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LA ACTRIZ TRESARROYENSE CAROLINA GUEVARA Y SU EXITOSO UNIPERSONAL EN BUENOS AIRES SOBRE UN TEMA QUE DUELE: LA VIOLENCIA DE GENERO

Golpe a golpe

Eligió transitar desde el humor un tema que golpea en lo simbólico y lo real: la desigualdad de género. Escribió ella misma el unipersonal que, desde su estreno, agota localidades en una sala de la porteña y teatral calle Corrientes. Pequeña mujer, enorme como actriz y precisa en sus posicionamientos, Carolina Guevara habló con “El Periodista” sobre “Los golpes de Clara”, en una charla sin tregua, como el box que eligió su protagonista para decir no a la violencia machista

Julio 2017
La tresarroyense Carolina Guevara es autora y protagonista de “Los golpes de Clara”, que con gran éxito de crítica y público se representa en el Centro Cultural de la Cooperación, en Buenos Aires

La tresarroyense Carolina Guevara es autora y protagonista de “Los golpes de Clara”, que con gran éxito de crítica y público se representa en el Centro Cultural de la Cooperación, en Buenos Aires

Empezaste a transitar el camino de la actuación en Tres Arroyos… ¿Cómo siguió después tu formación en Buenos Aires?
Cuando terminé el secundario en Tres Arroyos me vine a vivir a Buenos Aires, año ‘99, hice el ingreso en la Escuela Nacional de Arte Dramático, entré y cursé dos años, allí conocí a mis compañeros de grupo y comenzamos a trabajar en forma independiente a partir del año 2000. En paralelo estudié con distintos profesores y distintas técnicas, seguí formándome, y lo hago hasta hoy.
Buena parte de tu trabajo como actriz que ha trascendido fue en el grupo El Bachín, un destacado elenco de teatro épico que ha tenido éxito de crítica, de público e incluso se ha presentado en el exterior. ¿Qué podés contarnos de ese tramo de tu camino? ¿Seguís integrando el grupo?
Llevo 18 años en Buenos Aires y 16 trabajé con El Bachín. Toda nuestra vida allí, crecimos juntos, fuimos familia, vimos nacer las hijas. Hicimos obras maravillosas, nos movió la pasión y el amor por lo que hacemos, recorrimos casi todo el país, tuvimos la suerte de participar en festivales internacionales, se editaron dos libros con las obras, y nos “empeñamos” en hacer un teatro que aportara al tiempo histórico en el que vivimos. Hoy estamos en un impasse, “un recreo”, había necesidad de contemplar momentos personales de cada uno/a, parte del crecimiento artístico que deviene del mismo trabajo. En “Los golpes de Clara” trabajo con varios de mis compañeros del Bachín; Marcos Peruyero, Julieta Grinspan, Alfredo Aguirre, están en los roles de asistencia, escenografía, vestuario. Fue Julieta la que me alentó a hacer este unipersonal. Tuve y tengo toda su compañía y su confianza.
¿Cómo surgió la idea, o quizá la necesidad, de llevar adelante este proyecto “Los golpes de Clara”? Vos sos autora del texto, ¿cuánto hace que empezaste a darle forma y cómo fue la elección del tema y la forma de abordarlo?
Fue una necesidad personal de, por un lado abordar temas de género que me movilizaban hacía tiempo, y por otro, trabajar comedia, un lenguaje artístico que había estudiado pero no profundizado en un espectáculo, y me gusta mucho esa estética. El proceso duró un año. Trabajé con Leandro Rosati, con quien había tomado seminarios sobre comedia, así lo conocí. Leandro dirigió e hizo la dramaturgia del texto que yo escribí. Juntos le fuimos dando forma “dramática-teatral” a ese texto que aparecía como un cuento, ya que para mí escribir era algo nuevo y por lo tanto un gran desafío. Durante dos meses elaboramos el texto y luego pasamos a “poner el cuerpo”, y con los ensayos el texto se fue terminando de armar y de estructurar como “obra”.
La violencia de género es, sin duda, una problemática compleja. ¿De qué manera se puede describir la forma en que atraviesa a Clara y cómo expresa ella, y vos misma como autora, la respuesta de la mujer frente a esta violencia?
