notas edicion de papel

EL TRESARROYENSE LUIS DI ROCCO Y SU ESPOSA, VICTIMAS DEL TERREMOTO EN ITALIA

Forza Italia

Luis Di Rocco y su señora Palmira fueron víctimas, junto a otros tresarroyenses, del destructivo terremoto que castigó al centro de Italia en las últimas semanas. Padecieron la angustiante experiencia de cinco temblores en 24 horas y debieron ser evacuados. A solas, ante “El Periodista”, recreó la dramática experiencia

Diciembre 2016
Luis Di Rocco, conocido en nuestro medio por su dilatada actividad en el rubro cerealero (fue hasta hace muy poco gerente del Centro de Acopiadores) se convirtió en testigo y protagonista del terremoto en Italia

Luis Di Rocco, conocido en nuestro medio por su dilatada actividad en el rubro cerealero (fue hasta hace muy poco gerente del Centro de Acopiadores) se convirtió en testigo y protagonista del terremoto en Italia

Luis Di Rocco, conocido en nuestro medio por su dilatada actividad en el rubro cerealero (fue hasta hace muy poco gerente del Centro de Acopiadores) se convirtió en testigo y protagonista de un hecho singular y traumático en Italia. Junto con su mujer y otros dos familiares, viajó en el mes de octubre por estudios a la localidad de Camerino, ubicada a unos 230 kilómetros de Roma. Lo que nunca supuso, es que esa experiencia en la península iba a estar atravesada por la aparición de un terremoto (con varias réplicas incluidas) en el lugar en donde se alojaron.
En una entrevista exclusiva concedida a “El Periodista”, contó con lujo de detalles el derrotero que debieron afrontar en tierras italianas y explicó las secuelas que quedaron luego de semejante situación.

En tierra del Dante
En el inicio de un atrapante diálogo, Luis explica cómo decidieron emprender rumbo a la península. “Una promotora de la Escuela Dante Alighieri de la ciudad de Camerino, Italia, visitó Tres Arroyos allá por abril o mayo de este año, para ofrecer la alternativa de sumarse a los cursos de italiano que se dictan mensualmente allí. Para ese entonces, ya tenía tomada la decisión de alejarme de la actividad laboral en agosto, y siempre estuvo en mi cabeza la ilusión de poder viajar a Italia”.
Agrega que “entusiasmados con la idea, mi señora Palmira y yo asistimos a la reunión de presentación, y como nos gustó la propuesta tomamos la determinación de emprender viaje hacia allá en el mes de octubre, a estudiar el idioma en ese pueblo, que no supera los 10 mil habitantes. También invitamos a unos primos que viven en Gonzáles Chaves, Daniel y Cristina Di Rocco”.
“Hicimos un periplo ampliado -explica el entrevistado-. Si bien teníamos que llegar allá el 1 de octubre (el curso se extendía hasta el 29), nos fuimos a mediados de setiembre. Contratamos un tour que nos llevó por España, algo de Francia y norte de Italia. La idea era culminar la vuelta bajando hasta el destino final, que se encuentra en el centro de la península itálica. Todo salió tal lo planeado, y el 30 de setiembre nos fueron a buscar a Roma, para llegar al lugar donde haríamos la experiencia de estudio”.
Una vez en Camerino, Di Rocco reseña que “participamos de la presentación del curso; éramos 131 alumnos, la gran mayoría argentinos (más de 70), varios brasileños, y unos pocos mexicanos, alemanes, norteamericanos y australianos. Entre los de nuestro país, siete pertenecíamos a Tres Arroyos. Empezamos el cursado sin ningún tipo de problemas, llevando a cabo la rutina prefijada que incluía no solo el estudio específico de la lengua italiana, ya que matizan el aprendizaje con una serie de actividades culturales, para brindar un pantallazo en ese sentido. Entre ellas, figuran varias excursiones ya programadas. El combo comprendía además el alojamiento en un departamento de Camerino, para cuatro personas, y siete recorridos diferentes a distintos puntos interesantes de Italia”.

