notas edicion de papel

HABLA POR PRIMERA VEZ EL HIJO DE DOMINGO MENNA Y ANA MARIA LANZILLOTO

El triunfo de la verdad

“El Nieto 121” recuperado por las Abuelas de Plaza de Mayo se llama Maximiliano. Médico de profesión, tiene 40 años. Es hijo de los tresarroyenses desaparecidos, Domingo Menna y Ana María Lanzilloto. Aún conmovido por la revelación, concedió a “El Periodista” una estremecedora entrevista. Exclusivo

Por Guillermo Torremare (*) y María Rosa Gómez (**)

Diciembre 2016
Guillermo Torremare y María Rosa Gómez, en representación de “El Periodista de Tres Arroyos”, con Maximiliano,  “El Nieto 121”. Es hijo de los tresarroyenses Domingo Menna y Ana María Lanzilloto

Guillermo Torremare y María Rosa Gómez, en representación de “El Periodista de Tres Arroyos”, con Maximiliano, “El Nieto 121”. Es hijo de los tresarroyenses Domingo Menna y Ana María Lanzilloto

Es sabido que 30.000 desaparecidos fue el saldo final del genocidio que implantó la dictadura cívico militar. También que alrededor de 500 niños, hijos de esos secuestrados, nacidos en el mismo lugar en que atormentaban a sus madres, fueron dispuestos como botín de guerra. Algunos regalados como cachorros y otros vendidos como objetos de arte, todos desprovistos de identidad, historia y familia. Aproximadamente 400, sin saberlo, aún conviven con quienes los anotaron como propios o fraguaron su adopción legal.
Se presume que cuatro hijos o hijas de tresarroyenses desaparecidos nacieron en cautiverio: el de Olga Graciela Barcala, secuestradas entre el 23 y 26 de septiembre de 1975 en San Miguel de Tucumán; el del matrimonio integrado por Domingo Menna y Ana María Lanzillotto, secuestrados el 19 de julio de 1976 en Villa Martelli; el del matrimonio compuesto por Carlos Alberto Rivada y María Beatríz Loperena, secuestrados el 3 de febrero de 1977 en Tres Arroyos y el de Alicia Silvia Chuburu, secuestrada el 15 de mayo de 1977 en el trayecto entre Castelar y Vicente López.
Con alegría el 3 de octubre pasado recibimos la noticia que Abuelas de Plaza de Mayo anunciaría la recuperación de identidad del nieto 121. Con sorpresa –por su pertenencia a nuestra pequeño universo local-, supimos luego que se trataba del hijo de Domingo Menna y Ana María Lanzillotto.
El Nieto 121, como lo conoce la opinión pública, se llama Maximiliano, tiene 40 años, es médico homeópata, está casado y es padre de Mauricio, de 6, y de Carmela, de 4 años. “El Periodista” lo entrevistó, en exclusiva, cuando apenas había transcurrido algo más de un mes desde el momento en que conoció su verdadera identidad.

