notas edicion de papel

GUILLERMO WOLFRAM Y SUS MULTIPLES EXPERIENCIAS CON LA INFORMATICA EN ESPAÑA

En un viejo mundo virtual

Su formación como analista de Sistemas y su pasión por la electrónica lo llevaron a vivir a España, y la misma multinacional para la que trabajaba allí lo volvió a depositar en Argentina tiempo después. Pero los vaivenes económicos locales lo obligaron a regresar a la Madre Patria, en la que tiempo después la crisis también hizo lo suyo. Con herramientas suficientes para reinventarse, hoy el tresarroyense Guillermo Wolfram maneja sus propios emprendimientos y vive en un pueblo soñado, Torrelaguna, desde donde dialogó con “El Periodista”

Febrero 2017
 “Tengo una familia maravillosa compuesta por mi mujer Bely y nuestros hijos: Agustina (19) y Gonzalo (12). Y no me olvido de Rock, el perro que nos acompaña incondicionalmente”

“Tengo una familia maravillosa compuesta por mi mujer Bely y nuestros hijos: Agustina (19) y Gonzalo (12). Y no me olvido de Rock, el perro que nos acompaña incondicionalmente”

¿Cómo fue que decidiste direccionar tu vida hacia España?
Transcurría el año 1992, y yo vivía en Mar del Plata. Allí estuve varios años residiendo, incluso luego de finalizar la carrera de analista de sistemas, que había estudiado allí. Hacía programas de computación para algunos clientes. La cuestión funcionaba; siempre me gustaron las computadoras. Pero también tenía la curiosidad de conocer otros países. Creo que entre la aventura y las ganas de aprender, de ver otras cosas, decidimos con Bely (mi compañera) casarnos y venir de viaje de bodas a ver qué podíamos hacer en España. Aprovechamos la gran oportunidad de contar con muy buenos amigos viviendo acá y nos abrieron las puertas. Cuando dejamos el país, era un momento muy complicado económicamente. Desde el principio fuimos muy bien recibidos. Nos gustó, porque todo funcionaba. Viajamos un poco, y al tiempo empecé a buscar trabajo en empresas de informática. Conseguí empleo como programador, en un distribuidor de hardware muy grande en Madrid. Para mí significó un gran cambio, porque de pronto estaba trabajando en una empresa con una estructura de cien personas, con varias sucursales en toda España, Portugal y Estados Unidos. Me integré bien, aprendí mucho y estaba muy a gusto. Por si fuera poco, unos meses después le conseguí un trabajo administrativo a mi mujer en la misma empresa, que luego se mudó a un barrio periférico madrileño. Esto motivó que nos trasladáramos a vivir cerca, en la ciudad de Alcobendas. Por ese entonces estábamos más integrados, más españoles.
Pero regresaron durante un tiempo a la Argentina…
El trabajo iba bien, y a los 2 años y un poco más la empresa abrió una sucursal en Buenos Aires. Nos ofrecieron volver a la Argentina, por lo que en 1995 fuimos a vivir a Martínez. Las oficinas se emplazaban en Talcahuano casi Corrientes (pleno centro de la gran ciudad). Eran buenas épocas: yo me desempeñaba como encargado de sistemas y mi mujer se ocupaba de toda la parte administrativa. En ese período nació Agustina, mi hija mayor. Todo funcionó muy bien un par de años, pero la economía del país se complicaba e iba a menos; hasta que en 1998 se cerró la sucursal. Quedé con trabajo de forma independiente, dada mi relación con varios clientes. Intentamos retornar a Tres Arroyos a probar suerte, pero no funcionó y decidimos volver a España. En agosto del 2000 regresamos a Madrid, porque yo tenía una oferta para trabajar en otro distribuidor informático en sistemas. Otra vez de este lado nos recibieron. Empecé como integrante de Kristal Computer, una firma no tan grande como la anterior pero bastante importante y en pleno crecimiento. De hecho, el dueño era un antiguo compañero de trabajo, y se desempeñaban allí muchos ex colegas, por lo que significaba para mí un ambiente conocido. Para esto ya había Internet, y nos comunicábamos permanentemente con Argentina. Todo resultaba mucho más cercano que la primera vez. En esta empresa trabajé muy bien; luego se vendió a una marca de monitores chinos y creció aún más. En contrapartida, la economía española tuvo una depresión importante, por lo que en 2008 la firma cerró.
Mientras esa experiencia laboral avanzaba, ¿qué cosas sucedieron en tu vida familiar?