“E pur si muove”
La famosa frase de Galileo se ajustaría bien para narrar lo que aconteció luego. Di Rocco menciona que “todo resultó de manera fantástica hasta el 26 de octubre, fecha en que comenzó otra historia totalmente distinta. Ese día, aproximadamente a las 7 y cuarto de la tarde, se sintió el primer temblor de tierra. A mis primos y a mí nos encontró en el departamento, pero mi señora estaba en el subsuelo, realizando quehaceres domésticos. Vale aclarar además que el edificio en donde nosotros estábamos alojados había sido construido allá por el año 1300. En Italia es muy común que una construcción de esta antigüedad se recicle para construir departamentos, que cuentan con todas las comodidades de la vida moderna”.
El primer movimiento de suelo los sorprendió, y lógicamente entraron en pánico. “Empezamos a gritar. Seguidamente se escuchó el ulular de las sirenas, y hubo que evacuar el edificio. Así lo hicimos, y el protocolo indicaba que debíamos concurrir a una pequeña plaza, en donde se congregaría toda la gente que habitaba ese sector del pueblo. Para colmo de males llovía muy fuerte. Estuvimos una hora y media ahí, esperando saber qué iba a pasar. Como no hubo réplicas del terremoto, y ante el desconocimiento de este tipo de situaciones, decidimos regresar al departamento. De cualquier forma, ya habíamos tomado la decisión de abandonar el curso antes, volvernos a Roma para realizar el vuelo hacia nuestro país. No nos queríamos quedar más en Camerino, aunque nos faltaran tan solo dos días para finalizar el curso. La situación no nos merecía confianza”.
Explica además que “cuando mi señora ya estaba preparando el equipaje para irnos, advertimos otro temblor, pero de diferentes características que el anterior. En el primero habían vibrado las paredes, y en el segundo lo que se movía era el piso, como si fueran ondulaciones. A tal punto, que mi mujer cayó al suelo luego de esa sacudida. Al día siguiente a la mañana sucedió algo similar, por lo que nuevamente concurrimos a la plaza a modo de evacuación. Salimos solamente con lo puesto, corriendo, a las apuradas. Palmira llevaba apenas la cartera con los pasaportes y los pasajes. Para hacerlo más dramático, seguía lloviendo y se había agregado ahora la neblina, no se veía nada. Transcurrida una hora de estadía allí, la gente de la escuela nos indicó que iban a evacuarnos a un lugar seguro”.
El grupo partió en micros de línea urbana a un descampado, como a 10 kilómetros del pueblo. Comenta Luis que “nos ubicaron en un gran gimnasio. Había una muy buena organización tanto de la gente de Defensa Civil, como de los Bomberos y Cruz Roja. A los quince minutos de llegar, cada uno de nosotros ya disponía de un catre para dormir, una manta, agua y alimentos. Se los veía absolutamente preparados para la emergencia, muy profesionales. Pasamos la noche allí, y en esas horas hubo dos réplicas fuertes, a las 2 y a las 5 y pico de la mañana. La escuela que había armado el curso pretendía que todos los alumnos estuviéramos en un mismo sitio de evacuación, ya que funcionaban tres refugios similares. Con la desesperación de los primeros instantes, cada uno se subió al colectivo que pudo. Por eso comunicaron que nos iban a volver a trasladar, para reunir a los 131 alumnos de la Dante Alighieri en un mismo sitio”.
Sin embargo, para los tresarroyenses la situación se dio de manera diferente. “A la pasada, escuché que iba a dar prioridad a la gente que tenía que viajar hasta Roma, aquellos que subieron en el primer micro que debía partir. En otro similar lo hicimos nosotros. Ese primer colectivo, por lo pronto, todavía no había salido hacia su destino. Me acerqué al conductor y le pregunté si contaba con asientos disponibles para cuatro personas. Me dijo que sí, por lo que allí nomás avisamos a las autoridades del colegio que nos retirábamos hacia la capital italiana. Vale aclarar a esta altura que el departamento que habitábamos quedó con las puertas abiertas de par en par, y nuestro equipaje allí adentro”.
Di Rocco y el grupo que lo acompañaba partió a Roma y se alojó en un hotel, tratando de descansar, luego de una pésima noche en Camerino, en medio del terremoto. Sin embargo, iban a recibir más sorpresas. “Noté que la cama literalmente se movía. Mi señora advirtió lo mismo, pero de ninguna manera lo asociábamos con que se podía tratar de otro movimiento sísmico. Suponíamos que estábamos sensibles por la situación que atravesamos anteriormente, o que por esa zona romana quizás circulara un subterráneo. Nos equivocamos. Cuando bajé le consulté al conserje del hotel, y me confirmó que se había producido otro temblor de tierra, bastante fuerte”.

