notas edicion de papel

“EL PERIODISTA” Y LA HUELLA QUE DEJO EL “INSTITUTO CLERCH” EN LA SOCIEDAD TRESARROYENSE

El hombre de la máquina

Son muchos los tresarroyenses que accedieron a sus empleos tras capacitarse en contabilidad, mecanografía, computación e inglés, entre otros cursos, impartidos en sus instalaciones de la calle Hipólito Yrigoyen. En sus épocas de oro, el Instituto Clerch llegó a tener dos salas con 30 máquinas de escribir entre eléctricas y manuales. Jorge Clerch, hijo del fundador del establecimiento que llegó a ser filial de las prestigiosas Academias Pitman, evocó su historia desde la fundación al cierre, en el año 2000. Exclusivo de “El Periodista”

Agosto 2017
Numerosos tresarroyenses accedieron a su empleo tras capacitarse en el Instituto Clerch, aseguró Jorge, hijo del fundador

Numerosos tresarroyenses accedieron a su empleo tras capacitarse en el Instituto Clerch, aseguró Jorge, hijo del fundador

Aquellos memoriosos de décadas pasadas seguramente recordarán la impronta que marcó en la ciudad y la zona el Instituto Clerch. Fundado por Francisco Clerch en 1934, luego tuvo continuidad a través de sus hijos, Jorge y Marta, que lo llevaron adelante desde 1965 hasta la fecha de su cierre definitivo, en el año 2000.
En épocas en que la capacitación para el mercado laboral se orientaba hacia especializaciones como mecanografía o contabilidad (y en los años ‘80 a la por entonces incipiente informática), el Instituto Clerch se convirtió en una referencia importantísima para quienes buscaban un mejor horizonte de trabajo a través del aprendizaje de estas herramientas de estudio.
“El Periodista” rastreó la historia y dio con Jorge Clerch (hijo del fundador) que se prestó a un fructífero mano a mano. Su repaso por fechas y nombres resulta esencial a la hora de desandar el camino que desemboca en el recuerdo de una institución que dejó huella en la sociedad tresarroyense.

LOS ORIGENES
¿De qué manera comienza la historia del Instituto Clerch, Jorge?
Lo funda mi padre, Francisco Clerch, el 4 de marzo de 1934. El había conseguido convertirse en la filial de las famosas Academias Pitman aquí en Tres Arroyos. Los cursos que en ese momento se dictaban eran de mecanografía al tacto, contabilidad o teneduría de libros (como se la denominaba en su momento) y estenografía.
¿Dónde funcionó originariamente? ¿Hubo traslados de sede?
Vale aclarar que el Instituto Clerch funcionó durante toda su trayectoria en calle Hipólito Yrigoyen 245. Tengo entendido que solamente cuando mi padre lo inició estuvo unos pocos meses en la esquina Alsina y Reconquista; aparentemente se mudó de allí por una cuestión de espacio, pero a partir de ese momento el lugar de ubicación nunca varió. Esas carreras significaban, en ese entonces, una posibilidad de conseguir una salida laboral para aquellos que no habían podido continuar con los estudios secundarios. Era una suerte de obligación hacer esos cursos, o al menos capacitarse en la parte de contabilidad.
¿Qué impronta decidieron darle?
La característica nuestra siempre fue tratar de obtener el mayor número de empleos al alumnado. Esa fue una consigna que la inició mi padre y mantuvimos nosotros.
¿Recuerda quiénes componían el plantel inicial del Instituto Clerch?
Cuando se crea el instituto, el plantel docente lo componían mi papá Francisco, su hermano Salvador, la señora Sedení Gutiérrez y mi madre, Josefa Costa de Clerch. Posteriormente, en el año 1944, aproximadamente, Salvador Clerch se radicó en Necochea y allí abrió una nueva filial de Academias Pitman. Junto con la de Tres Arroyos, ambas se constituyeron en las únicas existentes por ese entonces en toda la provincia de Buenos Aires. Se podría decir que ése era el mayor orgullo, el de haber conseguido algo tan difícil como la representación de aquella prestigiosa institución.

