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LA RESERVA NATURAL MUNICIPAL DE CLAROMECO, PRESENTADA EN SOCIEDAD POR “EL PERIODISTA”

Espacio reservado

Comprende 1100 hectáreas de un paisaje que se mantiene inalterable desde hace cinco mil años. En un informe especial, “El Periodista” presenta en sociedad la Reserva Natural Municipal de Claromecó

Agosto 2018
A pocos kilómetros de una vida urbana cada vez más intensa, hay una enorme porción de territorio ubicado frente al mar donde la naturaleza se impone de idéntica manera desde hace 5 milenios

A pocos kilómetros de una vida urbana cada vez más intensa, hay una enorme porción de territorio ubicado frente al mar donde la naturaleza se impone de idéntica manera desde hace 5 milenios

A pocos kilómetros de una vida urbana cada vez más intensa, hay una enorme porción de territorio ubicado frente al mar donde la naturaleza se impone, en el mismo paisaje que era posible ver y recorrer allí hace nada menos que 5000 años. Es la Reserva Natural Municipal Claromecó, creada desde fines del año pasado en una franja de 1100 hectáreas de la Estación Forestal Ingeniero Paolucci, y que da sus primeros pasos hacia un plan de manejo que permitirá desde su preservación hasta el disfrute de turistas y residentes.
La decisión de crear en Claromecó una Reserva Natural era compartida por ambientalistas como el grupo GAPTA, que la propuso oportunamente, y por la gestión municipal, y tuvo como principal impulsor al concejal vecinalista Santiago Orfanó, presidente de la Comisión de Turismo del Cuerpo Deliberativo y autor del proyecto de ordenanza que le dio vida a esta iniciativa, aprobado en la última sesión ordinaria del 2017. “La Sociedad de Fomento de Claromecó nos invitó a una reunión, a principios del año pasado, para la que tenían un temario de más de 20 puntos, vinculadas a ordenamiento, a salud, obra pública… Fuimos un concejal por cada bloque, después hicimos un segundo encuentro, y entre todas esas cuestiones aparece uno de los integrantes, Maxi Winkler, quien nos plantea que la ordenanza de regulación del uso de la Estación Forestal incluía una zona recreativa, ya delimitada; una zona productiva, también delimitada, y una zona de reserva dunícola que aún no había recibido ese tratamiento. Tomé el compromiso de trabajar en ese tema, lo miramos en su momento con el delegado Carlos Avila, con el ingeniero Carlos Carabio y después con el secretario de Gestión Ambiental, Ricardo D’ Annunzio, y surgió la idea de ir hacia algo más que la delimitación interna del Vivero, es decir, empezar a pensar esa zona como un posible paisaje protegido o reserva, sin tener muy en claro cuál sería la figura todavía”, recuerda Orfanó a “El Periodista”.
En aquellas primeras instancias, D’Annunzio ofreció su contacto con guardafaunas dependientes del Organismo Provincial de Desarrollo Sustentable, con asiento en Bahía Blanca y a cargo de una zona de reserva natural muy extensa, y se decidió invitarlos a conocer lo que sería el futuro sector a proteger. “Lo recorrieron con nosotros y se quedaron maravillados del nivel de conservación de este espacio, casi sin ningún tipo de intervención antrópica, es decir, hecha por el hombre. Hay un cañadón o dos que la atraviesan hasta el mar, lo que todos conocemos como el ‘Arroyito del Dos y Medio’, que sale de la parte inicial de La Arenera y se hizo en la época de las inundaciones fuertes, para que cuando la laguna se llena mucho de agua pueda desagotar hacia el mar. Y si bien esta sí es una intervención concreta del hombre, lo que nos dijeron los guardafaunas es que ha generado un efecto positivo, ya que le ha dado continuidad de agua dulce hasta la primera cadena de médanos, y en todo ese sector se ha generado una interesante biodiversidad, porque todas las especies que recorren esa área tienen un lugar donde conseguir agua y por eso muchas se nuclean allí”, describe el concejal vecinalista.
Para que los lectores puedan ubicarse, puntualiza Orfanó, “la Reserva se extiende desde la primera cadena medanosa hasta las lagunas de la parte trasera de la Estación Forestal, con límite hacia el Este en el campo de Viñales. O sea donde empieza la laguna La Arenera, y más o menos por una diagonal que se traza a la altura del Tercer Salto y un poquito más; mientras que por detrás llega hasta donde empieza el alambrado de Viñales, que es el ingreso a la laguna, que hoy el Club de Pesca tiene habilitada para la pesca deportiva. Para acceder a la zona de Reserva hay que ir por la calle que baja hacia La Arenera, camino al que se sale por la parte trasera del Vivero, donde hay un cartel que dice ‘Laguna’”. En este mismo lugar, recientemente y por medio de una donación de la Fundación Félix Azara, cuyos referentes en el área de Biodiversidad estuvieron vinculados al proyecto desde sus inicios, se colocó cartelería que señala los cuatro vértices de la Reserva.

