notas edicion de papel

EL PARROCO TRESARROYENSE DOMINGO TORQUATTI CON EL PAPA FRANCISCO EN EL VATICANO

Reunión de padres

Se conocieron en el colegio jesuita donde uno de ellos se formaba como sacerdote, y el otro se desempeñaba como docente. La vida espiritual volvió a unirlos, uno convertido nada menos que en Papa; el otro, en un sacerdote valorado por su obra en Tres Arroyos y también por su luminosa personalidad. Son Jorge Bergoglio, hoy Francisco I, y Domingo Torquatti, que volvieron a abrazarse en el Vaticano el pasado 2 de marzo. La experiencia, en “El Periodista”

Abril 2016
“Cuando le mencioné mi nombre lo primero que me dijo, de manera muy sencilla, fue: ‘¿qué hacés vos acá?’. Le contesté ‘te vine a visitar’”, narró Torquatti sobre su encuentro con El Papa Francisco

“Cuando le mencioné mi nombre lo primero que me dijo, de manera muy sencilla, fue: ‘¿qué hacés vos acá?’. Le contesté ‘te vine a visitar’”, narró Torquatti sobre su encuentro con El Papa Francisco

Alumno y maestro se volvieron a reunir. Domingo Torquatti era apenas un aspirante a sacerdote la última vez que pudo tener contacto con Jorge Bergoglio, a quien hoy todos conocen como el “Papa Francisco”.
De eso pasaron ya más de treinta años. Al término de una de las tantas audiencias generales desarrolladas en el Vaticano, el cura encargado de la Iglesia Nuestra Señora de Luján de Tres Arroyos logró entrevistarse con su antiguo profesor, aunque más no sea por unos minutos.
Si bien el encuentro fue breve, estuvo cargado de emotividad para Torquatti, quien no se cansa de resaltar el carácter humilde y llano del Sumo Pontífice en ese corto mano a mano. Ante “El Periodista”, contó detalles íntimos de su singular experiencia.
¿Cómo le llegó la posibilidad de visitar al Papa?
Una persona allegada, que viajaba a Italia, me había comentado acerca del tema a fin del año pasado. Se envió una nota, tal como corresponde, para acceder a verlo, y por supuesto que me interesó la chance de poder contactarme con el Sumo Pontífice, que es el máximo representante de Dios en la tierra.
¿Cuándo se dio el encuentro?
El pasado 2 de marzo en la Audiencia General, bien temprano por la mañana, una vez terminada toda la secuencia de oraciones y meditaciones que se lleva a cabo en la Plaza del Vaticano, que reúne a un mundo de gente. Francisco pasa por todos lados y saluda a cada uno personalmente, está cerca de una hora recorriendo. En medio de ese derrotero del Papa, nos encontramos.
Nuevamente, maestro y alumno cara a cara…
El había sido mi profesor allá por el año 1980, en San Miguel, en el colegio de los jesuitas que forma parte del ala de Filosofía y Teología de la Universidad de El Salvador. Bergoglio dictaba una cátedra bíblica, concretamente sobre el Libro de Job, y yo era su alumno (N. de la R.: en el momento de la asunción de Francisco como Papa, “El Periodista” habló en extenso sobre ese punto con Torquatti). El además era el decano de la Facultad, por eso nos conocimos. La relación también se da por su perfil amistoso, fraterno y de servidor de las cosas de Dios que afortunadamente conserva. Siempre lo tuve presente y seguí su trayectoria como obispo primero, cardenal después, y ahora como máxima autoridad de la Iglesia en la tierra.
¿Recordaba perfectamente tu paso por el colegio jesuita?
Sí, claramente, porque cuando le mencioné mi nombre lo primero que me dijo, de manera muy sencilla, fue: “¿qué hacés vos acá?”. Le contesté “te vine a visitar”. Y si bien no pudimos mantener una charla extensa, porque lógicamente se trata de una persona cargada de actividades, al menos cinco o diez minutos logramos compartir.
¿De qué cosas pudieron hablar?
Le conté cómo había llegado a Italia, repasamos el tiempo que hacía que no nos veíamos, y surgieron algunos temas que tienen que ver fundamentalmente con la tarea pastoral. A mí me interesaba compartir con él cuestiones de fe, las cosas de Dios. Por otra parte, le mostré los recortes periodísticos locales de hace tres años, cuando fue ungido como Papa, para dejarle un testimonio de lo que yo opinaba ante esa circunstancia, cuando renunció Benedicto y asumió él. A mí me parecía, y lo dije en ese entonces, que la llegada de Francisco significaba “un beso de Dios a la Iglesia y a la humanidad” y la renuncia de su antecesor quizás implicara “el advenimiento de una suerte de terremoto, de algo fuerte”.
¿Qué sucedió después?
Luego de haber hablado con él, nos estrechamos en un abrazo, y le dije en un determinado momento: “¿te puedo dar un baccio (beso, en italiano)?”, y nos sacamos una foto, porque quería que quedara guardado en el tiempo ese momento. No se trata de ninguna cuestión ‘cholula’, sino de la alegría de verlo a y gozar de esa cercanía divina. Dios está ahí, entre nosotros y se manifiesta en personas comunes como él. Para mí era importante la experiencia, como religioso.
¿Cómo lo viste?
Muy metido en la simplicidad de las cosas de Dios, con la actitud fresca y lozana de siempre, con una mirada clara, con plena conciencia de que el Padre que está en el cielo sabe lo que hace y lo guía en su misión. Puedo decir que me encontré a la misma persona que hace treinta años, con otra ropa, algunos pelos menos y unas canas más (risas).

“Dios está ahí, entre nosotros y se manifiesta en personas comunes como él. Para mí era importante la experiencia, como religioso”, aseguró el sacerdote

Torquatti: “Puedo decir que me encontré a la misma persona que hace treinta años, con otra ropa, algunos pelos menos y unas canas más (risas)”

“Luego de haber hablado con él, nos estrechamos en un abrazo, y le dije: ‘¿te puedo dar un baccio (beso, en italiano)’?”, contó Torquatti

 
 
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