Hace poco más de un mes que Abuelas anunció tu identificación, ¿cómo fue ese proceso desde aquel llamado?
En mayo me llaman de la CONADI (Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad), yo estaba en una estación de servicio, me explican quiénes eran, yo lo sabía, y me dicen que están haciendo una investigación de partidas de nacimiento firmadas por una obstetra o partera, Franicevich (Juana Elena Arias de Franicevich, fallecida en 1995), porque habían comprobado varias que eran falsas. Entre esas partidas de los años ´76 al ´78 encuentran la mía, me dicen que no era seguro que fuera falsa, pero sospechan. Había 2 o 3 elementos que les llamaban la atención y llegaron a un punto en que la única forma de aclararlo era con el ADN. Ante eso me preguntaron si yo tenía dudas sobre mi identidad, les dije que no, que nunca había tenido ninguna sospecha y que me resultaba muy raro el llamado. Aunque al mismo tiempo, en el fondo, sentí que podía ser.
¿Por qué?
Una sensación muy particular, podía ser. Me habían dejado inquieto algunas cosas que dijeron. Les dije “yo vi fotos de mi mamá embarazada” y apenas lo hice rastreaba en mi mente y no encontraba ninguna. Había fotos de mi mamá conmigo chiquito y embarazada de mi hermana. Me ofrecieron ir a la CONADI para mostrarme mejor lo que tenían, conversar y ver si después yo quería hacerme el ADN. Les dije que yo no tenía problema, que más allá de que fuera o no fuera yo quería colaborar, por el trabajo que ellos estaban haciendo.
¿En ese momento vos ya habías hablado con tu familia de crianza?
Ese fue el primer llamado un día, cuando corto con ellos debo haber tardado 20 minutos en arrancar el auto. Me vino un torbellino de recuerdos, cosas, piezas que me venían de golpe, fue algo muy impactante. La llamo a mi mamá y le digo “recibí este llamado de la CONADI, me pareció extraño”, tanteando qué decía, si titubeaba. Ella muy tranquila dijo “entiendo, por la edad es lógico, si querés dales mi teléfono”. Entones le dije “me voy a hacer el ADN” y ella respondió “perfecto”, y ahí quedó. Después de dos o tres semana fui a la CONADI, me muestran lo que tenían, de ahí fui al Banco de Datos Genéticos, presenté los datos, me tomaron la muestra y me fui. Calculo que eso fue a mediados de junio. Pasaron los meses y si yo había tenido alguna leve duda, la había descartado. Un domingo estaba ordenando un cajoncito y encontré el papel de la CONADI, lo tiré, como diciendo “esto ya está, no pasó nada”. Al otro día, un lunes, me llamaron para ver si podía reunirme con Claudia Carlotto (directora de la CONADI), les pregunté “¿no podrá ser el miércoles? Hoy estoy yendo para otro lado, pero el miércoles puedo hacerme un hueco”. Me contestaron , “¿no podés cambiar la agenda? Tendría que ser hoy”. Enseguida me llama Claudia Carlotto, quien me dice “disculpá la urgencia, pero te tenemos que decir algo, hay otra gente involucrada y antes que se filtre información queremos hablar con vos personalmente”. Bueno, ahí ya estaba casi todo dicho o gran parte. Arreglé con los pacientes y más o menos a las seis de la tarde estaba en la CONADI. Me esperaban Claudia y otras personas, me muestra la carpeta: “El ADN dio positivo”. Abro la carpeta para revisar el estudio, al mismo tiempo me muestran un libro donde estaban Domingo Menna, Ana María Lanzillotto y también Ramiro, y me dicen “estos son tus padres biológicos”. Había un pequeño resumen, me empiezan a contar quiénes eran. Me dicen algo más de la familia, “tenés un hermano, apenas mayor que vos” y me muestran fotos de Ramiro, entre ellas algunas que no son actuales, donde está más joven, más flaco y fue un impacto muy fuerte.
Son muy parecidos...
Y en esas fotos, todavía más. Con el ADN no quedaban dudas, pero en esas fotos veía las mismas manos, la misma barba, la pelada, las orejas, fue muy impactante. Tenía un poco de desconcierto, ¿qué está pasando? ¿esto está pasando realmente? Y tuve preocupación por mis viejos, y lo pregunté, hice varias preguntas. ¿Cuáles iban a ser las implicancias para mis padres de crianza? Me dijeron “no podemos saberlo de antemano, depende de si se comprueba buena fe o algún tipo de involucramiento. Hay que esperar”. Al mismo tiempo Estela de Carlotto en Abuelas de Plaza de Mayo se lo estaba comunicando a la tía Alba y desde ahí estaban llamando a CONADI para ver cómo lo había tomado yo. La tía Alba me mandaba a decir que no me preocupara, que lo tomara con calma, que esperó 40 años y tenía paciencia, podía esperar lo que fuera necesario. Cuando ya me iba me mostraron un videíto del momento que se comunican con la tía Alba. Ya camino a casa la llamé a María, mi esposa, para contarle.