Naturaleza viva y milenaria
Esta franja costera de 1100 hectáreas está ubicada en terrenos municipales, pertenecientes a la órbita de la Estación Forestal, y en este sentido, apunta Orfanó, resultó mucho más sencillo proceder a la declaración de espacio protegido. “Esta fue una ventaja que en su momento nos señalaron los guardafaunas del OPDS, porque establecer una Reserva en terrenos privados tiene claramente una complejidad mayor, especialmente por lo vinculado a su manejo futuro y la restricción de ciertos usos”, advierte.
Tras un segundo encuentro en el que se siguió avanzando en la propuesta, hubo una nueva recorrida de la que participó el biólogo Gabriel Francia, quien aportó datos claves en torno al lugar. “Nos dijo algo que nos impactó mucho, y es que si nos hubiéramos parado en esos mismos lugares hace 5000 años, con mínimas modificaciones, el escenario sería el mismo. Y que quedan muy poquitos lugares en la Provincia, cada vez menos, con este nivel extraordinario de conservación de la fauna y la flora, como del médano y el pastizal autóctono y una gran cantidad de especies nativas. Por eso Gabriel nos impulsó fundamentalmente a lograr que se declare la Reserva, como paso importante para luego profundizar la tarea en un plan de manejo”, destaca.
La tercera recorrida tendría entonces como protagonistas a los técnicos de la Fundación Félix Azara, referentes nacionales en la conservación de humedales y que despliegan una serie de programas vinculados a esta temática en distintos lugares del país. “Cuando Ricardo D’Annunzio les comentó la idea, se pronunciaron en la misma línea que ya lo había hecho Gabriel Francia, instándonos a lograr que se declare la Reserva para luego avanzar en su manejo. Se comprometieron a aportarnos la cartelería para delimitarla, con lo que cumplieron, y su participación en esta iniciativa ha sido muy importante para nosotros”, remarca Santiago.
Finalmente, el contacto entre el propio Orfanó y su par, la concejala que preside la Comisión de Turismo en el Concejo Deliberante de Villa Gessell, terminó por animarlo definitivamente a impulsar la ordenanza de creación de la Reserva. “Ellos tienen en su distrito un espacio protegido muy importante, la Reserva Faro Querandí, de alrededor de 5000 hectáreas, declarada como tal desde el año 1994 y que con muchas idas y vueltas recién ha ido encontrando un programa sustentable de manejo, mientras otros no han logrado avanzar más allá de la declaración. Lo que justamente nos decía Florencia del Cabo es que la prioridad es declararla, porque en principio se restringe ese espacio para cualquier otro uso o planificación”, admite el edil.
Contar con los recursos para trazar y cumplir ese plan de manejo, indispensable para la conservación pero también para el uso del territorio protegido, parece ser la cuestión central. “Nosotros hoy contamos con dos o tres guardafaunas municipales que están abocados a todo el distrito; vivimos una situación económica compleja, con problemáticas sociales crecientes, entonces si bien creemos que es sumamente importante destinar recursos a un área natural protegida, hay que ver de dónde los sacamos y a qué se los sacamos para destinarlos a eso”, reconoce el vecinalista. En este aspecto, el municipio que tiene a su cargo la Reserva Faro Querandí generó una normativa vinculada a la venta ambulante, regulación fundamental en las zonas turísticas, por la que se creó un pequeño fondo afectado a la Reserva con el que pudieron disponer de un guardaparques municipal de presencia constante. Más tarde, una ordenanza que regula el comportamiento de quienes visitan la Reserva y establece sanciones para quienes infringen ciertas prohibiciones a través de multas, también aportó recursos económicos para el espacio. “Y siempre está la posibilidad del aporte privado, por medio de donaciones de empresas, de padrinazgos, es mucho lo que hay para explorar en este sentido”, señala.

