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EXCLUSIVO - EL TRESARROYENSE ESTEBAN MARQUINEZ Y UN ROL PROTAGONICO EN LA BUSQUEDA DEL DESAPARECIDO SUBMARINO ARA SAN JUAN

Puerto esperanza

Como Coordinador General de Operaciones del Puerto de Comodoro Rivadavia, el tresarroyense Esteban Marquínez tuvo un rol protagónico en la búsqueda internacional del desaparecido submarino ARA San Juan. A solas con “El Periodista” y desde una posición privilegiada, recreó la intimidad, angustia e intensidad de esos aciagos días, y aseguró que tiene esperanzas de encontrar el sumergible. Exclusivo

Marzo 2018
El tresarroyense Esteban Marquínez es Coordinador General de Operaciones del Puerto de Comodoro Rivadavia y como tal participó de la búsqueda del ARA San Juan

El tresarroyense Esteban Marquínez es Coordinador General de Operaciones del Puerto de Comodoro Rivadavia y como tal participó de la búsqueda del ARA San Juan

El viernes 17 de noviembre del año pasado amaneció con una noticia que iba a revolucionar todos los noticieros del país. A estremecer y dejar atónitos a los argentinos, y al mundo. Los medios de comunicación informaban que 48 horas antes había desaparecido el submarino ARA San Juan, con 44 tripulantes a bordo, y que nada se sabía de su paradero. En ese momento, el tresarroyense Esteban Marquínez, Coordinador General de Operaciones del Puerto de Comodoro Rivadavia, recibió la llamada de su superior, Rolando Caviglia, para poner manos a la obra e iniciar la búsqueda.
.- “Esteban, preparate porque se viene la flota de Estados Unidos, están llegando marines y aviones. El tema es justo frente a Comodoro” - ordenó Caviglia, del otro lado del teléfono.
Esteban Marquínez nació el 21 de mayo de 1955 en Tres Arroyos. Su padre y su tío tenían la gomería Marquínez, frente a EL ABC. Vivían en Solís entre 9 de Julio e Hipólito Yrigoyen, donde su tío tenía una relojería. Hizo el jardín en la Escuela 1 y la primaria en la Escuela 5 y en el Colegio Jesús Adolescente. Empezó la secundaria en el Colegio Nacional, los primeros tres años, y después hizo otros dos años en el Industrial. Jugó al fútbol en el Club Atlético Huracán toda su infancia y hasta sus 16 años, donde logró llegar hasta la tercera división. Tuvo como entrenador a “El Loco” Olivieri, histórico arquero de Huracán, y compartió plantel con Adolfo Luna y “El Gallego” Palacio, padre de Rodrigo. “Tengo recuerdos muy lindos de Tres Arroyos. Hasta volví a encontrar a mi maestra de tercer grado, “Chana” Ebbens, con quien estoy en contacto y tengo una linda relación”, dice Esteban, que hasta los 16 años no sabía que su vida iba a seguir en la Patagonia.
Se fue un 3 de enero de 1972 a Calafate, acompañando a su prima en un viaje que iba a durar 15 días. Se terminó quedando cinco meses en ese pueblo que en ese entonces no superaba los 800 habitantes, con sus primos. “Dicen que si probás los frutos de Calafate, no te vas más, y así fue”. De ahí se fue a Santa Cruz, porque salió una beca para quienes habían abandonado los estudios secundarios. Se fue con 17 personas más a vivir en un hotel, trabajar y seguir los estudios. Vivió dos años en Puerto Santa Cruz, primera capital de la provincia, que tiene 3500 habitantes y se quedó estancada, sin crecimiento por la desvalorización de la lana y la pérdida de campos por culpa de la erupción del volcán chileno Hudson de 1991.
“Mi primer amigo fue Lázaro Báez. Él era presidente del centro de estudiantes en el colegio. Cuando yo me venía de vacaciones a Tres Arroyos, me pedía que le lleve discos con los hits del momento. Así que yo iba a una casa de discografía que había en 9 de julio entre Moreno y Colón, compraba todos y cuando volvía los escuchábamos juntos. En 1975 se fue a Río Gallegos y ya no lo vi más”, recuerda Esteban.
El 7 de diciembre de 1973, Esteban participa activamente de la toma pacífica de Puerto Santa Cruz. Fue gestada y ejecutada por estudiantes y comerciantes, que contaron con el apoyo de todo el pueblo. Las autoridades habían cancelado la construcción del puerto de Punta Quilla, lo que enervó a los ciudadanos y les dio el motivo necesario para salir a la calle. Ese puerto no necesitaba dragado porque tenía una profundidad natural de 10 metros. Era factible y necesario para el comercio. Un profesor del último año del secundario los persuadió a implicarse en el tema y pedir una reunión con las autoridades del municipio. Marquínez y compañía no lo dudaron; estaba en juego su futuro.
