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LA TRESARROYENSE SOLANA RE, FOTOGRAFA Y DESARROLLADORA DE CONTENIDOS VISUALES PARA WEB Y REDES SOCIALES

Cámara testigo

Después de pasar por la Universidad y de desarrollar un exitoso emprendimiento gastronómico, la tresarroyense Solana Ré advirtió que la felicidad estaba en otro lugar. O en otros lugares, porque comenzó a viajar y a fotografiar espacios, curiosidades, comidas, hasta que eso se convirtió en su profesión. Desarrolladora de contenidos visuales para web y redes sociales, hoy vive en México pero siempre tiene sus valijas a mano. Exclusivo de “El Periodista”

Agosto 2017
Solana Ré es tresarroyense. Hoy vive en México, y se dedica a la fotografía y el desarrollo visual de contenidos para web y redes sociales

Solana Ré es tresarroyense. Hoy vive en México, y se dedica a la fotografía y el desarrollo visual de contenidos para web y redes sociales

Tener la capacidad de reinventarse, de dar un viraje en la profesión, en la vida, en busca de un destino mejor, no tiene precio. Si se tiene además talento para “re” crearse, el camino será quizá más sencillo. Ayuda la creatividad, la decisión, el impulso, las ganas de ir en busca de ese sentido para el que estamos en el mundo, de ese lugar que finalmente se sentirá propio, de ese oficio que dará significado a la existencia. Solana Ré, tresarroyense, reúne todas las condiciones que el imaginario común atribuiría a alguien feliz. Linda, talentosa, joven, con espíritu emprendedor, en más de una oportunidad mencionaría a “El Periodista”, durante esta entrevista, que le hacía falta encontrar ‘otra cosa’. Encontrarse. Así apareció la fotografía. Y tiempo después salió al ruedo “SMR Editions”, su productora de contenidos que hoy tiene como clientes a grandes hoteles y establecimientos gastronómicos en Estados Unidos y en otros países, y que la lleva a vivir una vida de trabajo intenso pero en lugares paradisíacos como Tulum, México, donde ahora vive.
Parece que, según cuenta, su primer viaje fuera de la Argentina selló su destino. “Nací en Tres Arroyos, hice el secundario, y en el último año, a los 17, me mandaron a completar mis estudios de inglés en Inglaterra; creo que eso fue el inicio de todo. Fue salir del capullo que es la ciudad y me abrió un mundo muy diverso, no sólo por Inglaterra, sino porque el centro de estudios al que fui realmente reunía gente de todos lados, y fue un verdadero encuentro con otras culturas, otras formas de vivir y de pensar. De celebrar, de festejar las cosas, de sentir, de todo. Y fue desde ese momento que sentí que lo que quería hacer era viajar, y viajar, y conocer el mundo”, admitió en el inicio de la charla.
Poco después, como tantos otros jóvenes cuando finalizan su educación media, se radicó en Buenos Aires y eligió una carrera tradicional, que no tardaría en revelarse como ajena a lo que realmente quería. “Me fui a estudiar abogacía; nada que ver, claro. Siempre con una idea muy idealista y justiciera sobre el mundo, me metí en la carrera y le dediqué muchos años al intento, porque seguía distraída con la idea de viajar por el mundo. De todos modos, cuando supe cómo funcionaba el mundo de los abogados, y especialmente el del derecho penal, que era lo que había pensado hacer, me di cuenta que no era la indicada, que no iba a tener el aguante y la convicción que necesitaba para llevar adelante toda una carrera como abogada penalista. Me desilusionó un poco, traté de encontrar otra salida pero no hubo caso”, recordó.
Mientras tanto, en un viaje, conoció la fotografía y hubo, cómo no, un “clic” en su vida. Había estudiado también pastelería, y para contar con recursos para seguir viajando comenzó su propio emprendimiento de elaboración de esa delicia de extendido consumo en la Argentina: el chipá. “Empecé a hacer chipá, hice una fanpage en Facebook, después los empecé a publicar en ciertas páginas de venta al por mayor de productos, y eso se hizo tan grande que me sobrepasó. Para todo esto, los estudios habían quedado ya en cualquier lado, pero como todo el emprendimiento se llevó a cabo sobre todo online, me encontré haciendo contenido gráfico todo el tiempo para mi marca, y entonces me di cuenta de la importancia que tiene la imagen, el contenido, las fotos, y cómo uno vende las cosas. Había llegado Instagram a nuestras vidas, en el 2011, y me dedicaba todo el tiempo a editar fotos, algo que me encantaba y en lo que invertía muchas horas”, evocó Solana.