Apoyos clave
En este tramo, Santiago Orfanó destaca el apoyo de varios vecinos que fueron clave para impulsar el proyecto. “Quiero mencionar a María Marta Naveyra, a quien le tuve que plantear el tema con cierto apuro porque si bien llevaba un año y pico trabajando en esto no veía muy clara la posibilidad de que se diera, hasta que dos o tres acontecimientos calzaron para que la Reserva saliera, y fue ella la que trabajó para que el bloque de Cambiemos apoyara con sus votos la propuesta y no se demorara en el tiempo; a Maxi Winkler, porque no sólo me planteó la idea, sino que empezó a caminar la zona conmigo, y nos envalentonamos para que fuera no sólo un área protegida dentro del Vivero sino una Reserva Municipal, y desde ese momento puso todas sus ganas, contactó a Gabriel Francia y fue uno de los impulsores de esto; la gente de la Fundación Félix Azara y el delegado de Claromecó, Carlos Avila”, enumera.
La ordenanza promueve a su vez la creación de una Comisión Asesora, y en este punto, Santiago advierte que la idea es que “sea lo más participativa y abierta posible, dando lugar a los ambientalistas, la comunidad, los fomentistas de Claromecó y Dunamar, AVIC, todos los que quieran formar parte. De hecho GAPTA tenía un proyecto más amplio, que incluía áreas de Reta y Orense, y hemos charlado con algunos de sus integrantes para que se sumen a esta propuesta, para entre todos generar objetivos de corto, mediano y largo plazo y un plan de manejo sustentable para la Reserva”.

Los atractivos
Hay en el espacio protegido una gran variedad de aves, advierte Orfanó, y esto le aporta un atractivo especial, teniendo en cuenta que “hoy el avistaje de aves como propuesta turística y casi un estilo de vida, ha ido ganando una relevancia que mientras más voy investigando y aprendiendo no deja de sorprenderme. Y también me sorprendió muchísimo el impacto que la noticia de la creación de la Reserva tuvo fuera de nuestra comunidad, porque me llamó gente que viene desde siempre, que está muy contenta por esta posibilidad. Y esto, de alguna manera, en el ordenamiento y uso del territorio está relacionado con un turismo que nosotros tenemos por las virtudes de nuestra área, pero que con este acontecimiento nos pone en el escenario de otra manera. Hace poco tiempo tuve una reunión con el vicepresidente de Aves Argentinas, que por razones familiares veranea desde hace muchos años en Claromecó y ha recorrido más de 200 veces esa zona buscando insectos, plantas, pájaros, y me confesó que se emocionó hasta las lágrimas cuando supo que se la había declarado zona protegida. Así que uno empieza a descubrir en la gestión estas cosas, y no imagina hasta dónde van a llegar; pero lo cierto es que hay proyectos para Reta también y para el área urbana de Tres Arroyos, especialmente porque los vecinos han puesto estos temas en agenda y nosotros, desde el Movimiento Vecinal, pretendemos acompañar”, sostiene el concejal.
En cuanto al uso del espacio, la idea principal a impulsar es la recuperación de una vieja casilla que era parte de La Arenera, para que opere como base central de la Reserva o centro de interpretación; la posterior delimitación de senderos internos para la recorrida, la construcción de miradores para el avistaje de aves en las lagunas de agua dulce, entre otras propuestas.
“Y sobre todo queremos poder compartir esto con los chicos, que gustan mucho de estas actividades y que en definitiva son quienes, cuanto más aprendan sobre el lugar, más van a contribuir a su cuidado. Andrea Caselli, una investigadora que vino a Tres Arroyos a poner en marcha la Diplomatura en Conservación del Territorio que se cursa en CRESTA, nos decía que en cualquier aula del país, se puede exhibir una foto de un oso panda o una jirafa, y los chicos los identificarán rápidamente, pero no va a ocurrir lo mismo con un pato sirirí, al que quizá se chocan al salir de la casa. Tenemos instalado el concepto de que hay que cuidar esas especies como el panda o la jirafa, que ni siquiera viven en nuestro territorio, y no hemos aprendido a cuidar a nuestros bichitos como el cauquén colorado, la gallareta, que no por menos vistosos son menos importantes. Con ella, que se define como una ‘minimalista’ y que sabe que el mundo está comprometido y respira con dificultad pero está dispuesta a cuidar a las áreas sanas, recorrimos toda esta zona y me parecieron muy interesantes sus conceptos”, apunta Orfanó.
Sobre el final, postula el concejal que quizá sea difícil, desde los espacios de gestión local, cambiar los grandes paradigmas económicos mundiales y el sistema productivo instalado. Sin embargo, advierte, no está nada mal empezar por este tipo de proyectos, que van por lo que todavía se mantiene sano, y hacer algo por protegerlo. “Estoy feliz de haberme involucrado, y de aprender cada vez más sobre la naturaleza de nuestro distrito, sobre lo que es nativo, endémico, foráneo, de un montón de situaciones que uno ve cotidianamente pero que cuando las empieza a explorar, genera una percepción mucho más amplia y calificada”, concluye.

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La Reserva Natural Municipal Claromecó fue creada desde fines del año pasado en una franja de 1100 hectáreas de la Estación Forestal Ingeniero Paolucci

Recientemente se instaló la cartelería para delimitar la zona protegida, donada por la Fundación Félix Azara

En la Reserva se instalará un aula de interpretación y se generarán senderos internos y miradores para el avistaje de aves

 
 
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