¿Ella imaginó algo así?
Yo ya le había contado el llamado de mayo y ella dijo “qué raro, no puede ser”. Cuando me vuelven a llamar se había ofrecido a acompañarme y le dije “yo después te cuento”. Cuando salí la llamé…no lo podía creer. En el camino tuve que parar en un bar, agarré la carpeta para revisar los estudios, para mirar 40 veces cada foto y ordenar los pensamientos. De ahí fui a casa y María cuando vio las fotos, al ver la foto de Ramiro se puso a llorar. Era tan claro.
¿Escuchaste lo que anunciaban los medios?
Escuché un flash informativo, “encontraron al nieto 121”, sin dar mucha información. Llego a casa y esa noche después que acostamos a los chicos me puse a buscar en Internet datos sobre Domingo Menna, sobre Ani, sobre la tía Alba. Luego en los diarios dijeron: “Médico, de 40 años”. Más tarde: “Se llama Maximiliano, vive en Palermo, tiene dos hijos”. Ahí dije mañana mismo tengo que hablar con mi padre de crianza. Mis padres están separados desde que yo tenía 10 años. El martes ya había hablado con mi mamá, el miércoles hablé con él, porque vive en otro lado. A ella le dije “¿vos sabés de qué te voy a hablar?” e inmediatamente se le humedecieron los ojos. Algo había escuchado y pensó que podía ser yo. Le dije “¿te acordás que me fui a hacer el ADN?” Y ella me dijo “¿dio positivo?” Yo le dije lo que siento, que hacia ellos sólo tengo agradecimiento y el miércoles le dije lo mismo a mi viejo, que no tenía reclamos, pero quería saber qué había pasado.
¿Qué respuesta te dieron?
Ella me empezó a contar que había estado muchos años sin poder quedar embarazada, que se había hechos estudios y un montón de cosas, hasta que un día alguien del club del Banco Nación, le pasa el dato de una señora que había adoptado. Fueron a verla y ella les pasó una tarjeta de este lugar, en Wilde, Avellaneda. Ahí tienen 2 o 3 entrevistas creo que directamente con esta mujer que les tomó los datos. El 24 de agosto del ´76, fecha que figura en mi partida de nacimiento, la llaman a mi mamá y le dicen “nació un bebé de una mujer de 15 años que lo dejó acá, abandonado, si quieren pueden venir a buscarlo, la condición es que ustedes no pueden conocerla a ella ni ella a ustedes”. Ellos van a este lugar y cuenta mamá que cuando me entregan todavía tenía el cordón umbilical y aspecto de recién nacido, que era muy chiquito, flaquito. Hay un testimonio de Patricia Erb –sobreviviente del centro clandestino de detención Campo de Mayo-, calcula que en septiembre alguien le indica “esa es la compañera del Gringo Menna” y que ella la ve embarazada. O sea hay un tema con la fecha, o tal vez ella estaba mal ubicada en el tiempo por las condiciones, puede ser. Si no fue ese día mi nacimiento pudo haber sido unos días antes. La cuestión es que ellos llegan a casa conmigo y no tenían nada para un bebé. Con el tiempo mamá queda embarazada, mi hermana es dos años más chica que yo. Y ellos lo que afirman es que la idea era contarme, pero cuando nació Marina tuvieron dudas de qué hacer, fueron pateando para adelante, dijeron “¿para qué, si está todo bien?” y bueno…pasaron 40 años hasta ahora.
Pero cuando vos le dijiste a ella que te habían llamado de la CONADI lo tomó tranquilamente...
Si, yo supongo –no hablé específicamente de eso con ella-, pero creo que fue una sorpresa de dónde venía yo, de desaparecidos. Tal vez por eso pensó que iba a dar negativo y que esta historia que le habían contado era cierta, supongo yo.
¿Y tu padre de crianza?
El me contó la misma historia, se sintió muy mal. Cuando viene a Buenos Aires se queda en un hotel, y esta vez estuvo sin salir, no quería ir a trabajar. Hasta que hablé con él y quedó mas tranquilo, fue un golpe muy duro para él. A ella la ví mejor parada.
¿Qué pasó con los datos que fuiste encontrando en Internet sobre tus padres biológicos, te inquietaron, te agradaron, qué cosas empezaron a abrirse para vos en ese momento?
Lo primero que tuve fue una fuerte inquietud por saber de ellos, sigo buscando cosas de ellos, cada relato que escucho es como si quisiera absorberlo con intensidad. Me pregunto ¿por qué la lucha armada? Trato de entender mejor el contexto y cuál fue el papel de ellos, todavía estoy viéndolo. Yo conocía en líneas generales la historia del PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores) y acá aparece otro punto de contacto. Cuando hice el CBC de Medicina hubo un momento en que dudé, porque tenía una fuerte tendencia hacia las Ciencias Sociales, Sociología, Periodismo. Me preguntaba ¿no será esto lo que tengo que hacer? Medicina también me gustaba mucho. Pero iba mucho a la Facultad de Sociales, en Marcelo T. de Alvear, y los viernes durante unos meses fui a una Cátedra Che Guevara.