El 9 de diciembre tomaron un avión militar de LADE (Líneas Aéreas del Estado) entre 30 y 40 autos que lo interceptaron en la pista y no lo dejaron despegar. Acto seguido, ocuparon todos los edificios del pueblo. La Aduana, el Juzgado, el Colegio, el Hospital y el Correo. Todo de forma pacífica. Estaba todo hablado hasta con Prefectura.
A los 15 días, el presidente provisional Raúl Alberto Lastiri, viajó a Río Gallegos a dar un discurso desde un balcón de la Gobernación. Cuando empezó a hablar, el clima se enrareció, se respiraba tensión. Más de 1000 personas se movilizaron desde Puerto Santa Cruz hasta Río Gallegos y avanzaron entre la muchedumbre al grito de “queremos el Puerto”.
.- “¿Quieren el Puerto? Ahí lo van a tener” - sentenció Lastiri.
Un mes después, la empresa constructora de Puertos “DyOPSA”, comenzó los trabajos. Hoy, el Puerto de Punta Quilla es uno de los más importantes de Sudamérica.
Esteban dejó Puerto Santa Cruz con el título de apoderado y Agente Aduanero.
En 1978 volvió a Tres Arroyos por un año. “No me ambienté, mis amigos ya no estaban, no era lo mismo”. Así que volvió al sur, a Puerto Santa Cruz, e ingresó a trabajar en la Municipalidad, en la Secretaría de Deporte y Cultura. Ahí ganaba unos 15 mil pesos. Un día le tocó la puerta de su oficina un norteamericano que trabajaba como Agente Marítimo en Buenos Aires:
.- ¿Usted es Esteban Marquínez?
. - Sí
. - Nosotros venimos por el petróleo. Trabajamos con la plataforma Mosconi que pertenece a YPF. Venimos de Comodoro, pero vamos a perforar acá. Te necesitamos, junto a otras dos personas, para trabajar como radioperador en la plataforma.
Le ofrecieron el triple de lo que ganaba en la Municipalidad. Aceptó y se fue junto a dos compañeros a trabajar en un contenedor, en una plataforma petrolera. “Ahí empezó mi carrera, estuve un año trabajando en eso para la empresa Bridas”, dice Esteban. Ahora “Bridas” es “Pan American Energy”, la segunda más importante del país.
Durante ese tiempo, lo contactó un agente marítimo de Buenos Aires para trabajar con una empresa importante. Era la Agencia Marítima Internacional -ahora Ultramar Argentina, empresa con capitales alemanes y chilenos-, donde se quedó 18 años, hasta 1995. “Cuando ingresé ahí, me di cuenta que iba a vivir de eso, me gustó mucho desde el primer momento. Cuando te piden algo, siempre es para un día antes, preguntás para cuándo y te dicen que ya lo tendrías que haber hecho. Todo es presión y es estresante, pero a mí me gusta”. Esteban tenía 22 años cuando entró, pero no le tembló el pulso. Ya había hecho el Servicio Militar Obligatorio en 1975, en Puerto Santa Cruz. En la Agencia, fue ascendiendo hasta quedar como segundo en la sucursal de Puerto Santa Cruz: “Había un Gerente General y después estaba yo, que había adquirido experiencia y tenía mucho conocimiento de la actividad en el Puerto”, reflexiona Marquínez.
Esteban piensa, mira para arriba como recordando, como si en el techo de la oficina del puerto de Comodoro Rivadavia, donde está cubriendo la primera guardia, estuvieran los recuerdos de su historia. “Ahí empecé a trabajar en el Puerto. A conocer el trabajo y acomodarme. Me gustó enseguida, yo veo un barco y me enloquezco. Comencé a operar con 12 barcos en cuatro plataformas. Eran americanos y noruegos. Después vino la guerra en 1982 y quedó una sola empresa, “Total Austral”. Yo seguí trabajando en la parte marítima, pero empecé a viajar un poco más. Me enviaban a los Puertos de Río Gallegos y Puerto Deseado”, rememora el tresarroyense.
En 1995 renunció a la Agencia Marítima Internacional y viajó a Comodoro Rivadavia, donde empezó a trabajar en una empresa chiquita pero que tenía contrato con Petrobras, para atender buques petroleros de 300 toneladas. Estuvo como Gerente un año. Luego, a esa empresa la compró “Meridia”, otra Agencia Marítima de Buenos Aires. “Estuve un año más de Gerente en la empresa hasta que nos despidieron a todos, en 1998, por algunos problemas que traía de arrastre la empresa. Ahí me quedé sin nada. Por suerte me conocía mucha gente y conseguí trabajo enseguida, entré como apoderado general de una empresa chiquita llamada “Crystal”, que trabajaba con barcos chiquitos, pesqueros”, reconstruye Esteban. Comodoro es una plaza muy importante. Al poco tiempo, lo llamó un amigo de Puerto Madryn, para trabajar en una empresa que hacía trasbordo de calamar y estaba con la Aduana. Estuvo casi medio año con ellos y se iba a quedar a vivir en Madryn, pero no pudo porque no tenía cupo en el Sindicato. En ese ínterin, lo llamaron de “CH Robinson”, una multinacional importante que se dedica a brindar soluciones en logística internacional de cargas. Estuvo nueve años trabajando para ellos.

