notas edicion de papel

EN SU RESCATE PARA "EL PERIODISTA" DE HISTORIAS Y PERSONAJES DE TRES ARROYOS, GABRIEL SODE RECUERDA A "LILO" BIANCULLI

El hombre del piano

Se llamaba Néstor Edmundo, pero nadie lo conocía por ese nombre. Era simplemente “Lilo” Bianculli, el hombre del piano. Gabriel Sode lo recuerda, en su rescate de historias y personajes de Tres Arroyos. Es el segundo, de una serie de artículos del autor, publicado por “El Periodista”

Por Gabriel Sode (*)

Agosto 2018
“Lilo” Bianculli (primero desde la derecha en la foto) y su manera única de tocar el piano han vencido al olvido

“Lilo” Bianculli (primero desde la derecha en la foto) y su manera única de tocar el piano han vencido al olvido

Decir que su nombre era Néstor Edmundo es el dato menos trascendente de su biografía. Dudo que alguna vez alguien lo haya llamado por su nombre de pila, y me consta que nunca lo escuché pronunciar su propio nombre. Bastará decir que hablo de “Lilo” Bianculli para que el recuerdo de sus veladas artísticas aparezcan como un rayo en la mente de la mayoría de los lectores. Él y su manera única de tocar el piano, él y sus presentaciones han vencido al olvido.
“Lilo” tenía tres amores: la Biblioteca Pública Sarmiento, el Club Atlético Costa Sud y el teatro. Dos veces al año viajaba a Buenos Aires y cada noche disfrutaba de alguna obra teatral, preferentemente comedias musicales de las cuales extraía alguna idea para montar, luego, en sus espectáculos aquí en Tres Arroyos.
El sueño del tío “Lilo” era tocar un piano de cola blanco. Le hubiese gustado también dirigir alguna obra musical al estilo “Hollywood.” De no ser por el color del piano, fui testigo de lo más cerca que estuvo de concretar uno de sus sueños.
Coincidimos en un viaje a Capital Federal en los albores de un verano de un año ya olvidado. Una tarde que presumía ser igual a las demás, para convertirse horas más tarde en un recuerdo imborrable, recibí de su parte una invitación sencilla pero glamorosa en aquellos tiempos: tomar un café en el Patio Bullrich. Acepté. Caminamos las pocas cuadras que nos separaban del departamento hasta la calle Posadas y antes de ingresar al Shopping decidimos “echarle un vistazo” al Hotel Caesar Park (hoy llamado Brick Hotel Boutique) ubicado frente al Patio Bullrich.
Un botón nos abrió las puertas, comenzamos a recorrer las instalaciones y guiados por los carteles indicativos tomamos el ascensor hasta el salón de fiestas, luego pasamos a una sala de lectura decorada con muebles Luis XVI, para finalizar el recorrido en el salón comedor donde varios mozos preparaban las mesas para la cena que se avecinaba. Su mirada se encendió cuando hacia el fondo de la habitación vislumbró un piano de cola negro. Hasta allí se movieron sus pies con inusitada rapidez. “¿Sabés qué es esto?” - me preguntó – “un piano” – respondí con ironía – “no, es mucho más. Es un Steinway and Sons, un formula 1”
Pidió permiso a los mozos para sentarse y una vez instalado comenzó a acariciar las teclas del instrumento como si estuviese ejecutando un Gliss pero sin sonido. Luego de respirar profundo, sus manos adoptaron posición de inicio y segundos después las primeras notas de “Candilejas” comenzaron a sonar con una suavidad en la interpretación que yo desconocía. Al llegar al clímax de la canción, fiel a su estilo interpretativo, hizo tronar el piano.
“Lilo” era un hombre de “lágrima fácil” y aquella vez no fue la excepción: entre lágrimas que bajaban por sus mejillas culminó aquella interpretación contagiándome su emoción y arrancándole aplausos a las cinco o seis personas que se encontraban presentes.
Atesoré ese momento para siempre. Alguna vez, de visita en su casa, mientras esperábamos que “Chichi” Fiorda, Dardo Zaninni y Juan Carlos Di Luca lleguen para comenzar los ensayos de una nueva presentación, le pedí que tocase Candilejas. Se negó esa vez y todas las veces que se lo pedí. “Candilejas, nunca más –sentenció–, nunca sonará igual, nunca más será lo mismo que aquella vez.”
Hace varios años que “Lilo” Bianculli se nos fue de gira. Seguramente en el pedacito de cielo que le tocó y que sin dudas habrá pintado de verde y oro, habrá conseguido su piano de cola blanco y no habrá perdido la costumbre de impartir órdenes de último momento con su voz de mando a ese coro de ángeles que habrá formado para que lo acompañe.
Sin duda alguna cada noche estará eligiendo el color de la corbata que mejor combine con su traje gris y por cábala o coquetería estará tiñendo su bigote de negro antes de cada presentación… Y allí, en esa inmensa habitación sin muros, cada día montará ese espectáculo al estilo Hollywood que siempre soñó, recibiendo al finalizar su presentación los aplausos que aquí nunca le faltaron…
Y quizás, solo quizás, en un Bis majestuoso, envalentonado y contagiado por la perfección de Dios, otra vez se le anime a “Candilejas”.

(*) Periodista. Autor del libro "Huellas" y de la obra teatral "Observaciones Casi Inútiles" que el actor Ricardo Listorti puso en escena entre septiembre y noviembre de 2011. Responsable de los documentales "Tres Arroyos ayer y hoy" y "Sobre Las Tablas", de pronta difusión.

Otras notas del mes

 
 
Castelli y Pardo
 

mensajes

tresarroyenses por el mundo

¡Bienvenido Sebastián!

Impecable… iluminado paseo con el tiempo. Casi palpable. Recuerdo el ingenioso neón del Caballito Blanco, lugar de esparcimiento para adultos, […]

Deje su mensaje Ver Mensajes

tresarroyenses en tres arroyos

"Felicito al diario por el aniversario"

Los felicito por el aniversario de vuestro diario. Un extraordinario trabajo para mantener a la gente informada sobre tantas cosas. […]

Deje su mensaje Ver Mensajes