Para esta época habían pasado muchas cosas desde que llegamos en el 2000. Vivíamos en Fuenlabrada, una ciudad periférica de Madrid. Mi mujer trabajaba para un distribuidor de bijouterie en el centro madrileño, mientras que Agustina transitaba su etapa escolar. En 2004 nació Gonzalo (otro cambio importante), por lo cual mi esposa dejó de trabajar. Empezamos a plantearnos la posibilidad de cambiar de vida, salir de la ciudad y buscar un entorno más tranquilo para poder estar más tiempo con los chicos. La única posibilidad era alejarnos de Madrid.
Y allí apareció Torrelaguna…
Por suerte, para entonces Internet estaba floreciendo y plantee en la empresa la alternativa de trabajar desde mi casa. Lo aceptaron, y solo tenía que ir a la gran ciudad dos o tres veces a la semana. Esto nos permitía radicarnos un poco más lejos. Siempre nos gustó la zona de la sierra. Estuvimos casi un año buscando por toda la periferia madrileña un nuevo lugar, y apareció Torrelaguna. Teníamos contacto con una familia amiga de Mar del Plata que residía allí; conocimos el lugar y decidimos venirnos a vivir a plena sierra madrileña, a 58 kilómetros de la capital española. Es un pueblo milenario, de 4500 habitantes, con gente de campo muy simple pero maravillosa. El pueblo nos acogió muy bien. En un lugar tan chico siempre se conoce todo el mundo, más aún si sos extranjero. Empezamos hacer cosas ni bien arribamos; yo seguía trabajando en Madrid y desde casa, lo cual fue un cambio importante. Teníamos más tiempo disponible, los chicos iban al colegio, era todo más fácil. Podíamos movernos caminando. Logré armar mi oficina, trabajar para otros clientes, andar en bicicleta, tener perro, y lo más importante: criar a mis hijos en un ambiente mucho más ameno y natural. Como contaba antes, en 2008 cerró la empresa; no obstante me quedé viviendo en el pueblo, pero sin el empleo de la multinacional. La vida siempre da sorpresas, y esto me decidió a ponerme a trabajar por mi cuenta, a empezar de nuevo.
¿De qué manera?
Buscando y eligiendo antiguos clientes, ofreciendo servicios de mantenimiento informático, programación, web y asesoramiento. También surgió la inquietud para desarrollar tele trabajo, y en eso Internet me ayudó mucho. Después de todo, había compartido muchos años con distribuidores informáticos. Conocía bien ese mundo, lo que permitió ponerme al servicio de varios de ellos. Además, en el pueblo empecé ofrecer mis servicios. Un cliente me llevó a otro, hasta que me ofrecieron hacer el mantenimiento informático del Ayuntamiento (municipalidad) de Torrelaguna, en el que había unas cuantas computadoras. Como acá los pueblos están muy cerca unos de otros, actualmente atiendo a varias empresas. Paralelamente, toda la informática cambia permanentemente, y hoy en día está cada día más cerca del video, la fotografía, la domiteca, todo se va mezclando. Los televisores se conectan a Internet y viceversa, por lo cual para mí se unieron dos mundos. Me crié en un taller de electrónica, y siempre estuve relacionado con las cámaras, televisores, cables y antenas. Sin ninguna duda, mi padre Freddy fue mi mejor maestro. También soy un buen aficionado a la fotografía, y como actualmente las web sin fotos ni videos ya no funcionan, esa situación me permitió desarrollar mi actividad de una forma más profesional. Hice cursos y armé un pequeño estudio de fotos y videos, aprendí de edición y logré que funcionara (lo más difícil). Lo diferente para un inmigrante es que no hay abuelos ni hermanos ni primos que ayuden. Tanto los padres como los niños tienen que aprender hacer todo solos. Para colmo, somos muy movedizos: mi mujer se metió en política y lleva la concejalía de Turismo y Servicios Sociales. Le encanta, pero le roba un montón de tiempo a la familia Esto derivó en que yo me involucrara sin darme cuenta en sacar fotos y hacer videos de los eventos que pasaban en el pueblo. Como se sabe, en España son especialistas en rememorar las costumbres, fiestas, tradiciones lúdicas, religiosas y deportivas. Siguiendo los pasos de mi hermano Ariel, aquí me conocen por estar en todos lados con la cámara al hombro.
Hablanos un poco, describinos el lugar donde vivís…
