notas edicion de papel

LA TRESARROYENSE AMPARO JIMENEZ PRESENTO UN LIBRO SOBRE SU VIDA EN TRASLASIERRA, CORDOBA

El recurso de Amparo

La familia completa decidió radicarse en Traslasierra, Córdoba, y sobre esa experiencia la tresarroyense escribió, en parte animándose a la poesía, por tramos en prosa, un libro que concibió además como un objeto artesanal: “Palabras en el Monte: volver a lo esencial”. Amparo Jiménez lo presentó en Tres Arroyos, donde además dialogó con “El Periodista” sobre ese camino por el que optó al alejarse del ruido de las ciudades e internarse en un lugar donde el contacto con la naturaleza y sus recursos transforma la vida

Noviembre 2017
Amparo Jiménez: “Lo que el libro intenta transmitir es, como dice su título, la idea de retornar a lo sencillo, de conectar un poco más con la naturaleza, con el silencio, la contemplación”

Amparo Jiménez: “Lo que el libro intenta transmitir es, como dice su título, la idea de retornar a lo sencillo, de conectar un poco más con la naturaleza, con el silencio, la contemplación”

Desde hace un tiempo, Amparo Jiménez y su familia (esposo, cuatro hijos y otro en camino) han elegido el monte cordobés de Traslasierra para situar allí su lugar en el mundo. Desde ese paraje, que a veces se puede tornar encantador pero otras tantas inhóspito o recóndito, armó un libro de poemas y prosas con su experiencia y sensaciones recogidas en el transcurso de dos años en aquél lugar.
Así vio la luz “Palabras en el Monte: Volver a lo esencial”, una obra autorreferencial que fue presentada el pasado 26 de octubre en el Centro Cultural La Estación, ante un numeroso auditorio.
Para Amparo, no solo se trató de la puesta a consideración de su primer libro, sino que la ocasión tuvo mucho de reencuentro y calor familiar. Su hermano Diego (escritor local y director del Colegio Holandés de Tres Arroyos) introdujo al público en tema a través de una entrevista con la autora.
Otro de los datos que la edición del texto entrega es que “Palabras en el Monte” ha sido confeccionado enteramente a mano, de modo íntegramente artesanal, con la inestimable colaboración de un grupo de amigos de Amparo.
“El Periodista” dialogó con la “madre de la criatura” para conocer la trama íntima de una publicación que nos reconoce y reconcilia con lo más simple y natural.