Los ojos del capitán
Esteban Marquínez es Agente Marítimo. Aprendió el oficio con la experiencia de años de trabajo. El Agente Marítimo atiende a los barcos que llegan al puerto. “Sos los ojos del capitán”, explica. Está contratado por el dueño del barco. Tiene que hacer toda la documentación y presentar todo ante Prefectura y Migraciones. Es el representante legal del barco en el Puerto argentino. El Capitán lo único que hace es firmar lo que el Agente prepara. Y todo lo que el Capitán pide, desde una bolsa de pan hasta ladrillos, o lo que sea que necesite, se lo tiene que conseguir el Agente Marítimo. Es la persona que intercede entre el barco y el puerto. Además, toda la documentación que piden las autoridades marítimas las tiene que conseguir el Agente Marítimo, tanto para los barcos que llegan como para los que salen. Los extranjeros requieren más documentación, es la única diferencia. “Ahora te adelantan todo por email, cada vez es más fácil y rápido todo el trámite”, dice Marquínez.
Con el idioma se las arregla: “Hablo inglés y con eso me manejo bien, siempre se pide lo mismo y las conversaciones son similares, es el idioma universal”, explica Esteban y, entre risas, dice que dentro de poco va a ser el chino mandarín, que hay gente que lo está aprendiendo desde hace cinco años, pero que él ya no está para eso, que no lo va a aprender.
En el 2008 lo llamaron nuevamente de la Agencia Marítima Ultramar “porque se había reflotado el tema de las perforaciones offshore”. Ahí se quedó cinco años más: “Hasta 2013, cuando estuve en Ushuaia un mes trabajando con cruceros”, confiesa Marquínez, mientras se le iluminan los ojos. Le gustan los cruceros.
“Me ha tocado atender de todo. Hasta el catamarán de Steve Fossett, el multimillonario. Le hice un juicio porque me había quedado debiendo cuatro mil dólares, así que hablé con un abogado local que fue a verla a la jueza federal de Comodoro Rivadavia, y le embargamos el catamarán, que valía 74 millones de euros. Fossett quería romper un récord Guinness, estaba con ese tema, y tenía una carrera en ese momento, pero se le frenó por este juicio. Al poco tiempo, apareció un allegado del millonario, pagó todo y se destrabó la situación”, narra Esteban.
A pesar de vivir hace 46 años en el sur e ir de puerto en puerto, no viajó mucho en barco: “Lo máximo que anduve fue hasta Mar del Plata. Sí viajé mucho en helicóptero. Una vez fui hasta una plataforma en un helicóptero grande con un capitán norteamericano que había estado en la guerra de Vietnam. En barco he tenido experiencias feas, de estar en el mar con vientos de 120 kilómetros, pero por suerte nunca he tenido accidentes. Cuando hay marejada y llegan buques petroleros, que entramos cuatro millas en lancha, tenés 25 metros de diferencia de donde llega la lancha hasta la borda donde tenés que subir al barco, y te bajan la escalera de gato, la que va pegada al casco. Y si no te apurás o el lanchero no es práctico, podés tener un accidente fatal. Ahora ya no salgo más, me quedo en el muelle”, señala el tresarroyense.
Esteban se casó en Puerto Santa Cruz en 1987. Tuvo dos hijos y en 1995 se fue, junto a su familia, para Comodoro Rivadavia. El mayor, Nicolás, tiene 28 años y se recibió de médico. La hija, de 26 años, está terminando psicología. Esteban está divorciado desde el año 2000 y actualmente vive solo, aunque dice que tiene buena relación con su ex pareja y con toda la familia. Su horario de trabajo, en la administración del puerto, es de 8 a 16. Durante el lapso en el que se efectuó esta entrevista, estaba cubriendo guardias; son de 12 horas por 12 de franco durante cuatro días. En el Puerto de Comodoro Rivadavia trabaja como Coordinador General de Operaciones. “Durante la búsqueda del submarino, dormíamos dos o tres horas por día”, dice Esteban, y mira para otro lado.