Tiempo de volver
Ya en Roma, los protagonistas de este particular viaje tuvieron que salir a comprar ropa y elementos básicos de higiene, porque no contaban siquiera con lo elemental. De todas maneras, iba a llegar el momento de recuperar lo abandonado tras el sismo. “Nos comunicamos con Camerino, y pregunté si existía alguna posibilidad de retornar a buscar nuestras cosas, porque el pueblo entero estaba bajo emergencia, evacuado, fundamentalmente la parte antigua, rodeada por una muralla”.
Di Rocco recuerda que “finalmente nos permitieron al día siguiente entrar a buscar el equipaje al departamento. Tomamos un remís desde Roma a Camerino (unos 230 kilómetros) y al regreso nos depositaron directamente en el aeropuerto de Fiumicino, porque teníamos vuelo a las 7 de la tarde para regresar a Argentina”.
Respecto al daño total que efectuó el terremoto en ese pequeño paraje italiano “mucho no puedo decir, porque apenas tuvimos tiempo para recuperar nuestro equipaje. Por otra parte, la Municipalidad se había encargado de limpiar bastante lo derruido. Lo que recuerdo es que la catedral de Camerino presentaba una gran rajadura en una de sus torres, que luego terminó derrumbándose, cuatro días después. Lo demás lo ví posteriormente, por fotos”.
En resumen, Luis, su señora y sus primos padecieron en tan solo 24 horas cinco movimientos sísmicos, cuatro en Camerino y uno en Roma. “Nos quedó una gran desazón -refiere-, por todo lo sucedido, fundamentalmente la triste sensación de retornar a un pueblo que parecía muerto, desolado, desierto. Un lugar que tres días antes estaba lleno de vida, dotado de muchísima movida estudiantil, había quedado paralizado y clausurado por el terremoto. El único ruido que se escuchaba en las calles del lugar era el de las ruedas de las valijas de los miles de estudiantes que nos estábamos yendo”.
A modo de conclusión de esta historia, Di Rocco indicó a “El Periodista” que “por datos que manejamos, sabemos que recién al mes comenzaron a dictarse clases en la escuela primaria de Camerino. La Dante Alighieri, a la que nosotros asistimos, suspendió los cursos hasta febrero. Habrá que ver si alguno de los que contrató ese servicio de la misma manera que nosotros ahora desea ir (habida cuenta de lo que sucedió), lo que obviamente le genera un impacto negativo a la propia escuela”.
“Quiérase o no, convivimos allí con la gente del lugar casi un mes, y lógicamente nos lamentamos y da pesar por los residentes, los que se quedaron. Algunos perdieron absolutamente todo. Me pregunto cómo hacen para comenzar de cero nuevamente, con qué fortaleza. Otro dato más: aunque parezca insólito, los edificios que mejor soportaron el terremoto fueron los más añosos, por el tipo de construcción”, explica sobre el cierre, y deja un último concepto, a manera de reseña de la experiencia vivida.”Al regreso, de a poco, fuimos superando esa angustiosa sensación que atravesamos. Quedamos muy sensibles por todo, y costó recuperar el sueño normal. No hay un día en que no salga nuevamente la conversación sobre lo ocurrido. Es una experiencia que no desearíamos repetir, claramente”.

En una entrevista exclusiva concedida a “El Periodista”, Di Rocco contó con lujo de detalles el derrotero que debieron afrontar en tierras italianas y explicó las secuelas que quedaron luego de semejante situación. Foto: Luis Di Rocco

“Quedamos muy sensibles por todo, y costó recuperar el sueño normal. No hay un día en que no salga nuevamente la conversación sobre lo ocurrido. Es una experiencia que no desearíamos repetir, claramente”, reflexionó Luis. Foto: Luis Di Rocco

Di Rocco: “Quiérase o no, convivimos con la gente del lugar casi un mes, y lógicamente nos lamentamos y da pesar por los residentes, los que se quedaron. Algunos perdieron absolutamente todo. Me pregunto cómo hacen para comenzar de cero nuevamente, con qué fortaleza”. Foto: Internet

Luis Di Rocco, su señora Palmira y sus primos padecieron en tan solo 24 horas cinco movimientos sísmicos, cuatro en Camerino y uno en Roma, Italia. Foto: Internet

 
 
Castelli y Pardo
 

mensajes

tresarroyenses por el mundo

Francisco Carrozzi en "Abrazo de gol"

Hola gente de “El Periodista”. Me llamo Gonzalo Rossi, y soy periodista del programa radial platense “Abrazo de Gol”, el […]

Deje su mensaje Ver Mensajes

tresarroyenses en tres arroyos

"Una fotografía de 1928 donde aparecen mi padre y tíos"

Buenos días! Acabo de ver una fotografía donde aparece mi padre y tíos, del año 1928:  handball en Costa Sud. […]

Deje su mensaje Ver Mensajes