El salto
Con la fotografía como herramienta e Instagram como plataforma, la tresarroyense consideró que había llegado el momento de, como confió, “optar por el plan Z. Yo ya había advertido que la abogacía no era para mí, no me hacía feliz ni siquiera la idea de pensar en trabajar en eso. Decidí probar suerte, a mis 26 años, porque si había un momento para equivocarme era ese, y no los 40. Si no funcionaba, podía volver a la vida de la ciudad y la oficina, pero quise probar, viajar por el mundo sacando fotos. Hice un curso de periodismo online y escribía mucho, hacía contenidos para websites, blogs, siempre como freelance y trabajando mucho en inglés, lo que sin duda me ayudó. Dejé todo y empecé a viajar, largué pareja, facultad, casa, todo…Hace tres años y monedas empecé a viajar, manteniéndome en principio con el trabajo online, hasta que el año pasado viajé a México a visitar un amigo y encontré realmente el lugar donde desarrollar mi carrera como fotógrafa y productora de contenidos”, aseguró.

Tulum
El primer día de 2017 encontró a Solana viviendo en México. “Había conocido a alguien que también quería mudarse allá, y nos fuimos como pareja y equipo de trabajo. Yo hacía fotos y él se dedicaba al video. Descubrí entonces que ese país me trata muy bien. En Tulum, el lugar donde vivo, hay muchísimo trabajo. Me dedico a la fotografía de diseño, arquitectura y gastronomía, así que empecé a trabajar para marcas de ropa, productos, desarrollando contenido para websites, redes sociales, videos promocionales, de todo. Así que en eso estamos, trabajando para gente muy linda e interesante, y en un lugar que se está convirtiendo en un foco cultural muy importante, con diseño, arquitectura, artistas que se instalan allá, en un ambiente de trabajo genial para alguien como yo que odia el frío, y que además resulta muy inspirador para quienes nos dedicamos a lo creativo”, sostuvo.
Como desarrolladora de contenidos para hotelería, es habitual que Solana viaje, con Tulum como epicentro, a otros lugares no menos atractivos. “Por ahí sale un plan y me voy a Costa Rica diez días, a ‘shootear’, a sacar fotos; y como también trabajo para marcas de ropa, a las que les interesan las locaciones distintas, vinculadas con la naturaleza, también viajo dentro de México. Voy cambiando todo el tiempo, y eso hace mi tarea mucho más rica, al tiempo que me voy enriqueciendo yo también en cuanto a creatividad. De todas maneras ni siquiera es esencial viajar todo el tiempo, porque tanto Tulum como Playa del Carmen y toda la Península de Yucatán, donde estamos, es el ámbito ideal para lo que hago, porque es hermoso, variado, con distintos tipos de paisaje. Por eso hay marcas en Estados Unidos, en Canadá, Argentina, que nos buscan porque estamos en locaciones increíbles. Entonces nos mandan el producto, y nosotros hacemos la campaña”, describió.
Aun habiendo encontrado su profesión y el lugar ideal para desplegar su creatividad, para Solana las valijas están siempre a mano. “Aunque esté en el paisaje más lindo del mundo, siento que no puedo pasar más de un año ahí sin sentir la sensación de que tengo que viajar, eso es algo que busco activamente porque de lo contrario me aburro. Me da la sensación de que tantas cosas pasan y cambian, que no puedo perdérmelas. No obstante, hoy Tulum es para mí una base estratégica. Es mucho más conveniente que Argentina. Me encanta Buenos Aires, viví allí muchos años, pero incluso no es viable económicamente para moverse a otros lugares, sobre todo por una cuestión de distancia”, advirtió la tresarroyense.
De todas maneras, lo que a simple vista parece el trabajo soñado, o una suerte de ‘vacación’ permanente, para Solana está claro que la fuerte demanda que hoy tiene por parte de distintas empresas, más los tiempos propios de desarrollo de las producciones, la gente que involucran, los aspectos técnicos, la obligan a llevar una agenda intensa y medida al minuto para que todo funcione. “Hasta en eso México resulta más conveniente, porque el clima favorece. Cuando hay que llevar adelante una producción que involucra gente, equipos de trabajo, no se puede parar hoy y volver mañana por la lluvia. Lo que tiene Tulum es que si a la mañana llueve, en una hora el clima cambia y se puede retomar todo rápidamente”, aseguró.