La desaparición
El 15 de noviembre de 2017 a las 07.30 desapareció en el Mar Argentino el submarino ARA San Juan de la Armada Argentina, con 44 tripulantes a bordo. “Yo estaba en mi departamento cuando me llamó el director de Puerto, Rolando Caviglia”, señala Esteban. Caviglia le ordenó al tresarroyense que se dirija al puerto y verifique toda la parte operatoria. “Fuimos con el jefe de área y empezamos a ver como estaba todo el tema de luces y agua, no sabíamos bien cómo iba a ser la operación”, relata Marquínez.
La oficina de Control de Operaciones está ubicada frente al destacamento de la Armada. Sin embargo, por el estricto protocolo de la Fuerza, Esteban y sus compañeros se enteraron de lo sucedido con el submarino por los medios de comunicación, al igual que cualquier ciudadano. Al otro día, tuvieron una reunión con el Jefe de la Armada y se pusieron en sintonía con el protocolo, empezaron a entender la problemática y a ver las cosas de otra manera.
Los primeros 15 días fueron de búsqueda y rescate. Llegó ayuda internacional de Estados Unidos, Gran Bretaña, Rusia, Chile y Uruguay. Además, ofrecieron aviones y radares desde Perú, Colombia, Brasil, Noruega, Italia y Alemania, pero dice Esteban que no los vio, que en el Puerto no estaban. “Durante esas primeras dos semanas, hubo 200 personas cada día trabajando en conjunto en el puerto de Comodoro y no hubo un accidente. Eso habla de la mano calificada que existe en esta ciudad; los soldadores y todos estuvieron excelentes”, se enorgullece Marquínez. Luego, finalizó la etapa en la que buscaban a los tripulantes, y se dedicaron íntegramente a encontrar el submarino.
“El trabajo de los marines norteamericanos fue extraordinario. Vinieron con una seriedad y un compromiso impresionante. El abrazo que le da el jefe de los marines a Luis Tagliapietra, padre del submarinista más joven, fue sincero y entre lágrimas, eso habla del compromiso que había”, dice Esteban, que presenció ese momento.
Los estadounidenses y los rusos estuvieron trabajando en conjunto. Estados Unidos tenía equipamiento para operar hasta 600 metros, y Rusia hasta mil. “Ningún otro país envió ayuda acá. Sí hubo aviones británicos, uruguayos, chilenos, nada más”, recuerda el coordinador del puerto.
Ansiosos y preocupados, así pasaban los trabajadores los días en el puerto. Querían que salgan los barcos lo más rápido posible. “Todo lo que se hizo, fue a conciencia. Incluso, para montar el minisubmarino hubo que cortar la popa de un barco, eso debía hacerse en un astillero, pero lo hicieron en el puerto, fue un trabajo extraordinario y fantástico. Iba a durar 72 horas y lo hicieron en 12. Los extranjeros quedaron atónitos y felicitaron a los trabajadores de acá. Fueron días de mucha angustia, llorábamos constantemente”, señala el tresarroyense.
El minisubmarino era la esperanza, pero volvió a lo cuatro o cinco días. “Fue un error fundamental”, explica Esteban. Dice que volvió muy rápido, que fue como decir, bueno, ya está. “Fue una decisión apresurada mandar el barco con el minisubmarino, deberían haber esperado, por lo menos, una semana más. Eso desató más furia y tristeza”, se lamenta.
Según Esteban, demoraron mucho para empezar a buscarlos. Explica que a las 600 toneladas de material -14 aviones, entre otras cosas-, había que coordinarlas, pero que Argentina debería tener los recursos para comenzar inmediatamente la fase de búsqueda y rescate.
.- Tenemos una Armada atada con alambre. Los ARA que vemos acá son viejos, dice.
. -Supuestamente, al San Juan lo habían restaurado hace algunos años…
. -Lo pintaron por afuera, no estaba en condiciones, advierte el tresarroyense.
Para Esteban, lo que se debe hacer es reducir la flota: “En lugar de tener 20 barcos, tengamos 10, pero 10 buenos”, analiza y opina que el problema de Argentina es que tiene un litoral marítimo muy extenso y pocos recursos para defenderlo, “entonces roban mucho los chinos, los japoneses, los españoles. Ahora tenemos acá una embarcación española presa, que la agarró Prefectura con 320 kilos de pescado”, se indigna Esteban y critica: “No hay aviones, ni barcos, ni presupuesto. La provincia de Santa Cruz está fundida. Chubut, lo mismo. Los puertos están en decadencia, es terrible”.
A su vez, dice que Cambiemos está haciendo ampliaciones en los puertos y está mejorando el Aeropuerto, que es lo que había prometido. Y piensa que están peleando con muchas cosas que vienen de arrastre: “Esto no se va a hacer ni en cuatro años, ni en ocho, ni doce. Es de a poco, pero a las Fuerzas Armadas las tienen que levantar”, asegura el tresarroyense.