A Clara la violencia la atraviesa en toda su cotidianeidad, los golpes se los da la vida a cada paso, no son golpes literales. La que padece es esa violencia silenciosa, sistematizada, naturalizada, hecha mandato, reproducida en la casa y en la calle. La respuesta de Clara a esta violencia es su acción concreta para frenarla, es su decisión de defenderse y de decir basta, de decir somos fuertes, nosotras también podemos ponernos los guantes, y es su salto en calidad al organizarse, ella no está sola, se junta con otras mujeres, con sus pares para dar batalla. Creo que la respuesta a la violencia que puedo dar como actriz, y en este caso también autora, es hacer esta obra, plasmar en el escenario lo que nos pasa a muchas mujeres todos los días y que lamentablemente se toman como hechos menores, o “comunes”. Es mi pequeña batalla, mi trinchera, mi aporte para seguir pensándonos como sociedad.
Lo que se observa en las numerosas y buenas críticas que ha tenido en la prensa “Los golpes de Clara”, es que la mirada que se advierte en el texto escapa a ciertos estereotipos del hombre golpeador, de la mujer sometida a esos golpes, para mostrar más bien otros modos solapados de la violencia machista. ¿Cuáles son? ¿Por qué y cómo elegiste representarlos?
El desafío mayor era hablar de la violencia menos visible, quiero decir, “Clara” no es una mujer que es golpeada literalmente, ni ha sido abusada. Me interesaba meterme con la naturalización de los mecanismos machistas que se anidan sobre todo en las cuestiones domésticas, pero la línea delgada era no caer en el lugar “común” de: “mi marido no me ayuda”. Entonces, los golpes que recibe Clara son más bien metafóricos, la golpea la indiferencia de su ex pareja al no hacerse cargo de los hijos en común, con el detalle además de que su “ex” es un militante progre. A Clara la golpea la arbitrariedad de las instituciones, ella es absurdamente apresada por la policía al defenderse de un manoseo en un colectivo. A este personaje lo golpea la desocupación, los tarifazos, los aumentos de precios, el temor a que sus hijos pasen hambre, es decir, las injusticias que estamos viviendo en esta coyuntura política. La obra habla de género, pero también de clase, ella es una mujer trabajadora, hoy desocupada; me interesaba abordar la temática de género sin descuidar este presente tremendamente injusto y violento desde el punto de vista político.
Clara ‘reacciona’ frente a la violencia forjándose a sí misma como una combatiente, a través del box. ¿Por qué esa elección?
Cuando empecé a pensar en la obra partí de una imagen, una mujer boxeando. Me parecía muy potente teatralmente, con muchas posibilidades de juego escénico, y altamente metafórico al tiempo que concreto, cuando se boxea se golpea, pero también se reciben golpes… La obra toma un cauce, de fantasía podríamos decir, en el que ella lucha con la violencia que siente y que le brota por todo lo que está viviendo, y tiene que controlarla. El juego cómico es que empieza a entrenar boxeo en su casa para “re direccionar” esa violencia, y así es como gesta y lidera un cuadrilla de mujeres para salir a boxear a “los jodidos” sueltos. Es una fantasía, una peripecia, una humorada para sortear la tragedia.
¿Por qué la elección del humor, de recursos del clown, para tratar este tema? ¿Hubiera resultado menos tolerable de otro modo?
La elección de la estética parte de mi deseo como actriz de trabajar ese lenguaje, a la comedia me refiero. El humor permite, como bien vos decís, tolerar, digerir, soportar la densidad de ciertos temas que son muy dolorosos. En toda comedia hay un trasfondo trágico, basta con pensar en los grandes cómicos, Chaplin por ejemplo, nos reímos al tiempo que nos da una profunda pena, y una enorme ternura….
La obra no elude posicionarse sobre los problemas que atraviesa la mujer en otros ámbitos fuera del doméstico, como el universo del trabajo, incluso la política. ¿Qué plantea Clara en estos aspectos?