Una cátedra abierta...
Sí, en la que cada viernes hablaba alguien distinto. Escuchabas análisis y autocríticas sobre el rol de la izquierda desde los protagonistas. Estuvo David Viñas, Alberto Granado, el que hizo el viaje en motocicleta con el Che, el embajador de Cuba, Manuel Gaggero, hubo de todo. Y yo iba ahí, pero no lo comenté a nadie de mi familia ni de mi grupo de amigos, salvo uno que se enganchó a ir conmigo. Estas cosas ahora las conecto un poco más.
En otra entrevista hablaste también de un libro...
Sí, el de Julio Santucho, Los últimos guevaristas, ahora fui a buscarlo para ver si había sobrevivido a las mudanzas. Ya lo encontré, otro amigo me regaló el mismo así que ahora tengo dos. El primero me lo regaló un primo de mi mamá de crianza, que había militado, me dio ese y otros más, entre ellos uno del Ingenio Ledesma. Por supuesto que debo haber leído sobre Domingo Menna, pero la verdad es que cuando escuché su nombre no lo recordaba.
Entonces ahora es la re-lectura...
Sí, y me regalaron muchos más, junto a el material del Archivo Biográfico Familiar que me dieron en Abuelas.
Cuando te entregan eso es todo un ritual, ¿qué tenía tu archivo?
Me lo dieron la segunda vez que fui a Abuelas, el día de sus 39 años. Ramiro había venido de La Rioja, estaba Pocho Brizuela y un montón de gente más. Estela de Carlotto dijo unas palabras, también Ramiro y Alba. La caja lo que tiene son audios de mis tías, de Pánfilo Menna, alguien de un diario de Tucumán que conoció a las mellizas, otros militantes de PRT, amigos, había un sobre con fotos del Gringo, de la familia, un libro de Daniel De Santis sobre PRT, una historieta hecha por distintos dibujantes donde una de las historias es de los Menna Lanzillotto, el libro de la genética y Abuelas, hay varios DVD, los de Gaviotas Blindadas son tres y ya vi el primero, una entrevista a Gorriarán Merlo, un documental sobre El Campito y otros más. Pocho Brizuela me regaló un mapa gigante de La Rioja, fotos de las mellizas, dulces riojanos, una remera de Familiares de Presos Políticos de allá, una foto de ellos donde dice “Bienvenido”, un poema que cada vez que lo leo me conmueve. El libro de poemas Versos de Ani me lo dio Ramiro, para mí también fue muy conmovedor. Los audios los voy escuchando en el auto, los originales eran en casettes viejos, ahora fueron pasados a DVD y transcriptos a unos cuadernos de manera textual, tal como están el audio. Después conocí a la gente del Archivo que trabaja en eso y pensaba cómo arman eso para alguien que no saben si va a aparecer o no. Gracias a eso estoy recuperando parte de mi historia.
¿Tus hijos son chicos o pudiste contarles?
Las dos cosas, son chicos y les conté. Mauricio, el más grande, tiene 6 años, cumple 7 en diciembre. La más chica, Carmela, tiene 4 y cumple 5 en enero. Yo me enteré un lunes y el domingo siguiente con mi esposa los sentamos a los dos y les dijimos que les íbamos a dar una noticia muy feliz. Les contamos que yo me había enterado hace poco que no había nacido de la panza de la abuela, que mis papás cuando yo nací tuvieron un problema y fallecieron, y que quienes ellos conocen como sus abuelos me criaron desde ese momento. Que no me habían dicho nada para que yo no me pusiera triste, pero ahora nos habíamos enterado de esto y además tengo un hermano más grande que es tío de ellos. Mauricio me miraba con los ojos así de grandes, se daba cuenta que era algo fuerte. Carmela no, sólo miraba. Cuando terminé Mauricio dijo “estoy sorprendido”. Y a continuación: “¿Por qué a Ramiro no lo cuidaron también los abuelos?” Empezó a hacer deducciones absolutamente lógicas, tuve que ir explicando cada cosa y Carmela al ratito le pregunta a María “mamá, ¿yo nací de tu panza?”, como tirando un dato más para corroborar.
Claro, como diciendo “ya que hablamos de esto…”
Inmediatamente Mauricio dijo “hay que dibujarlos”, y dibujó a la familia sumando a Ramiro y a la tía Alba. Yo le saqué fotos y se las mandé a Ramiro. Y los dos preguntaban “¿cuándo vamos a conocer a Ramiro?”.
Eso te ayuda a vos...
Sí. Yo ya lo había conocido a Ramiro y a la semana lo conocieron ellos, a él, a Dilla, su esposa y sus cuatro primos, el más chiquito es un bebé. Al otro día de los 39 años de Abuelas arreglamos para que vinieran a casa. Los chicos jugaron, se amigaron, se pelearon de lo más bien. Mientras, yo tuve oportunidad de hablar bastante con Ramiro, María con Dilla. Dilla le estaba dando la teta a Esteban, y en un momento se ríe, la miramos y dijo: “No puedo creer la escena esta”. De golpe estábamos viviendo naturalmente algo que unos años atrás era inconcebible.
