Nuestros Libros



 

Ir a la Página Principal



“Al hombre que estuvo activo toda su vida y de golpe se encuentra sin hacer nada, le cuesta mucho adaptarse, se vuelven hoscos. Nosotros queremos que vengan acá, tomen mate, se rían a la par del resto y participen”, mencionó Rodolfo Saibene, presidente del Centro

 

 


EN SU CENTRO, "EL PERIODISTA" COMPARTIO UN DIA
CON LOS JUBILADOS Y PENSIONADOS DE TRES ARROYOS

Años de jubileo

Están en la edad en que las nostalgias y los recuerdos podrían superar largamente a los proyectos. Sin embargo, siguen haciendo planes. Disfrutan del presente, se preocupan por su generación y las futuras, tienen iniciativas y las concretan. "El Periodista" pasó un día en el Centro de Jubilados y Pensionados de Tres Arroyos, un lugar que desborda de energía y ganas de vivir, de vivir bien. Aquí, la crónica de una jornada inolvidable

Han ido y venido atravesando las décadas con audacia. Están en la edad en que los recuerdos y las nostalgias podrían superar largamente a los proyectos. Pero ellos siguen haciendo planes. Disfrutan del presente, se preocupan por su generación y las futuras, tienen proyectos por delante y los ejecutan con la experiencia que les ha dado toda una vida.
Son las cuatro de la tarde de un día de semana cualquiera. La calidez del salón social "Vicente Bruno" contrasta con el crudo frío otoñal. Se llama así en homenaje a la tarea ímproba de quien presidió el Centro de Jubilados durante más de una década y fue el precursor de la creación de la sede que los reúne. A esa hora hay alrededor de cincuenta personas, algunos deambulando, otros distribuidos en grupos en diferentes mesas donde cada cual disfruta de su pasatiempo como si fuera una larga sobremesa. Unos juegan al rummie, otros se concentran moviendo las piezas de ajedrez y más allá, dos parejas se enfrascan en un partido de truco y el perdedor será el que pague el café o las empanadas. Los de la mesa de dominó recién se levantaron y se acomodan en las barandas de la cancha de bochas donde está la mayor concentración. Un grupo de mujeres sentadas en fila, termo y mate en mano, alienta a los jugadores. Es día de amistoso, preparándose para la gran final que se disputará en la siguiente jornada, tal como indica la pizarra. "Ahora no hay tanta gente, pero mañana es un partido clave y esto se llena", comenta Beba y sale de apuro a buscar a su nieta. Afuera, pese al frío, algunos se animan a arrimar los tejos lo más cerca posible del tejín.

Alta convocatoria
Solo basta una primera mirada para entender por qué el Centro de Jubilados y Pensionados convoca a tanta gente. Es la energía que se escapa por todos lados. Es la posibilidad de encuentro con sus pares, es sentirse acompañado, es el lugar de reconocimiento social que en otros ámbitos a veces carecen. O quizás sea todo eso junto, la fuerza que contrasta con su aparente fragilidad.
En un rincón un señor canoso de lentes gruesos mira alrededor como perdido. Alguien comenta que es su primer día en el Centro. Vivía en Buenos Aires hasta hace poco cuando sus hijos decidieron traerlo a una ciudad donde todavía no conoce a nadie. Ya los demás están advertidos y pronto uno se acerca a integrarlo entre los jugadores. "Una señora mendocina viuda que se radicó en la ciudad se acercó al Centro y ahora dice que es su casa. Tenemos dos familias que se han sumado hace poco de Buenos Aires y están chochos de la vida. Damos respuesta a lo que la gente requiere cuando se encuentra sola como es el caso de gente foránea", comenta Rodolfo Saibene, presidente del Centro de Jubilados desde poco tiempo después que unos amigos lo invitaron a acercarse a participar. Entonces se propuso cumplir una meta pendiente y en eso está: deseaba que el centro creciera para poder albergar y brindar comodidad al centenar de personas que se acerca diariamente. Con los fondos que pudieron sacar del corralito bancario compraron la casa lindera y desde febrero se está trabajando a pleno. Ya está colocado el parabólico de 12,50 por 40, donde se erigirán dos canchas de bochas, una de tejo y una losa auxiliar para futuras ampliaciones en el primer piso, con un mirador en lo alto que dé una panorámica de la cancha. De esta manera el salón social se utilizará específicamente para las actividades del Centro de Día y se anexará el sector del comedor, hoy separado por una mampara corrediza, donde está la cocina equipada con cámara de frío, heladeras y parrillero. Allí se atiende el comedor del PAMI, donde concurren a almorzar algunos abuelos mientras que otros, que por impedimento físico o disminución no pueden hacerlo, retiran su vianda.