Hipótesis
“Yo descarto totalmente la hipótesis del ataque británico al ARA San Juan. Por empezar, hubieran quedado restos flotando, aceite, combustible, todo lo que pudiera tener un submarino a bordo, y no pasó. Pienso que una de las posibilidades, por haber hablado con amigos submarinistas, es que haya tenido un problema interno. Tenían problemas con el snorkel -dispositivo que posee un submarino para operar sus motores-, que le entraba agua. Tenían fallas y puede haber implosionado cuando cayó, por las baterías. La otra posibilidad es que se hayan quedado a media agua, entre 50 y 100 metros, porque no podía descender más allá de los 100, y la corriente de Brasil, que tiene una fuerza de dos nudos, lo puede haber ido llevando y sacado de la zona donde lo buscaron”, explica Marquínez y prosigue: “Algunos preguntaban por qué no salió a superficie, eso es imposible, había olas de 6 y 7 metros y el submarino es como un huevo, se hubiera dado vuelta y se hubieran matado entre ellos”, sostiene.
.- El ataque británico es imposible, además mandaron ayuda, vinieron con un avión acá al Puerto de Comodoro Rivadavia. Es ilógico, pero bueno, algún día se va a saber la verdad.
. - ¿Sí?
. - Tengo la esperanza de que lo van a encontrar, eso nunca se pierde, ojalá sea pronto.