Adaptación
Con el paraíso como escenario, también se pueden vivir tiempos duros, y un poco así fueron los primeros meses, la ‘adaptación’… Solana admitió que “tuve que pasar por eso, incluso no sabía cómo iba a salir esta apuesta. Pero hoy me siento agradecida porque las oportunidades son muchas. Hoy sé lo que quiero hacer con mi vida y con mi tiempo, pero pasaron muchos años hasta que llegué a esa decisión, y poder hacerlo hoy me parece hasta surreal. Porque empecé absolutamente de cero. En marzo estuve en Argentina, me encanta volver porque no me veo nunca desarraigada. Toda mi familia está en Tres Arroyos, mis padres, mis hermanos, una sobrina de un año y medio, y es algo que no quiero dejar. No es fácil. Entiendo a los que se van, nos vamos porque no tenemos las oportunidades que querríamos, por distintas razones sentimos que en el día a día no somos felices. Pero volver es un abrazo al alma, no quiero perderme esa sensación de estar en contacto con todos. Esto de moverse constantemente y buscando oportunidades te obliga a estar activo todo el tiempo y sobre todo muy organizado, pero yo quiero poder hacerlo aún con todo lo que eso significa. Porque para poder venir al país de nuevo ahora tuve que dejar en Tulum a gente de confianza que pudiera hacer el trabajo con el que me comprometí”, explicó.

Día a día
Hoy, su equipo de trabajo original se disolvió, básicamente porque según consideró, “se requiere una cuota de energía muy importante para poder armarse de cero fuera del lugar de uno, y si no se está seguro, lo más probable es que se pegue la vuelta a lo de antes. Hoy estoy sola, y depende del trabajo que tenga que hacer, si es sólo fotos para una revista o para Instagram, o si se trata de una campaña completa, puedo hacerlo sola o bien contrato gente que me acompañe, especialmente en lo que tiene que ver con el video, que no es mi fuerte y no tengo intenciones de que lo sea. Es un mundo totalmente aparte al de la fotografía. Me encanta, eso sí, la producción, visualizar lo que quiero hacer, pero lo técnico no es lo mío. Además, lo que me gusta de armar un equipo es que en un día se puede armar una producción de fotos y video, además de que me divierto mucho en este tipo de trabajos con otras personas, que por suerte salen mucho. Irme a México fue, sin duda, expandir un poco más lo que podía hacer como fotógrafa, como productora, el trabajo que me da placer y, sobre todo, que me sale”, puntualizó Solana.
Los clientes que han descubierto el talento de la tresarroyense provienen de varias ciudades de los EE.UU., como Nueva York, Los Angeles; de Canadá, de Argentina, Brasil, Costa Rica, Italia, Australia, entre otros. “Por Instagram, que es lo que realmente me ha dado mucho trabajo, me llegan muchos clientes; marcas de ropa, de accesorios, de distintos productos. Y muchas de las cosas que hago también pasan por la curaduría de contenidos. Veo lo que una marca o un potencial cliente presentan en Instagram, que no es sólo subir unas fotos y nada más, hay que ver qué tonalidades usan, qué atracción inicial generan visualmente –sobre lo que hay estudios que muestran cómo impactan estas cuestiones en el espectador- y, en lo que funciona como una consultoría, los asesoro o desarrollo contenidos nuevos. Lo bueno de esto es que se puede hacer en forma remota, que de alguna manera siempre fue mi idea, para poder seguir moviéndome. Me hace ruido quedarme quieta en un lugar durante mucho tiempo”, aseguró entre risas.

