notas edicion de papel

LA INCREIBLE HAZAÑA FISICA DEL COLOMBIANO JOSE ANIBAL GUTIERREZ EN TRES ARROYOS, RESCATADA POR GABRIEL SODE PARA “EL PERIODISTA”

Las 76 horas de José

De la vida de José Aníbal Gutiérrez solo se conocen algo más de 76 horas. 76 horas sin antes ni después. Solo se conserva un dato preciso: era colombiano, oriundo de la ciudad de Manizales, capital cafetera de Colombia y concretó una hazaña física en Tres Arroyos. En su rescate de historias y personajes lugareños, Gabriel Sode lo recuerda en “El Periodista”

Por Gabriel Sode (*)

Septiembre 2018
Antes de la largada, junto al intendente Carlos Alberto De Leo

Antes de la largada, junto al intendente Carlos Alberto De Leo

Empty socks (medias vacías) fue la primera película de animación con temática navideña que Walt Disney filmó en 1927. Su protagonista era el conejo Oswald, antecesor del archiconocido y legendario Mickey Mouse. Tuvo una duración de seis minutos, pero solo se conoce una secuencia de 25 segundos. El resto de la filmación se extravió.
De la vida de José Aníbal Gutiérrez solo se conocen algo más de 76 horas. 76 horas sin antes ni después. Solo se conserva un dato preciso: era colombiano, oriundo de la ciudad de Manizales, capital cafetera de Colombia. Ignoro los detalles del resto de su historia por lo cual, para contar los pormenores de este relato apelaré a la imaginación intentando dibujar una realidad verosímil.
Supongamos pues que José arribó a la Argentina a fines de 1970 escapando de una Colombia atravesada por la violencia. Las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) ignorando tratados de Paz firmados con el gobierno, expandían su influencia entre los campesinos y a principios de 1980 contaban con más de 27 frentes combativos a lo largo y a lo ancho del país. Los carteles de Cali y Medellín acrecentaban día a día su poder y sumergían al país cafetero en las profundas y nefastas aguas del narcotráfico.
Ya instalado en nuestro país, José habrá sentido en algún punto entre su nostalgia y la realidad, que la libertad era el mayor don que poseía y un día como cualquier otro habrá montado su bicicleta para atravesar el país haciendo noche en los cuarteles de bomberos o en las comisarías de los pueblos y ciudades a los que arribaba y quizás, solo quizás (temo que el objetivo de esta definición la esté escribiendo con el único propósito de sumarle épica a este relato) habrá sido de esta manera que el destino lo trajo hasta Tres Arroyos.
El nombre de José Aníbal Gutiérrez se hizo público para los habitantes de Tres Arroyos el 22 de julio de 1981, cuando el diario local dio a conocer la noticia de que un pedalista colombiano intentaría permanecer girando sobre su bicicleta de manera continua durante 76 horas.
El lugar elegido fue la plaza San Martín. El ciclista debía utilizar exclusivamente la acera de la Plaza entre las calles Colón, Betolaza, Pasaje Dr. Antonio Maciel y Avenida Rivadavia.
No era la primera vez que Gutiérrez realizaba una hazaña semejante, ya había girado durante 60 horas en González Chaves y Benito Juárez, pero este intento de girar dieciséis horas más se convertiría indudablemente en su mayor hazaña.
Al día siguiente, minutos antes del comienzo del raid, en las instalaciones de la Municipalidad Gutiérrez se calzó un pañal descartable, se vistió y anunció a la prensa que solo se alimentaría con líquidos a base de jugos de frutas y sopas además de algunos caramelos y chocolates para mantener las calorías.
A las 13:30 horas, el intendente de la ciudad Carlos Alberto De Leo dio la señal de partida. Entre vivas y palabras de aliento el pedalista dio comienzo a la prueba.
Aquí los recuerdos me han jugado una mala pasada. Siempre pensé que José montaba una bicicleta de carrera, con cambios y preparada para la ocasión, sin embargo fue una bicicleta de caño alto común la que montó. El frío de mediados de julio habrá desaparecido de su cuerpo a las pocas vueltas, vencido por el calor que el esfuerzo le proporcionaba a su cuerpo. El viento lo habrá sorprendido al doblar alguna esquina, ese viento que impactando en su rostro lo llenaría de vida; en su raid quizás llegó a diferenciar su canto entre las copas de los árboles o entre las hojas y las flores que danzaban a su alrededor, dando por sentado que ese viento olía a esa libertad que tanto añoraba.
¿Qué habrá pensado en esas 76 horas? ¿A qué rincón inimaginable habrán volado sus pensamientos para escapar de la monotonía de su mente y del camino y para alejarse del cansancio de su cuerpo? ¿Qué habrá sentido cuando el esfuerzo comenzó a hacer mella en su espíritu?
VERBIGRACIA: “Y esta gente ¿a qué viene? Seguramente a verme fracasar. Quieren verme caer exhausto contra el suelo. Quieren verme abandonar y probablemente se den el gusto. ¡Dale Gutiérrez, dale que podés, dale que falta poco! - Me gritan –claro, qué fácil es para usted decirlo!! Y este viento de mierda que no para! Podría darme un respiro. Se me pega el sudor al cuerpo y me da frío. No vale la pena este esfuerzo. Mejor les doy el gusto y abandono. Venir de tan lejos a sufrir no vale la pena. Al menos lo intenté nadie podrá reprocharme que no lo intenté. Un par de vueltas mas y largo todo. Sé que falta poco, pero las piernas ya no me responden, ya no me resulta tolerable el dolor. 73 horas ya estoy harto, no quiero pedalear mas ¡dale, dale! Olvídate de todo, olvídate del viento y del dolor. Una pedaleada a la vez, ¡estás tan cerquita! Cada vez hay más gente pero ya no escucho nada de lo que me gritan… ¿Qué dicen? 10…9…8…7… ¿será posible que todo este terminando? ¿Será verdad?”
A las 17:30 horas del domingo 26 de Julio, la bandera a cuadros apareció frente a los ojos de José Aníbal Gutiérrez como un bote salvavidas en el océano. Cuando bajó de la bicicleta y fue llevado en andas por el público presente, aturdido aun por el cansancio y el esfuerzo, no tuvo la sensación de haber logrado algo, solo sintió el alivio de no tener que pedalear más. Una ambulancia lo esperaba para llevarlo hacia el hospital para evaluar su condición física y en óptimas condiciones regresó a la plaza San Martin donde recibió el cariño y la admiración de la gente, que estoica aguardó su regreso y los honores de la Municipalidad de Tres Arroyos por su hazaña, que para esa altura de la tarde ya había penetrado con fuerza en el espíritu del ciclista.
Es todo lo que sé de la vida de Gutiérrez.
En diciembre de 2014 aparecieron en Noruega, casi de casualidad, los seis minutos restantes de la película Empty Socks. Quizás, también algún día, por mera casualidad, los testigos de aquella hazaña llegaremos a conocer más de la vida de José Aníbal Gutiérrez, aunque solo 76 horas hayan bastado para inmortalizarlo en estas líneas.

(*) Periodista. Autor del libro "Huellas" y de la obra teatral "Observaciones Casi Inútiles" que el actor Ricardo Listorti puso en escena entre septiembre y noviembre de 2011. Responsable de los documentales "Tres Arroyos ayer y hoy" y "Sobre Las Tablas", de pronta difusión.

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