¿Cuál es la idea original que motivó la publicación de “Palabras en el Monte: Volver a lo esencial”?
Lo que creo que intenta transmitir el libro es, como dice su título, la idea de retornar a lo sencillo, de conectar un poco más con la naturaleza, con el silencio, la contemplación. “Palabras en el Monte” se trata básicamente de contar la transición que yo viví desde que llegué al monte cordobés de Traslasierra (en Achiras Abajo, cerca de San Javier) hasta la actualidad. En todo ese tiempo ya pasaron dos años. Esa transición, como decía, implicó para mí un tiempo de adaptación al lugar, que en un principio costó un poco, porque me vine directamente al monte, ni siquiera al pueblo. Debo decir que para mí resultó una experiencia fuerte, al venir de la ciudad. El cambio de paisaje, la ausencia de las comodidades urbanas, la lejanía con el ruido, implican que exista más tiempo para reencontrarse con uno mismo. Por eso, el libro es básicamente un puñado de sentimientos que se juntan como derivados de toda esa etapa, a través de la poesía y de algunas prosas.
Básicamente, narra una etapa de transformación…
Exactamente, se trata de un libro que describe la transformación de alguien que llega a un sitio al que en principio encuentra hasta agresivo, pero que luego le genera un enamoramiento. Esa persona empieza a contemplarlo y disfrutarlo, a través de las montañas, la vegetación, el silencio.
Cuando con tu familia decidieron emprender rumbo hacia Córdoba, ¿pensaste que todo ese proceso de transición te iba a suceder?
Llegamos a Traslasierra en busca de un cambio. Vivíamos en Sierra de la Ventana, pero ese lugar (que también tiene un encanto natural interesante) nos empezó a quedar chico, queríamos corrernos un poco más de todo lo que tuviera que ver con la ciudad y su sistema de vida. El arribo a Córdoba vino casi por casualidad, no conocíamos nada de allí. Fuimos con muchas expectativas, pero a un punto geográfico que para nosotros era todo un misterio. Sí sabíamos que podía representar lo que estábamos buscando para nuestra familia, pero en realidad lo descubrimos y nos adaptamos a él con el correr del tiempo. Hubo una especie de etapa de maduración con el propio entorno natural. Hemos llegado a un determinado punto en la sociedad en el que creo que las personas tenemos más de lo que hace falta. Pienso que se puede vivir bien, con una buena calidad de existencia, sin tantas cosas materiales que nos rodeen. Alguien se pasa horas y horas de su vida trabajando y buscando el sustento, sin reparar en las cosas que deja en el camino, lo que va perdiendo en medio de ello. Por eso a veces es bueno decidir el cambio, y elegir la posibilidad de disfrutar de lo que se hace no solo quince días al año, en las vacaciones, o en un fin de semana largo. A nosotros nos ha permitido ganar en salud, felicidad. También aclaro que mi experiencia no necesariamente es transferible a otra persona, ni que ésta sea la única forma. Yo la relato porque es la mía, pero lejos está de pretender convertirse en la voz de la verdad. Mi mensaje apunta a señalar que con menos bienes nos podemos arreglar igual, que en la naturaleza encontraremos un montón de cosas que hacen bien. Tampoco me aíslo de cómo se vive en las sociedades de hoy, con tantas injusticias sociales en el medio. Solo digo que vimos una oportunidad de venir aquí y la tomamos, la hicimos realidad. Hay veces que mucha gente pasa por la vida sin encontrar este tipo de posibilidades, pero nadie se puede poner en juez como para cuestionar.
Mucha gente ha encontrado justamente en Córdoba esa necesidad de cambio que mencionás…
Tal cual, son varios los que vinieron desde distintos lugares hasta aquí en procura de algo similar, como nos sucedió a mí y a mi familia, huyendo de la ciudad, de la inseguridad, de la falta de tranquilidad, de las enfermedades, del ritmo frenético que te genera vivir así. Me parece que somos cada vez más los que buscamos esto, pero yo no digo que la solución sea radicarse en Traslasierra, sino más bien provocar verdaderos cambios de hábito en donde toque estar, sin someterte a lo que impone el sistema. A veces resulta posible en el propio lugar, en otras no. Pero en el libro no pretendo ir tan a fondo, sino solamente contar una experiencia de vida, en la que asoma como marco referencial la elección de familia que quisimos hacer.
La decisión de presentar el libro en Tres Arroyos lógicamente habla de retornar un poco a tus raíces locales…
Por supuesto, porque es donde está mi familia de origen, mi mamá, mi hermano, y significó una gran posibilidad de compartirlo con la gente que quiero.
¿Cómo está organizado y armado “Palabras en el Monte”?
Una de las grandes particularidades del libro es justamente su confección. Está hecho casi en un cien por ciento en mi casa del monte. Gabriel Jones, un amigo de Buenos Aires (que está pensando seriamente la posibilidad de afincarse definitivamente en Traslasierra) se instaló durante dos meses y se dedicó a realizar las ilustraciones (tintas), basándose en las cosas que escribí y apoyándose en el entorno natural en donde lo hice. Por otra parte, una pareja de amigos que la vida me cruzó en el camino, Clarisa Luz Deón y Ary Salvia, se abocaron a la tarea de coser y encuadernar en tela 500 libros a mano, además de diagramar la tapa y el diseño editorial. Me parece que se trata de un trabajo artesanal que no debe pasarse por alto, más allá del contenido de “Palabras en el Monte”. Creo que se trata de un “libro objeto”, que por su propio armado llama la atención de movida, y encierra además el hermoso sentido de lo hecho en casa. Para mí este proceso de elaboración fue algo maravilloso.
Te animaste a un género literario no del todo sencillo, como la poesía. ¿Qué cercanía guardabas con ella?
La poesía está en mi vida desde siempre, pero tomando como referencia hasta aquí el punto de vista de lectora, no de escritora; es un terreno en el que me siento a gusto. Los versos fueron saliendo de manera espontánea, y la tarea de acomodarse a ese género se dio de manera paulatina, porque el libro también tiene momentos de prosa, aunque en su gran mayoría se trata de poesías. Y lo elegí así porque me pareció que entregaba una buena identificación con lo que yo denomino “pequeños pensamientos”. A veces pocas palabras pueden decir mucho más que un texto prolongado.

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