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LA VIDA DEL BOXEADOR TRESARROYENSE GUSTAVO “TITO” LEMOS, MAS ALLA DEL RING

En la lucha

Gustavo Daniel “Tito” Lemos tiene 21 años, está invicto en 15 peleas como profesional, con 6 knock outs. Es tresarroyense, nacido en el barrio Ruta 3 Sur, campeón latino en la categoría super ligero con una defensa y quizá, el boxeador argentino con más proyección del momento. Con “El Periodista” compartió su otra pelea, la de todos los días

Mayo 2018
“Cuando subo al ring me dan más ganas de pelear todavía, me motivo aún más”, explicó “Tito” durante el mano a mano con “El Periodista”

“Cuando subo al ring me dan más ganas de pelear todavía, me motivo aún más”, explicó “Tito” durante el mano a mano con “El Periodista”

Comenzó a entrenar a los 12 y tuvo su primera pelea como amateur a los 14, la única que perdió. Después de ese primer paso fallido, no falló más: hizo 34 peleas más como amateur y las ganó todas. Nació en Tres Arroyos hace 21 años, no sabe dónde porque nunca preguntó, pero sí sabe que desde los cuatro años está en el Barrio Ruta 3 Sur, donde se crió junto a nueve hermanos. Tito empezó a boxear por uno de sus hermanos, que boxeaba y era campeón bonaerense por aquel momento, hace nueve años. Su hermano y su padre se iban a entrenar y él se moría de ganas de ir con ellos, pero no lo dejaban porque era muy chico. Hasta que lo dejaron, y Tito empezó a convertirse en una de las mayores promesas del boxeo argentino. “Insistí bastante hasta que me dejaron. Desde que empecé, mi viejo me decía que me veía condiciones, ganas de entrenar”, dice. Ahora es campeón latino, con 15 peleas ganadas en dos años de profesionalismo.
Lemos hizo la primaria en la escuela 2 y luego dejó. Tenía que trabajar para ayudar en su casa, así que con 12 años se metió en la construcción y empezó como peón de albañil. Al mismo tiempo, comenzó a entrenar para ser boxeador. La parte física la hacía solo, como sigue haciendo ahora, y no por elección, sino por falta de tiempo para trabajar rutinariamente con otra persona. Su adolescencia fue dura, más de lo que pretende la ética general de la sociedad argentina para los chicos. Tito se curtió. Desde hace nueve años que madruga para trabajar gran parte del día y, el resto del tiempo, dedicarse a entrenar boxeo. Desde que se hizo profesional, empezó a recibir ayuda de la Municipalidad, que le dio un puesto en Obras Sanitarias, donde trabaja de seis y media a doce y media del mediodía. De ahí vuelve trotando hasta su casa, donde vive con su mujer y su pequeño hijo Ian, ahí empieza su entrenamiento. Tito se está haciendo su casa en el barrio donde se crió, así que por estos momentos, también trabaja en ese proyecto. Le dedica tiempo hasta las 17, cuando se va a entrenar al gimnasio de box de Club de Pelota, lugar que también le presta el municipio para que entrene cuando quiera, el tiempo que quiera. Generalmente, sus entrenamientos en el gimnasio duran entre dos horas y dos horas y media. Después sale a correr solo, porque no tiene preparador físico. El sacrificio lo lleva en la piel, dice que está tan acostumbrado a esa rutina que no lo siente.
“Cuando subo al ring me dan más ganas de pelear todavía, me motivo aún más”, explica. A los 15 ya era campeón bonaerense y a los 16 sumó el título interprovincial. Estaba peleando en dos categorías cuando a muchos les cuesta insertarse en una. Dice que ya para ese momento estaba re metido, y muy entrenado.
“Siempre fue muy duro, pero en amateur más que ahora porque no le aflojaba ni al laburo ni al entrenamiento. Además, fue más complicado porque había tipos más experimentados”, señala Lemos. Su primera pelea en amateur fue por el título bonaerense y la perdió. El golpe fue difícil de asimilar, pero siguió adelante entrenando mucho. Después ya lo ganó y siempre peleó para defender alguno de los títulos. Se fue fortaleciendo desde la cabeza a medida que fueron pasando los combates. “Nos presentábamos a las peleas y no sabíamos con quién teníamos que pelear, pero teníamos que estar siempre entrenados para medirnos con cualquiera, no teníamos problema por quién toque, por más que siempre nos cruzábamos con tipos más experimentados”, dice Tito, que habla en plural porque incluye a su equipo, que está integrado por su padre, Pedro Alem, y por Hugo el “Ruso” Vester, quien se sumó desde que Lemos empezó a entrenar en Club de Pelota. “Me curtí en amateur, tuve peleas mucho más duras. En ese momento, había salido la regla de la pelea sin cabezal, y yo ya había cumplido 18 y ya quería hacerme profesional, así que empezamos a buscar para pelear con rivales más experimentados. Peleé con cabezal contra Alexis Torres, un chico que tiene ciento y pico de peleas y está en la selección. Le gané y me pidieron la revancha sin cabezal, iban a ser cuatro rounds de tres minutos, tipo profesional. Nos gustó la idea así que aceptamos y le volví a ganar claramente. También le gané a Machado y a Daniel Combi. Después de ganarles a ellos ya sabía que podía empezar a medirme profesionalmente. Y cuando debuté, peleé con Ayala, un chico con el que ya había peleado algunas veces y que ya tenía algunas peleas como profesional. Fue muy duro, palo y palo”, recuerda.
