresito, Arenal, Piedras Blancas y otros tantos constituyen los más altos de Mendoza. Una vez que visitó todos esos, tuvo la oportunidad de salir del país y viajó a Nepal para escalar el Everest. “Lo más espectacular es el choque cultural, observar cómo viven ellos mucho más felices que nosotros con muchos menos. Algunos le dicen pobreza, para mí no lo es, ellos viven así y les gusta, tienen una concepción distinta de la vida”, dice Fernández, que para llegar al Everest tuvo que pasar por uno de los aeropuertos más peligrosos del mundo, el de Katmandú, que tiene 400 metros de pista inclinada, va del precipicio a la montaña.
El año pasado tachó otro desafío importante: escaló el monte Kilimanjaro, el más alto de África con 5900 metros, ubicado al noreste de Tanzania. “Fue una experiencia maravillosa: salís caminando por la selva cerrada y seguís así durante unos tres mil metros, a esa altura ya vas quedando en montaña abierta. El último día fue muy largo porque empezamos a caminar a las 12 de la noche para hacer cumbre a las 11 de la mañana. Estuvimos un ratito en la cumbre y ya seguimos caminando para regresar. Volvimos a las 5 de la tarde, fue tan lindo como cansador”, asegura Enrique. En la cumbre están pocos minutos porque llegan con un cansancio acumulado y una carga emotiva y de adrenalina muy grande. Tratan de grabarse el paisaje en la mente, sacan fotos o graban con las cámaras y enseguida bajan.
En Tres Arroyos hay dos o tres personas más que se dedican al montañismo. Para cualquiera que quiera empezar o tomar algún desafío, puede comunicarse con Enrique para pedir asesoramiento o algún consejo valioso dada su experiencia, es importante tomar todas las precauciones posibles.
Para este año, el objetivo de Enrique es presentarse a una ultra maratón a fin de año. Para eso, quizá escalará alguna montaña como para prepararse mejor. Tiene dos en vista para encarar en alguna próxima expedición: el Llullaillaco de Salta, conocido por ser el volcán que alberga las momias incas, y el Aconcagua. El inconveniente con esta última es el valor ya que es muy caro: alrededor de 5 mil dólares. Poniendo en contexto que el Everest cuesta 1300 dólares, hay una diferencia importante.

Camino al campamento base del Everest

Rumbo al Kilimanjaro

Campamento base del Everest

Cerro Champaqui

Cumbre en el Kilimanjaro

Al fondo, el Monte Everest

Nevado de Cachi

Volcán Tromen

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