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CON UN LIBRO SOBRE NARCOTRAFICO, EL TRESARROYENSE ARIEL URQUIZA GANO EL PREMIO “CASA DE LAS AMERICAS”, UNO DE LOS MAS PRESTIGIOSOS DEL CONTINENTE

No hay risas en el cielo

Sicarios, muerte, violencia, traiciones, forman parte del universo que el tresarroyense Ariel Urquiza retrata en su primer libro de cuentos, con el que acaba de ganar uno de los premios más prestigiosos del continente: el “Casa de las Américas”, instituido en Cuba en 1960. “El Periodista” dialogó con él en exclusiva, para conocer al hombre que encontró una elogiada voz para personajes entrampados en un oscuro universo, al que sólo había accedido por las noticias

Abril 2017
Urquiza trabaja como traductor de inglés y corrector de textos, y con su primer libro ganó el prestigioso premio “Casa de las Américas”

Urquiza trabaja como traductor de inglés y corrector de textos, y con su primer libro ganó el prestigioso premio “Casa de las Américas”

Arrancaremos con tu infancia y adolescencia en Tres Arroyos. ¿Quién era Ariel Urquiza entonces? ¿Quiénes fueron o de dónde surgieron sus amigos, sus primeros juegos?
Fui a la primaria en la Escuela N° 1, vivía en la calle Falucho y con mis amigos solíamos jugar en la plaza Italia o en la plaza San Martín, además de la calle. En esa época, al menos, era común jugar en la calle.
Clubes, deportes... ¿Lector desde niño?
A mí me gustaban los deportes, pero yo no le gustaba a ellos. Era de muchas lecturas en casa, sí. Iba mucho a la biblioteca Sarmiento a sacar libros. De chico me gustaban los libros de historia, sobre todo de las guerras mundiales. Y los libros de geografía.
¿Ya escribías algo, fuera de las obligaciones escolares, o por entonces sólo leías?
Escribía poemas muy malos. Sobre todo eso y algunos otros textos que no recuerdo bien.
¿Guardabas o tirabas?
Tiraba, cada tantos años tiraba.
Imagino que como muchos de nosotros, te fuiste de la ciudad al terminar el secundario. ¿Dónde y a hacer qué? ¿Cómo había aparecido esa vocación?
Cuando terminé la secundaria no tenía muy en claro que estudiar. Ya sabía que quería escribir pero a la vez entendía que no iba a vivir de eso. La carrera de Letras, por alguna razón, no la consideré demasiado. Opté por periodismo. Pero tenía una idea del periodismo muy idealizada. Me vine a Buenos Aires en 1990. Y cuando empecé a buscar trabajo eran épocas difíciles, mediados y fines de los ‘90. Así que terminé trabajando de cualquier cosa menos de periodista. Después estudié sistemas buscando una salida laboral. Y después, cuando me di cuenta que sistemas no era lo mío, estudié traductorado de inglés.
Mientras tanto, ¿dónde quedaba la escritura?
Cada tanto aparecía. Fueron momentos. En 1999 fue la primera vez que me puse a escribir metódicamente. Pero después hubo épocas, años, en los que no escribí nada. Tenía ganas de escribir pero no encontraba el tiempo. Hasta que hace unos 8 años empecé a tomarme la escritura más en serio. Desde entonces sigo escribiendo de manera bastante regular.
¿Escribías solo? ¿Fuiste o vas a algún taller?
El primer taller al que fui fue el de Marcelo Di Marco, en 2009. Fui unos 7, 8 meses. Después, de 2013 a 2015 fui al taller de Liliana Heker. Fue el espacio en el que corregí los cuentos de “No hay risas en el cielo”, y una novela que sigue siendo inédita. Los talleres son muy importantes. Un lugar donde leer los textos y que otros te den su opinión.
¿Cuáles son los temas, por fuera del libro ahora premiado del que ya hablaremos, que aparecen en tu escritura?
Algunos de los temas son la identidad, las relaciones de poder y la relación del hombre con lo Otro (ya sea fe, religión o misticismo).
¿Y cómo surge la oportunidad de publicar por primera vez?
Yo hasta hace unos pocos años no me había preocupado mucho por el tema de publicar. Sentía que a mis textos les faltaba para ser publicados. Después escribí una novela corta que fue finalista del concurso de la Biblioteca Nacional, pero no salí a buscar editorial porque ya para entonces me había puesto a escribir los cuentos de “No hay risas...” y estaba concentrado en eso. Cuando terminé el libro de cuentos y empecé a buscar editorial, me di cuenta de que era un camino difícil. No es fácil publicar el primer libro. Se me ocurrió mandarlo al premio Casas de las Américas y por suerte se dio que lo gané. Eso me abrió la puerta a las editoriales. Este es mi primer libro publicado.
Lo que aparece en la prensa respecto de “No hay risas...” es que habla del narcotráfico, por decirlo de manera muy general... ¿Por qué elegiste ese tema?
Bueno, dicen que los escritores no eligen los temas, sino que los temas lo eligen a uno. Un día se me cruzó por la cabeza una imagen, a partir de alguna noticia que vi sobre los crímenes del narcotráfico en México y de ahí nació un cuento. Y resultó que me quedaron otras ideas y personajes dando vueltas por la cabeza. Entonces pensé en escribir más cuentos sobre la misma temática, hasta que así surgió el libro. Cuentos relacionados que pueden leerse como una novela. Los personajes que son protagonistas en un cuento, después aparecen como secundarios en otros. Cuentos que transcurren en México y también algunos en Argentina. Creo que el tema da para mucho, sentía que podía seguir contando más historias. Incluso me quedaron muchas “en el cajón”.