Alude, sí; Clara padece uno de los flagelos más duros de este presente, está desocupada, y en uno de sus textos hace referencia a que el número de desempleo femenino es superior al de los varones, que son estadísticas reales. También aclara que ahora “solo” trabaja en su casa, me interesaba remarcar que el trabajo “hogareño” es también un trabajo, por el cual no hay remuneración, y por lo tanto el sistema genera con las mujeres una doble plusvalía, implícita claro. Y en el ámbito de lo político, hace referencia a un “ex” (claramente militante) muy ocupado en reuniones políticas, que se excusa en esas ocupaciones para eludir las responsabilidades domésticas, a las que ella sí les pone el cuerpo, al tiempo que arma una organización de mujeres para enfrentar la violencia y la desocupación. Además de entrenar boxeo, estas mujeres salen a vender pan casero por las ferias para parar la olla. Esta forma que elegí de relatar la vida de Clara es una posición política, me interesaba rescatar la organización colectiva. A medida que el relato avanza se clarifica la consciencia política y de clase de esta mujer, es muy claro a quien quiere salir a boxear. Y si afinamos la mirada, es el hombre el que sigue gozando de más tiempo que la mujer para militar, a la mujer se “le complica” por el trajín de los hijos y de la casa, y si la mujer tiene esa participación, es “común” ver en reuniones políticas a las mujeres con sus hijos.
Hemos hablado de la respuesta de la prensa, pero ¿cómo reacciona el público ante esta Clara que se arma, se organiza, contra la violencia?
La verdad es que reacciona muy bien, gusta mucho que desde el humor se plasmen las violencias cotidianas, además creo que el público se identifica con estas ganas que tenemos muchos y muchas por estos días de salir a trompear a tanto “jodido suelto”. Y lo cierto es que la obra toma otra dirección hacia el final, claramente no van a salir a devolver más violencia… Reivindico la idea de NO hacer justicia por mano propia, hay una reflexión sobre esto y Clara termina armando un grupo de rap, combativo, que bautizan “A golpe de conciencia”… ¡Y de paso me di el gusto de rapear!
¿Podés contarnos otros aspectos del espectáculo que te interese resaltar?
Solo decir que hacía tiempo venia abordando escritoras contemporáneas que “nos” relatan desde el cotidiano, con una gran belleza literaria y cada una con su estilo. (Gioconda Belli, Ángeles Mastretta, Marcela Serrano, Rosa Montero, Isabel Allende, Simón de Beauvoir). Y contarles que la obra nace, sobre todo, de las infinitas charlas con amigas y con mi hermana, de sus relatos cotidianos como mujeres y madres. En algún momento agudice la escucha y la observación para con ellas, recogí esos relatos y los materialice en “Clara”. A ellas les dedico esta obra, y “a todas las mujeres que dan batalla en el ring doméstico”. Esta última es la dedicatoria que figura en el programa de mano.
A raíz de la buena repercusión de “Los golpes de Clara”, se extendieron las funciones. ¿Hasta cuándo se la podrá ver en Buenos Aires? ¿Tenés previsto llevarla a otros escenarios?
Estrenamos en mayo y estaremos seguro hasta agosto en el Centro Cultural de la Cooperación. Y la idea sí, es que salga a rodar por otros escenarios, ciudades y públicos.
¿Estás trabajando ya en otro proyecto propio o con el grupo?
Estoy empezando a ensayar con Julieta Grinspan, mi compañera del Bachín, un texto que es de su autoría y que también la va a tener como directora, junto a otras actrices que conocemos de otro grupo de teatro, una especie de fusión actoral.
Te pedimos una reflexión final sobre tu personaje, Clara, y lo que busca promover como mensaje.
Pienso en que la obra me está dando muchas alegrías, al tiempo que pienso ojalá no tuviera que hacer esta obra, ojalá no tuviera que “mostrar” en el escenario la violencia hacia las mujeres, la más invisible incluso. Ojala entendiéramos que la primer desigualdad que hay en la humanidad es la desigualdad de género. Espero que los hombres entiendan que no está todo saldado porque últimamente “nos ayudan” en las cosas de la casa. Espero aportar a la reflexión respecto a los privilegios de los que gozan solo por haber nacido varones. Y espero aportar también a la reflexión de esta coyuntura política, este gobierno de “gerentes” vienen por todo, de manera violenta y con un discurso “seudo pacifista” pero profundamente ideológico… ¡Y hay que pararlos! Mi arma es el teatro, como digo en el rap de la obra, “somos mujeres fuertes y ya dijimos basta”.

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“Cuando empecé a pensar en la obra partí de una imagen, una mujer boxeando. Me parecía muy potente teatralmente, con muchas posibilidades de juego escénico”, confió Carolina

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