Misión cotidiana
La misión primordial del Centro de Día se cumple cada día de la semana e incluso los fines de semana: encontrarse, conocerse, sentirse partícipes, compartir experiencias de vida y sobre todo divertirse. Más de uno ha encontrado ahí su pareja y rehizo su vida siguiendo el camino que se hace al andar. "Acá se han formado muchas parejas, viudas que encuentran un hombre o al revés", menciona Eduardo Picote, un jubilado de 88 años dueño de una vitalidad envidiable, que se unió al centro en busca de su lugar. "Cuando me jubilé en el ´89 buscaba un lugar de esparcimiento y acá lo encontré. Es el lugar ideal para la gente que tiene algunas penas, para olvidar los malos ratos porque acá se olvida todo. Cuando se alquila el salón para fiesta y ese día no tenemos actividad, se extraña…", dice y una mujer asiente a su lado.

Buena excusa
Los juegos son la excusa para encontrarse. El ritual se repite todos los días desde las dos de la tarde. Antes de abrir las puertas ya hay gente esperando desde temprano en la vereda. Y durante toda la jornada, desfilarán entre cien y ciento veinte abuelos que se acercan a disfrutar de cálidas compañías, en el amplio salón, testigo de reuniones amenas y charlas bien condimentadas.
Esa tarde en el salón más pequeño, separado por una amplia mampara un señor baila al ritmo del folclore. Es una de las tantas propuestas que se dictan en el Centro. También hay coro polifónico, clases de tango, gimnasia femenina y masculina. Por la mañana funcionan distintos servicios como la atención de enfermería, peluquería y pedicuría. "Antes de abrir ya hay gente esperando y están hasta las ocho de la noche departiendo y saliendo del encierro, que es una de las preocupaciones del Centro de Día, tratar de darle al abuelo un escape para que en su pasividad no se encuentre encerrado o dentro de un ambiente que lo pueda llevar a un estado depresivo. El hombre que ha estado activo toda su vida y de golpe se encuentra sin hacer nada, le cuesta mucho adaptarse, se vuelven hoscos. Nosotros queremos que vengan acá, tomen mate, se rían a la par del resto y participen", menciona Rodolfo.

Grandes valores
En una vitrina de la entrada se exhiben los trofeos de los campeonatos internos de distintas disciplinas deportivas. Esa tarde están presentes representantes de la Dirección de Cultura que inscriben para los Torneos Bonaerenses. Eduardo fue uno de los que participó en años anteriores y llegó a la final de Mar del Plata en sapo y truco. Concurre al centro desde hace quince años cuando se jubiló de su actividad en la Sociedad Rural y hace diez lo nombraron secretario de prensa. "Vengo todos los días a la mañana o a la tarde, charlo con uno o con otro y a veces juego algo. Las penas que tenés en tu casa las olvidas todas acá jugando. Es un lugar de entretenimiento y de olvidar las penas". Pero más que el juego, a él le fascina el baile. Y no se pierde por nada del mundo las cenas-baile que se organizan en el Centro. "A mi me gusta el baile con locura, soy bailarín de tango y fos trot. Tengo una amiga, Lía Pili, que es mi compañera de baile. A mi señora no le gusta bailar así que Lía viene y le pregunta a mi mujer si le permite bailar con su marido y bailamos hasta las tres o cuatro de la mañana", dice y aclara que a su mujer no le molesta. "¡Qué se va a enojar!. Si se lo llevan se lo devuelven, así que no hay problema", menciona riendo una señora que pasa a su lado.
Las cenas bailes del Centro de Jubilados que se hacen de manera infaltable cada mes son muy populares. Y tienen dos fiestas que son características: la del aniversario de la fundación, que concretan el 8 de julio para recibir el Día de la Patria cantando el Himno Nacional y la celebración de fin de año donde se entregan los trofeos y reconocimientos por el desempeño en los campeonatos que se realizan anualmente en cada disciplina. "Te puedo asegurar que se la pasa muy pero muy bien, un hermoso ambiente que la gente cuida y respeta. Nos alegra muchísimo que se acerque la gente, matrimonios jóvenes que vienen a compartirlo con nosotros, lo que es llamativo e interesante. Bailamos desde el tango hasta lo moderno porque las orquestas van mixturando temas, son rondas largas donde los abuelos muestran que tienen mucha energía, ganas de vivir y de vivir bien", asegura Rodolfo. Precisamente de eso se trata. Han ido y venido atravesando décadas con audacia. Y hoy disfrutan de vivir y vivir bien. Se lo tienen bien ganado. Están en la edad en que los recuerdos y las nostalgias podrían superar largamente a los proyectos. Pero ellos siguen haciendo planes.