Bitácora y nostalgia
Las cámaras de Solana han recorrido largos caminos, ya, antes de radicarse en México. Los más increíbles, según su experiencia, pasaron por Asia. “El año pasado hice Hong Kong, recorrí toda China en tren y por tierra, que fue alucinante. Japón fue un choque cultural increíble, los lugares son irreales, parecen de una película. Y China me devolvió a esas sensaciones que sentía cuando era muy chica, a los 17, con esta cosa de dificultades para comunicarse, que antes pasaban por no tener Whatsapp y todo lo que hoy sí tenemos”, aseguró.
Cuba también resultó un encuentro con otra cultura llena de matices. “Fui este año, y aprendí un montón sobre su historia, sobre su realidad, y acerca de cómo viven toda esa cuestión del comunismo sobre la que hay tantos mitos. Pude ver por qué son tan alegres pero al mismo tiempo no tienen tanta disciplina laboral, en fin, pude apreciar cuáles son los efectos reales del comunismo en una sociedad. Porque en definitiva para mí viajar no es solamente recorrer, ni tampoco la obsesión que tengo por la fotografía. Me encanta hablar con la gente. En un tiempo me gustaba mucho viajar en Año Nuevo, porque quería ver cómo se celebraba en cada lugar, cuáles son las costumbres. De hablar con la gente, de conocer su gastronomía, por ejemplo, se logra muchas veces saber cómo es una sociedad, y por qué se comporta de determinada manera. Creo que esa obsesión por saber cómo se vive en otros lugares nace esto de moverme todo el tiempo”, admitió.
Su curiosidad la llevó incluso a la particular Islandia, “muy impresionante, realmente. Y lo lindo fue poder viajar sola, conectándome conmigo misma, resolviendo los problemas que van apareciendo, observando cómo es posible no necesitar de nadie, porque resulta bastante liberador. Te da independencia”, sostuvo.
Sin embargo, a pesar de tener tantas imágenes en su archivo personal y profesional, Solana sigue añorando, como les sucede a muchos tresarroyenses, los atardeceres de Claromecó, los amigos, la familia. Y la web, que tanto significa para su mundo laboral, cobra una importancia vital para su universo personal. “Amo la playa en cualquier lugar, pero ese es especial. Todos los que hemos ido, locales o no, tenemos esa cosita adentro, de encariñarnos con ese lugar. Por supuesto extraño también los asados, estar en el campo con mi familia. Y caminar por Buenos Aires, de noche, de día. No sé si tengo tanto apego a costumbres argentinas, quizá sí a esa cultura amiguera que tenemos, que no está en ninguna parte del mundo. Hasta quienes vienen a Argentina de vacaciones nos dicen que les llama la atención eso, esa cosa de que nuestros amigos son familia. Si bien mucha gente se queja de que la tecnología y las redes sociales son invasivas, yo agradezco tener la posibilidad de estar en contacto con mi gente todo el tiempo gracias a eso. En este sentido quizá hago un poco de trampa, porque si no tuviera esta posibilidad, quizá en otro momento en que estas herramientas no estaban disponibles, me hubiera resultado más difícil estar lejos. Hoy me voy y siento que puedo estar cerca de ellos igual; aunque no es fácil irse, hoy es más sencillo estar afuera. A mí me tocó ir por primera vez a Inglaterra a los 17 años, cuando fueron los atentados, y no existían estas posibilidades de comunicación. Viví ahora los atentados en París, y en ese aspecto, la diferencia fue notable. Hoy la globalización hace que todos estemos cerca de todos”, consideró.

Se puede
Finalmente, a quien trabaja en aquellos lugares donde la gente se dedica a disfrutar, resulta indispensable preguntarle qué es lo que le da placer cuando no trabaja. La respuesta de Solana es fácil de imaginar. “La realidad es que disfruto demasiado de lo que hago. Mi padre siempre señala esa búsqueda mía, de ese lado mío de querer estar siempre en contacto con cosas que me hagan sentir bien. Nunca quise estar en un trabajo determinada cantidad de horas, esperando que llegue el fin de semana o las vacaciones para disfrutar de algo lindo. No aguanto eso. Encontrar la posibilidad de trabajar con hoteles divinos, con gastronomía que me encanta mirar, fotografiar, comer, es mi felicidad. Todo lo que sea visual me gusta demasiado. Y si bien es cierto que mis jornadas son muy agotadoras, porque en una campaña quizá puedo dormir apenas un par de horas por día, lo que realmente disfruto es trabajar. Quizá paso días sin ir a la playa más que a sacar fotos para una marca, estoy en un hotel pero no estoy descansando sino trabajando a full en una campaña, pero lo que yo quiero es que estos sean mis lugares cotidianos, que no esté esperando para poder estar en contacto con estas cosas cuando pueda, cuando me tome unas vacaciones. Para mí, mis vacaciones son hoy la Argentina. Es un cambio raro, incluso me pregunto: ahora que mi hobby se convirtió en mi trabajo, ¿cuál es mi hobby? Romper paradigmas no es fácil, me pasó, obviamente mis decisiones impactaron también en mi familia, surgieron dudas, no sólo en mí sino también en los demás. Pero me parece genial poder contarlo, y poder transmitir que cuando uno tiene sueños hay que buscarlos, y hacerlo lo antes posible, porque cuando se es joven se tiene más piel y más fuerza para bancarlos. Lo único que hace falta es convicción y perseverancia, y si no funciona, siempre se puede volver. Espero poder transmitir ese mensaje para quienes tengan la curiosidad de vivir de otra manera, y explorar hasta conseguirlo”, concluyó Solana.

SMR Editions es la firma creada por la tresarroyense para su trabajo como fotógrafa profesional. Hoteles, gastronomía y moda son sus temas favoritos

Una postal de su viaje por Asia. Solana Ré lo describió como “increíble”

En Cuba. “Aprendí mucho de ese país y de los efectos del comunismo en la sociedad”, sostuvo Solana

“Espero poder transmitir el mensaje para quienes tengan la curiosidad de vivir de otra manera, y explorar hasta conseguirlo”, aseguró Solana

 
 
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