DE PADRES E HIJOS
¿En qué momento se produce el cambio de mando?
Saltando en el tiempo, en el año 1965 mi padre se independiza de las Academias Pitman y se asienta en Capital Federal, en el barrio de Palermo. Al mudarse él a Buenos Aires, con mi hermana Marta nos hacemos cargo del Instituto Clerch, que a esta altura ya contaba con una estimable concurrencia de 380 alumnos. El personal, en ese momento, estaba formado por Julia Blanco, “Tita” Bianco, Carmen y Josefa Valle e Isabel Di Paolo. Ese grupo, coordinado por quienes ejercíamos la tarea directiva, se mantuvo en el tiempo. Vale destacar que a inicios de los años ‘70 nos incorporamos como sucursal Tres Arroyos del Instituto Speed Writing, que contaba con una cadena de filiales en todo el país, varias de ellas emplazadas en la provincia de Buenos Aires.
¿Qué permitió esta nueva vinculación?
Nos permitió incorporar cursos de mecanografía y estenografía con el uso de cintas magnéticas, lo que además redundó en una optimización del tiempo, ya que los cursos se redujeron a tres o cuatro meses de duración, cuando normalmente antes se extendían por un año y medio o dos. El mayor porcentaje del alumnado estaba compuesto por bachilleres y algunos profesionales, y una de las ventajas apreciables era que los cursos atraían por la brevedad de su duración. Es cierto que la carga horaria se concentró en pocos días, pero justamente se buscaba obtener un estudio en el corto plazo; por eso tuvieron una muy buena repercusión en nuestro medio. Se trataba de una especie de capacitación que sobre todo los bachilleres buscaban, para equiparar en posibilidades a los peritos mercantiles, ante la inminencia de la salida al mercado laboral o bien de los estudios universitarios.
¿Cuándo considera que fue la “época de oro” del Instituto Clerch?
En esta misma época que estoy mencionando (fines de los años ‘60 y principios de los ‘70) el Instituto Clerch sumó máquinas de escribir eléctricas. Llegamos a contar con un plantel de 30 (entre las manuales y las nuevas) dispuestas en dos salas distintas. Podría decirse que esa fue la “época de oro”, tanto en materia de equipamiento como de personal, ya que llegamos a ser siete personas trabajando allí. Los cursos se dictaban de lunes a viernes, y durante un tiempo también se incorporó el día sábado. También vale consignar que por el lapso de 25 años, gracias a la colaboración de la señora Edith Laborde, tuvimos también presencia en San Cayetano, con una filial. Hicimos lo propio en Indio Rico y Coronel Pringles, con otra ex alumna del instituto. Tratábamos de cubrir la zona, en la medida de las posibilidades.
¿Con el paso del tiempo se dieron más cambios, agregados de ofertas de estudios?
Allá por el año 1975, comenzamos a dictar además un curso sobre impuestos, que estaba a cargo del contador Julio Arocena, y a partir de 1980 nos asociamos con el Instituto Sarmiento, cuya sede aún se encuentra en Bahía Blanca, para comenzar a dictar los cursos de computación, radio y televisión, electricidad del automóvil y relaciones públicas, impartido por el mismo director de esa entidad. Ese es otro de los momentos en la historia del Instituto Clerch en el que hubo un notable incremento de la matrícula, y la mayoría de los horarios de cursado se ofrecían por la noche. Venían profesores de Bahía Blanca y de Punta Alta a darlos, nosotros básicamente aportábamos las instalaciones. A partir de 1990, el instituto incorporó los cursos de inglés, a cargo de la profesora Inés Petersen, ex alumna y gran amiga. Y en la última etapa, entre el año 1995 y el 2000 (cuando se produce el cierre definitivo) a través del Ministerio de Educación de la Nación comienzan a dictarse los cursos en el marco del programa “Proyecto Joven”, que eran gratuitos y tenían diferentes modalidades. A nosotros nos tocaron las variantes de Administración con Computación, Repositor para Supermercados, Auxiliares de Electricidad y Auxiliares en Apicultura. La principal ventaja de estos cursos es que contaban con la posibilidad de efectuar una práctica o pasantía de tres meses en distintas empresas de Tres Arroyos. Hoy puedo decir con gusto que algunos de los que hicieron esa capacitación en nuestro instituto en ese momento están por jubilarse en el puesto que consiguieron en aquel entonces.

PUNTO FINAL
¿Por qué se tomó la decisión de cerrarlo?
La decisión de cerrar sus puertas, en el año 2000, se produjo por una confluencia de factores. Por un lado, el personal se fue reduciendo cuando aparecieron los cursos sin costo que mencionaba. Por el otro, recibimos una muy buena oferta por el alquiler del edificio en donde funcionábamos. Vale consignar además que en ese entonces la matrícula se había achicado bastante, a raíz de la aparición de nuevas alternativas de capacitación (como las que comenzaron a ofrecer las escuelas con los bachilleratos para adultos o los mismos cursos de formación profesional que empezó a dictar la CGT). En todas partes se enseñaba computación de manera gratuita, por lo que la matrícula sufrió un descenso lógico. Ese fue el momento de decir “hasta aquí llegamos”, de bajar la persiana.
¿Qué vivencia en particular le deja el repaso de toda la historia del Instituto Clerch?
Fundamentalmente, me hace rememorar la alegría y el empeño que le entregábamos a la tarea. Le pusimos verdaderamente el cuerpo al trabajo, y en ese sentido debo decir que a través de mi esposa tuve un acompañamiento familiar increíble. Lo hacíamos con mucho amor, por las ganas de que la gente saliera conforme con la capacitación que le brindábamos. Creo que le dimos a una buena parte de los tresarroyenses las herramientas necesarias para poder ingresar en el mundo del trabajo. Todavía hoy hay gente que me saluda en la calle agradecida, porque fuimos un factor importante para que consiguieran su primer empleo. Y eso es muy reconfortante, es la satisfacción más grande que me queda después de todo lo acontecido.

Entre fines de los años ‘60 y principios de los ‘70, el Instituto Clerch sumó máquinas de escribir eléctricas, y llegó a contar con un plantel de 30 en dos salas, entre las manuales y las nuevas

Aquellos memoriosos de décadas pasadas seguramente recordarán la impronta que marcó en la ciudad y la zona el Instituto Clerch

El Instituto Clerch llegó a ser la filial de las famosas Academias Pitman aquí en Tres Arroyos

Fundado por Francisco Clerch en 1934, el Instituto tuvo continuidad a través de sus hijos, Jorge y Marta, entre 1965 y el año 2000, cuando cerró sus puertas

 
 
Castelli y Pardo
 

mensajes

tresarroyenses por el mundo

Francisco Carrozzi en "Abrazo de gol"

Hola gente de “El Periodista”. Me llamo Gonzalo Rossi, y soy periodista del programa radial platense “Abrazo de Gol”, el […]

Deje su mensaje Ver Mensajes

tresarroyenses en tres arroyos

"Una fotografía de 1928 donde aparecen mi padre y tíos"

Buenos días! Acabo de ver una fotografía donde aparece mi padre y tíos, del año 1928:  handball en Costa Sud. […]

Deje su mensaje Ver Mensajes