Tal como decía, Torrelaguna es un pueblo milenario con mucha historia. Incluso antiguamente fue más importante que ahora mismo. Es una zona de campo, verde y sierras con construcciones típicas de la zona. Por un lado están las viejas casas de piedra con chimenea y por otro existen urbanizaciones modernas, ya que en los últimos años mucha gente joven se instala cada vez más lejos de Madrid a vivir y viajan todos los días a trabajar a la capital. Esto les permite llevar una vida mejor; las propiedades resultan más baratas, el transporte y las carreteras son realmente buenos, por lo que ir y venir a Madrid es muy normal. Además, el entorno natural se ofrece muy lindo, lo que convierte a la zona en un punto turístico, con restoranes, casas rurales, actividades deportivas (senderismo, escalada, equitación, ciclismo, motos). El pueblo es chico pero hay colegio infantil, primario y secundario, un polideportivo, biblioteca, un hospital pequeño y todos los servicios normales de ciudad. Tiene los beneficios de vivir en el campo con las costumbres de un sitio pequeño, pero también las posibilidades de estar cerca de la gran ciudad y acceder fácilmente. La gente local es maravillosa, y conserva tradiciones de sus padres y abuelos. Muchos atienden huertas o “fincas” (campos de pocas hectáreas, 20 o menos), crían animales (ovejas, vacas, caballos) o siembran trigo. Paradójicamente, ocurre que salís a pasear al perro y te encontrás con el pastor y sus ovejas en el medio de la sierra, pero por arriba ves que pasan cuatro aviones inmensos. Es como si convivieran los dos mundos. Esta combinación a mi mujer y a mí nos encanta; se lleva una vida con varios matices.
Decidiste armar una empresa de eventos allá. ¿Qué características le diste? ¿Qué gama de actividades abarca?
Por un lado mantengo el sitio de los servicios informáticos (www.webline.es), pero también asumí con otro amigo argentino que vive en Barcelona la representación de una herramienta para realizar programas en Internet. Hacemos programas y damos cursos presenciales y por Internet en www.scriptcase.tv. A todo ello, debo sumarle la tarea específica de los eventos (www.youtube.com/eventostorrelaguna), que me llevó a tener como clientes locales a muchos restaurantes y hoteles rurales. Esta relación permanente hizo que junto con Julio (un amigo de Torrelaguna también informático y “excombatiente” de multinacionales) nos decidiéramos a formar otra empresa que agrupe todo estas actividades y cubra además las necesidades que tenía el pueblo. De esta manera, nos embarcamos en la aventura de abrir una tienda al público que fundamentalmente se sustenta sobre cuatro patas relacionadas. Por un lado está la parte denominada “multimedia” (servicios de fotos, videos, álbumes, catálogos, impresión rápida, folletos, carteles). Otro segmento es el de informática (servicios web, marketing on line, asesoramiento, programación y especialización en discos de red NAS, mejoras de WIFI y videovigilancia). Otra faceta es la destinada a eventos, considerándolos por definición como acontecimientos que pasan en una fecha y en un lugar, que pueden ser de todo tipo. En realidad nos dedicamos más a documentarlos en formato multimedia (gráfica, fotos, vídeos web, canales de YouTube). Por último, la empresa cuenta con un segmento orientado a la formación. Es otra de las cosas que nos gusta hacer, unida siempre a la informática, fotografía, etcétera. Aprender y enseñar van de la mano; hoy en día hay muchos servicios on line, muchas necesidades del usuario normal para poder usar los dispositivos que tenemos. Como comenté anteriormente, todo está relacionado (el televisor con el móvil, la tablet). En las casas ya no sólo existe una computadora; hay muchas, y la cantidad de información que nos llega día a día debemos manejarla adecuadamente. Entre otras cosas, hacemos talleres de herramientas on line, Android, iOS, robótica para niños, campamentos tecnológicos, fotos, edición de video también para mayores Dentro de estas cuatro patas la base principal es trabajar de una manera cercana y tranquila, ya que a esto hay que sumar que hoy en día cambia todo permanentemente, lo que obliga a aprender o investigar al mismo tiempo. En función de ello, otro servicio que está creciendo en Europa es el Coworking (trabajo colaborativo). La idea apunta a unirse y trabajar con otras personas con cierta afinidad para conseguir un objetivo mayor. En nuestro caso, ofrecemos las instalaciones y espacios de la firma para poder colaborar en algún proyecto diferente.