Lemos dice que la diferencia de cuando empezó a hoy, es que ahora está más tranquilo, más seguro de lo que hace y del entrenamiento que tiene, nada más. “La estrategia la busco yo en pelea. No me gusta mucho mirar videos y esas cosas, aunque me piden pero me resisto. Trato de imponer mi estilo. Mirando uno o dos rounds del rival, ya sé el estilo de pelea que tengo que hacer”, señala. Este año lleva dos peleas. La primera fue en enero, en Santa Fe, por el título latino FIB de la categoría súper ligero que estaba vacante. Lemos se presentó y desde el comienzo empezó a machacar al “Pata” López con sus ataques constantes abajo y arriba. Tito lo desbordaba por todos lados y López se empezó a descontrolar. En el cuarto round fueron al golpe por golpe y, después de tres conexiones limpias de Lemos, llegó el último derechazo que mandó al “Pata” a la lona. Knock out de película y título para el tresarroyense. “Ese día me volví de allá muy enojado porque no habían llevado el cinturón, no sé qué había pasado con el fiscal de la Federación y no estaba, así que no lo traje. Pensaba en toda la gente que me estaría esperando y me daba mucha bronca no poder mostrárselo. Cuando llegué y vi tanta gente en la terminal y con los Bomberos y todo, me levantaron el ánimo, pero había venido re alunado, no quería ni hablar”, señala. Además, él y su equipo habían tenido una experiencia fea para salir del estadio donde habían peleado: “Nos querían matar. Tuvimos que salir con la policía. Y la anterior, que fue en Jujuy, también, nos querían dar, fue complicado”. La segunda del año fue en el Gigante de Huracán, en nuestra ciudad. Lemos se presentó a defender el título contra el campeón argentino Damián Yapur y el trámite fue parecido. Usar los ganchos es una marca registrada de Tito Lemos: “busco siempre trabajar con las manos abajo, me gusta y lo practico mucho. Cuando te empiezan a castigar así de entrada, al quinto o sexto round ya no podés ni levantar las piernas. En cambio, para golpear a la cabeza, tenés que tener mucha precisión y pegar en la pera o ser muy efectivo. Los tenés que agarrar muy bien para lastimarlos”, dice. Y tiene razón, cuando iba a comenzar el quinto round, Yapur no se levantó del banco. Victoria para Lemos.
“Siempre me preparo igual, tanto para ir a ganar el título como para defenderlo. No siento miedo, sí nervios, hasta que entro”, dice y explica que, en ocasiones, sí tiene el miedo de no rendir al máximo, porque por más entrenado que esté, siempre está ese pensamiento de que se puede tener un mal día, pero sostiene que la concentración es lo más importante.
“No pensaba ser campeón latino tan joven. En amateur, teníamos un promotor que no nos daba esa posibilidad, después cambiamos, pudimos hacer contacto con Rivero y nos fuimos acercando. Igual, cuando fui a pelear por el título latino no pensé que iba a ganarlo de esa manera, a pesar de que conocíamos al rival, fue un poco una sorpresa tener un título tan pronto. La confianza en uno es todo, ahí está el secreto”, analiza.
A Lemos también le dicen “el eléctrico”, y cuando habla lo parece. Se muestra tranquilo, seguro y rápido, como arriba del ring. “Si tengo que destacar algo sobre mí, es que tengo mucha fuerza de voluntad, cuando salgo a correr solo, trato de exigirme al máximo, y si veo que estoy ahogado, más le meto. Todo lo que hago lo hago con ganas, siempre pienso en positivo y eso me lleva a seguir mejorando. Tanto dentro como fuera del ring. Si no tengo ganas de hacer algo, no lo hago. Lo mismo con el entrenamiento, si estoy desganado, no voy, para perder tiempo, prefiero no ir”, asegura.
La popularidad que adquirió en el último tiempo a partir de ser campeón no lo asusta: “Lo llevo normal, lo manejo bien. La gente me saluda y me pide fotos en la calle y no tengo problema, saludo y me saco fotos. Yo soy uno más, no soy diferente ni más que nadie. Estoy tranquilo, siempre estoy con la misma gente y hago la vida de siempre. Trato de estar en mi casa, con mi familia. Siempre se va a acercar algún nuevo amigo pero trato de controlarlo bien a ese tema, porque si no ahí es donde empiezan los problemas”, afirma.
Ahora oficia de referente para muchos chicos, incluso para sus hermanos menores que quieren ser como Tito: “los más chicos están más entusiasmados que yo con mi carrera. Una de mis hermanas está ahora con que quiere boxear también. A mí no me molesta que me sigan, para nada, al contrario, si les puedo dar una mano, se las voy a dar”, dice. Sin embargo, Tito tiene un hijo, Ian Gustavo Lemos: “no me gustaría que quiera ser boxeador. Ojalá que agarre para otro lado. Si puedo hacer que no boxee, mejor, porque sé lo duro que es y cómo se sufre, tanto con el entrenamiento como con las comidas”, explica.

