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“EL PERIODISTA” Y UN EXCEPCIONAL ENSAYO FOTOGRAFICO SOBRE PESCA ARTESANAL EN CLAROMECO

Embarcado

Inscripta en el territorio incierto de altamar, la pesca artesanal supo de épocas de mayor gloria en Claromecó, con 35 lanchas y una recolección atractiva desde el punto de vista económico. Hoy quedan unas 10 embarcaciones, entre ellas la del emblemático Raúl Pinza, un referente de esta actividad con quien el fotógrafo Javier López Echegoyen compartió una jornada completa, para escudriñar el duro oficio desde adentro y regalar las increíbles imágenes que hoy publica “El Periodista”

Fotos y texto: Javier López Echegoyen (*)

Abril 2018
Raúl Pinza. Entre redes, gatuzos, corvinas y tiburones bacota que devuelve al agua cuando son pichones, este hombre de mar de 54 años, realiza su trabajo con una pasión inigualable

Raúl Pinza. Entre redes, gatuzos, corvinas y tiburones bacota que devuelve al agua cuando son pichones, este hombre de mar de 54 años, realiza su trabajo con una pasión inigualable

Amaneció hace unos minutos, pero los preparativos llevan ya varias horas. Desde la noche anterior, Raúl Pinza sólo le presta atención al momento justo de la pleamar y al pronóstico del viento que le indica que la salida debe ser a las 7 en punto. Todo debe estar listo a esa hora, en la que comienza la ventana climática que les permitirá recorrer los puntos estratégicos de pesca donde el día anterior tiró los trasmallos. Ayudado por un GPS y orientado, sobre todo, con la experiencia de haber navegado por 35 años, el pescador transita la ruta con una precisión asombrosa.
Promedia el mes de Febrero y aunque las condiciones del tiempo son ideales para navegar, Raúl recoge las primeras redes preanunciando que la pesca no va a ser buena. “La temperatura del agua es demasiado cálida, es mucho mejor cuando el agua está bien fría”. Tenía razón, sólo dos cajones de piezas para abastecer el consumo local, repartidos entre restaurantes y pescaderías. “La gente prefiere el gatuzo, que fileteado no tiene comparación a lidiar con las espinas inevitables de la corvina”.
En la actualidad, sólo unas diez embarcaciones se aventuran a continuar prestando servicios para este oficio milenario en otras latitudes. En épocas doradas, el número de lanchas en Claromecó superaba las 35, cuando las recompensas económicas eran más propicias. “Esto te tiene que gustar, es la única manera de poder llevarlo adelante, y no depende de los réditos monetarios ocasionales, porque hago lo que más me gusta", afirma en voz baja pero seguro de sí mismo, amante como pocos de su oficio y referente de la actividad para sus colegas.
Entre redes, gatuzos y corvinas, tiburones bacota que devuelve al agua cuando son pichones, este hombre de mar de 54 años, realiza su trabajo con una pasión inigualable, y nos invita a compartir una particular atracción turística: la pesca artesanal, en el mar de Claromecó.

(*) Fotógrafo

En la actualidad, sólo unas diez embarcaciones se aventuran a continuar prestando servicios para este oficio milenario en otras latitudes

En épocas doradas, el número de lanchas en Claromecó superaba las 35, cuando las recompensas económicas eran más propicias

“Esto te tiene que gustar, es la única manera de poder llevarlo adelante, y no depende de los réditos monetarios ocasionales, porque hago lo que más me gusta", afirmó Raúl Pinza

 
 
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