notas edicion de papel

EXITOSA EXPERIENCIA DEL TRESARROYENSE MARCELO FREDES CON SUS ESCULTURAS EN SAN LUIS

La era del hierro

Trabajó durante casi 30 años en la Escuela Agropecuaria. Antes de decidir jubilarse, sus conocimientos técnicos y el gusto por acopiar piezas de metal en desuso lo llevaron a iniciarse en el camino de la escultura en hierro reciclado. Un proyecto personal lo condujo a radicarse en San Luis, donde a pocos meses de su llegada empezó a exponer con una inusual repercusión. La experiencia de Marcelo Fredes y un recorrido por sus obras, exclusivo de “El Periodista”

Enero 2017
Fredes emplea hierro reciclado para sus esculturas, algunas de ellas de tamaño imponente

Fredes emplea hierro reciclado para sus esculturas, algunas de ellas de tamaño imponente

Le había dedicado décadas de su vida al trabajo en el mantenimiento y como docente en la Escuela Agropecuaria de Tres Arroyos. Su relación cotidiana con diferentes materiales, y sus conocimientos técnicos, lo fueron acercando a una vocación que fue haciéndose fuerte con el tiempo, y que terminó por llevarlo incluso fuera de la ciudad. En enero de 2016, Marcelo Fredes decidió radicarse en San Luis, donde hoy se destaca como escultor y ya ha expuesto sus obras en importantes espacios de la cultura y el turismo del lugar.
“Soy técnico electromecánico egresado del Industrial. Mi padre era constructor, conocido por Premoldeados Fredes Avila. Trabajé 26 años en la EATA, como profesor de taller rural, de mecánica agrícola, y como jefe de mantenimiento. Así intervine en construcciones, en la parte de meteorología, invernáculos, hidroponia, y ayudaba en agricultura de precisión. Cuando cumplí 50 años, ya reunía el tiempo suficiente como para jubilarme y lo hice. Lo de San Luis apareció como un proyecto, hace tiempo, sobre todo por el fuerte apoyo a todo lo cultural que hay acá. Lo cierto es que cambiaron algunas cosas en mi vida personal, y por eso se dio todo para que me instale en esta provincia. Ya había tenido, durante muchos años, una casa de té y fábrica de alfajores en Reta, con la marca Puro Origen, probé en Tres Arroyos también, no se dio como esperábamos, y entonces pensé en instalar algo parecido en Merlo. Tampoco se dio así, de manera que me vine solo, a seguir con esta pasión mía que es la escultura”, contó Marcelo, desde San Luis capital, donde vive hoy.
Apasionado por las expresiones culturales, especialmente la música –que comparte con sus hijos-, y las artes visuales, se decidió a emprender el camino de la escultura con materiales reciclados, y su vida dio un vuelco. “Nunca pensé que iba a tener esta respuesta. Y eso me encaminó, me fue llevando. Y acá estoy, viviendo en la capital de San Luis, al menos por ahora, porque es donde se concentra toda la movida artística, y desde donde quiero difundir lo mío”, contó.
Apenas pasados un par de meses de su llegada, comenzó a exponer sus trabajos. “Soy observador, me gusta moverme y conectarme con gente, y el primer lugar al que fui fue el Centro Cultural Puente Blanco (N. de la R.: un magnífico espacio con sala de cine y teatro, galerías y otros atractivos en la capital puntana). Enseguida aceptaron mis trabajos y pude exponer con mucha repercusión. La verdad, estoy muy contento, y muy sorprendido a la vez”, confió Marcelo.
“Incluso me preguntan artistas de acá, cómo hice, y lo cierto es que no fue nada especial. Quizá el tipo de trabajo, de escultura que hago, no se ve aquí, y eso es lo que llama la atención. Acá se ve mucha pintura, cerámica, tejido, madera, algo de vidrio, pero estas esculturas, que cumplen una doble función porque yo reciclo piezas de hierro para trabajar, no se han visto por acá. Para mí, esas piezas de hierro que la gente ya no usa, que descarta, son mi tesoro y la materia prima para mis esculturas”, admitió.