Entrenamiento y alimentación
Algunos boxeadores tienen una preparación mental especial para mantener la concentración. No es el caso de Tito Lemos, quien dice que siempre está concentrado en lo suyo y no piensa casi nada en el otro, y que eso es lo fundamental. “No tengo alimentación especial tampoco, como normal, de todo. Cuando llego tengo un hambre bárbara, te puede decir mi señora lo que como”, dice entre risas. Lemos explica que muchas personas han intentado imponerle una dieta y ha tratado de empezar, pero que le cuesta mucho seguirla porque al entrenar tanto, necesita comer mucho. Dice que siempre ha tenido problemas de peso y que cuando empieza a prepararse fuerte para una pelea, tiene que bajar siete u ocho kilos para dar el peso necesario. Las últimas dos o tres semanas antes del combate, se cuida con las comidas y come más verduras, frutas y carnes blancas que lo ayudan a bajar. “Para mí es lo más complicado. Ahora en la próxima pelea yo tengo que dar 61,200 kilogramos para no perder el título en la balanza, y estoy en 67 -fines de abril-. Tengo más presión para pasar el pesaje que para pelear, una vez que paso eso, ¿sabés cómo me relajo? Parece que ya hubiera ganado la pelea. Sufro mucho con ese tema. La semana posterior a la pelea, me voy seis kilos arriba fácil”, dice Lemos, sincero.

Referentes
“Yo miro de toda clase de boxeadores y trato de sacar algo de cada uno. No puedo quedarme con uno que me guste más. Mohammed Ali fue el mejor de todos, aunque todavía no le encuentro muy bien el boxeo, pero que fue el mejor, sin dudas. Tyson fue el mejor noqueador. Después, en mi categoría, Edwin Valero fue uno de los mejores, en su momento muchos no se animaron a pelear con él, era muy agresivo y tenía casi todas las peleas ganadas por knock out, hoy sería uno de los mejores. Pero también tenés que saber retroceder y esquivar como Mayweather o Nicolino Locche, que no los tocaba nadie. Eso es lo más lindo, la gente ve que esquivás cuatro o cinco manos y se enloquece. Para algunos es la parte más difícil pero para mí no, porque tengo muchos reflejos y lo practico mucho. Lo que pasa es que hubo y hay tantos tan buenos que hoy decís me gusta este, y mañana te gusta otro”, reflexiona.

