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EL RECONOCIMIENTO A NELSON DI FONZO, SIMBOLO E HISTORIA VIVA DEL MUNDO TUERCA TRESARROYENSE

A todo motor

La solución para las bielas que siempre fundía Taraborelli; la primera Dodge con la que debutaron Diego Vassolo y el automovilismo tresarroyense en el TC; el motor de 3 litros y el pavimento del circuito del Moto Club tienen un nombre en común: Nelson Di Fonzo. “El Periodista” y la historia viva de un símbolo tuerca. Testimonio exclusivo, en primera persona

Septiembre 2017
Nelson Di Fonzo, “el señor de los motores”, durante el diálogo a solas con “El Periodista”

Nelson Di Fonzo, “el señor de los motores”, durante el diálogo a solas con “El Periodista”

Tres Arroyos ha construido una rica historia en el automovilismo regional a través de sus pilotos más reconocidos, como el “Loco” Lavari, Diego Vassolo, “El Gaucho” Bautista Larriestra, “El Cholo” Taraborelli y “El Yeti” Di Nezio. También por las históricas carreras de TC del club Quilmes y, paradójicamente, todos estos nombres propios se entrelazan en uno que compartió cada momento junto a ellos y ese nombre es Nelson Pablo Di Fonzo, mecánico preparador que por más de medio siglo y aún en la actualidad, sigue ajustando alguna tuerca. Una historia plagada de alegrías y sinsabores en el automovilismo deportivo, por ello para los tresarroyenses Nelson será el señor de los motores.
En una larga entrevista con “El Periodista”, Di Fonzo repasó en primera persona cada etapa de su vida, desde sus comienzos con algunos trabajitos para “El Cholo” Taraborelli y la Betty, hasta el armado de una Dodge y luego un Ford para correr en el TC de los ‘80 y principios de los ‘90, sus autos, sus pilotos y sus compañeros de taller a los que en todo momento quiso dejar bien en claro su agradecimiento, porque sin su ayuda hubiera sido imposible hacer tanta historia en el pago chico.
Nelson Pablo Di Fonzo nació el 15 de marzo de 1935 y luego de su adolescencia se hizo amante de los fierros iniciándose como tornero.
Siendo empleado de Salustri y Astrup, haciendo trabajos de tornería, luego de un paso por EIMA, se liga a los fierros del automovilismo a través del preparador de la Betty que siempre le llevaba algún trabajito.
Según cuenta el propio Di Fonzo, “Taraborelli (piloto de la recordada Betty) terminaba las carreras casi siempre con las bielas fundidas, entonces me consultaron y les hice un trabajo muy grande en las bielas y no se fundieron más, entonces me gané la confianza de todo el equipo a tal punto que el piloto decía ‘si el petiso no está no se arma el motor’, sin dudas le había gustado mi trabajo y así empecé a ligarme al automovilismo”.
“En la calle Alvear 180 había un galpón donde armaban el auto, ya había pasado el tiempo y era un Ford 40 motor 59 AB, yo fui un domingo y los encontré trabajando, miro que estaban por armar un motor y le pregunto a Taraborelli: ¿Cuánta luz de aceite tienen esas bielas? Y la respuesta fue ‘eso vino de Estados Unidos, ¿vos crees que van a estar mal?’, entonces repregunté, ¿me dejás probar? y medí todo y les dije que ese motor se fundía a los 50 kilómetros y desde ese momento Taraborelli quiso que estuviera siempre con él”.
“Ayudé mucho a Taraborelli, menos con el Torino, a ese auto casi ni lo conocí, yo andaba ocupado en otras cosas”.
“En 1968 armo mi propio taller con Marchi y empezamos con la firma Di Fonzo y Marchi, estuvimos en Humberto Primo 444, después en la esquina de Pellegrini hasta que llegamos al actual”, recordó.
“La barra del taller, de los que iban a tomar mate y comer tortas fritas decidieron armar un Ford T y así empezamos con Diego Vassolo, que fue el piloto de aquel Ford T. Entre los muchachos que componían la barra estaban los Parraviccini, ‘El Choly’ Di Nezio, me pidieron instrucciones para hacer un motor y se los hice, ganamos un montón de carreras, en Copetonas habían hecho un ‘fordtodromo’, íbamos a pasar el día y divertirnos”.
“Después llegó el turno de ‘El Gaucho’ Larriestra, primero fue un V8 y después el Falcon, le hice cosas interesantes y nunca pudo ganar, dos veces estuvo cerca, una la perdió por culpa del equipo que le puso un aviso que iba ganando muy fácil en Allen, pero cuando llegó había perdido, aflojó tanto que perdió el primer puesto; la otra fue en La Plata donde también se quedó con las ganas, a veces se notaba que no teníamos los medios”.
“Antes las cosas había que hacerlas a pulmón, cuando cuento que hacíamos el cemento para pegar las juntas, la gente no me cree, íbamos al cine a buscar las cintas de películas cortadas, las disolvíamos en acetano, era el mejor cemento de aquellos momentos, el Poxipol no estaba entonces había que inventar y nosotros pegábamos las juntas con ese cemento casero. En una carrera de Tandil, Larriestra no podía largar porque se le había cerrado la rosca de una bujía, yo se la llené con el cemento y a la mitad de la carrera se le salió la bujía, agujereó el capot justo en una carrera que fuimos puerta a puerta con el Chevitú de Cupeiro”
“Todo fue cambiando en el Turismo Carretera y en el automovilismo en general, con la información, hoy hay aceites especiales, los diferenciales no hacen tanta fuerza, las cajas de velocidades son secuenciales, los encendidos son electrónicos, todo cambió, en realidad un gran cambio con el tiempo”.