Darle forma a una obra
Solo bastaron sus conocimientos técnicos y su inquietud para que Fredes redondeara una obra atractiva que únicamente necesitaba vías de expresión para consolidarse. “Es que trabajaba tanto en la escuela, fueron tantos los desafíos que surgían ahí…Solamente hay que pensar que cuando yo empecé eran 200 alumnos, y cuando me jubilé, eran 1200 los estudiantes y 400 profesores. Una escuela modelo, con certificación de calidad… Y allí incluso había muchos compañeros y colegas que necesitaban trabajos en sus casas, así que durante años fui haciendo distintas tareas, estaba en todos lados. Y como hago carpintería, electricidad, pintura, letreros y mucho trabajo en hierro, porque el metal siempre fue lo que más me llamó la atención, se fue armando un taller en mi casa donde siempre iba a parar alguna pieza que ‘acovachaba’ (risas) y que inconscientemente me preparaba, en mi cabeza, para lo que iba a venir. En un momento me cansé y pensé en darle todo eso a un metalúrgico amigo, al que le iban a venir muy bien, pero antes me propuse materializar una idea que tenía en la cabeza, hacer algo para mí. Una escultura. Empecé con cinco clavos grandes, cuatro arandelas, un tenedor, y de eso surgió un guitarrista que me acompaña a todos lados. De ese hierro, tan frío, podían surgir cosas tan interesantes, que ahí empezó todo”, evocó Marcelo.
Después vendrían la moto, la mantis, Don Quijote, y el Guerrero Medieval, entre otras piezas, que llevó varios meses de creación y que mide más de 3 metros y medio de altura. “Lo hice mientras trabajaba en la escuela todavía. Lo investigué y busqué materiales durante varios meses, y después llegaba de trabajar y me quedaba, loco total, soldando hasta las 3 de la mañana, cuando a las 6 tenía que arrancar otra vez. Hay que tener algo de esa locura. Ahí creo que empecé a mirar las cosas de otra manera. Y también me ayudó mucho mi gusto por la cultura oriental, hago mucho yoga, tae kwon do, y además otros deportes y el ajedrez, al que le doy mucha importancia y que por suerte también encontré acá, donde se le da un espacio interesante. Todo es un paquete de cosas que quizá uno hace, inconscientemente o no, hasta que se ‘alinean los planetas o los patos’ y todo se empieza a dar”, confió el escultor, que también disfruta de su tiempo libre bailando salsa y bachata.

De todos los días
Una de las cuestiones a resolver para su vida diaria en la capital puntana era el lugar donde residir y tener el espacio necesario para seguir creando. “Lo resolví con una casita de barrio, pero a siete cuadras de la Legislatura. Yo me muevo con una camioneta y un batán, y la casa tiene un tinglado en la parte trasera donde puedo trabajar tranquilamente y guardar las cosas que voy acopiando. Eso es lo que tiene San Luis, un ritmo distinto”, aseguró Fredes.
Al tiempo de la realización de esta entrevista, trabajaba en la finalización de una nueva escultura y en los primeros pasos de otra. “Uso un gorrito de loco, un pañuelito negro de pirata, que es mi inspiración. Y cuando estoy en esos momentos en los que se puede crear y trabajar, a veces no atiendo el teléfono. Pero es que son horas de cortar, soldar, cortar, soldar”, admitió.
Su filosofía de vida, y especialmente su vocación por el reciclado y la creación de cosas nuevas a partir de lo desechado, de lo que ya no se usa, lo acompañan en su cotidianeidad y forman parte de la presentación de sus obras, que ha resuelto mediante una suerte de libro de visitas que cuenta quién es, cómo se manifiestan sus inquietudes en las obras y cuál es la propuesta de sus trabajos. “La gente me deja comentarios increíbles, y eso me sigue potenciando y convenciendo de que esto es lo mío”, concluyó.

Marcelo Fredes se jubiló como profesor y jefe de mantenimiento en la Escuela Agropecuaria de Tres Arroyos, y luego se radicó en San Luis capital, donde vive actualmente

Esculturas de Marcelo Fredes en el lobby del Hotel Internacional de Potrero de los Funes, San Luis

“Entiendo que he tenido una repercusión tan buena porque este tipo de obras no se ven en San Luis”, confió Fredes

Obras del escultor tresarroyense como marco a un desfile de alta costura en el Centro Cultural José de la Vía, de San Luis

Marcelo Fredes ya ha expuesto sus trabajos en varios espacios culturales y turísticos de San Luis

 
 
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