La experiencia
Esteban suspira, se toma su tiempo. Piensa lo que va a decir y se esfuerza para pronunciar cada palabra; los recuerdos duelen, la nostalgia se hace presente y con los ojos vidriosos, vuelve a hablar: “La experiencia vivida, dentro de todo, es rica. Vimos trabajar a gente conocida y extranjera de forma extraordinaria, eso me llena de orgullo. Para uno que siempre anduvo en este ambiente, esto fue increíble. Trabajamos para salvar vidas humanas, y eso no tiene comparación. Son experiencias que te enseñan muchas cosas. Para mí fue excepcional, compartí y estuve con muchos profesionales en momentos muy duros. A mí me encontró bien preparado en la parte profesional y un poco débil en lo sentimental. A veces, se me caían lágrimas y flaqueaba un poco cuando veía que se demoraban, o cuando pasaba algo que generaba impotencia”, subraya Esteban Marquínez.

La vida sigue
“Comodoro parece que fuera otro país. Es una ciudad de casi 500 mil habitantes, muy importante en la Patagonia. Pero es muy caro, una pizza cuesta 500 pesos. Salís a comer y gastas 700 u 800 pesos por persona. Hay una diferencia de precios abismal por el tema petrolero”, detalla y sonríe con ironía, como quien aún no puede creer lo que cuenta.
A Tres Arroyos vuelve seguido para visitar a sus primos, sobrinos, tíos y amigos de la infancia. Y a Claromecó también, porque tiene casa y dice que es su playa, donde se crió. “Dentro de poco tengo pensado ir, en lo posible en moto, como fui hace un tiempo. A mi ritmo, tranquilo, pero me encanta la aventura así que suelo salir en la moto y despejarme”, describe Esteban, en tono tranquilo y relajado, ya sin carga.
“Esto que pasó, no tiene que olvidarse nunca más. Yo tengo remera y gorra del ARA San Juan, y un sticker en el parabrisas de mi moto, para tenerlos siempre presente”, concluye Esteban Marquínez, y se concentra en la guardia, en el Puerto de Comodoro Rivadavia, donde siguen buscando el submarino.

“Esto que pasó, no tiene que olvidarse nunca más. Yo tengo remera y gorra del ARA San Juan, y un sticker en el parabrisas de mi moto, para tenerlos siempre presente”, aseguró Esteban Marquínez

“Son experiencias que te enseñan muchas cosas. Para mí fue excepcional, compartí y estuve con muchos profesionales en momentos muy duros”, definió el tresarroyense la búsqueda del sumergible

“El trabajo de los marines norteamericanos fue extraordinario. Vinieron con una seriedad y un compromiso impresionante. El abrazo que le da el jefe de los marines a Luis Tagliapietra, padre del submarinista más joven, fue sincero y entre lágrimas, eso habla del compromiso que había”, dice Esteban, que presenció ese momento

Esteban Marquínez vuelve seguido a Tres Arroyos para visitar a sus primos, sobrinos, tíos y amigos de la infancia. Y a Claromecó también, porque tiene casa y dice que es su playa, donde se crió

Ansiosos y preocupados, así pasaban los trabajadores los días en el puerto. Querían que salgan los barcos lo más rápido posible. “Todo lo que se hizo, fue a conciencia. Incluso, para montar el minisubmarino hubo que cortar la popa de un barco, eso debía hacerse en un astillero, pero lo hicieron en el puerto, fue un trabajo extraordinario y fantástico. Iba a durar 72 horas y lo hicieron en 12”, señaló Esteban

 
 
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