Todo lo que tiene que ver con el mundo narco tiene particularidades, desde los personajes, el lenguaje que manejan... ¿Cómo se construye eso desde el imaginario del autor, es decir, desde fuera de ese mundo?
En mi caso hubo una búsqueda de las voces de esos personajes. Yo creo que en la voz de una persona/personaje está la esencia de uno. Algo así como el alma. Encontrar la voz de esos personajes era dar con su alma. En el caso de los mexicanos fue difícil. Me ayudaron las lecturas, ciertos documentales que vi de ex narcos que contaban su vida en primera persona y también cierto intercambio telefónico que tuve a diario con mexicanos hace algunos años en un trabajo. Los personajes fueron surgiendo prácticamente de la nada. Creo que el libro es verosímil pero no es hiperrealismo. Son ficciones en todo el sentido de la palabra. Ficciones que por momentos son muy realistas pero que en otros rozan el absurdo.
Me decías que escribiste cuentos que transcurren en México, y otros en la Argentina. ¿Las "voces" de esos personajes se parecen? ¿En qué difieren?
Difieren más que nada en la jerga. Y también en idiosincrasias diferentes. Los mexicanos tienen una relación muy particular con la muerte. Tienen una cultura milenaria que se relaciona con la muerte de una forma muy diferente a la nuestra.
Presentaste el libro al premio Casa de las Américas, uno de los más importantes del continente, y resultaste ganador. ¿Pudiste viajar a buscarlo? ¿Qué significa el premio para el libro, en cuanto a sus posibilidades de publicación y distribución?
Lamentablemente no pude viajar. Pero espero poder ir pronto a conocer Cuba. Tengo muchas ganas. El premio por un lado, como te contaba, significó conseguir inmediatamente una editorial, algo que yo buscaba desde hacía varios meses antes y todos me decían “dejanos ver, lo estamos evaluando” o “tenemos todo cubierto hasta el año que viene”. La distribución ha sido muy buena, al menos en la capital. Y también en capitales de provincias. En otras ciudades no tanto. De hecho, a Tres Arroyos lo llevé yo mismo en mi última visita.
Me comentabas que tenés una novela inédita… ¿El premio te alienta a publicarla, o a trabajar en algún otro material con ese fin?
A la novela le estoy haciendo algunos cambios. Pasaron algunos años desde que la escribí y ahora siento que no me representa del todo. Por eso busco aggiornarla a mi forma de sentir la literatura hoy. Tengo algunas notas para una próxima novela pero nada muy concreto.
Observaba en las reseñas del libro que habla, obviamente, de lo que resulta indispensable en el mundo del crimen organizado: sicarios, muerte, traiciones, violencia... ¿Volverás sobre estas cuestiones? ¿Es otro el camino ahora?
Creo que por ahora no. De hecho, si hace algunos años me decían que iba a escribir sobre esos temas, me habría asombrado mucho. Y en realidad, son temas que solo me interesa tratarlos desde cierta perspectiva. Mostrando el lado humano, las dudas existenciales de personas que viven al borde de la muerte, etc. No soy muy fanático de los libros de crímenes, por ejemplo. Así que creo que lo que vendrá será diferente. Pero por otra parte, la novela inédita me contradice un poco en ese sentido. Ahí también había un par de crímenes. En todo caso, es como te decía recién: me interesan esos temas pero desde el lado humano, desde las dudas sobre la existencia. La muerte es un tema muy importante en mi escritura.
¿Ahora podés pensar en vivir de la escritura o es muy pronto? ¿Cuál es tu trabajo actual?
Trabajo como traductor de inglés y corrector de textos. Es muy difícil vivir de la escritura en nuestro país. Al menos, vivir de las regalías de las ventas de los libros. Salvo 2 o 3 excepciones, no suele darse. Pero sí se puede vivir de cuestiones relacionadas con publicar libros, como dar talleres literarios o escribir notas en diarios y revistas. Yo por ahora sigo traduciendo y corrigiendo.
Y tu relación con Tres Arroyos, ¿cómo es? ¿Venís con frecuencia? ¿Te mantenés conectado con la realidad de la ciudad? ¿Algo te interesa o te llama la atención de lo que ves cuando venís?
Últimamente voy muy poco. Mis padres se mudaron a Buenos Aires hace más de 10 años. Desde entonces, he ido solo en un par de ocasiones. La última fue hace un mes. No tengo familia directa allá. Cuando he ido la encontré siempre cambiada. Esta última vez la vi muy bien. Es una ciudad que crece, activa. Hace un mes fui a reencontrarme con mis compañeros de secundaria. Nos reunimos unos cuantos. Hace 27 años que egresamos y con algunos no me había vuelto a ver desde entonces. Fue muy lindo el reencuentro.
Con tu familia allí, imagino que tu proyecto es quedarte en Buenos Aires…
Sí, supongo que sí. Aunque la locura de Buenos Aires me tiene cansado, por otro lado, la actividad cultural y el mundo editorial son cosas que me atan un poco. Acá también está toda mi familia directa. Además, mi mujer es porteña.