Educar para la vida
Alarmados por los altos índices de siniestros viales, producto de la desidia o impericia conductiva, los integrantes del Centro de Jubilados tomaron cartas en el asunto. E impulsaron una cruzada convocando a la participación de todas las entidades civiles que quieran sumarse a la campaña denominada "Educación para la vida". El objetivo es combatir la "endemia social" que en nuestro país produce la muerte de veinticinco personas por día.
En los fundamentos del proyecto, coordinado por Néstor Tambussi, un integrante del Centro, técnico en seguridad vial y pionero en la implantación del cinturón de seguridad en Sudamérica, manifiestan que "no existe un antídoto eficaz para evitar esta endemia y solo se puede recurrir a un cambio de hábitos mal adquiridos, un cambio en nuestras conductas y fundamentalmente que, cada uno de nosotros haga su propia autocrítica para comprender el cambio necesario e imprescindible, valorando los derechos que tienen nuestros semejantes, subordinando nuestros propios derechos en beneficio de los derechos de todos".
En relación a este plan, Saibene mencionó que "la inquietud de la gente mayor es dar muestras que estamos con vida y queremos colaborar con la ciudad en todo lo que sea beneficio común. No hay que olvidarse que los abuelos desde los distintos lugares de trabajo dieron muestra de su capacidad y hoy unidos todos pueden hacer su aporte y seguimiento de los problemas sociales que enfrenta la ciudad".
Desde su lugar, convocan a cada institución a convertirse en factores multiplicadores para difundir esta acción, brindando todos los aportes necesarios en pos de erradicar esta dolencia social. La primera acción promueve una recolección de firmas en nuestra ciudad, conjuntamente con la que se está realizando en distintos puntos del país, para declarar la Emergencia Vial en el territorio nacional.


Breve historia de la entidad
El Centro de Jubilados y Pensionados surgió a mediados de la década del '40 por iniciativa de un grupo que abogaba por concretar una entidad que reuniera a aquellos que habían dejado su vida activa luego de muchos años de trabajo. Las aspiraciones comenzaron a tomar cuerpo el 19 de julio de 1952. Ese día sesenta y nueve personas se reunieron en el Palacio Municipal y conformaron la asamblea constitutiva. Con el nombre de Asociación de Jubilados y Pensionados de Tres Arroyos se designó a la primera comisión directiva que presidía Miguel Martín Villemur. Durante años celebraron sus reuniones alternativamente en el Palacio Municipal, la Liga de Comercio e Industria, la CGT y el local del gremio mercantil.
En 1975, la asociación consiguió su personería jurídica pasando a denominarse Centro de Jubilados y Pensionados de Tres Arroyos. Al mismo tiempo, había aspiraciones de concretar medidas de asistencia médica y otras prestaciones, lo que dio lugar a la creación de la Mutual de Jubilados, que realizó gestiones ante el Instituto Nacional de Obras Sociales para Jubilados y Pensionados que canalizaba la acción a través del Plan de Asistencia Médica Integral (PAMI).
En junio de 1980, el Centro de Jubilados pudo inaugurar su sede propia, en Sarmiento 582, donde se centralizaron las actividades y se anexaron nuevos servicios como enfermería, pedicuría y peluquería. A partir de 1991 se implementó el Centro de Día y en abril de ese año, se inauguró la nueva sede con mayores comodidades, en Pedro N. Carrera 355, donde funciona desde entonces.


 
 
El Periodista de Tres Arroyos.
Tres Arroyos, Pcia. de Buenos Aires, República Argentina