Esta forma de hacerte cargo de tu nueva situación es muy positiva, no deja de asombrar que lo cuentes como una ampliación de tu vida...
Esa fue mi sensación, porque además los iba conociendo a ellos, que me recibían con un amor y felicidad enormes.
Es que hubo algunas historias que no fueron aceptadas así...
Me contaron en Abuelas, hubo casos que no quisieron conocer a la familia biológica, otro que tardó seis años… me parece inconcebible, que después te vincules más o menos es otra cosa, pero no querer conocerlos me parece medio cruel, ¿no?
Por eso es entendible la mirada de Dilla, cuando dice “no puedo creer la escena esta”...
Ramiro me dijo “desde que supe que te encontraron me imaginé todos los escenarios posibles, que no quisieras conocernos hasta el mejor de todos”. Yo había escuchado un audio de cuando él, camino de La Rioja a Buenos Aires, hace una parada en San Juan y lo entrevista creo que Reynaldo Sietecase. Nunca dí tantas vueltas para escuchar un audio, estaba en el auto, sabía que me iba a impactar, hasta que me dije “dale, escuchalo”. El decía “no lo quiero joder, entiendo su situación, quiero manejarme con calma”, algo así. Cuando nos encontramos sentí una corriente de afecto inmediata, nos sentamos y al rato parecía que nos hubiéramos conocido desde siempre, había una sensación de familiaridad muy especial. Fui con mi esposa, eso fue a las 7 de la tarde y nos quedamos hasta las 12 de la noche. A eso de las 10 yo amagué con irnos y él dijo ”no, pedimos unas empanadas”. Yo me quería quedar, pero pensé que tal vez ellos tenían que acostarse, y entonces seguimos. Cuando volvíamos con mi esposa sentíamos que era una maravilla lo que habíamos vivido. La siguiente vez fuimos a lo de la tía Alba y había primos, amigos. Yo fui con Maria y los chicos. Lo hablamos después con María, era un momento…la sensación era algo así como “volví a mi casa” o haber vuelto a algún lado del que me fui, nos estábamos conociendo pero me sentía muy vinculado.
¿Qué hay de las cosas menos agradables, como trámites, documentos?
Cuando me dieron el Archivo hablé con la gente de Legales para que me aclaren respecto a los juicios. Me dijeron que en uno de Campo de Mayo ya hubo condena, que ahora empezaría otro el año que viene sobre la clínica y el circuito de los bebés, ahí va a salir la pregunta de cómo yo llegué hasta mis padres. Después está el juicio por la identidad, donde tal vez me llamen a declarar, pero con los datos del ADN el final del juicio implica que se anula la partida de nacimiento. Yo pregunté si era una opción -independientemente de lo que yo decida-, y me dijeron “mirá, obviamente el nombre no, pero el apellido pasaría a ser el otro”.
Y por lo tanto el de tus hijos...
Tendría que cambiar todos mis documentos, el registro del auto, el título de médico, la libreta de matrimonio, obra social, hacer un listado de todas las cosas y después el juez extiende un oficio por cada una. Respecto al juicio por la identidad, me dijeron que hay dos opciones, de acuerdo a que yo quiera hacerlo o no. Creo que los voy a llamar para decirles que quiero hacerlo, después de todo esa es la verdad, de donde vengo, quiero que mis hijos sepan de donde vienen, que lleven el apellido que les corresponde, más allá de que el vínculo de mis padres de crianza siga igual. Ya llamé a CONADI para que me informen bien del cambio del apellido. Les comentamos a mis hijos y empezaron a decir “qué bueno y entonces puedo elegir cómo llamarme?”. Tuve que decirles “no, pará, tu nombre no, te estoy diciendo el apellido”. En Abuelas me habían dicho que los chicos lo toman bastante naturalmente.
¿Cómo lo tomaron tus amigos?
No lo podían creer, se quedaron helados, muchos me mandaron mensajes de apoyo, recibí mucho afecto de todos lados. Se comunicaron dos compañeras mías, una de la Unidad Docente Hospitalaria del Hospital Vicente López que no veía hace mucho, otra de cuando había sido jefe de residentes, ambas con historias de familiares desaparecidos que después se hicieron amigas entre ellas. Antes que se ratificase nada me escriben “estamos viendo lo del Nieto 121 y las dos pensamos que podías ser vos, si no sos disculpá”.
¿Por qué lo pensaron?
Por la edad, por alguna cosa que dice Estela, les contesté que sí, que era yo y que estaba muy emocionado en mi casa llorando. Recibí mails, que me decían “no puede ser, ¿sos vos?” También pacientes, todos con absoluta solidaridad. Mensajes de compañeros de mi viejo de la facultad, fotos que le mandan a Ramiro y él me manda a mí. Por momentos parece una película esto que me está pasando. Aunque lo vivo con mucha felicidad, trato de regularlo un poco.