“Lo ayudé un poco a Pascual García, él había hecho un cuadrado para Mar y Sierras, tenía un motor Tornado que nos dio mucho trabajo, se rompía y nos costó encontrarle la vuelta, nosotros en el taller atendíamos autos de calle y cada vez más autos de carrera”.
“Después fue el turno del motor V8 de ‘El Loco’ Lavari, también se rompía mucho hasta que le encontramos la vuelta, dejó de romperse, andaba muy fuerte, fue muy lindo.”
“Se hizo una gran campaña en las zonales y compramos un Fórmula 1 a Di Palma, lo tocábamos poco nosotros, nos mandaba un especialista que era el que lo atendía, con Lavari yo le metí mano nada más que al V8”.
“Hice unos cuantos autos de Mar y Sierras, TC del 40, un día en San Cayetano estaba mirando una carrera, largaban 8 autos y 6 los hacíamos nosotros en el taller”.
“Después de algún tiempo vivimos la mejor historia con Diego Vassolo, hicimos el Mar y Sierras que tiene una linda historia, corrían todos Chevrolet 4 litros, casi era una Monomarca, entonces se me ocurrió hacer un Falcon de 3 litros, teníamos mucha diferencia de peso, me ayudó ‘El Vasco’ Astiz, corrimos todo un año, teníamos el motor pero no auto, entonces Edgar Pérez nos prestó el Mar y Sierras, que tenía un V8, se lo sacamos y le metimos nuestro motorcito, la gente nos decía que ‘¿con esta cosita les querés ganar?’, y nos metimos en el campeonato de 1978, había muchos autos y nosotros ganábamos casi siempre los repechajes”.
“En el 79 compramos un chasis y le pusimos nuestro motor, en la tercera carrera ganamos por primera vez y todos estaban bastante enojados, ya el 3 litros dejó de ser simpático porque ganaba y no se rompía, salimos campeones sin correr las dos primeras fechas, debutamos en la tercera fecha en Chaves saliendo cuarto, luego en Tandil sale segundo que se rompió un pistón cuando iba ganando en la última vuelta y después en Laprida ganamos fácil”
“Después la peña quiso correr en TC, claro que yo era el impulsor y el gran culpable de todo, no sabíamos que hacer si un Ford, o un Chevrolet y terminamos comprando una Dodge Polara de un empleado de CELTA”.
“De un auto de calle había que hacer un auto de carrera, quedaron las chapitas nada más, tuve mucha ayuda de gente a la que siempre hay que agradecerles, del motor servía la tapa de cilindro con alguna reforma y muy pocas cosas más, el volante con reformas, el block era viejo y no andaba para la categoría, compramos uno nuevo, reformamos el cigüeñal como había que hacerlo”.
“Este Dodge es el auto más destacable de toda mi historia, yo hacía Ford y me metí con un motor que poco conocía, lo hicimos andar después de mucho trabajo, ese mismo auto lo corrió Angel Di Nezio y alcanzó a ir primero en la carrera de La Plata con todos los cucos en el año ‘86, fue aquella trágica carrera en la que Miguel Atauri atropelló a gente del público y la ACTC clasificó como llegaron los autos después del accidente no en la vuelta anterior, y Di Nezio se encontró con el accidente por lo que frenó, entonces como había largado en la cuarta fila tenía otros autos adelante que al pasar sin inconvenientes por el lugar le ganaron por tiempo, protestamos pero no nos dieron bolilla”
“También me lo alquiló ‘Cacho’ Fangio, consultamos en el ambiente y nos dijeron que andaba bien, pero sin embargo, siempre estábamos atrás, de casualidad nos conectamos con Silvio Oltra, fuimos a ver una carrera con Durando y Di Luca y hablamos con el mecánico de Oltra, un tal Benavídez, este hizo la conexión y el lunes nos vimos en Vicente López, donde Oltra dijo ‘lo pruebo y si me gusta corremos’, la prueba se hizo en Balcarce, le gustó y corrió desde el ‘88 hasta el ‘91, no pudo ganar pero fue muy protagonista, vivimos momentos muy lindos”.
“Antes que terminara nuestra relación con Oltra, vendimos el Dodge a Alejandro Occhionero y compramos un Falcon que también corrió Oltra”, evocó.
“Este Ford lo corrió también Walter Hernández, de quien me considero el padrino, porque tenía ganas de correr y nadie le daba un auto, hasta que lo llamé y le di el Falcon de nosotros, anduvo bien y apareció el Trepat y le dieron el auto con el que después salió campeón en el TC”.
“En el ínterin que estábamos en el TC le hice un motor de TC del 40 a ‘El Cabezón’ De la Penna, ganó varias carreras, no dormía, eran noches largas de mateada y fierros”.
“Quiero destacar la ayuda que tuve en el armado del Falcon 3 litros y también para hacer el auto Dodge del TC, se juntó mucha gente buena que me dio una mano.”
“No todo fue armar fierros, también fui dirigente, me puse al hombro el asfalto del Moto Club y nos dimos un gusto pero salió muy caro, trajimos la Top Race, nos prometieron plata y nunca apareció, ahora hay un gran grupo de dirigentes que lo tienen espectacular, estoy muy contento con la gestión de Angel Perri”.
La entrevista siguió, mirando 5 álbumes de fotos que ilustran todo este relato. Di Fonzo continuó resaltando sus hitos en el automovilismo: el motor 3 litros, el armado de la Dodge y el asfalto del Moto Club constituyen su podio personal, una vida dedicada al automovilismo, para convertirse simplemente en el señor de los motores.

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Castelli y Pardo
 

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