El libro

Dice la sinopsis de “No hay risas en el cielo”: “Entre México y Buenos Aires, en una lucha violenta entre la lealtad y la traición, los destinos de los personajes se entrecruzan, todos ellos sicarios y narcotraficantes, formando una trama más amplia, que hace de los relatos de ‘No hay risas en el cielo’ una novela. El mundo del narcotráfico, narrado desde la ficción con duros golpes de realismo, revela un sinnúmero de experiencias violentas en las que las consecuencias últimas de nuestros actos y la búsqueda de la identidad cobran resonancias inesperadas. En última instancia, la narrativa de Urquiza revela la dificultad de seguir adelante en un mundo en que una vez que entrás, resulta imposible salir”.
Editado por Corregidor, y disponible en Tres Arroyos por gestión del propio autor, “No hay risas…” fue elegido por el jurado del prestigioso premio “Casa de las Américas” en forma unánime. Entre las razones, esgrimieron “el demostrado talento narrativo en historias que van desde Buenos Aires hasta México DF, teniendo en cuenta el habla y las atmósferas de cada lugar, con gran virtuosismo en los diálogos y argumentos que abordan algunos de los problemas más acuciantes del presente de la América Latina; y por la sólida unidad del libro y su gran complejidad narrativa”.

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La cubierta del libro de cuentos del tresarroyense Ariel Urquiza, editada en Argentina por Corregidor

Ariel Urquiza vivió en Tres Arroyos, su ciudad natal, hasta que finalizó el secundario

“No hay risas en el cielo” se editó en Cuba, con el título “Ni una sola voz en el cielo”

 
 
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