DE PADRES E HIJOS

Menna-Lanzilloto, la historia familiar

Domingo Menna, alias Mingo o el Gringo, nació en Italia, el 1º de marzo de 1947. A los cinco años se radicó en Tres Arroyos junto a su padre, el sastre Pánfilo Menna -venido dos años antes a probar suerte-, su madre, Irma Ferrara, y su hermana menor, Raquel. La familia vivía en la tercera cuadra de la calle Brandsen. Él concurrió al Colegio Nacional y su hermana al Nuestra Señora de Luján. Terminado el secundario ambos fueron a estudiar medicina a la ciudad de Córdoba.
A poco tiempo de instalarse allí Domingo incursionó en la actividad política militando primero en la agrupación universitaria Espartaco y luego en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). En 1970 participó de la fundación del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) con la convicción de que la dictadura que gobernaba la Argentina debía ser enfrentada con una fuerza política que pudiera plantear la lucha armada como medio de defensa y liberación.
Fue detenido en Córdoba en enero de 1971 y recién recuperaría su libertad un año y medio después al escaparse del penal de Rawson junto a Mario Roberto Santucho y otros militantes revolucionarios.
En 1973 conoció a la riojana Ana María Lanzillotto, alias la Ani, activista en la Regional Tucumán del PRT, maestra y abogada, presa política desde mediados de 1971 hasta marzo de 1973. En abril de 1974 nació Ramiro, el primer hijo de la pareja y poco tiempo después se casaron.
En esa época la familia vivió en Villa Constitución y luego en Santos Lugares, donde Mingo trabajó en una clínica privada. Al mismo tiempo era el encargado de organización del Buró Político del PRT-ERP.
En los primeros meses de 1976 se trasladaron a Villa Martelli, en la zona norte del Gran Buenos Aires. Esperaban el segundo hijo, a quien al menos él, no llegó a conocer. La pareja fue secuestrada el 19 de julio a la tarde cuando regresaba al departamento que habitaban.
Domingo Menna fue llevado al centro clandestino de detención, tortura y exterminio “El Campito”. Allí fue visto hasta los primeros días de 1977, atado con cadenas y muy torturado. Un militar del lugar, de apellido Ibáñez, testimonió que luego de nueve meses de detención, el general Santiago Omar Riveros ordenó su muerte.
Ana María Lanzillotto, en un primer momento, también habría sido llevada al “Campito”, donde habría dado a luz en agosto y luego trasladada a “El Vesubio”.
Aquel 19 de julio, Ramiro estaba en una guardería. De él se hicieron cargo una tía materna y su esposo, llevándolo a vivir con ellos a Carmen de Patagones.
El 17 de noviembre del mismo año fuerzas militares secuestraron a María Cristina, hermana de Ani, y su esposo Carlos Santillán; el 30 de abril de 1977 a Raquel, la hermana de Mingo. El Equipo Argentino de Antropología Forense identificó los restos de María Cristina en una fosa común del cementerio de Avellaneda en 2005. Los demás continúan desaparecidos.
La desaparición del matrimonio Menna-Lanzillotto fue juzgada en 2013 en uno de los juicios por crímenes de lesa humanidad cometidos en “El Campito”. El tribunal condenó a prisión perpetua a cinco de los once imputados: Santiago Omar Riveros, Reynaldo Benito Bignone, Luis Sadi Pepa, Eduardo Corrado y Carlos Macedra. Los otros acusados recibieron penas de entre 16 y 25 años. Está pendiente un juicio oral en el Tribunal Oral Federal Nº 3 de Ciudad de Buenos Aires por la apropiación de su hijo, donde se juzgará además de los multicondenados Riveros y Bignone, al médico militar Raúl Eugenio Martín.