Antes de pelear
“Me até más y tuve más nervios en mi primera pelea profesional, que la hice en Club de Pelota y no fue televisada, que cuando peleé en Huracán y se televisó por TyC Sports. Explotó de gente, los tenía pegados. Estaba entrenado y todo pero me costó. A mí me dicen los días antes a las peleas que va a ir mucha gente, que esto y que lo otro, pero hay que saber abstraerse, no queda otra. También me explota el teléfono, me mandan montones de mensajes, pero hasta después de la pelea ni me fijo”, dice.

Interés por otros deportes
“Nunca pensé en hacer otro deporte. Jugaba a veces partidos de potrero con mis hermanos, pero nada más. Siempre estuve re metido en el boxeo. Y no miro tampoco mucho deporte, ni siquiera de boxeo miro mucho. A veces veo cuando juega Boca si tengo tiempo o sino el Mundial”, señala.

Sacrificio y pasión
“La carrera del boxeador es muy solitaria y sacrificada. Más que nada por el tema de la constancia en el entrenamiento y porque dependés de tener alguien que te apoye. En el fútbol son 20 corriendo atrás de una pelota y si te cansás te puede suplir otro. Pero en esto tenés que estar siempre muy concentrado y aguantar, porque si te cansaste te matan a trompadas”, subraya y dice que su pasión es el boxeo, que sino no lo haría, porque es muy intenso. No encuentra otra cosa que le guste más. Dice que quizá hubiera pensado en jugar al fútbol: “pero no me veo, soy re pata dura”, se ríe.

La importancia del padre y de Hugo Vester en su carrera
“La verdad que tiene mucha importancia. Yo ya estoy acostumbrado a él, no podría cambiar, yo me quedo con mi equipo. Tanto con mi viejo como con Hugo Vester, después no me importa que venga nadie. Además que me mete presión, no por ser mi viejo me va a perdonar, me exige mucho porque sabe lo que es, él también fue boxeador. A mí eso me sirve porque está continuamente atrás mío, muy intenso. Por momentos lo odio, por la exigencia de los entrenamientos, pero después se lo agradezco porque arriba -del ring- lo necesito y es gracias a él. Siempre trabajamos así, desde que arranqué. Y ‘El Ruso’ es muy compañero. Cuando empezamos en el profesionalismo, arrancamos con él y siempre está apoyándome en todo y también continuamente atrás. Trabaja junto con mi viejo, uno ve una cosa y el otro, otra. De las dos miradas, sacamos algo interesante. Y arriba del ring, ellos miran al rival, no me miran a mí. Buscan sus debilidades para decirme por donde atacar y ganarle. Ellos capaz que están dos semanas antes mirando videos, por eso yo no lo hago mucho”, explica.

Objetivos en el boxeo y futuro
“Por ahora, seguir así y llegar lo más lejos que se pueda. Mi idea es hacer peleas internacionales. Se pone más duro afuera pero más lindo también. Ahí es donde te hacés ver por todos. Por ahí peleas en festivales donde hay campeones del mundo y es muy importante”, avisa y dice: “Ahora ya me estoy preparando fuerte para pelear en mayo. No tenemos fecha todavía. No sé todavía si defendemos el título o unificamos. La de Panamá se cayó, así que no sé si ya saldremos del país, pero creemos que para la próxima pelea, estamos peleando internacional”.
Gustavo “Tito” Lemos, puños de barrio, corazón de campeón.

El tresarroyense “Tito” Lemos es quizá el boxeador argentino con más proyección del momento

Hay equipo. Gustavo “Tito” Lemos con su papá, Pedro Alem, y Hugo “El Ruso” Vester

“Mi idea es hacer peleas internacionales; se pone más duro afuera, pero más lindo también”, advierte Lemos

 
 
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