¿Qué tipo de contacto mantenés con Tres Arroyos? ¿Regresás a menudo?
El contacto principal es con mi madre y el resto de la familia. Por suerte hoy día las comunicaciones son muy buenas. Por Internet siempre se consultan diarios, redes de un montón de amigos. Aunque no tengas un trato directo, te hace bien saber de ellos, ver fotos. Creo que esto ya forma parte de nuestro día a día con todo el mundo.
¿Qué cosas son las que más se extrañan?
¡Qué difícil responder eso! Yo principalmente creo que lo que más se extraña son esas pequeñas cosas que por ahí no existen acá: una golosina o alguna comida, un olor, y por su puesto algún acontecimiento familiar al que no se puede asistir. Pero lo tratamos de cubrir llamando o haciendo videoconferencia. Personalmente extraño Claromecó, un lugar que me encanta. Me gustaría poder ir con cierta frecuencia y disfrutarlo más, es un objetivo a conseguir. Tratamos de regresar a Tres Arroyos cada dos o tres años, pero cada vez resulta más difícil que lo hagamos los cuatro integrantes de la familia. Las obligaciones, distintas edades y diferentes estaciones (además del precio) no siempre son compatibles.
¿Planeás en algún momento la vuelta a tu ciudad o bien a Argentina, o ya estás definitivamente afincado allá?
Yo soy de los que pienso que solo podemos vivir el presente y que no puedo imaginarme que pasará en el futuro. Ni tampoco sé si esto o aquello es mejor o peor; lo que si me gustaría es conseguir la posibilidad de ir y venir más simplemente, hacer algún trabajo allí y acomodar las cosas aquí como para poder moverme mejor. Por suerte tengo una familia maravillosa, mi mujer es la que tiene más mérito por soportarme y no decir que no nunca a ninguna de mis ocurrencias (lo cual admiro inmensamente). Mi hija Agustina ya tiene 19 y está viviendo en Madrid, estudiando en la Universidad Complutense la carrera de comunicación audiovisual. Tiene una fuerza increíble. Mi hijo Gonzalo (12) empezó este año el secundario. Le gusta la guitarra eléctrica y ya tiene su banda, hace deportes, va por un buen camino. No me olvido de mi perro Rock, que me acompaña incondicionalmente.
¿Qué visión tenés, a la distancia, de nuestra realidad? ¿Hay diferencias sustanciales con lo que te toca vivir a diario?
Después de tanto tiempo se pierde noción de la realidad o de la capacidad de opinión. Somos animales de costumbre, solo puedo decir que creo que aquí la “sociedad” es más “socia”. Las reglas de juego están más claras. Luego de muchos años y experiencias, creo que hay cosas que ya las aprendieron, lo cual tiene su lado bueno (seguridad, estabilidad). Por otro lado, la felicidad completa ya sabemos que es difícil y siempre hay aspectos que no están bien o nos gustarían que fueran diferentes. Los problemas existen en todos lados; esencialmente nos toca la tarea de mejorar la condición humana de este mundo globalizado.

Wolfram: “Tratamos de regresar a Tres Arroyos cada dos o tres años, pero cada vez resulta más difícil que lo hagamos los cuatro integrantes de la familia. Las obligaciones, distintas edades y diferentes estaciones (además del precio) no siempre son compatibles”

Guillermo Wolfram logró reinventarse a partir de las herramientas que su formación y el legado de su padre Freddy le otorgaron, y hoy tiene su propia empresa en Torrelaguna, España. En las fotos, el local de su firma

“Vivimos en Torrelaguna, en plena sierra madrileña, a 58 kilómetros de la capital española. Es un pueblo milenario, de 4500 habitantes, con gente de campo muy simple pero maravillosa”

La posibilidad de alejarse de la gran ciudad les dio a los Wolfram más tiempo para disfrutar en familia y de ese paraíso que es el milenario pueblo español donde habitan

“Personalmente extraño Claromecó, un lugar que me encanta. Me gustaría poder ir con cierta frecuencia y disfrutarlo más, es un objetivo a conseguir”, dijo Guillermo

 
 
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