Ramiro, su hermano

Ramiro tenía dos años cuando sus papás fueron secuestrados. Entonces fue a vivir a Carmen de Patagones con Quela -hermana de su mamá-, y su marido Oscar Gaggiotti. Ese sería su apellido porque sus tíos, para protegerlo, lo adoptaron legalmente.
A los 12 años le contaron su verdadera historia. A los 16 supo que tenía un hermano porque su mamá había sido secuestrada con casi ocho meses de embarazo. Un año después se sacó sangre para cotejarla con la de quienes se presumían hijos de desaparecidos. Y a partir de allí nunca dejó de buscar. Creyó que estaba cerca en 1999 cuando se descubrieron indicios de que la hija adoptiva del ex militar médico Norberto Bianco podía ser su hermana, pero no fue así.
Toda su historia es de lucha y compromiso. Se hizo cura salesiano, viajó a Etiopía para trabajar entre los más necesitados, luego dejó la congregación y se casó y hoy es padre de cuatro hijos. Vive en Chepes, provincia de La Rioja, es docente e integra una organización político-social llamada Frente Riojano de Organizaciones Populares.
El día que conoció a su hermano, sorprendido por su parecido físico con él, reflexionó ante un medio que lo entrevistaba: “Ojalá en algún momento mi hermano pueda ver a mis papás con el orgullo que los veo yo, sueño que conozca a sus viejos y su historia y se enamore de eso; pero es un hombre libre y lo vamos a amar incondicionalmente. No le pedimos carnet de nada".

Los versos de Ani

Ana María Lanzilloto –junto a su hermana melliza María Cristina-, nació en La Rioja el 22 de abril de 1977. Allí se recibió de maestra y luego se trasladó a Tucumán donde se graduó de abogada. Siempre se sintió atraída por la literatura. En varias ocasiones, entre 1967 y 1968, el diario La Gaceta de Tucumán publicó sus poesías. En 2008 la editorial Colectivo Cultural Entreletras editó Versos de Ani, libro que compila sus poemas. En uno de ellos pareciera adelantarse a la situación que tendrá a ella y a sus hijos por víctimas:

Los hijos y los padres.
Los padres y los hijos.
Los huérfanos de un padre.
Los huérfanos.
Mi vida con escamas.
Mi vida sin escamas.
Y hoy, de nuevo
La siento sin escamas.
¿Hasta cuándo será?
Los huérfanos.
Las risas y los llantos
Por razones distintas.
Mis risas y mis llantos
Sin razones de ser.
Los huérfanos de un padre.
Los huérfanos. Y yo.

(*) Abogado y magister en derechos humanos. Autor, junto al licenciado Andrés Vergnano, del libro “22, los tresarroyenses desaparecidos”. // (**) Periodista e investigadora. Docente en UBA, UNICEN y UNLP. Trabaja en la Secretaría de Derechos Humanos.

“El Periodista” entrevistó a Maximiliano, en exclusiva, cuando apenas había transcurrido algo más de un mes desde el momento en que conoció su verdadera identidad. Es la primera entrevista que concede a un medio tresarroyense

“El Nieto 121”, como lo conoce la opinión pública, se llama Maximiliano, tiene 40 años, es médico homeópata, está casado y es padre de Mauricio, de 6, y de Carmela, de 4 años. En la foto recibe el libro “22, los tresarroyenses desaparecidos”, de Vergnano y Torremare, editado por “El Periodista de Tres Arroyos” y que contiene la historia de sus padres

Domingo Menna, Ana María Lanzilloto y Ramiro, el primero de sus dos hijos. Maximiliano, “El nieto 121”, completaría la foto familiar

Alba Lanzillotto, hermana mayor de Ana María. Desde 1984 motorizó la búsqueda de su sobrino. Durante más de 20 años trabajó junto a las Abuelas de Plaza de Mayo. En la foto, entrevistada por Guillermo Torremare para La Vanguardia en 2006, en la sede central de Abuelas

 
 
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